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miércoles, 5 de enero de 2011
El amor sí tiene edad
Que el amor no tiene edad es otro de los tópicos que tanto se repiten para justificar cualquier tipo de situaciones. En primer lugar, no se puede estar enamorado a los catorce años, porque sencillamente no se tiene experiencia de la vida para poder distinguir el amor de cualquier otro sentimiento (simpatía, afinidad, atracción sexual...). En segundo lugar, hay un momento para cada cosa y, pretender vivir a partir de los cuarenta años con la misma pasión, ilusión e inocencia con que se encara una relación a los veinte, resulta absurdo. Somos otras personas con el paso del tiempo y el amor va evolucionando con las circunstancias. Eso que tantos llaman amor no sirve de excusa para la infidelidad, ni para abandonar tus responsabilidades, ni para renegar de los tuyos.
El amor es sólo uno de los factores a considerar. Existe además de muchos tipos, amor filial, fraternal, universal. El amor de pareja es el más difícil de encontrar y de conservar. Precisamente por eso hay que ser muy cauto a la hora de calificar un sentimiento tan complicado. Si ese amor supone, por ejemplo, apartarse del resto de la familia, dejar de trabajar o estudiar, o cambiar de personalidad; entonces, no se trata de un amor sano y positivo y es mejor alejarlo de la mente. El amor verdadero englaba todo y no excluye a nadie. Pasa por diferentes etapas a lo largo de la vida y, si se sabe cuidar, dura para siempre. No confundir con necesidades mutuas, engaños hormonales e inmadurez emocional.
El amor es sólo uno de los factores a considerar. Existe además de muchos tipos, amor filial, fraternal, universal. El amor de pareja es el más difícil de encontrar y de conservar. Precisamente por eso hay que ser muy cauto a la hora de calificar un sentimiento tan complicado. Si ese amor supone, por ejemplo, apartarse del resto de la familia, dejar de trabajar o estudiar, o cambiar de personalidad; entonces, no se trata de un amor sano y positivo y es mejor alejarlo de la mente. El amor verdadero englaba todo y no excluye a nadie. Pasa por diferentes etapas a lo largo de la vida y, si se sabe cuidar, dura para siempre. No confundir con necesidades mutuas, engaños hormonales e inmadurez emocional.
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martes, 4 de enero de 2011
Volver a empezar
Todos los años por estas fechas nos replanteamos la vida, pero lo cierto es que cualquier momento es bueno para cambiar. Es una de las ventajas de esta existencia azarosa e incierta que tenemos. Si todo fuera estable y estuviera perfectamente regulado, desaparecería la evolución individual. Aunque somos las mismas personas desde el momento de la concepción, las circunstancias nos van modificando. A veces tenemos algún control sobre los cambios; pero otras muchas dependen en gran parte del azar o, para quien tenga fe, del destino, del proyecto vital que Dios tiene para nosotros. Sin embargo, generalmente contamos con la libertad de seguirlo o negarnos a hacerlo.
Llama la atención como una situación de pocos minutos puede cambiar el curso de nuestra vida, o incluso una decisión no muy meditada marca el camino que vamos a seguir en adelante. Por eso, es importante ser muy consciente y vivir con los ojos muy abiertos. Porque luego cuesta mucho más retroceder y tal vez no se pueda. En este año que comienza, espero que aprendamos a recuperar el sentido de la responsabilidad sobre nuestros actos; especialmente en España, donde parece ser que, por tradición, es más habitual dejarse llevar. Cada mañana es un buen momento para volver a empezar y apreciar la vida en todo lo que vale. Aprendamos a manejarla y no dejar que ella nos maneje a nosotros.
Llama la atención como una situación de pocos minutos puede cambiar el curso de nuestra vida, o incluso una decisión no muy meditada marca el camino que vamos a seguir en adelante. Por eso, es importante ser muy consciente y vivir con los ojos muy abiertos. Porque luego cuesta mucho más retroceder y tal vez no se pueda. En este año que comienza, espero que aprendamos a recuperar el sentido de la responsabilidad sobre nuestros actos; especialmente en España, donde parece ser que, por tradición, es más habitual dejarse llevar. Cada mañana es un buen momento para volver a empezar y apreciar la vida en todo lo que vale. Aprendamos a manejarla y no dejar que ella nos maneje a nosotros.
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jueves, 10 de junio de 2010
Televisiones laicistas
Estaba viendo el canal internacional de televisión española cuando escucho esta noticia. Unos inmigrantes ilegales estaban intentando saltar un muro de muchos metros para entrar en EE.UU. con la ayuda de las mafias de la frontera. Algunos de ellos estaban rezando. Así que la periodista añade de su propia cosecha, o la del que escribe los guiones: "y otros se preguntan dónde estaba Dios para los ciento y pico inmigrantes que han muerto intentando cruzar al otro lado". Nadie le ha dicho nada parecido, porque además los mexicanos siguen siendo mucho más creyentes y practicantes que nosotros; y si le hubieran oído, se enfadarían. Pero había que meter la puya, -cómo no- para tratar de ridiculizar la conducta de los que rezan.
Ese concepto infantil de la divinidad está cada vez más extendido. Hablamos de Dios, el que hizo el planeta Tierra y todo el Cosmos conocido y desconocido. Es decir, de alguien que no está pendiente de las vicisitudes de la vida de cada ser humano; especialmente porque Él ve las almas y sabe perfectamente quién ha hecho bien o mal o por qué. Existe un concepto de libertad que a algunos no les entra en la cabeza. El libre albedrío supone que somos libres de arriesgar nuestra vida, fumando, o intentando cruzar unas alambradas. Lo que juzga Dios son nuestras buenas o malas intenciones. A partir de ahí, también somos libres de rezar para pedir su ayuda o su intercesión en nuestra causa, pero eso no quiere decir que Dios esté obligado a apoyarnos.
Sin embargo, no es la primera vez ni será la última que leo o escucho comentarios intentando culpar a Dios de que nos duela una muela o reprocharle el hambre en el mundo. Todo con tal de no aceptar nuestra propia responsabilidad en los hechos. El hombre es el administrador de la Tierra. Si las riquezas están mal distribuídas, nos correponde intentar solucionarlo. En cuanto a los desastres naturales, como su nombre indica son parte natural del escenario donde nos ha tocado vivir. Dios no es un anciano de barba blanca que se sienta en su trono a marcar en una pizarra qué nos toca vivir a cada uno. Simplemente, espera que cada cual aprenda a ser mejor dentro de sus propias circunstancias.
Ese concepto infantil de la divinidad está cada vez más extendido. Hablamos de Dios, el que hizo el planeta Tierra y todo el Cosmos conocido y desconocido. Es decir, de alguien que no está pendiente de las vicisitudes de la vida de cada ser humano; especialmente porque Él ve las almas y sabe perfectamente quién ha hecho bien o mal o por qué. Existe un concepto de libertad que a algunos no les entra en la cabeza. El libre albedrío supone que somos libres de arriesgar nuestra vida, fumando, o intentando cruzar unas alambradas. Lo que juzga Dios son nuestras buenas o malas intenciones. A partir de ahí, también somos libres de rezar para pedir su ayuda o su intercesión en nuestra causa, pero eso no quiere decir que Dios esté obligado a apoyarnos.
Sin embargo, no es la primera vez ni será la última que leo o escucho comentarios intentando culpar a Dios de que nos duela una muela o reprocharle el hambre en el mundo. Todo con tal de no aceptar nuestra propia responsabilidad en los hechos. El hombre es el administrador de la Tierra. Si las riquezas están mal distribuídas, nos correponde intentar solucionarlo. En cuanto a los desastres naturales, como su nombre indica son parte natural del escenario donde nos ha tocado vivir. Dios no es un anciano de barba blanca que se sienta en su trono a marcar en una pizarra qué nos toca vivir a cada uno. Simplemente, espera que cada cual aprenda a ser mejor dentro de sus propias circunstancias.
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lunes, 5 de abril de 2010
Discriminación laboral ¿positiva?
Estoy cansada de oir la consabida frase sobre que las mujeres ganan menos dinero que los hombres. No se tienen en cuenta en esos informes ni la labor desempeñada, ni el número de horas, ni los plus de peligrosidad, por ejemplo. Es cierto que existen mujeres que trabajan de vigilantes de seguridad; pero están en las cajas comprobando la mercancía y poco más. Cuando existe un problema serio acuden a sus compañeros masculinos. Hace tiempo oí que despidieron a una empleada de jardinería porque le encargaron hacer diez hoyos para árboles, y sólo hizo cinco. Lo injusto hubiera sido que esa mujer cobrara a fin de mes lo mismo que sus compañeros que habían terminado el trabajo. Lo discriminatorio sería que las vigilantes juradas ganaran el mismo sueldo que los hombres, por una tarea protocolaria que no supone esfuerzo físico ni riesgo; mientras ellos se juegan la piel cada día.
Dice la Ministra Chacón que hay que conseguir un ejército igualitario. Vale, vamos a ver cómo llevan ellas el material de cincuenta kilos. Pero, es que la idea de la Ministra de Defensa sobre las labores del ejército es bastante chocante. Os aconsejo que lo leáis porque no tiene desperdicio. Los soldados le van a hacer la competencia a los curas y las monjas de las misiones. Si Felipe II levantara la cabeza... Vamos a pasar de la España donde no se ponía el sol a la España donde directamente ya no sale. Adios España. Volviendo a la discriminación: no es lo mismo un policía de oficina que uno de calle; turno de noche que turno de día; diez horas diarias que cinco; desplazamientos de kilómetros que "de garaje a garaje"; trabajar de pie a la intemperie o a cubierto; con riesgo y responsabilidad civil, o un cómodo trabajo rutinario de oficina.
Dice la Ministra Chacón que hay que conseguir un ejército igualitario. Vale, vamos a ver cómo llevan ellas el material de cincuenta kilos. Pero, es que la idea de la Ministra de Defensa sobre las labores del ejército es bastante chocante. Os aconsejo que lo leáis porque no tiene desperdicio. Los soldados le van a hacer la competencia a los curas y las monjas de las misiones. Si Felipe II levantara la cabeza... Vamos a pasar de la España donde no se ponía el sol a la España donde directamente ya no sale. Adios España. Volviendo a la discriminación: no es lo mismo un policía de oficina que uno de calle; turno de noche que turno de día; diez horas diarias que cinco; desplazamientos de kilómetros que "de garaje a garaje"; trabajar de pie a la intemperie o a cubierto; con riesgo y responsabilidad civil, o un cómodo trabajo rutinario de oficina.
lunes, 15 de marzo de 2010
Madurez física y emocional
Como ya he dicho alguna vez, el problema de Educación para la Ciudadanía no es el espíritu de la asignatura sino los contenidos. En otros países se limitan a estudiar leyes fundamentales como la Constitución. Aquí pretenden que sea la puerta de entrada para adoctrinar a los niños en una ideología progresista tan radical que, incluso mucha gente de izquierdas está avergonzada de lo que dicen esos libros.
Hace no tanto tiempo existía un delito de perversión de menores, que cubría actividades como por ejemplo la incitación a las prácticas sexuales, ya fueran en solitario o en compañía, la pornografía y la publicidad de aquello que llamábamos perversiones sexuales. Ahora que hemos abolido el bien y el mal, se da el caso de que, no sólo ha dejado de ser delito esta actitud, sino que viene avalada y subvencionada por el propio estado español.
Una cosa es la madurez física y sexual de la persona, que aparece a edades muy variadas en cada individuo; y otra cosa es la madurez emocional. Adolescente viene del verbo adolecer y se refiere precisamente a la falta de madurez psíquica de los chicos que acaban de abandonar su infancia pero no están preparados para entrar en la juventud. Es decir, que da lo mismo si sus cuerpos son o no teóricamente capaces de procrear. No están preparados psicológicamente.
Siendo así, no tiene ningún sentido forzarles a probar nuevas sensaciones que sus propios cuerpos ya reclamarán debidamente, cuando estén preparados. Pero sobretodo, es una barbaridad querer incitarles a adentrarse decididamente en el mundo del sexo, cuando todavía ni siquiera se conocen a sí mismos ni a su entorno. Los riesgos físicos y emocionales son tan altos que no compensan y pueden provocar graves alteraciones psicológicas, por no hablar de los problemas de salud.
Información no es precisamente lo que les falta a nuestros adolescentes y, si así fuera, cuentan con la ayuda inestimable de internet. Lo que necesitan los chicos es que les enseñen la responsabilidad que conlleva una vida sexual activa y la necesidad, por tanto, de esperar todo lo que sea necesario para estar preparados para afrontar las consecuencias de sus actos. La actitud contraria nos va a llevar a una sociedad de jóvenes envejecidos prematuramente y asqueados de todo.
Hace no tanto tiempo existía un delito de perversión de menores, que cubría actividades como por ejemplo la incitación a las prácticas sexuales, ya fueran en solitario o en compañía, la pornografía y la publicidad de aquello que llamábamos perversiones sexuales. Ahora que hemos abolido el bien y el mal, se da el caso de que, no sólo ha dejado de ser delito esta actitud, sino que viene avalada y subvencionada por el propio estado español.
Una cosa es la madurez física y sexual de la persona, que aparece a edades muy variadas en cada individuo; y otra cosa es la madurez emocional. Adolescente viene del verbo adolecer y se refiere precisamente a la falta de madurez psíquica de los chicos que acaban de abandonar su infancia pero no están preparados para entrar en la juventud. Es decir, que da lo mismo si sus cuerpos son o no teóricamente capaces de procrear. No están preparados psicológicamente.
Siendo así, no tiene ningún sentido forzarles a probar nuevas sensaciones que sus propios cuerpos ya reclamarán debidamente, cuando estén preparados. Pero sobretodo, es una barbaridad querer incitarles a adentrarse decididamente en el mundo del sexo, cuando todavía ni siquiera se conocen a sí mismos ni a su entorno. Los riesgos físicos y emocionales son tan altos que no compensan y pueden provocar graves alteraciones psicológicas, por no hablar de los problemas de salud.
Información no es precisamente lo que les falta a nuestros adolescentes y, si así fuera, cuentan con la ayuda inestimable de internet. Lo que necesitan los chicos es que les enseñen la responsabilidad que conlleva una vida sexual activa y la necesidad, por tanto, de esperar todo lo que sea necesario para estar preparados para afrontar las consecuencias de sus actos. La actitud contraria nos va a llevar a una sociedad de jóvenes envejecidos prematuramente y asqueados de todo.
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jueves, 22 de octubre de 2009
Un día cualquiera
Antes que nada: ¿alguien puede explicarme por qué Pablo Pineda, con síndrome de Down tiene todos los derechos y simpatías una vez ha nacido, y, sin embargo, su madre hubiera podido matarlo en cualquier momento durante su embarazo?
Estaba de compras con mis dos hijas en un centro comercial y caminaba unos pasos detrás de ellas, cuando ví que un hombre iba pegado a ellas, intentando tropezarse con la pequeña. Así que aceleré y me puse en medio por no montar un escándalo, puesto que tampoco podía demostrar que lo hacía adrede. Sin embargo, me quedé pensando que, por suerte, yo no me separo nunca de mis hijas ni las pierdo de vista, porque otra madre las hubiera dejado solas para ir a ver sus propias cosas. Al fin y al cabo, mi hija pequeña ya es más alta que yo, pero no deja de ser casi una niña. Es difícil hoy en día ver padres que vayan con sus hijos de compras o de paseo, y menos aún que vayan de la mano. Incluso los niños de apenas cinco años andan ya a su aire, con el resultado de que se pierden muy a menudo. Creo que harían falta unos cursillos obligatorios para padres, para enseñarles responsabilidad.
Ya me gustaría a mí pensar que vivimos en un mundo ideal donde mis hijas no atraen más que a chicos de su edad. Pero, mientras exista una remota posibilidad, no seré yo quien baje la guardia. Recuerdo que a su edad también a mí se me acercó un señor, que intentaba convencerme de que me fuera con él a dar un paseo. Aún teniendo todo el cuidado del mundo, puede salir mal. La pederastia me parece uno de los delitos más imperdonables que existen. No sé hasta qué punto es una enfermedad o un vicio, pero de lo que no cabe duda es que a esos niños les arruinan la vida. Además, tampoco se puede estar tranquilo por tener hijos varones, ya que son incluso las víctimas preferidas. Así que, más vale demasiado cuidado que poco, si no quieres que un día cualquiera acabe siendo el peor día de tu vida.
Estaba de compras con mis dos hijas en un centro comercial y caminaba unos pasos detrás de ellas, cuando ví que un hombre iba pegado a ellas, intentando tropezarse con la pequeña. Así que aceleré y me puse en medio por no montar un escándalo, puesto que tampoco podía demostrar que lo hacía adrede. Sin embargo, me quedé pensando que, por suerte, yo no me separo nunca de mis hijas ni las pierdo de vista, porque otra madre las hubiera dejado solas para ir a ver sus propias cosas. Al fin y al cabo, mi hija pequeña ya es más alta que yo, pero no deja de ser casi una niña. Es difícil hoy en día ver padres que vayan con sus hijos de compras o de paseo, y menos aún que vayan de la mano. Incluso los niños de apenas cinco años andan ya a su aire, con el resultado de que se pierden muy a menudo. Creo que harían falta unos cursillos obligatorios para padres, para enseñarles responsabilidad.
Ya me gustaría a mí pensar que vivimos en un mundo ideal donde mis hijas no atraen más que a chicos de su edad. Pero, mientras exista una remota posibilidad, no seré yo quien baje la guardia. Recuerdo que a su edad también a mí se me acercó un señor, que intentaba convencerme de que me fuera con él a dar un paseo. Aún teniendo todo el cuidado del mundo, puede salir mal. La pederastia me parece uno de los delitos más imperdonables que existen. No sé hasta qué punto es una enfermedad o un vicio, pero de lo que no cabe duda es que a esos niños les arruinan la vida. Además, tampoco se puede estar tranquilo por tener hijos varones, ya que son incluso las víctimas preferidas. Así que, más vale demasiado cuidado que poco, si no quieres que un día cualquiera acabe siendo el peor día de tu vida.
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martes, 18 de agosto de 2009
El albaricoque
Una vez dije que me sentía como un albaricoque. Es muy fácil arañarme y que quedan las cicatrices, pero tengo un hueso dentro. A veces me sorprende lo fuerte y lo frágil que soy al mismo tiempo. Yo, que me emociono hasta con los dibujos animados, que sufro cuando se me muere una planta; sin embargo, me siento muy capaz de continuar escribiendo todos los días de mi vida, aún sabiendo que voy a ser el centro de las críticas de muchos. Ya se sabe que, en tiempos de persecución, es precisamente cuando se recupera la Iglesia. Cuando parece que todo va bien, la moral se relaja y también las convicciones. Las dificultades sacan lo mejor y lo peor de cada uno y, en mi caso, me fortalecen, aunque en algún momento me sienta sola contra el mundo.
Ser madre también te hace más fuerte. Cargar con la responsabilidad de la salud y educación de otra persona (en mi caso tres), te obliga a olvidar las comodidades y vencer el agotamiento. Si me hubieran dicho lo que yo sería capaz de hacer, no me lo hubiera creído. De niña vivía en mi mundo de libros y era una espectadora de la vida bastante pasiva. Desde hace veinte años, me convertí en personaje principal y ya no me relajo ni cuando duermo. Creo que todo ello me ha servido de aprendizaje para no dejarme abatir por las dificultades, por las noticias adversas, los canales de televisión tendenciosos y el ambiente libertino. Mi hueso sigue en buen estado, pero no puedo dejar que sigan arañando me día tras día. Por eso, creo que tampoco voy a abrir los comentarios en septiembre. Pero siempre podéis encontrarme en el correo y seguiré comentando a los que no me digan otra cosa.
Ser madre también te hace más fuerte. Cargar con la responsabilidad de la salud y educación de otra persona (en mi caso tres), te obliga a olvidar las comodidades y vencer el agotamiento. Si me hubieran dicho lo que yo sería capaz de hacer, no me lo hubiera creído. De niña vivía en mi mundo de libros y era una espectadora de la vida bastante pasiva. Desde hace veinte años, me convertí en personaje principal y ya no me relajo ni cuando duermo. Creo que todo ello me ha servido de aprendizaje para no dejarme abatir por las dificultades, por las noticias adversas, los canales de televisión tendenciosos y el ambiente libertino. Mi hueso sigue en buen estado, pero no puedo dejar que sigan arañando me día tras día. Por eso, creo que tampoco voy a abrir los comentarios en septiembre. Pero siempre podéis encontrarme en el correo y seguiré comentando a los que no me digan otra cosa.
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martes, 21 de julio de 2009
Ropa sexy para niñas
En este post me van a entrar todos los depravados de internet... El otro día fui a mirar ropa con mi hija de doce años y me llevé una sorpresa al encontrar, por ejemplo, una minifalda negra, como las que utilizan las jovencitas, pero desde la talla ocho. También se pueden encontrar tangas infantiles con dibujos de ositos. Luego todavía hay quien se extraña de que la iniciación al sexo se produzca cada vez antes y de sucesos como el de Huelva, donde unos niños han violado a una niña.
¿Qué se esperaban entonces? Si desde la televisión, en series juveniles, en horario infantil, como ahora la de Un golpe de suerte, se está planteando la sexualidad como algo natural y necesario entre los adolescentes, y esa etapa está empezando ya entre los doce y trece años. Qué suponían, si desde el gobierno se están promoviendo leyes que desprecian la autoridad de los padres y profesores y premian la falta de esfuerzo y la irresponsabilidad.
Era de esperar, cuando se está dando el mensaje de que, si tienes cualquier problema, papá estado te va a sacar del embrollo: si estás embarazada, aborta; si tienes una enfermedad venérea, acude a la seguridad social y te dan las medicinas gratis; si no apruebas, pasas de curso igual; si no consigues trabajo por falta de preparación, siempre puedes pedir un subsidio; y si te cansas de tu pareja, en quince días está todo olvidado.
Me molesta mucho oir las palabras "falta de valores" de boca de sus propios inventores. Las niñas no deben vestir ropa sexy, por la misma razón por la que no deben beber, conducir o votar; porque no tienen la madurez suficiente para manejar sus propias hormonas. Y eso es algo que da el tiempo. No se puede forzar en manuales de uso, ni se puede adoctrinar desde las autoridades correspondientes. Los valores surgen del conocimiento de la realidad.
Música: please dont go.
¿Qué se esperaban entonces? Si desde la televisión, en series juveniles, en horario infantil, como ahora la de Un golpe de suerte, se está planteando la sexualidad como algo natural y necesario entre los adolescentes, y esa etapa está empezando ya entre los doce y trece años. Qué suponían, si desde el gobierno se están promoviendo leyes que desprecian la autoridad de los padres y profesores y premian la falta de esfuerzo y la irresponsabilidad.
Era de esperar, cuando se está dando el mensaje de que, si tienes cualquier problema, papá estado te va a sacar del embrollo: si estás embarazada, aborta; si tienes una enfermedad venérea, acude a la seguridad social y te dan las medicinas gratis; si no apruebas, pasas de curso igual; si no consigues trabajo por falta de preparación, siempre puedes pedir un subsidio; y si te cansas de tu pareja, en quince días está todo olvidado.
Me molesta mucho oir las palabras "falta de valores" de boca de sus propios inventores. Las niñas no deben vestir ropa sexy, por la misma razón por la que no deben beber, conducir o votar; porque no tienen la madurez suficiente para manejar sus propias hormonas. Y eso es algo que da el tiempo. No se puede forzar en manuales de uso, ni se puede adoctrinar desde las autoridades correspondientes. Los valores surgen del conocimiento de la realidad.
Música: please dont go.
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martes, 16 de junio de 2009
"To er mundo e güeno"
En este mundo más o menos privilegiado donde nos ha tocado vivir, es fácil perder el contacto con la realidad. La gente se cree cualquier cosa, como que tener un coche ecológico te hace inmune a los accidentes de tráfico, o que el bífidus evita las enfermedades. No se imaginan que los publicistas nos engañan. Según la teoría de la bondad natural del hombre, se supone que, al ser libres, optaremos siempre por la opción correcta, la que sea más positiva para la sociedad. Eso es una tontería. Está demostrado que, cuanto más despreocupada vive una persona, más egoísta se vuelve generalmente. Hace falta sufrir para entender el sufrimiento ajeno. Además, una cosa es el individuo y otra la masa.
Por ejemplo, la infidelidad hasta hace poco era algo mal visto. Antes la gente era más fiel que ahora por sus principios y también por miedo; al pecado y las penas del infierno, o a recibir una paliza por parte del cónyuge o familiares. Ahora que estamos más protegidos por la ley, la simple moción de responsabilidad, autocontrol o respeto, no es suficiente para frenar a muchos de seguir sus instintos primarios. La verdad es que las personas podemos ser lo mejor o lo peor dependiendo de las circunstancias y no se puede poner la mano en el fuego por nadie. Todos somos capaces de cualquier cosa teniendo un motivo lo bastante fuerte: poder, dinero, amor, celos.... Por eso las ideologías que se basan en la buena voluntad de la gente son muy bonitas, pero irrealizables, y acaban degenerando en aquello que pretendían evitar.
En España somos especialistas en confiar excesivamente en las bondades del prójimo, con un espíritu quijotesco que a la larga tiene unas consecuencias nefastas. Lo cierto es que la gente es muy respetuosa con la ley siempre que haya un guardia delante. Cuando se dejan las normas laxas, cada cual hace lo que le parece. La mayor parte de las separaciones se deben a la infidelidad, porque una cosa es hablar en teoría y otra sufrirlo. Sin embargo, el cristianismo es la excepción a esta regla, porque es idealista y realista al mismo tiempo. Partiendo de la base de que todos somos pecadores, acepta a las personas con sus virtudes y defectos, siempre que tengan voluntad de mejorar; pero reconociendo que nadie es perfecto.
Música: Estopa. Me falta el aliento
Por ejemplo, la infidelidad hasta hace poco era algo mal visto. Antes la gente era más fiel que ahora por sus principios y también por miedo; al pecado y las penas del infierno, o a recibir una paliza por parte del cónyuge o familiares. Ahora que estamos más protegidos por la ley, la simple moción de responsabilidad, autocontrol o respeto, no es suficiente para frenar a muchos de seguir sus instintos primarios. La verdad es que las personas podemos ser lo mejor o lo peor dependiendo de las circunstancias y no se puede poner la mano en el fuego por nadie. Todos somos capaces de cualquier cosa teniendo un motivo lo bastante fuerte: poder, dinero, amor, celos.... Por eso las ideologías que se basan en la buena voluntad de la gente son muy bonitas, pero irrealizables, y acaban degenerando en aquello que pretendían evitar.
En España somos especialistas en confiar excesivamente en las bondades del prójimo, con un espíritu quijotesco que a la larga tiene unas consecuencias nefastas. Lo cierto es que la gente es muy respetuosa con la ley siempre que haya un guardia delante. Cuando se dejan las normas laxas, cada cual hace lo que le parece. La mayor parte de las separaciones se deben a la infidelidad, porque una cosa es hablar en teoría y otra sufrirlo. Sin embargo, el cristianismo es la excepción a esta regla, porque es idealista y realista al mismo tiempo. Partiendo de la base de que todos somos pecadores, acepta a las personas con sus virtudes y defectos, siempre que tengan voluntad de mejorar; pero reconociendo que nadie es perfecto.
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sábado, 13 de junio de 2009
Jefes malvados
He leído últimamente quejas respecto de los jefes en el trabajo y de los titulados en general. Es curioso porque está claro que ninguna empresa funcionaría sin tener gente que lleve la dirección. Lo que sucede es que "donde hay patrón, no manda marinero" y "cuando no está el gato, bailan los ratones". Es decir, que un jefe por definición, no puede ser simpático. Amable, sí, educado, por supuesto, pero no debe intimar demasiado con los empleados por razones evidentes, porque "donde hay confianza, da asco".
Es fácil juzgar desde fuera, y yo he sido secretaria y la nueva de la oficina, y me mandaba todo el mundo. Naturalmente que fastidia, pero se supone que las decisiones las toma quien está mejor preparado. Dejando aparte amiguismos y demás, lo normal es que las personas con más preparación y/o experiencia ocupen los puestos de mando. Si se dedican a tratar a los demás como compañeros del mismo nivel, luego no tendrían libertad de acción para ordenarle a alguien que haga un trabajo que no le apetece, o incluso despedirlo si no cumple con su labor.
La vida de un jefe es solitaria. Renuncian a las charlas de cafetería, los cotilleos y la camaradería. Eso también afecta a su carácter. La preocupación naturalmente los vuelve huraños. No es lo mismo ocuparse por tus propias tareas que llevar el peso del éxito o fracaso de un proyecto o un departamento. Así que la próxima vez que penséis que todos los jefes son mala gente, haced la prueba de poneros en su lugar. Lo normal es que les haya costado mucho tiempo y esfuerzo llegar hasta allí. No es tan envidiable tener que mantenerse al margen de amistades en la oficina.
Claro que a nadie nos gusta que nos manden o que alguien tenga mejor nivel de vida que nosotros, pero parte de la maduración de la persona consiste en aceptar la autoridad. Reconocer que alguien está en mejores condiciones para decidir que nosotros, o que sencillamente es el dueño del negocio y por eso manda, produce una serenidad que, desde luego, ayuda a que mejore el ambiente de trabajo y que todo funcione correctamente. Lo contrario es una fuente continua de conflictos y resentimiento.
Es fácil juzgar desde fuera, y yo he sido secretaria y la nueva de la oficina, y me mandaba todo el mundo. Naturalmente que fastidia, pero se supone que las decisiones las toma quien está mejor preparado. Dejando aparte amiguismos y demás, lo normal es que las personas con más preparación y/o experiencia ocupen los puestos de mando. Si se dedican a tratar a los demás como compañeros del mismo nivel, luego no tendrían libertad de acción para ordenarle a alguien que haga un trabajo que no le apetece, o incluso despedirlo si no cumple con su labor.
La vida de un jefe es solitaria. Renuncian a las charlas de cafetería, los cotilleos y la camaradería. Eso también afecta a su carácter. La preocupación naturalmente los vuelve huraños. No es lo mismo ocuparse por tus propias tareas que llevar el peso del éxito o fracaso de un proyecto o un departamento. Así que la próxima vez que penséis que todos los jefes son mala gente, haced la prueba de poneros en su lugar. Lo normal es que les haya costado mucho tiempo y esfuerzo llegar hasta allí. No es tan envidiable tener que mantenerse al margen de amistades en la oficina.
Claro que a nadie nos gusta que nos manden o que alguien tenga mejor nivel de vida que nosotros, pero parte de la maduración de la persona consiste en aceptar la autoridad. Reconocer que alguien está en mejores condiciones para decidir que nosotros, o que sencillamente es el dueño del negocio y por eso manda, produce una serenidad que, desde luego, ayuda a que mejore el ambiente de trabajo y que todo funcione correctamente. Lo contrario es una fuente continua de conflictos y resentimiento.
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