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lunes, 26 de abril de 2010
Frases para pensar
"Hay algo en el amor que se me escapa por completo, algo químico. No soy yo la que decide si un hombre me gusta o no, es algo que no depende de mí". (Espero que no le pase muy a menudo)
"Crecer es uno llegar nunca del todo, no alcanzar de modo definitivo, darse por acabado o por vencido" (Esperemos que crezca lo suficiente para reconocer sus errores)
"La soledad siempre hay que tenerla como alidada, a estos años o a cualquier otros. Ponerla en un pedestal y adorarla. Nos va a acompañar todo la vida". (Conmigo que no cuente).
"Digo te quiero veinte veces al día: a mis padres, a mi hermano, a la pareja, a las abuelas, a los amigos" (No basta con decirlo)
"Las cosas buenas sirven para disfrutarla, pero no te enseñan; son las vicisitudes de la vida las que te hacen avanzar y convertirte en un buen o mal ser humano". (Chapeau)
"De todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida he aprendido lo más valioso que poseo. La huella de los hombres no es tan indeleble como la de ellas" (¿No será que no has prestado atención?)
"Yo no leo prensa, ni veo televisión, alguna vez me leo un libro. El último, uno que se llama El secreto. No sé de quién era, pero estaba bien, lo que pasa es que tuve que leer el final tres veces para entenderlo. (Esto es sinceridad y no tanto "intelectual" de pacotilla)
"Hay gente que dice que estoy reconstruída completamente. Yo sólo me he puesto pecho. Nada más. Tengo pánico a los quirófanos. Con la edad el cuerpo te cambia. (Sí, pero no para mejor...)
Revista Pronto. Actualidad.3-4-2010
"Crecer es uno llegar nunca del todo, no alcanzar de modo definitivo, darse por acabado o por vencido" (Esperemos que crezca lo suficiente para reconocer sus errores)
"La soledad siempre hay que tenerla como alidada, a estos años o a cualquier otros. Ponerla en un pedestal y adorarla. Nos va a acompañar todo la vida". (Conmigo que no cuente).
"Digo te quiero veinte veces al día: a mis padres, a mi hermano, a la pareja, a las abuelas, a los amigos" (No basta con decirlo)
"Las cosas buenas sirven para disfrutarla, pero no te enseñan; son las vicisitudes de la vida las que te hacen avanzar y convertirte en un buen o mal ser humano". (Chapeau)
"De todas las mujeres que he conocido a lo largo de mi vida he aprendido lo más valioso que poseo. La huella de los hombres no es tan indeleble como la de ellas" (¿No será que no has prestado atención?)
"Yo no leo prensa, ni veo televisión, alguna vez me leo un libro. El último, uno que se llama El secreto. No sé de quién era, pero estaba bien, lo que pasa es que tuve que leer el final tres veces para entenderlo. (Esto es sinceridad y no tanto "intelectual" de pacotilla)
"Hay gente que dice que estoy reconstruída completamente. Yo sólo me he puesto pecho. Nada más. Tengo pánico a los quirófanos. Con la edad el cuerpo te cambia. (Sí, pero no para mejor...)
Revista Pronto. Actualidad.3-4-2010
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madurar,
sinceridad,
soledad,
vicisitudes
martes, 9 de marzo de 2010
Ay, qué pena me doy
Una de las cosas peores que nos pueden pasar en la vida es caer en la espiral de la autocompasión. Madurar consiste en hacerse cargo de tus actos y sus consecuencias. También en aceptar que no siempre tenemos la sartén por el mango. En la vida hay que estar dispuesto a ceder y muchas veces a aguantarse, cuando ves que no te vas a salir con la tuya. Lo tomas o lo dejas. Pero no; ahora todos tenemos derecho a quejarnos: los jóvenes porque no tienen oportunidades, los mayores porque no les tienen en cuenta, las madres porque no dan abasto, los padres porque no pintan nada, los hijos porque no les comprenden... Lo más fácil que hay es sentirse agraviado y buscar un culpable; en lugar de pensar hasta qué punto nos hemos buscado lo que nos sucede; o, simplemente, si no hemos tenido opción y tampoco existe realmente nadie a quien culpar.
Pero donde el tema se está ya desquiciando es en las relaciones de pareja. Resulta que hoy en día ser mujer te coloca automáticamente en el papel de víctima, junto a todas tus antepasadas. Pero a mi vida no le pasa nada malo, ni tampoco a la de mi madre o mis abuelas. Hemos vivido la vida que deseábamos. Tal vez antes no se podía elegir como ahora, pero cada cual se adaptaba a sus circunstancias y procuraba ser feliz. Las mujeres siempre hemos sabido como incluir en nuestras familias y en la sociedad, de un modo más sutil pero muy efectivo. La mayoría de las mujeres nunca hemos sido nunca tontas ni maltratadas; no en este país, por lo menos. Me parece vergonzoso pasarse el día quejándose, mientras otras mujeres en el resto del mundo darían lo que fuera por tener la posición y el respeto del que disfrutamos nosotras desde hace siglos, en buena medida gracias al cristianismo que proclama la igualdad entre todas las personas.
Pero donde el tema se está ya desquiciando es en las relaciones de pareja. Resulta que hoy en día ser mujer te coloca automáticamente en el papel de víctima, junto a todas tus antepasadas. Pero a mi vida no le pasa nada malo, ni tampoco a la de mi madre o mis abuelas. Hemos vivido la vida que deseábamos. Tal vez antes no se podía elegir como ahora, pero cada cual se adaptaba a sus circunstancias y procuraba ser feliz. Las mujeres siempre hemos sabido como incluir en nuestras familias y en la sociedad, de un modo más sutil pero muy efectivo. La mayoría de las mujeres nunca hemos sido nunca tontas ni maltratadas; no en este país, por lo menos. Me parece vergonzoso pasarse el día quejándose, mientras otras mujeres en el resto del mundo darían lo que fuera por tener la posición y el respeto del que disfrutamos nosotras desde hace siglos, en buena medida gracias al cristianismo que proclama la igualdad entre todas las personas.
domingo, 19 de julio de 2009
Fatalismo
Hemos llegado a un punto en que, como la fábula de la zorra y las uvas, cuando no tenemos soluciones para un problema, optamos por decir que es insoluble. Así resulta que la muerte de Rayan era inevitable por razones estadísticas. Si yo salgo mañana y atropello a un peatón en un paso de cebra, no hay sido más que un despiste que le puede pasar a cualquiera, pero me busco la ruina. Si una enfermera se equivoca de sonda y mata a un paciente, resulta que la pobre no tiene culpa alguna. Tal vez porque se trataba de un bebé prematuro, apenas un ser humano.
Estoy cada día más horrorizada con la pérdida de valores de nuestra sociedad que se ha vuelto una progresión geométrica imparable. Los padres de Marta, pobre gente, siguen empeñados en convencernos de que su hija era una niña inocente que nunca hacía nada que ellos no supieran. La realidad habla de una menor que había salido con un joven de veinte años y pasaba mucho tiempo en su apartamento a solas. Comprendo que eso no justifica en absoluto lo que le ha pasado, pero me molesta que intenten convencernos de que ignoremos algo tan evidente.
Tantos padres andan por España queriendo creer que sus hijos son los únicos que no fuman, no beben, no tienen relaciones sexuales... La estrategia del avestruz, meter la cabeza debajo del ala, no nos va a proteger del peligro. La única manera de evitar los problemas es preocuparse y encararlos día a día, aunque eso me dé fama de agorera, de exagerada o de triste. Madurar consiste en asumir la realidad, y también en hacerse cargo de tus errores, con todas las consecuencias. Otra cosa es vivir en un cuento de hadas.
Me niego a creer que todo lo que ocurre en el mundo son casualidades, que nadie tiene la culpa de nada. Por supuesto, siempre hay una causa, unos acontecimientos que desencadenan otros, y unas consecuencias que se derivan de ellos. No vivimos en una isla. Me temo que si lográramos que los padres conozcan cuándo su hija va a abortar, tampoco serviría de mucho. Es posible que le animaran a hacerlo, con tal de no tener que afrontar el problema, dar la cara ante los demás o reconocer que ellos también se han equivocado.
Estoy cada día más horrorizada con la pérdida de valores de nuestra sociedad que se ha vuelto una progresión geométrica imparable. Los padres de Marta, pobre gente, siguen empeñados en convencernos de que su hija era una niña inocente que nunca hacía nada que ellos no supieran. La realidad habla de una menor que había salido con un joven de veinte años y pasaba mucho tiempo en su apartamento a solas. Comprendo que eso no justifica en absoluto lo que le ha pasado, pero me molesta que intenten convencernos de que ignoremos algo tan evidente.
Tantos padres andan por España queriendo creer que sus hijos son los únicos que no fuman, no beben, no tienen relaciones sexuales... La estrategia del avestruz, meter la cabeza debajo del ala, no nos va a proteger del peligro. La única manera de evitar los problemas es preocuparse y encararlos día a día, aunque eso me dé fama de agorera, de exagerada o de triste. Madurar consiste en asumir la realidad, y también en hacerse cargo de tus errores, con todas las consecuencias. Otra cosa es vivir en un cuento de hadas.
Me niego a creer que todo lo que ocurre en el mundo son casualidades, que nadie tiene la culpa de nada. Por supuesto, siempre hay una causa, unos acontecimientos que desencadenan otros, y unas consecuencias que se derivan de ellos. No vivimos en una isla. Me temo que si lográramos que los padres conozcan cuándo su hija va a abortar, tampoco serviría de mucho. Es posible que le animaran a hacerlo, con tal de no tener que afrontar el problema, dar la cara ante los demás o reconocer que ellos también se han equivocado.
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