jueves, 30 de julio de 2009

Cuestión de límites

Llevo tres años y tres meses escribiendo blogs. En todo este tiempo, cuando tenía comentarios, he discutido amigablemente sobre cientos de temas. He admitido diferencias de opinión sobre política, sexualidad, religión o economía. Pero siempre dentro del respeto. Nadie podrá decir que utilizo lenguaje malsonante o que me ensaño con alguien. Sin embargo, había desde el principio unos límites de aquello que no estoy dispuesta a admitir y tienen que ver exclusivamente con la defensa de la vida en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, no admito: el aborto, ni la eutanasia; el terrorismo, ni a aquellos que lo justifican; ni el maltrato animal, especialmente la tauromaquia. Sobre esos temas nunca voy a cambiar de opinión.

Intento buscar un lado positivo a cada problema y justificar incluso a las personas que me condenan sin conocerme. Eso es lo que nos enseñan en la Iglesia. Lo importante no es ser perfecto, sino intentar ser mejor cada día. De este modo, incluso encuentro cosas buenas en el comunismo, a pesar de que me parece unos de los peores inventos de la humanidad. También miro con simpatía a los musulmanes y otras culturas. Y el resto de los seres vivos que habitan la tierra también me importan realmente. Sin embargo, cuando se trata del derecho a la vida y a la existencia digna, tanto de personas como animales, no tengo tolerancia alguna. Porque no existe un término medio entre la vida y la muerte. No se puede matar un poco o torturar ligeramente. Nada justifica la agresión contra otro ser, ya sea física o psicológica.

miércoles, 29 de julio de 2009

Corazón de Tinta

Durante el curso tengo poco tiempo seguido para leer y me limito a los periódicos y las revistas. Pero en el verano retomo los libros y tengo que confesar que generalmente sólo leo ciencia ficción y fantasía. Con los libros pasa lo mismo que con el cine: se supone que las únicas buenas películas son los dramas. Las comedias se miran con desprecio, salvo alguna excepción. En literatura, una novela tiene más calidad cuanto más desagradable, triste o enrevesada sea. Además, la mayoría de la gente se limitan a los éxitos editoriales y les gustan, por decreto.

Yo soy friki. Me gusta Harry Potter, el Señor de los anillos (que no es literatura fácil), Isaac Asimov... Lo que ocurre habitualmente es que en las películas que se hacen a partir de libros sólo se ve una cuarta parte de la historia. La última de Potter, por ejemplo, me ha gustado mucho, pero sin duda el libro siempre es mejor. Ahora he descubierto lo que llaman despectivamente Literatura Juvenil romántica y he encontrado cosas estupendas, y otras muy corrientes. Ahora lo que tiene más fama es Crepúsculo y Corazón de Tinta porque han salido las películas.

La trilogía de Cornelia Funke se compone de tres libros: corazón de tinta, sangre de tinta y muerte de tinta. Son tres novelas mucho más profundas y con más fondo que lo que se ve en el cine. Mi hija ha visto la película y le ha decepcionado, pero supongo que estará bien para quien no haya leído los libros. La autora crea un mundo paralelo que nace de la lectura, donde los personajes reales se relacionan con los ficticios hasta el punto de no haber distinción entre unos y otros.

Cada uno de ellos tiene una personalidad compleja y definida, y las descripciones consiguen trasladarte a ese nuevo mundo. Sin embargo, nunca será considerado un libro clásico, ni tampoco otras novelas del género de fantasía como Heliconia, Dhune, Memorias de Idhun, Finis mundi, o tantas otras. Al menos a los escritores les quedará el consuelo de haberse hecho ricos algunos, y de la admiración de sus lectores. No puedo acabar si advertir, sin embargo, que en algunos libros, como El portal de los elfos, se utiliza la historia como excusa para introducir un adoctrinamiento moral a espaldas de los padres, y hay que tener cuidado con lo que leen los niños.

Música: el peón del rey de negras. Mecano

lunes, 27 de julio de 2009

Los padres abuelos y los abuelos padres

Había una vez un mundo donde las mujeres tenían hijos a los veinte años. De este modo, a los sesenta, todavía estaban en condiciones de ayudar a cuidar a sus nietos. De ello se aprovechaban los padres para cargarles con todo el trabajo y poder seguir viviendo como solteros, después de haber tenido hijos cerca de los cuarenta años. Por otra parte, tampoco a sus hijos les gustaba tener unos padres tan mayores que, siendo ellos niños, la gente por la calle no sabía realmente si sus padres eran sus abuelos. Así que no se atrevían ya a decir: qué mono es tu hijo?, nieto? Porque ahora resulta que a los padres a menudo los confunden con los abuelos y viceversa, al no llevarse mucho más de veinte años.

Pero, sin embargo, en una generación ya no cabrán ese tipo de dudas. Porque pasó el tiempo y esos hijos, que habían sido padres a los cuarenta años, ya no podían ayudar a sus propios hijos con sus nietos porque eran demasiado viejos. Los abuelos ya no podrán ejercer de padres con sus nietos y los hijos se verán con la doble responsabilidad de cuidar de unos y otros. Por suerte, existen las residencias de ancianos. Al menos espero que la siguiente generación aprenda de la experiencia. Los hijos deben tenerse en la tercera década de vida porque es el momento ideal, tanto física como psicológicamente. Pero también para permitir un reemplazo generacional escalonado. Los niños tienen derecho a unos padres jóvenes y los abuelos a disfrutar de sus nietos, sin imposiciones, a una edad razonable.

De tú a tú

Últimamente hay algo que me llama mucho la atención: ver padres y madres dialogando con sus hijos pequeños de igual a igual. Está bien ser razonable y comprensivo con los niños, pero resulta un poco ridículo intentar mantener una conversación coherente con un niño de cuatro o cinco años. Las consecuencias son varias. Primero que el niño se vuelve del tipo repipi cargante, ya que llega a la conclusión de que sus opiniones son infalibles. Segundo que los padres pierden su autoridad moral al permitir que cuestionen su experiencia vital. Tercero, que el niño se crece y por supuesto deja de admitir ningún tipo de sugerencias, de modo que se transforma en un pequeño tirano. El problema es que, lo que resulta gracioso y simpático en un pequeñín, no tiene ninguna gracia cuando la criatura llega a la adolescencia.

Curiosamente, todo ese respeto y comprensión que derrochan los padres hacia su hijo, no sirve en absoluto de buen ejemplo. El niño les toma la medida y sabe bien hasta dónde puede llegar. Así no es extraño oír de boca de esos monstruillos expresiones como: mamá, eres tonta, no tienes ni idea de nada o déjame en paz; acompañados del clásico: no quiero.
Yo me muerdo la lengua por resistir la tentación de echar dos buenas broncas, una al niño y otra a la madre por irresponsable. No se puede dar a entender a los hijos que son los amos del universo y los demás están allí para servirles. No se debe permitir jamás a un hijo que te falte al respeto, menos en público o te pegue (que los hay), o pronto la excepción se convertirá en la norma sin remedio. Cada cual debe interpretar su papel.

sábado, 25 de julio de 2009

Estad alegres y contentos

Cuando recuerdo esa cita de Biblia, me doy cuenta de hasta qué punto estoy lejos de alcanzar mi objetivo. Si algo distingue a un buen cristiano es precisamente su alegría. La madre Teresa de Calcuta siempre sonreía y cuentan que los religiosos en el martirio solían cantar salmos. Vivir realmente el mensaje de Jesucristo es una fuente de paz que se transluce en la mirada, incluso en algunos que no se consideran cristianos. Algunas personas llevan una felicidad dentro que no depende de lo bien o mal que les vayan las cosas, sino que nace directamente de su interior. Por eso, incluso en condiciones adversas, consiguen mantener la esperanza o aceptar con resignación alegre su destino y eso les da una fuerza impresionante. Supongo que es difícil llegar a ese nivel cuando se es de natural depresivo, pero seguiré intentándolo.

Procuro que mis preocupaciones no afecten a mis relaciones personales. Pero hay días en que me resulta difícil relajarme y sonreir. Tengo siempre presente a la gente que sufre en el mundo la pobreza, la enfermedad y la injusticia. También los problemas económicos de nuestro país y, sobretodo, los morales, que son para mí aún más graves. Sufro también por los otros seres vivos a los que perjudicamos de forma voluntaria o no, especialmente los toros. En esta época, sufro por los animales abandonados en vacaciones. También recuerdo a los ausentes. Siendo así, es difícil mantener el lema de estar alegres. Sin embargo, sé que otros lo consiguen en circunstancias mucho peores que las mías. Con el tiempo y la oración me gustaría poder decir algún día que yo también lo he logrado.

Música: madona - ray of light

viernes, 24 de julio de 2009

Niños alfombra

Sabiduría popular: si te pones de alfombra, lo normal es que te pisen. Es importante enseñarle a los niños que, si ellos no se valoran, nadie más lo hará. Valorarse consiste en hacer respetar su opinión y no dejarse llevar siempre por los demás. También supone elegir con quién quieren estar, cómo y cuándo. Pero, eso no significa ignorar a sus familias. Un hijo es como un árbol joven que todavía necesita un par de guías para protegerlo de las inclemencias externas. Si dejamos a los niños a merced de fuerzas que desconocen, como son la sexualidad, la influencia de los medios de comunicación o los intereses comerciales que los persiguen, no podemos luego extrañarnos de que se dejen utilizar, manipular y engañar por cualquiera.

Pero tampoco sirve de mucho meterse a consejero, cuando llevan toda la infancia de sus hijos dejándolos en manos de otras personas y apenas han cruzado con ellos cuatro frases diarias. Un hijo es una inversión a largo plazo que, en cualquier momento, se puede malograr. No se debe bajar nunca la guardia, mientras esté en tus manos. Cuando ya son teóricamente adultos, mayores de edad, no nos quedará más que el papel de sufridores, y entonces comprobaremos si hemos criado una persona o una alfombra. Sin embargo, tampoco es tan fácil, porque la vida también exige sacrificio y, si no se prestan al placer inmediato como los demás, les llamarán reprimidos, aburridos o timoratos. La clave está en que sacrificarse por un fin o por tus seres queridos no denigra a la persona, sino que la ennoblece.

"El que se ensalce será humillado, el que se humille será ensalzado". Mateo 23-12

jueves, 23 de julio de 2009

España

Cuando yo era pequeña, en pleno franquismo, existía algo llamado Festival folklórico de los pirineos, en Jaca. Creo que sigue existiendo pero ya no es famoso. Todos los años, transmitían las actuaciones que iban intercalando una región española con un país extranjero. Recuerdo lo orgullosa que me sentía entonces por nuestra variedad cultural y nuestro arte. Eran los tiempos en que los catalanes tenían fama de trabajadores, no de avaros; los andaluces destacaban por su alegría, no por su pereza; los gallegos se consideraban aventureros, no cerriles; los castellanos austeros, no malvados represores; incluso a los vascos se les admiraba por ser fuertes y valientes, y prefiero no decir lo que opino ahora de ellos.

¿Qué fue de nuestra España? Ahora cada cual sólo intenta conseguir una parte mayor del pastel. Cuando digo que amo a mi país, la gente piensa que soy una radical fanática. En el extranjero, sin embargo, es lo más natural honrar tu himno y tu bandera. No sé si es consecuencia de la guerra civil o si siempre hemos sido así de estúpidos. Otras naciones tienen tanto o más para enorgullecerse o avergonzarse y, con todo, siguen manteniendo muy vivo su patriotismo. Aquel que no se valora a sí mismo, difícilmente va a ser apreciado por otros. El desprecio de la propia cultura sólo conduce a la decadencia. También el hecho de resaltar aquello que nos diferencia frente a lo que nos une.

España es un país donde practicamente todas las familias cuentan con miembros procedentes de varias regiones distintas; sin contar con los lazos sanguíneos con otros países. Dar la espalda a esa realidad significa volver a la prehistoria. Y, a pesar de que la llamada Fiesta Nacional me repugna, yo sí soy capaz todavía de decir: viva España.
Música: Cosa de dos. La quinta estación

miércoles, 22 de julio de 2009

Alta fidelidad

Anoche vi una película que me hizo pensar. A primera vista era una historia sin sentido, con personajes chiflados y diálogos absurdos. Trataba de un hombre, obsesionado con la música, que hacía recuento de su vida sentimental. Había tenido cinco novias principales, a las cuales había engañado o se las había arreglado para que le dejaran por otro. Así que decide hablar con cada una de ellas para ver lo que salió mal en su caso. Me recordaba a muchos blogs donde he leído aquello de: salí con un chico que no quería más que un rollo, luego con otro que acababa de dejarle la novia, con un casado incomprendido que volvió con su mujer, con uno que se liaba con todas, luego con otro que no sabía lo que quería...

Como decía el protagonista en un momento dado: "me pregunto si mi vida consistirá en saltar de piedra en piedra, hasta que no queden más piedras". Eso refleja muy bien las historias que predominan en internet. Pero, cuando su última novia le abandona por un vecino suyo, se da cuenta de que no consigue olvidarla y se obsesiona por conocer la razón. Ella le dice que le ha dejado porque él nunca parecía ser feliz, sino que siempre le faltaba algo. Al final descubre que todas las otras mujeres con las que había estado eran sólo fantasías, donde buscaba un rasgo determinado de su mujer perfecta: pureza, pasión, inteligencia, sensibilidad..., pero realmente no quería conocerlas como eran en su totalidad.

Sin embargo, con la última, sí que le gustaba todo de ella, incluso aquello que tanto le molestaba. A pesar de que en la película está a punto de echarlo todo a perder otra vez, decide darle un voto de confianza a la relación e intentar ser feliz a su lado. Me pregunto cuánta gente sigue saltando de piedra en piedra porque no se atreven a querer y dejarse querer, y, de este modo, hacer todas sus fantasías realidad. Está bien tener un ideal de mujer o de hombre, pero siempre que se sepa que las personas reales no somos perfectas.

El éxito es tener lo que se quiere. La felicidad es querer lo que se tiene… La felicidad no depende de lo que se tiene, sino de saber apreciar lo que se tiene – Lair Ribeiro

martes, 21 de julio de 2009

Ropa sexy para niñas

En este post me van a entrar todos los depravados de internet... El otro día fui a mirar ropa con mi hija de doce años y me llevé una sorpresa al encontrar, por ejemplo, una minifalda negra, como las que utilizan las jovencitas, pero desde la talla ocho. También se pueden encontrar tangas infantiles con dibujos de ositos. Luego todavía hay quien se extraña de que la iniciación al sexo se produzca cada vez antes y de sucesos como el de Huelva, donde unos niños han violado a una niña.

¿Qué se esperaban entonces? Si desde la televisión, en series juveniles, en horario infantil, como ahora la de Un golpe de suerte, se está planteando la sexualidad como algo natural y necesario entre los adolescentes, y esa etapa está empezando ya entre los doce y trece años. Qué suponían, si desde el gobierno se están promoviendo leyes que desprecian la autoridad de los padres y profesores y premian la falta de esfuerzo y la irresponsabilidad.

Era de esperar, cuando se está dando el mensaje de que, si tienes cualquier problema, papá estado te va a sacar del embrollo: si estás embarazada, aborta; si tienes una enfermedad venérea, acude a la seguridad social y te dan las medicinas gratis; si no apruebas, pasas de curso igual; si no consigues trabajo por falta de preparación, siempre puedes pedir un subsidio; y si te cansas de tu pareja, en quince días está todo olvidado.

Me molesta mucho oir las palabras "falta de valores" de boca de sus propios inventores. Las niñas no deben vestir ropa sexy, por la misma razón por la que no deben beber, conducir o votar; porque no tienen la madurez suficiente para manejar sus propias hormonas. Y eso es algo que da el tiempo. No se puede forzar en manuales de uso, ni se puede adoctrinar desde las autoridades correspondientes. Los valores surgen del conocimiento de la realidad.

Música: please dont go.

domingo, 19 de julio de 2009

Fatalismo

Hemos llegado a un punto en que, como la fábula de la zorra y las uvas, cuando no tenemos soluciones para un problema, optamos por decir que es insoluble. Así resulta que la muerte de Rayan era inevitable por razones estadísticas. Si yo salgo mañana y atropello a un peatón en un paso de cebra, no hay sido más que un despiste que le puede pasar a cualquiera, pero me busco la ruina. Si una enfermera se equivoca de sonda y mata a un paciente, resulta que la pobre no tiene culpa alguna. Tal vez porque se trataba de un bebé prematuro, apenas un ser humano.

Estoy cada día más horrorizada con la pérdida de valores de nuestra sociedad que se ha vuelto una progresión geométrica imparable. Los padres de Marta, pobre gente, siguen empeñados en convencernos de que su hija era una niña inocente que nunca hacía nada que ellos no supieran. La realidad habla de una menor que había salido con un joven de veinte años y pasaba mucho tiempo en su apartamento a solas. Comprendo que eso no justifica en absoluto lo que le ha pasado, pero me molesta que intenten convencernos de que ignoremos algo tan evidente.

Tantos padres andan por España queriendo creer que sus hijos son los únicos que no fuman, no beben, no tienen relaciones sexuales... La estrategia del avestruz, meter la cabeza debajo del ala, no nos va a proteger del peligro. La única manera de evitar los problemas es preocuparse y encararlos día a día, aunque eso me dé fama de agorera, de exagerada o de triste. Madurar consiste en asumir la realidad, y también en hacerse cargo de tus errores, con todas las consecuencias. Otra cosa es vivir en un cuento de hadas.

Me niego a creer que todo lo que ocurre en el mundo son casualidades, que nadie tiene la culpa de nada. Por supuesto, siempre hay una causa, unos acontecimientos que desencadenan otros, y unas consecuencias que se derivan de ellos. No vivimos en una isla. Me temo que si lográramos que los padres conozcan cuándo su hija va a abortar, tampoco serviría de mucho. Es posible que le animaran a hacerlo, con tal de no tener que afrontar el problema, dar la cara ante los demás o reconocer que ellos también se han equivocado.

sábado, 18 de julio de 2009

Libros infantiles

Dice una encuesta que los niños leen más que los adultos. Naturalmente, a la fuerza. Sin embargo, los libros que les obligan a leer en los colegios no les interesan ni es probable que los aficionen a la lectura. Cuando era pequeña, nos hacían leer literatura clásica que, a menudo, resultaba ser aburrida para nosotros. Sin embargo, esas obras tenían una calidad indiscutible, porque con el tiempo, generalmente, sólo subsiste lo que vale la pena.

Los libros que leen los niños son de unas editoriales muy conocidas que supongo que hacen un gran negocio con ellos. Los escritores, cuyos libros recomienda el ministerio, tienen ya la vida solucionada. Pero esos libros, casi siempre, contienen tramas y argumentos de adultos adaptados, teóricamente, a la mentalidad infantil y sin substancia. La realidad es que, en el mejor de los casos, no captan el sentido de la historia. En los peores, reflejan comportamientos inadecuados o historias tristes y desagradables que les dejan un mal sabor de boca.

Los cuentos infantiles de toda la vida ya no se llevan, porque dicen algunos que son sexistas. Yo sólo sé que crecí con esos cuentos y, aunque yo no soy un ejemplo de ello, casi todas mis compañeras de curso estudiaron una carrera y son económicamente independientes. Mis hijos se aficionaron a la lectura a través de Enid Blyton y todavía hoy sigue siendo la lectura favorita de la pequeña. A pesar de que pertenecen a otra época y costumbres ajenas, siguen enganchando a los niños como antes. Luego están los libros de fantasía y Harry Potter, que son más para adolescentes. Ahí sí se pueden encontrar historias interesantes.

Los libros de texto no han sufrido apenas cambios en el tiempo. Siguen utilizando un lenguaje demasiado técnico y formal, incluso los de primaria. Ya me imagino que las personas que los escriben son gente culta, pero no tiene sentido obligar a los niños a aprender párrafos enormes que apenas entienden. Así, en cuanto tengan ocasión, abandonarán el hábito de la lectura y nunca más lo echarán de menos en sus vidas, especialmente si tampoco ven a sus padres leer en casa. Por suerte, de vez en cuando encuentro algún libro infantil que realmente vale la pena, pero no suelen ser de los recomendados o de los más conocidos.

Música: El canto del loco. Peter Pan

jueves, 16 de julio de 2009

El final del camino

Llega en la vida siempre el final de una etapa. El de la niñez lo tuve yo muy precoz, a los nueve años. El de la adolescencia, supongo que el día que empecé a trabajar, a los veinte. El de la juventud, al nacer mi tercera hija, a los treinta y uno. Ahora tal vez he llegado otra vez al final del camino. Estos años que han pasado hasta hoy, que mis hijos son ya un hombre y dos mujeres, tuvieron su lado bueno y su lado malo, como todo en la vida. Lo bueno era la impresión de tenerlo todo controlado y lo malo era eso mismo, la rutina de saber siempre lo que iba a pasar.

Para mi próxima década, me gustaría recuperar el espíritu de aventura, tal vez volver a estudiar idiomas o meterme en alguna actividad en grupo. Yo querría volver a ser la persona que improvisaba, que se lanzaba a la piscina. Salir de viaje sin saber el destino, parar en cualquier momento en cualquier lugar... Marcharme al cine inesperadamente. Recordar los rincones de Madrid de mi infancia. Conocer sitios nuevos. Pero no va a poder ser, porque no tendría ninguna gracia tener que hacerlo yo sola.

El tiempo es un reloj cuyas agujas sólo se mueven hacia adelante y nunca hacia atrás. Con él nos va cambiando y la persona que fuimos se pierde en la neblina del pasado, de donde es imposible rescatarla. No sé qué fue de esa rebelde, de esa persona tan apasionada y llena de vida. Ahora me alimento de emociones ajenas y vivo angustiada pensando en que todo pueda cambiar para peor. A pesar de que teóricamente me pueda quedar la mitad de mi vida por delante, me temo que nada volverá a ser como antes.

Siento enseñaros hoy mi cara más amarga. Eso no significa que no siga estando segura al cien por cien de unas pocas cosas, pero el resto es una incógnita que no sé cómo despejar. El verano me deprime, como las navidades. Me recuerda que, cuando no tengo mil cosas que hacer, mi vida se queda vacía. Los afectos de tantas personas que no se acuerdan de que existo, siguen vivos en algún lugar de mi memoria. También los de aquellos que nunca volverán. A veces pienso que sólo me queda seguir cuesta abajo hasta el final.

miércoles, 15 de julio de 2009

Autoridad moral

Otro de esos conceptos pasados de moda. Se refiere a la capacidad que tiene alguien de dar consejos o criticar a otros según su propia experiencia. Esto es, que no puede hablar de fidelidad quien ha sido infiel o de educación quien se expresa con palabrotas, ni de respeto quien no respeta. Autoridad moral tiene la persona que ha demostrado con su ejemplo que sigue sus propios ideales. No tiene mucho sentido, por ejemplo, un divorciado hablando de matrimonio o alguien sin hijos opinando sobre el embarazo. No hay mejor escuela que la vida. Generalmente, la autoridad moral es propia sobretodo de los padres sobre los hijos.

Hablar en teoría es fácil y el papel lo aguanta todo, pero hasta que no vives las situaciones en tu entorno cercano no eres más que un aprendiz de todo, experto en nada. Aún así, hay gente que llega a los sesenta años con un desconocimiento de la realidad realmente asombroso. Además, ya que la simple idea de autoridad es molesta para muchos, supongo que es difícil que quieran otorgarsela a alguien de forma gratuita, sin ningún papel oficial por medio; ya que supone considerarse de algún modo inferior o subordinado a otra persona y humillarse.

Por eso, decían en otro post que las discusiones que realmente te afectan son las que tienes con gente a quien aprecias o con personas a las que has otorgado autoridad moral sobre tí. No las opiniones de gente que no sabe manejar su propia vida o que se dejan llevar por el viento que más sopla en cualquier momento, que son la mayoría. Hoy en día es difícil encontrar personas que sean dignos de esa consideración. Hay que ser realmente coherente y consecuente con uno mismo, sea cual sea tu filosofía de vida. Eso no significa que no puedan tener dudas o flaquear en un momento dado, puesto que son humanos.

Se puede valorar que alguien tiene autoridad en un tema determinado, porque es un experto; o un sacerdote, por ejemplo, la tiene en asuntos religiosos. Pero fuera de la familia y los asuntos profesionales, resulta cada vez más difícil encontrar a alguien que pueda dar una opinión veraz y desinteresada de cualquier tema de la vida diaria. A través de este blog, yo creo haber conocido a unos cuantos, cuyas opiniones sí me interesaban y siempre me aportaban algo especial. Echo de menos esos intercambios, pero me temo que no compensan la cantidad de basura que llegaba de otras direcciones. Así que me temo que continuaremos como hasta ahora.

Música: estopa - como Camarón

En casa del herrero...

Sospecho que mi hijo no tiene ninguna intención de casarse o tener niños. Claro está, que todavía no ha cumplido los dieciocho, pero la mentalidad social está haciendo mella en él a pesar de mi influencia. El hombre es cazador por naturaleza, pero con el tiempo acaba volviéndose sedentario, si encuentra alguien adecuado. Sin embargo, hoy en día vivimos en un coto de caza donde las piezas se entregan voluntariamente a tus pies sin tener que hacer el menor esfuerzo. Siendo así, no tiene ningún sentido pensar en compromisos o sacrificios por la familia.

Para los pocos que se deciden, el camino incluye reparto de las tareas de la casa y cuidado de los hijos al cincuenta por ciento. Aún así, los hombres siempre serán presuntos culpables de maltrato, mientras no se demuestre lo contrario. Es duro ser marido y padre en estos tiempos. Por eso la mayoría ya no lo intentan y, los que lo hacen, se rinden ante la primera contrariedad. Los que sobreviven a las presiones y continúan su relación tienen un mérito enorme. Les toca seguir siendo trabajadores, responsables y firmes; pero, al mismo tiempo, tienen que ser cariñosos y sensibles. Les corresponde mantener a su familia, pero no tienen voz ni voto frente al embarazo, y pierden la custodia en caso de separación.

Si a lo largo de la historia, los varones se han tenido que buscar la vida para dar de comer a su mujer e hijos, trabajando en lo que hiciera falta; al menos tenían la contrapartida de mandar en sus casas. Ahora, además, tienen que aprender a cocinar, limpiar, planchar..., pero no pintan nada. No digo que no sea positivo que se involucren más en esas tareas, pero, me pongo en el lugar de mi hijo y comprendo que, pudiendo tenerlo todo igual a cambio de nada, ¿quién se lo pensaría dos veces?. Tendría que ser un poco tonto para estar dispuesto a arriesgarse en una aventura tan poco ventajosa. Aún así, espero que algún día lo haga.

martes, 14 de julio de 2009

Contador de visitas

Tengo un gadchet por ahí que se llama statcounter y me dice el número de visitantes cada día. También me dice quién ha entrado, cómo y cuando y qué páginas ha visto. En otras palabras, tengo un espía en el blog. Algunas páginas no dejan rastro porque vienen por otro camino, pero veo lo suficiente para saber una cosa: aquellos que me han puesto verde en otros blogs, siguen entrando regularmente en el mío. Se podría decir que lo hacen para buscar argumentos sobre los que escribir a la contra. Sin embargo, no creo que sea sólo por eso. Supongo que les dará rabia pensar que en el fondo les sigue gustando este blog, que no pueden evitar estar de acuerdo con la mayor parte de lo que escribo. Y es que, no me extraña, creo que la mayoría de la gente en España, si hablaran con sinceridad, acabarían dándome la razón. La cuestión es que no voy a contracorriente como digo. Voy con la corriente mayoritaria de personas que, sin embargo, nunca lo van a reconocer públicamente porque se avergüenzan de pensar así. Porque les han convencido de que mis ideas son equivocadas e intrínsicamente malvadas.

Sin embargo, la realidad es muy tozuda y antes o después acaba corroborando lo que escribo, cosa que cualquiera medianamente razonable acaba descubriendo con el tiempo. Han tenido que pasar tres años, por ejemplo, para que se empiece a hablar claramente y sin tapujos de la cultura del esfuerzo, de la necesidad de inculcar a nuestros hijos una mentalidad realista que les ayude a valerse por sí mismos el día de mañana. En este momento empezamos la gran batalla por la vida y contra el aborto, que nos costará sangre, sudor y lágrimas, pero no vamos a rendirnos. Sólo espero que dentro de cinco años, tal vez diez, pueda respirar tranquila pensando que hemos conseguido despertar las conciencias y cambiar las ideas preconcebidas sobre este tema. Tal vez entonces también vuelva a regir la sensatez y el sentido común en las relaciones de pareja; todo lo cual se ha estado sacrificando impunemente en el altar de la mal llamada igualdad. Al menos confío en que para entonces se haya recuperado el nivel de parejas estables con hijos que resulta imprescindible para la supervivencia social.

Así que no me extraña que mis "enemigos" sigan entrando. Pero a veces me da una vena sarcástica y me dan ganas de publicar el historial del contador de visitas para que se sepa quiénes son los que me critican de cara a la galería, pero siguen enganchados a este blog. En todo caso, lo que está claro es que no hace daño el que quiere sino el que puede. Para eso hay que tener autoridad moral y es algo que escasea mucho últimamente. Las únicas opiniones que importan son las de los amigos.

lunes, 13 de julio de 2009

Negocios y placer

Hoy en día es habitual que la gente pase muchas más horas en la oficina que en su propia casa. Los compañeros de trabajo pasan a ser depositarios de confidencias que no tendríamos siquiera con los amigos de siempre. Las experiencias que deberíamos compartir con nuestra familia, tanto buenas como malas, se acaban viviendo con personas que no has elegido y no te interesan. Es algo parecido al Síndrome de Estocolmo. Así como los secuestrados a menudo se acaban encariñando con sus captores; los empleados desarrollan lazos de afecto con sus compañeros de mesa, incluso aunque a priori les hubieran caído mal. Es un mecanismo de autodefensa.

Las necesidades afectivas que no se cubren al pasar tan poco tiempo con los seres queridos se intentan suplir con otros que están en las mismas circunstancias. A partir de ahí, es fácil que se confunda la amistad o la atracción sexual con el amor. Dicen las estadísticas que la infidelidad se ha generalizado tanto entre los hombres como entre las mujeres. Esto tiene mucho que ver con la incorporación femenina al mercado laboral, los horarios interminables y la falta de conciliación familiar. Cuando todo va bien, es fácil mantener un matrimonio. Pero, cuando surgen problemas, y resulta que no hay tiempo ni intimidad para poder hablar de ello con calma, ya se sabe que la pareja está condenada a la ruptura.

En España lo tenemos más difícil porque se sale tarde del trabajo y además se pierde mucho tiempo en desplazamientos. Las relaciones de pareja en el trabajo están influídas también por la edad de cada uno y el puesto que ocupa en la empresa. Aquí entra además en juego la erótica del poder. Así que lo más recomendable es procurar conocer a la persona fuera del ambiente laboral, antes de embarcarse en una relación. Claro que, si además alguno de los dos está casado, lo más sensato es abstenerse completamente, porque esa clase de historias nunca acaba bien y hay demasiados perjudicados para que merezca la pena.

Música: Bob Marley - No Woman No Cry

domingo, 12 de julio de 2009

Veinte años

El mundo yo me lo comía a los 20... La llevo 10 años de ventaja. Esta frase la he cogido de otro blog. Me ha hecho gracia, pero es una gran verdad. Es curioso cómo en la sociedad en que vivimos parece que la juventud se prolonga hasta los cuarenta años y, por tanto, entre un chico de veinte y un cuarentón apenas hay diferencia en teoría. Físicamente, puede que no se note a simple vista, pero mentalmente hay una distancia de veinte años de experiencia. Imaginaos todo lo que se aprende en las primeras dos décadas de vida, desde ser un bebé a todo un adulto. Las segundas dos décadas suponen afianzar esos conocimientos y, a poco que se viva, se acaba aprendiendo mucho de todo.

Por eso siempre digo que, en las parejas que se llevan más de diez años de edad, hay uno que controla la situación y otro que se deja llevar sin darse cuenta de la manipulación. El paso de una generación: el hecho de que yo pudiera tener en este momento hijos de más de veinte años; supone una diferencia de madurez que no se puede pasar por alto tranquilamente. Los primeros veinte años me parecieron interminables; los segundos se me han pasado volando. Tal vez por eso, yo misma a veces tengo la impresión de que fue anteayer cuando empecé a trabajar y cuando lo dejé, pero no es cierto.

Hoy en día, como todos nos hablamos de tú a tú, se ha perdido también el valor de la experiencia que, en algunos países "atrasados", sin embargo, sigue considerándose como algo importante y fundamental de la sociedad. Además, no hay que olvidar que las décadas corren tanto que, antes de que nos demos cuenta habrán pasado otros veinte años. Y, si para entonces, vosotros no tenéis hijos, todo el sistema económico mundial irá a la quiebra sin que podamos hacer nada por evitarlo. Porque estamos formando una pirámide inversa, donde unos pocos tendrán que mantener a millones en todo el mundo. El relevo generacional ya no está bien asegurado

sábado, 11 de julio de 2009

Se recoge lo que se siembra

El otro día hablaba del karma y el destino, pero eso no significa que no piense que, en el fondo, cada cual acaba recibiendo aproximadamente lo que se merece. Salvo excepciones. Recuerdo que, cuando mis hijos tenían problemas en el colegio de pequeños, yo les decía aquello de "a cada cerdo le llega su san Martín" o "sentarse a ver pasar el cadáver de tu enemigo". Es decir, que la gente que se porta mal con el prójimo suele acabar "probando su propia medicina". Claro que alguno estará pensando en esos famosos a los que les va tan bien, a pesar de ser una gentuza. Pero, aunque parezca que lo tienen todo, generalmente no tienen nada.

Nada que valga realmente la pena. A mí lo que me molesta un montón es cuando leo una entrevista de alguna modelo o similar hablando de lo felices que son en su matrimonio y con sus hijos. Al cabo de un par de semanas sale otra exclusiva hablando de su separación. Así que han cobrado dos veces. Parece un poco bastante tomarnos por tontos al resto de los ciudadanos; aunque también es verdad que creerse ese tipo de revistas sí sería un poco tonto. Ya se sabe que venden más todavía las malas noticias que las buenas y me imagino que incluso las preparan a propósito para que sea más efectivo, y más rentable.

Lo que está claro es que hoy en día tener dinero y éxito es sinónimo en la mayoría de los casos de tener una vida privada desastrosa. Los matrimonios que duran y las familias unidas se siguen manteniendo entre la gente que no tiene nada que perder, o que ganar. Es terrible comprobar una y otra vez cómo los niños al final se convierten en moneda de cambio y son utilizados para cualquier fin. Da la impresión incluso de que algunas sólamente deciden tener hijos para asegurarse la pensión correspondiente tras el divorcio. Pero lo que no saben es que ya nunca conseguirán tener una pareja estable y repetirán la misma historia una y otra vez.

Así, como la vida acaba poniendo a cada cual en su lugar, supongo que no puedo aspirar al éxito porque no hice el menor esfuerzo cuando era jovencita en ese sentido. Sin embargo, mi felicidad se basa en otras cosas, en la convivencia con mi marido y mis hijos. Si me fallara eso, sí que tendría un problema importante. Yo sólo he sembrado semillas de familia, y me dedico a divulgar esa mentalidad. Pero al menos creo que no he sembrado cizaña con nadie que conozca. Otra cosa son las diferencias de opinión naturales. Así que espero no recoger las consecuencias de mis malas acciones, como le acaba sucediendo antes o después a casi todos.

Música: shakira. Se quiere, se mata

viernes, 10 de julio de 2009

Una generación deprimida

(Extracto de una carta al director)
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González

Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.

Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.

jueves, 9 de julio de 2009

Eso no es matrimonio

Como en internet se encuentra de todo, el otro día leí un blog que, teóricamente, hablaba sobre cómo mantener un matrimonio feliz; pero en realidad lo que pretendía era oponerse a todo compromiso de pareja. Realmente, apenas tenía texto y su razón de ser eran los anuncios de contactos, en los cuales no se buscaba precisamente el matrimonio. Sin embargo, en lugar de decirlo claramente, intentaban atraer a los lectores con conceptos como comprensión, amistad o tolerancia.

Me parece una vergüenza y un síntoma más de cómo existe realmente una ingeniería social, una estrategia que intenta desmontar las bases familiares de nuestra sociedad. Pero no directamente a las claras, con argumentos sólidos, sino de una manera sutil y sibilina. De este modo, nadie podrá acusarles de nada. Una cosa es que en un matrimonio cada cual deba mantener un espacio propio, pero otra cosa es que no tengan espacios comunes.

Si, después de sus trabajos, cada miembro de la pareja se va con sus amigos, al gimnasio o al cine, tendrán una vida social muy agradable, pero naufragarán como pareja. Conservar una relación requiere pasar tiempo juntos, hablar mucho, compartir experiencias buenas y malas; y el sexo no sustituye todo eso. Lo que llaman relación abierta es realmente una amistad con derechos, que no podrá conducir nunca a formar una familia y un proyecto de vida común.

El matrimonio supone dejar de ser dos personas para formar una unidad, poniendo en común las cosas que nos unen y compartiendo las que nos diferencian. Es incompatible con mantener la independencia y hacer lo que quieras en cada momento, sin consultar al otro. Sin embargo, el resultado vale la pena. Claro que eso nunca lo podrán comprobar aquellos que han sido incapaces de renunciar a sus intereses egoístas.

Música: - mike olfield - tubular bells -

miércoles, 8 de julio de 2009

Hiperactivos y déficit de atención

Hoy en día se quiere solucionar todo con pastillas o vacunas a mayor gloria de las empresas farmacéuticas. Yo no confío demasiado en los psicólogos en general porque pienso que la empatía es una capacidad que se tiene o no se tiene, y no se puede aprender en los libros. Así, muchos psicólogos tiran de receta en cuanto se encuentran con un niño diferente, que se sale de los cauces establecidos. Si yo hubiera nacido más tarde seguro que me habrían diagnosticado Síndrome de falta de atención. Pero lo que me pasaba es que me aburría mucho en clase y me ponía a pensar en otra cosa, con lo cual al final me perdía las explicaciones importantes. Es algo muy común entre los superdotados y ninguna pastilla hubiera podido evitarlo.

En cuanto a los hiperactivos, habrá de todo. Hay niños que simplemente son un poco más revoltosos de lo normal y no les hacen un favor señalándolos y dándole más importancia de la que tiene, cuando realmente lo que buscan la mayoría es precisamente llamar la atención. Muchas veces se encuentra detrás un problema de celos no asumidos. Por los casos que conozco, puedo decir que un niño que se cría a su aire es fácil que acabe siendo hiperactivo. Si se pasan el día en su cuarto, donde tienen su propio televisor, consola y ordenador; si, desde pequeños, juegan solos sin seguir las reglas; si nadie les enseña que hay ratos en que es necesario estar quietos y callados; si no saben lo que es aburrirse porque siempre tienen algo entre manos...; es natural que no aprendan a relajarse nunca.

Los niños siguen su instinto natural que, en algunos casos, les lleva a estar siempre en movimiento. Dicen que está relacionado con el modelo de cazador. Pero, si tienen una familia que se sienta con ellos a pintar, o leer, o ver una película en silencio, ese instinto se puede ir moderando. Sin embargo, si acuden únicamente a los fármacos, tendrán un hijo domado de forma artificial, pero que no ha aprendido a comportarse. Aparte de los efectos secundarios que pueda sufrir en el futuro. La farmacia nunca podrá sustituir a la familia. He leído que en Holanda, uno de cada tres niños están siendo tratado médicamente por hiperactividad o déficit de atención. Las consecuencias se verán en unas décadas.

lunes, 6 de julio de 2009

No hay nada más importante

Cuando empecé a escribir en internet lo hice de una forma natural, como lo venía haciendo desde que aprendí la escritura y anotaba mis pensamientos en hojas sueltas. El contacto con otros blogueros me ayudó mucho a darme cuenta de dónde estaban los problemas y hasta qué punto la gente se siente perdida en un mundo sin referencias morales. También encontré gente encantadora que me enseñó otros puntos de vista para enriquecer los míos. Así durante tres años, hasta que llegó el momento de descubrir realmente cuál era mi objetivo en este mundo virtual, la razón que me había atraído desde el principio a participar en las vidas de otras personas e introducirme en sus ordenadores. La defensa de la vida es la tarea más grande, más importante y más pura que puede tener alguien hoy en día. Como dice el actor mexicano Eduardo Verástegui:

"El actor y productor mexicano explicó su esfuerzo por trasmitir un mensaje provida porque “ni sumando las muertes causadas por el nazismo y el comunismo, resulta una cifra comparable con las de los abortos, ya que cada año son abortados en el mundo 42 millones de niños. Por eso siento que no estoy haciendo suficiente para defender la vida. Las leyes de muerte nos afectan a todos. Cuando en un país permitimos que el bebé más indefenso corra peligro, la vida deja de tener valor objetivo”.

“El aborto no debería existir”, concluyó Verástegui; “la cultura de la muerte es como el nazismo. Éste enfrentaba al vecino contra el vecino; el comunismo, a los pobres contra los ricos; y la cultura de la muerte a la madre contra su hijo. Con la eutanasia el hombre pierde el respeto a sí mismo y se ve como un objeto. Es importante defender el derecho a vivir de todos. Creo que hay que tratar a todos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todos podemos hacer algo por salvar la vida de los que corren el riesgo de no nacer”.

No puedo dar un paso atrás, ni aunque quisiera, que no es el caso. Mi vida ahora tiene un sentido superior. Ahora comprendo lo que Dios quiere de mí. Mientras escribo estas líneas miles de mujeres en todo el mundo están acabando con la vida de sus hijos, cosa que no podrán perdonarse nunca. Entretanto unos cientos de médicos abortistas sin escrúpulos se están haciendo ricos a su costa. No podré dejar ya esta lucha, mientras, al menos en España, siga existiendo una ley que permite descartar seres humanos según sus circunstancias. El feto no tiene la culpa de que su madre no se sienta preparada, no sepa quién es el padre o no tenga trabajo. Para eso están las instituciones públicas, para ayudarla a salir adelante y a entregar el niño en adopción si lo desea. El aborto no es un derecho de nadie, es un crimen contra la humanidad, un genocidio. Esos niños pertenecen a la sociedad donde han sido engendrados y son necesarios para su futuro. Su derecho a la vida debería estar por encima de cualquier otra consideración.

sábado, 4 de julio de 2009

Series españolas

Más de ventiun mil visitas, sólamente en los blogs que conocéis. He tenido otros tres. Incontables lecturas en otros enlaces a lo largo de más de tres años. Toda una vida virtual que casi nadie conoce y que no me aporta nada visible. A menudo pienso que estoy perdiendo el tiempo.

Con las series de televisión ocurre algo parecido a lo del cine español. Sin embargo, hay algunas, como Cuéntame que se han ganado cada euro invertido en ellas. Pero el problema en este caso son las series que llaman "juveniles" y, en tiempos, hubieran necesitado la calificación moral S. Pero además las emiten en horario de máxima audiencia y las ven niños. La culpa, por supuesto, es de esos padres que ponen una televisión en el cuarto de sus hijos y se despreocupan de lo que ven. Para colmo, series como "física y química" o "sin tetas..." se exportan a muchos países de Iberoamérica, de manera que afectan a millones de jóvenes.

Es el paraíso de los contravalores, donde chicos recién salidos de la pubertad se dedican a experimentar con alcohol, drogas y sexo, incluso con adultos, rozando los límites de la legalidad. Además, en estas series los padres representan la figura autoritaria, represora, incapaz de razonar o comprender a los jóvenes. O también están los padres "colegas" que no opinan sobre la vida de sus hijos, porque ellos tienen mucho más que ocultar todavía. En resumen, estas series son un ataque deliberado contra la familia. Por desgracia, los adolescentes son enormemente manipulables y, sin asesoramiento de adultos, aceptan cualquier situación como algo natural.

Así, llegan a creer que lo normal en un niño es mantener relaciones sexuales con los compañeros de clase, emborracharse, mentir, hacer trampas, no estudiar y pegarse con cualquiera. Más que chicos de instituto parecen delincuentes juveniles de correccional de menores. Como el tiempo pone las cosas en su lugar, ya estamos empezando a ver las consecuencias de esta política; y los primeros perjudicados de este juego son los propios padres de los niños. Ésta es la imagen de España que se vende en el extranjero, y luego nos extrañamos de que no nos tomen en serio.

viernes, 3 de julio de 2009

El karma

Dicen que tu destino está marcado por tus vidas anteriores y tienes que pagar las consecuencias de tus actos. De ser así, no hay duda de que en otra vida yo debía ser una persona terrible. Me imagino que me importaban poco los demás. Por eso, ahora soy hipersensible y sufro tanto por temas como el aborto. Supongo que era una persona segura de mí misma y despótica. Ahora me pierdo en un mar de dudas y me ahogo en un vaso de agua. Debía de llevar una vida lujosa y regalada. Ahora sé que muchos dependen de lo que yo haga y no puedo dejarlo. Supongo que yo misma era mi prioridad. Por eso he pasado al final de la lista y me toca sacrificarme por todos. Debía llevar una vida activa y frenética. En esta vida me he pasado horas, días y meses esperando a que las cosas cambien por sí mismas, a encontrar el amor, a que crezcan mis hijos, a que tengamos tranquilidad económica...

A veces miro alrededor y, aunque no me cambiaría por nadie, me pregunto si algún día llegará mi turno. Renuncié al papel de protagonista y me quedé con uno de extra. Ya sé que nunca me pagarán por mi trabajo. Me quedé con mi familia voluntariamente y lo he disfrutado muchos años, pero cada vez queda menos para que mis hijos se vayan de casa, y entonces ya no tendrá mucho sentido que yo me quede. Cuando veo a otras mujeres de mi edad, que tal vez no tienen lo que yo tengo; pero salen, viajan, van de compras, se arreglan, tienen amistades y, de alguna manera, conservan la juventud que yo ya he olvidado; no puedo evitar sentir algo de envidia. Algo debí hacer muy malo en otra vida para que no me pueda permitir siquiera amigos con quien hablar, ni una escapada con mi marido, ni un capricho, ni el reconocimiento público por mi labor de escritura.

Pero, después de pensar eso, siempre me siento culpable, porque sé que otros están mucho peor que yo. Y me da miedo que, por quejarme, pueda poner en riesgo algo de lo que he logrado, que, no será mucho, pero es infinitamente valioso para mí.

Música: amy macdonald - this is the life

jueves, 2 de julio de 2009

El verano no es para mí

Cuando llegan estas fechas todos los años, yo me alegro sólamente de librarme de las prisas de los horarios del colegio. Por lo demás, yo no estoy hecha para el calor. Me baja la tensión, me mareo, me duelen las piernas y la espalda al menor esfuerzo. Me paso todo el tiempo que puedo en el sofá con las piernas en alto, viendo lo que pongan en televisión, pero eso es muy aburrido. Luego me toca ocuparme de la casa con más gente para comer y más trabajo.

Si mando a las niñas de campamento, estoy preocupada hasta que vuelven. Si se quedan en casa, se pasan el día preguntándome qué pueden hacer y me agobian. Están acostumbrados a estar siempre haciendo algo y se ponen nerviosos. Si salen con los amigos, tampoco estoy tranquila porque en esta época se relajan las costumbres y hay mucho desmadre. Por otra parte, yo no puedo salir libremente de compras por la mañana, porque estoy pendiente de sus necesidades.

Sólamente cogemos una quincena de vacaciones para ir a la playa. En el apartamento me toca cocinar, limpiar y fregar los platos; así que acabo haciendo más que en mi propia casa, y más incómodo. Después necesito unas vacaciones para descansar de las vacaciones. Tengo poca energía y sólo con bañarme en el mar, apenas me quedan fuerzas para el resto del día. Siempre me ha ocurrido esto desde pequeña, pero antes no tenía que llevar una casa. Para mí, las verdaderas vacaciones serían irme a un hotel.

Aún así, me gusta ir a la costa esos días, porque pienso que dentro de poco ya no haremos planes juntos con nuestros hijos. Así que intento pasarlo bien, aunque para mí sea más un sacrificio que un relax. Con suerte conseguimos coger otra semana de vacaciones durante el verano, pero la pasamos tranquilamente en casa, aunque muchas veces, por la falta de costumbre, acabemos todos discutiendo. Así hasta que cambia el tiempo y recibo el otoño con los brazos abiertos.

miércoles, 1 de julio de 2009

Una sociedad enferma

Como ya os he contado, voy atesorando anécdotas durante años, de manera que, aunque a veces no les haya encontrado el sentido en su momento, lo acabo descubriendo con el tiempo. Cuando algo me parece inexplicable, no lo descarto, sino que lo retengo en la memoria. Esto me sucedió hace unos diez años en un cursillo que hice de ofimática. Tenían un grupo de compañeras muy agradable, entre las cuales me hice más amiga de dos. Una de ellas era vasca y vive en Madrid en mi ciudad. La he vuelto a ver un par de veces por la calle.

Mi otra amiga es madrileña, pero tiene un apellido vasco bastante llamativo. Al decirselo a la primera, pasó algo extraño: empezó a insistir en que tenía que tener familia vasca. Le dijo que el apellido era antiguo de varias generaciones y que ya no contaba con ningún pariente cercano vasco. Pero la otra chica empezó a enfadarse y repetir que, si tenía un apellido vasco tenía que ser vasca o alguno de sus progenitores. Ya no sabíamos que decirle. Así que le puse un ejemplo: si me llamo Zamorano, ¿tengo que ser de Zamora?, o Sevillano, o Soriano...

Yo creo que todo tiene una razón, pero por entonces no conocía la realidad del País vasco. Que lo que aquí es lógico y natural, allí resulta ser imposible o inaceptable. La única razón es la educación que han estado impartiendo en los colegios. Es fácil adoctrinar a un niño y darle una visión distorsionada de la realidad. En su caso, han modificado la historia, la cultura, hasta la religión para adaptarla a sus propios fines. No saben que existen apellidos vascos por todo el mundo, porque sus antepasados eran viajeros y no le hacían ascos a nadie por aquel entonces.

Ahora que empieza una nueva etapa, no me atrevo a confiar en que las cosas puedan cambiar mucho. Lo que ha costado treinta años construir no va a desaparecer en cuatro. Pero por poco que se haga siempre será mejor que dejar las cosas como están. Espero que al menos no siga muriendo gente por esta causa. El País Vasco es un ejemplo de lo que la manipulación mental puede hacer con unas personas completamente normales. No caigamos otra vez en la misma trampa. No puede haber democracia sin libertad de pensamiento.

Música: la oreja de van gogh - escapar