Mostrando entradas con la etiqueta sensibilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sensibilidad. Mostrar todas las entradas
lunes, 22 de noviembre de 2010
Sensibilidad dental
Con este tema en los anuncios, pasa lo mismo que con el estreñimiento, los herpes labiales o la incontinencia. Son cuestiones que afectan a una proporción mínima de la población, pero insisten tanto que cualquiera diría que todos somos estreñidos, incontinentes, tenemos herpes y, para colmo, nos duelen los dientes. Es terrible. No sé cómo tenemos moral todavía para salir a la calle. Es curioso la cantidad de negocio que se debe generar con esos productos para poder financiar unas campañas tan caras. Ya nos tienen tan convencidos que casi estoy deseando que me suceda algo de eso para poder comprar lo que anuncian.
Luego, se nota cuando empieza la campaña de Navidad y, de repente, no hay cosa más importante en la vida que el olor corporal; pero no el tuyo propio, sino el diseñado por el famoso de turno y cuanto más caro sea, mejor. Como venados en plena berrea, no puedes entrar en el ascensor sin que te invada el aroma irresistible del vecino y un millón de personas más. Por suerte, esta situación sólo se alarga un par de meses; cuando todos los botes de colonia y perfume vuelven al cajón del olvido, del que no volverán a salir hasta la próxima campaña publicitaria.
Luego, se nota cuando empieza la campaña de Navidad y, de repente, no hay cosa más importante en la vida que el olor corporal; pero no el tuyo propio, sino el diseñado por el famoso de turno y cuanto más caro sea, mejor. Como venados en plena berrea, no puedes entrar en el ascensor sin que te invada el aroma irresistible del vecino y un millón de personas más. Por suerte, esta situación sólo se alarga un par de meses; cuando todos los botes de colonia y perfume vuelven al cajón del olvido, del que no volverán a salir hasta la próxima campaña publicitaria.
Etiquetas:
anuncios,
estreñimiento,
incontinencia,
perfume,
sensibilidad
viernes, 5 de marzo de 2010
For once in your life, be a man
Por una vez en tu vida, sé un hombre. Me llama la atención que se siga diciendo esto hoy en día. Al fin y al cabo, hace tiempo que se ha perdido completamente la moción tradicional de lo que debe ser un hombre, en oposición a una mujer; ahora que se supone que somos todos iguales. ¿Qué significa ser un hombre? Teóricamente ser fuerte y valiente; es decir, no echarse atrás y afrontar las consecuencias de tus actos. Ser un hombre es, o era, dar la cara en cualquier situación, luchar por lo que quieres,sobreponerse a los problemas y las desgracias. En otras palabras, suponía ser el soporte de su familia en momentos de dificultad, apoyarlos y defenderlos, y no dejarse avasallar ni permitir que abusen de los tuyos. Como se ve, está pasado de moda.
Con el cambio de mentalidad, ahora resultaría que ser un hombre significa ser sensible, comprensivo y estar siempre dispuesto a ayudar; supone aceptar que tu pareja salga con otros amigos, que tenga sus propios hobbies y no compartir más que la casa. Ser un hombre se parece hoy más bien al concepto que siempre se ha tenido de un homosexual. Así no es de extrañar que la combinación no funcione. No se pueden exigir conceptos o aptitudes opuestas a una misma persona. No se le puede programar para que sea firme o tolerante, fuerte o sensible, según interese a la ocasión. La próxima vez que alguna piense: me gustaría que se comportara como un hombre; espero que esté dispuesta después a aceptarlo como es en su totalidad. No se puede pedir imposibles.
Con el cambio de mentalidad, ahora resultaría que ser un hombre significa ser sensible, comprensivo y estar siempre dispuesto a ayudar; supone aceptar que tu pareja salga con otros amigos, que tenga sus propios hobbies y no compartir más que la casa. Ser un hombre se parece hoy más bien al concepto que siempre se ha tenido de un homosexual. Así no es de extrañar que la combinación no funcione. No se pueden exigir conceptos o aptitudes opuestas a una misma persona. No se le puede programar para que sea firme o tolerante, fuerte o sensible, según interese a la ocasión. La próxima vez que alguna piense: me gustaría que se comportara como un hombre; espero que esté dispuesta después a aceptarlo como es en su totalidad. No se puede pedir imposibles.
Etiquetas:
comprensión,
fuerza,
homosexual,
sensibilidad,
valentía
viernes, 3 de julio de 2009
El karma
Dicen que tu destino está marcado por tus vidas anteriores y tienes que pagar las consecuencias de tus actos. De ser así, no hay duda de que en otra vida yo debía ser una persona terrible. Me imagino que me importaban poco los demás. Por eso, ahora soy hipersensible y sufro tanto por temas como el aborto. Supongo que era una persona segura de mí misma y despótica. Ahora me pierdo en un mar de dudas y me ahogo en un vaso de agua. Debía de llevar una vida lujosa y regalada. Ahora sé que muchos dependen de lo que yo haga y no puedo dejarlo. Supongo que yo misma era mi prioridad. Por eso he pasado al final de la lista y me toca sacrificarme por todos. Debía llevar una vida activa y frenética. En esta vida me he pasado horas, días y meses esperando a que las cosas cambien por sí mismas, a encontrar el amor, a que crezcan mis hijos, a que tengamos tranquilidad económica...
A veces miro alrededor y, aunque no me cambiaría por nadie, me pregunto si algún día llegará mi turno. Renuncié al papel de protagonista y me quedé con uno de extra. Ya sé que nunca me pagarán por mi trabajo. Me quedé con mi familia voluntariamente y lo he disfrutado muchos años, pero cada vez queda menos para que mis hijos se vayan de casa, y entonces ya no tendrá mucho sentido que yo me quede. Cuando veo a otras mujeres de mi edad, que tal vez no tienen lo que yo tengo; pero salen, viajan, van de compras, se arreglan, tienen amistades y, de alguna manera, conservan la juventud que yo ya he olvidado; no puedo evitar sentir algo de envidia. Algo debí hacer muy malo en otra vida para que no me pueda permitir siquiera amigos con quien hablar, ni una escapada con mi marido, ni un capricho, ni el reconocimiento público por mi labor de escritura.
Pero, después de pensar eso, siempre me siento culpable, porque sé que otros están mucho peor que yo. Y me da miedo que, por quejarme, pueda poner en riesgo algo de lo que he logrado, que, no será mucho, pero es infinitamente valioso para mí.
Música: amy macdonald - this is the life
A veces miro alrededor y, aunque no me cambiaría por nadie, me pregunto si algún día llegará mi turno. Renuncié al papel de protagonista y me quedé con uno de extra. Ya sé que nunca me pagarán por mi trabajo. Me quedé con mi familia voluntariamente y lo he disfrutado muchos años, pero cada vez queda menos para que mis hijos se vayan de casa, y entonces ya no tendrá mucho sentido que yo me quede. Cuando veo a otras mujeres de mi edad, que tal vez no tienen lo que yo tengo; pero salen, viajan, van de compras, se arreglan, tienen amistades y, de alguna manera, conservan la juventud que yo ya he olvidado; no puedo evitar sentir algo de envidia. Algo debí hacer muy malo en otra vida para que no me pueda permitir siquiera amigos con quien hablar, ni una escapada con mi marido, ni un capricho, ni el reconocimiento público por mi labor de escritura.
Pero, después de pensar eso, siempre me siento culpable, porque sé que otros están mucho peor que yo. Y me da miedo que, por quejarme, pueda poner en riesgo algo de lo que he logrado, que, no será mucho, pero es infinitamente valioso para mí.
Música: amy macdonald - this is the life
Etiquetas:
amistad,
destino,
lujo,
reconocimiento,
sensibilidad
lunes, 1 de junio de 2009
Sentimientos
Hace poco alguien me dijo que no voy a ninguna parte con esta sensibilidad. Creo que tiene razón, pero es que yo siempre he sido así y no voy a cambiar ahora. De hecho tuve una temporada, allá por la adolescencia, en que decidí arroparme en varias capas como una cebolla para que nadie me hiciera daño nunca más. Sin embargo, cuando conocí a mi marido, sin darme cuenta fui perdiendo todas esas capas, y al nacer mis hijos volvía a ser yo al natural. Eso significa que sufro más, pero también disfruto más.
Probablemente no sirvo para escribir en internet, pero es lo único que sé hacer. Renuncié a trabajar para ser ama de casa, pero tampoco soy de estas mujeres que se pasan el día limpiando y cocinando. Necesito tener siempre la cabeza ocupada y en este momento, por desgracia, tengo motivos de sobra para pensar y escribir continuamente. Nunca me había interesado la política, pero ahora estamos tratando sobre principios y valores.
Ya sé que no puedo hacer nada, que muchos entran a este blog nada más a criticarme, pero me consuelo pensando que tal vez uno de cada diez se queda pensando en mis palabras. No podría sentirme bien conmigo misma si me limitara a lamentarme sin hacer nada para remediarlo. Pero esto tampoco me resulta agradable. Me siento culpable, sí, de estar llevando la contraria a tanta gente, diciéndoles lo que no quieren oir y siendo antipática para muchos. Pero también sé que sólo puede hablar de amor y familia quien lo ha vivido.
Pero hay algo que ha estado claro desde el principio: no obligo a nadie a entrar en mi blog. Cuando cerré mis comentarios, pensé que iba a perder la mayoría de las visitas. Cuando dejé de comentar, con más razón, pensé que muchos me olvidarían. Sin embargo, no me puedo quejar, sigo teniendo bastantes lectores. No sé si para bien o para mal, ni quiero saberlo. Pero mientras me quede la esperanza de que alguien me siga, yo seguiré también.
Probablemente no sirvo para escribir en internet, pero es lo único que sé hacer. Renuncié a trabajar para ser ama de casa, pero tampoco soy de estas mujeres que se pasan el día limpiando y cocinando. Necesito tener siempre la cabeza ocupada y en este momento, por desgracia, tengo motivos de sobra para pensar y escribir continuamente. Nunca me había interesado la política, pero ahora estamos tratando sobre principios y valores.
Ya sé que no puedo hacer nada, que muchos entran a este blog nada más a criticarme, pero me consuelo pensando que tal vez uno de cada diez se queda pensando en mis palabras. No podría sentirme bien conmigo misma si me limitara a lamentarme sin hacer nada para remediarlo. Pero esto tampoco me resulta agradable. Me siento culpable, sí, de estar llevando la contraria a tanta gente, diciéndoles lo que no quieren oir y siendo antipática para muchos. Pero también sé que sólo puede hablar de amor y familia quien lo ha vivido.
Pero hay algo que ha estado claro desde el principio: no obligo a nadie a entrar en mi blog. Cuando cerré mis comentarios, pensé que iba a perder la mayoría de las visitas. Cuando dejé de comentar, con más razón, pensé que muchos me olvidarían. Sin embargo, no me puedo quejar, sigo teniendo bastantes lectores. No sé si para bien o para mal, ni quiero saberlo. Pero mientras me quede la esperanza de que alguien me siga, yo seguiré también.
Etiquetas:
culpabilidad,
lectores,
política,
sensibilidad,
vocación
Suscribirse a:
Entradas (Atom)