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sábado, 9 de octubre de 2010
Derechos y deberes
Nos pasamos el día oyendo hablar de los derechos que tenemos. Derecho a hacer ruido, a beber en la calle, a matar a nuestros hijos... Pero, ¿qué ocurre con los deberes?. Que han caído en el olvido. Algunos padres premian a sus hijos por aprobar el curso, cuando lo cierto es que estudiar es su obligación. No se debe aplaudir a la gente por cumplir con su trabajo. Así hemos llegado a esta sociedad con el mayor porcentaje de ni-nis de Europa (ni estudian, ni trabajan), porque piensan que tienen derecho a disfrutar de los privilegios que a sus padres tanto les ha costado conseguir. Y, el caso es que no es fácil argumentar con alguien que opina que los deberes son cosa de otra época y ya no tienen validez.
Cada día, todos nos colgamos medallas al cuello por hacer las cosas que nos corresponden. Yo presumo de estar muy ocupada llevando y trayendo a mis hijas de sus clases. También me enorgullezco de hacer la comida todos los días de la semana, o de ocuparme de mi casa. Pero, al fin y al cabo, todo eso forma parte de mi deber. Lo puedo hacer a desgana por obligación; o lo puedo disfrutar considerándolo un acto de amor y entrega hacia los míos. Eso es lo que se conoce como "ser libre para amar". Es decir, que, cumpliendo con mis deberes me siento libre, porque lo hago sabiendo que está bien, que es lo que hay que hacer y que no tengo tanto mérito.
Cada día, todos nos colgamos medallas al cuello por hacer las cosas que nos corresponden. Yo presumo de estar muy ocupada llevando y trayendo a mis hijas de sus clases. También me enorgullezco de hacer la comida todos los días de la semana, o de ocuparme de mi casa. Pero, al fin y al cabo, todo eso forma parte de mi deber. Lo puedo hacer a desgana por obligación; o lo puedo disfrutar considerándolo un acto de amor y entrega hacia los míos. Eso es lo que se conoce como "ser libre para amar". Es decir, que, cumpliendo con mis deberes me siento libre, porque lo hago sabiendo que está bien, que es lo que hay que hacer y que no tengo tanto mérito.
jueves, 25 de marzo de 2010
Maternidad
JORNADA POR LA VIDA
Es difícil explicar lo que se siente cuando estás embarazada. Al principio, casi no te lo crees y, cuando vas a darte cuenta, ya tienes una barriga con vida propia y todo tu mundo gira alrededor. Llega el último mes y estás a reventar, deseando pasar por lo que sea para liberarte. Pero, curiosamente, al nacer tu hijo, sientes como una sensación de pérdida o vacío bastante desagradable.Y es que ese niño ya no te necesita tanto; ya no eres imprescindible para él. Es su primer día en el exterior y tu primer día sin él, sin sentir sus movimientos y su respiración dentro de ti. La maternidad es la sensación más intensa que se puede tener en la vida. Compensa todos los dolores, la incertidumbre, la preocupación; sólo por esos segundos en los que, por fín, te ponene al bebé sobre tu pecho y sientes, al mismo tiempo, alegría y tristeza, ilusión y miedo.
No hay dolor más grande ni más antinatural que el de perder un hijo. Todos los que han pasado por ello lo aseguran. Pero, sin embargo, ahora se disfruza esa tragedia llamándolo “derechos”; derecho a truncar la vida de un ser humano, solamente porque no podemos verlo. Si estuviera fuera del cuerpo de su madre gozaría de toda la protección de la sociedad.
Una mujer es madre desde el momento en que concibe un hijo. Lo siente en su sangre y en su corazón. Durante nueve meses conviven dos personas en un mismo cuerpo; para luego continuar su camino juntos durante un tiempo más o menos largo. Pero, aunque las circunstancias de la vida pudieran llegar a separarlos, ella siempre será la madre de su hijo, -así como el padre también lo será para siempre-, y ninguna ley humana puede modificar esto.
martes, 25 de agosto de 2009
Políticamente incorrecta
Nunca dije que este blog fuera una democracia. Me refiero a que empecé por borrar comentarios, luego puse autorización y, finalmente, los cerré. Estoy en mi derecho y para eso tiene opciones el administrador. También podría hacer un blog privado, pero en mi caso no tiene sentido. Tenemos tan metido el dogma de la democracia en la cabeza que algunos creen que se puede legislar sobre la propiedad privada. El blog es mío y no tengo más obligaciones con nadie que las normas que yo misma quiera poner. Hay una perversión del lenguaje en España que hace que algunos, por ejemplo, crean que la Patronal debería estar de acuerdo con el gobierno diga lo que diga, porque en eso consiste la negociación. En otras palabras, se les niega el derecho a discrepar.
Pero la democracia no es eso, sino lo contrario: tener el derecho a opinar de forma diferente y que se respete tu opinión. No admite, ni descalificaciones personales, ni burlas, ni mentiras. A menudo es más fácil descartar a alguien de antemano, que buscar argumentos sólidos y razonables. La patronal no está de acuerdo con el pacto social porque tiene sus razones y ellos entienden de economía más que nadie. No se puede llegar a un acuerdo entre dos y pretender que el tercero acepte porque sí, en nombre de la concertación y el diálogo; porque eso es toda una contradicción en sí mismo.
En nombre de lo políticamente correcto pretenden cohartar los derechos individuales. La libertad de pensamiento y actuación es un valor sagrado, siempre que no se utilice para atacar primero. Me temo que entre la democracia y la dictadura hay un paso muy corto. Por esa misma razón, nadie puede reprocharme si no dejo comentar, si no contesto o si he borrado los enlaces de los blogs que visito. Mi página web es parte de mi vida íntima y naturalmente tomo mis propias decisiones. Si a alguien no le parece bien, tiene dos trabajos: enfadarse y desenfadarse; como me decían a mí de pequeña, porque yo no estoy obligada a actuar según lo que los demás consideren correcto.
Pero la democracia no es eso, sino lo contrario: tener el derecho a opinar de forma diferente y que se respete tu opinión. No admite, ni descalificaciones personales, ni burlas, ni mentiras. A menudo es más fácil descartar a alguien de antemano, que buscar argumentos sólidos y razonables. La patronal no está de acuerdo con el pacto social porque tiene sus razones y ellos entienden de economía más que nadie. No se puede llegar a un acuerdo entre dos y pretender que el tercero acepte porque sí, en nombre de la concertación y el diálogo; porque eso es toda una contradicción en sí mismo.
En nombre de lo políticamente correcto pretenden cohartar los derechos individuales. La libertad de pensamiento y actuación es un valor sagrado, siempre que no se utilice para atacar primero. Me temo que entre la democracia y la dictadura hay un paso muy corto. Por esa misma razón, nadie puede reprocharme si no dejo comentar, si no contesto o si he borrado los enlaces de los blogs que visito. Mi página web es parte de mi vida íntima y naturalmente tomo mis propias decisiones. Si a alguien no le parece bien, tiene dos trabajos: enfadarse y desenfadarse; como me decían a mí de pequeña, porque yo no estoy obligada a actuar según lo que los demás consideren correcto.
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lunes, 6 de julio de 2009
No hay nada más importante
Cuando empecé a escribir en internet lo hice de una forma natural, como lo venía haciendo desde que aprendí la escritura y anotaba mis pensamientos en hojas sueltas. El contacto con otros blogueros me ayudó mucho a darme cuenta de dónde estaban los problemas y hasta qué punto la gente se siente perdida en un mundo sin referencias morales. También encontré gente encantadora que me enseñó otros puntos de vista para enriquecer los míos. Así durante tres años, hasta que llegó el momento de descubrir realmente cuál era mi objetivo en este mundo virtual, la razón que me había atraído desde el principio a participar en las vidas de otras personas e introducirme en sus ordenadores. La defensa de la vida es la tarea más grande, más importante y más pura que puede tener alguien hoy en día. Como dice el actor mexicano Eduardo Verástegui:
"El actor y productor mexicano explicó su esfuerzo por trasmitir un mensaje provida porque “ni sumando las muertes causadas por el nazismo y el comunismo, resulta una cifra comparable con las de los abortos, ya que cada año son abortados en el mundo 42 millones de niños. Por eso siento que no estoy haciendo suficiente para defender la vida. Las leyes de muerte nos afectan a todos. Cuando en un país permitimos que el bebé más indefenso corra peligro, la vida deja de tener valor objetivo”.
“El aborto no debería existir”, concluyó Verástegui; “la cultura de la muerte es como el nazismo. Éste enfrentaba al vecino contra el vecino; el comunismo, a los pobres contra los ricos; y la cultura de la muerte a la madre contra su hijo. Con la eutanasia el hombre pierde el respeto a sí mismo y se ve como un objeto. Es importante defender el derecho a vivir de todos. Creo que hay que tratar a todos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todos podemos hacer algo por salvar la vida de los que corren el riesgo de no nacer”.
No puedo dar un paso atrás, ni aunque quisiera, que no es el caso. Mi vida ahora tiene un sentido superior. Ahora comprendo lo que Dios quiere de mí. Mientras escribo estas líneas miles de mujeres en todo el mundo están acabando con la vida de sus hijos, cosa que no podrán perdonarse nunca. Entretanto unos cientos de médicos abortistas sin escrúpulos se están haciendo ricos a su costa. No podré dejar ya esta lucha, mientras, al menos en España, siga existiendo una ley que permite descartar seres humanos según sus circunstancias. El feto no tiene la culpa de que su madre no se sienta preparada, no sepa quién es el padre o no tenga trabajo. Para eso están las instituciones públicas, para ayudarla a salir adelante y a entregar el niño en adopción si lo desea. El aborto no es un derecho de nadie, es un crimen contra la humanidad, un genocidio. Esos niños pertenecen a la sociedad donde han sido engendrados y son necesarios para su futuro. Su derecho a la vida debería estar por encima de cualquier otra consideración.
"El actor y productor mexicano explicó su esfuerzo por trasmitir un mensaje provida porque “ni sumando las muertes causadas por el nazismo y el comunismo, resulta una cifra comparable con las de los abortos, ya que cada año son abortados en el mundo 42 millones de niños. Por eso siento que no estoy haciendo suficiente para defender la vida. Las leyes de muerte nos afectan a todos. Cuando en un país permitimos que el bebé más indefenso corra peligro, la vida deja de tener valor objetivo”.
“El aborto no debería existir”, concluyó Verástegui; “la cultura de la muerte es como el nazismo. Éste enfrentaba al vecino contra el vecino; el comunismo, a los pobres contra los ricos; y la cultura de la muerte a la madre contra su hijo. Con la eutanasia el hombre pierde el respeto a sí mismo y se ve como un objeto. Es importante defender el derecho a vivir de todos. Creo que hay que tratar a todos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todos podemos hacer algo por salvar la vida de los que corren el riesgo de no nacer”.
No puedo dar un paso atrás, ni aunque quisiera, que no es el caso. Mi vida ahora tiene un sentido superior. Ahora comprendo lo que Dios quiere de mí. Mientras escribo estas líneas miles de mujeres en todo el mundo están acabando con la vida de sus hijos, cosa que no podrán perdonarse nunca. Entretanto unos cientos de médicos abortistas sin escrúpulos se están haciendo ricos a su costa. No podré dejar ya esta lucha, mientras, al menos en España, siga existiendo una ley que permite descartar seres humanos según sus circunstancias. El feto no tiene la culpa de que su madre no se sienta preparada, no sepa quién es el padre o no tenga trabajo. Para eso están las instituciones públicas, para ayudarla a salir adelante y a entregar el niño en adopción si lo desea. El aborto no es un derecho de nadie, es un crimen contra la humanidad, un genocidio. Esos niños pertenecen a la sociedad donde han sido engendrados y son necesarios para su futuro. Su derecho a la vida debería estar por encima de cualquier otra consideración.
miércoles, 17 de junio de 2009
Desigualdad
La famosa igualdad entre hombres y mujeres es una entelequia, es decir, un absurdo. Podrá haber los mismos derechos, pero eso no impide que nuestras diferencias físicas y emocionales determinen nuestras vidas. Por ejemplo, en principio una mujer puede ser albañil, pero no tiene mucho sentido elegir un oficio cansado, peligroso y mal pagado, para el que no se tienen condiciones. Del mismo modo, no se puede evitar que a las niñas les gusten los muñecos y a los niños los deportes de contacto. Miles de años de evolución y sus hormonas correspondientes se han ocupado de ello.
Esto lo saben muy bien los fabricantes de juguetes, que diseñan lo que saben que se va a vender, y también los guionistas de cine. Películas como Casablanca, Instinto básico, Nueve semanas y media o la saga de James Bond, no son precisamente un ejemplo de trato igualitario a las mujeres y, sin embargo, han tenido un gran éxito de público. Esta claro que no se puede legislar contra los gustos de la gente o imponer una doctrina que se opone a la propia naturaleza. No es una cuestión de educación que a los hombres y las mujeres nos atraiga precisamente lo que nos diferencia, aunque eso suponga renunciar a planteamientos teóricos.
También reaccionamos de distinta manera. Ante una relación esporádica, por ejemplo, un hombre suele ser capaz de separar el amor del sexo, mientras que una mujer tiende a involucrarse sentimentalmente. Eso se explica porque, a lo largo de la historia, ellas habitualmente no han podido elegir pareja y no tenían más remedio que crear lazos con un desconocido. La excepción podrían ser las prostitutas, quienes, sin embargo, suelen enamorarse del hombre que las explota y maltrata. Siendo todo esto tan sabido, no me explico cómo todavía hay hombres que se extrañan, y mujeres que siguen cayendo en la trampa más vieja que existe: confundir el deseo con el cariño.
No se puede llegar al corazón de un hombre a través del sexo, porque no existe esa comunicación en su caso. Al contrario, sí que funciona. Una pareja enamorada va sintiéndose físicamente atraída de forma gradual. Cuando se pretende forzar la situación pasando directamente al postre, lo único que se consigue es crear confusión en ambos. Ella piensa que pueden llegar a algo más, a tener una pareja o incluso una familia. Pero él cree que sólamente está buscando pasar el rato sin compromiso. Los contactos en el trabajo favorecen mucho esa situación, porque pasar tantas horas juntos puede crear malentendidos. Para conseguir una relación plena, lo ideal es ir siguiendo los pasos uno tras otro, sin atajos ni precipitaciones.
Esto lo saben muy bien los fabricantes de juguetes, que diseñan lo que saben que se va a vender, y también los guionistas de cine. Películas como Casablanca, Instinto básico, Nueve semanas y media o la saga de James Bond, no son precisamente un ejemplo de trato igualitario a las mujeres y, sin embargo, han tenido un gran éxito de público. Esta claro que no se puede legislar contra los gustos de la gente o imponer una doctrina que se opone a la propia naturaleza. No es una cuestión de educación que a los hombres y las mujeres nos atraiga precisamente lo que nos diferencia, aunque eso suponga renunciar a planteamientos teóricos.
También reaccionamos de distinta manera. Ante una relación esporádica, por ejemplo, un hombre suele ser capaz de separar el amor del sexo, mientras que una mujer tiende a involucrarse sentimentalmente. Eso se explica porque, a lo largo de la historia, ellas habitualmente no han podido elegir pareja y no tenían más remedio que crear lazos con un desconocido. La excepción podrían ser las prostitutas, quienes, sin embargo, suelen enamorarse del hombre que las explota y maltrata. Siendo todo esto tan sabido, no me explico cómo todavía hay hombres que se extrañan, y mujeres que siguen cayendo en la trampa más vieja que existe: confundir el deseo con el cariño.
No se puede llegar al corazón de un hombre a través del sexo, porque no existe esa comunicación en su caso. Al contrario, sí que funciona. Una pareja enamorada va sintiéndose físicamente atraída de forma gradual. Cuando se pretende forzar la situación pasando directamente al postre, lo único que se consigue es crear confusión en ambos. Ella piensa que pueden llegar a algo más, a tener una pareja o incluso una familia. Pero él cree que sólamente está buscando pasar el rato sin compromiso. Los contactos en el trabajo favorecen mucho esa situación, porque pasar tantas horas juntos puede crear malentendidos. Para conseguir una relación plena, lo ideal es ir siguiendo los pasos uno tras otro, sin atajos ni precipitaciones.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
