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sábado, 1 de enero de 2011
La prórroga
Hay un secreto que llevo guardando varios meses: este verano estuve en el hospital con una diverticulitis y me aconsejaron hacerme una colonoscopia. Finalmente, me hice la prueba en noviembre y resultó bastante bien. Tengo divertículos, colon espástico y una válvula incompetente, pero nada grave. Confieso que he estado todo este tiempo muy angustiada pensando en la posibilidad de tener un tumor maligno. No me importan las molestias crónicas. Estoy acostumbrada. Pero no me siento capaz de afrontar un tratamiento tan duro y de final incierto. Soy débil, me temo, a pesar de toda mi fe. Además creo que mi familia depende mucho de mí y no me sentiría capaz de dejarlos de lado para centrarme en mi curación.
Gracias a Dios, de momento no me veo enfrentada a esa tesitura. Por eso, me siento como si me hubieran concedido una prórroga, aunque realmente sobre el futuro que nos espera nunca se puede estar seguro. Así que hoy afronto el 2011 con más ilusión de lo que es habitual en mí por estas fechas. Al fin y al cabo, con el tiempo, incluso los problemas más insalvables a veces acaban llegando a una solución y, como bien se dice, mientras hay vida hay esperanza. Así que, aquí estoy yo todavía con energía renovada, dispuesta a seguir dando la batalla por la vida un año más y lo que haga falta, o los que Dios quiera concederme. A veces hace falta sumergirse hasta el fondo para poder emerger con más fuerza.
Debido al exceso de entradas, vuelvo a publicarlas de dos en dos, una propia y otra copiada.
Gracias a Dios, de momento no me veo enfrentada a esa tesitura. Por eso, me siento como si me hubieran concedido una prórroga, aunque realmente sobre el futuro que nos espera nunca se puede estar seguro. Así que hoy afronto el 2011 con más ilusión de lo que es habitual en mí por estas fechas. Al fin y al cabo, con el tiempo, incluso los problemas más insalvables a veces acaban llegando a una solución y, como bien se dice, mientras hay vida hay esperanza. Así que, aquí estoy yo todavía con energía renovada, dispuesta a seguir dando la batalla por la vida un año más y lo que haga falta, o los que Dios quiera concederme. A veces hace falta sumergirse hasta el fondo para poder emerger con más fuerza.
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sábado, 23 de octubre de 2010
No es lo que vives, es lo que sientes
Una vez escribí que yo no reniego de mis arrugas, que me las he ganado una a una. Recibí una contestación sarcástica, como era lo habitual en ese blog. No es sólo la apariencia física; es que la vida te va moldeando a través de tus experiencias y sensaciones. Puede parecer que yo he vivido poco, pero desde luego he sentido mucho, y eso me ha hecho como soy. No puedo decir que haya pasado por experiencias límite, pero sí he vivido mis emociones al límite. He sufrido mucho física y psicológicamente, a veces por cosas sin importancia, pero el dolor era el mismo. Todos hemos tenido un simple cólico que nos ha llevado al límite de la resistencia; con el alma ocurre lo mismo. No es tanto lo que te pasa, sino cómo lo vives.
A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí. A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.
A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí. A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.
jueves, 23 de septiembre de 2010
Greenpeace o green pasta
Acabo de ver un anuncio sobre el cambio climático, basado en el único fin de conseguir dinero a costa del miedo de la gente. Parece ser que hace cuarenta años no había desiertos, ni inundaciones, ni huracanes. Esas son las imágenes que ilustran hoy el tan temido calentamiento global. Sin embargo, yo recuerdo haber visto antes esa clase de cosas. Debo ser pitonisa. O, tal vez, resulta que el clima mundial no era tan idílico antes como cuentan. De hecho, se sabe que existen zonas que ahora son desiertos y hace miles de años eran mares y viceversa. El clima está en continua evolución porque se podría decir que es "interactivo" utilizando lenguaje actual, pero el hombre tiene muy poco que decir en todo esto.
Es decir, que los cambios no suceden de la noche a la mañana, sino que hay lugares del planeta que se están calentando, mientras otros se están enfriando desde hace siglos. Por tanto, la contaminación industrial no es más que un factor añadido que no suma demasiado al resultado. La influencia humana es muy relativa. Lo único indudable hasta ahora ha resultado ser que los gases CFC destruían la capa de ozono de la atmósfera; lo cual resulta un peligro real y tangible, que afortunadamente se está atajando. En cuanto a que la contaminación provoque cambios globales inmediatos en el clima, se trata de algo muy discutido y discutible, que - eso sí - mueve millones de euros en el mundo, en manos de organizaciones como Greenpeace.
Es decir, que los cambios no suceden de la noche a la mañana, sino que hay lugares del planeta que se están calentando, mientras otros se están enfriando desde hace siglos. Por tanto, la contaminación industrial no es más que un factor añadido que no suma demasiado al resultado. La influencia humana es muy relativa. Lo único indudable hasta ahora ha resultado ser que los gases CFC destruían la capa de ozono de la atmósfera; lo cual resulta un peligro real y tangible, que afortunadamente se está atajando. En cuanto a que la contaminación provoque cambios globales inmediatos en el clima, se trata de algo muy discutido y discutible, que - eso sí - mueve millones de euros en el mundo, en manos de organizaciones como Greenpeace.
miércoles, 24 de febrero de 2010
Las pasiones que mueven a la humanidad
Son el orgullo, la envidia y el rencor, muy especialmente en nuestro país. Estimado quien tú ya sabes: ¿cómo te van a durar las parejas, si atacas a tus amigos de la manera más rastrera y luego eres incapaz de disculparte?. A veces, las relaciones sentimentales sólo nacen del deseo de control sobre el otro. Así que, cuando se consigue, no queda nada más. Esa misma soberbia guía la ambición personal de los que dicen querer realizarse, pero sólo quieren ser más que el vecino.
La envidia es una de las emociones más difíciles de aceptar y reconocer, porque a menudo se envidia precisamente lo que se critica. En cuanto al rencor, es alimentado por algunos para su propio beneficio. Como dicen en Star Wars:
El Miedo lleva a la ira, la ira nos conduce al Odio, el odio al Sufrimiento. El Miedo es el camino al lado oscuro de la fuerza.
Al fin y al cabo, las novelas sólo reflejan la realidad, También las historias de Harry Potter nos presentan la disyuntiva entre el bien y el mal. El poder, como arma peligrosa, ya que a menudo corrompe al que lo posee. Curiosamente, son las personas despreocupadas, que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, las más propensas a caer en el orgullo y la envidia.
El resentimiento es el último refugio de aquellos que han dejado pasar todas las oportunidades y sólo buscan ya a quién culpar de sus fracasos. (Véase Zapatero). Pero, de estas pasiones, se derivan todos los males que nos aquejan: el extremismo, la violencia, el hedonismo, el relativismo... La solución no puede ser más sencilla y más difícil de aplicar: amarnos los unos a los otros.
La envidia es una de las emociones más difíciles de aceptar y reconocer, porque a menudo se envidia precisamente lo que se critica. En cuanto al rencor, es alimentado por algunos para su propio beneficio. Como dicen en Star Wars:
El Miedo lleva a la ira, la ira nos conduce al Odio, el odio al Sufrimiento. El Miedo es el camino al lado oscuro de la fuerza.
Al fin y al cabo, las novelas sólo reflejan la realidad, También las historias de Harry Potter nos presentan la disyuntiva entre el bien y el mal. El poder, como arma peligrosa, ya que a menudo corrompe al que lo posee. Curiosamente, son las personas despreocupadas, que tienen todas las necesidades básicas cubiertas, las más propensas a caer en el orgullo y la envidia.
El resentimiento es el último refugio de aquellos que han dejado pasar todas las oportunidades y sólo buscan ya a quién culpar de sus fracasos. (Véase Zapatero). Pero, de estas pasiones, se derivan todos los males que nos aquejan: el extremismo, la violencia, el hedonismo, el relativismo... La solución no puede ser más sencilla y más difícil de aplicar: amarnos los unos a los otros.
viernes, 18 de septiembre de 2009
Bendita rutina
Se pasa uno la vida pensando que todos los días son iguales. A las mismas horas haces las mismas cosas y a veces te toca esperar a que llegue la hora de la comida, la salida de los colegios o la apertura de las tiendas. Sin embargo, sabes que, en cualquier momento, una llamada telefónica puede cambiarlo todo, arrasar con tu rutina creando una nueva; y que, de pronto, te encuentres deseando tener tiempo libre, repetir los mismos ritos de siempre o incluso estar aburrido. Bendita rutina que nos da tranquilidad, incluso cuando estamos estresados.
Cuando todo va bien, yo me preocupo. Sé que no debería, pero tengo la impresión de que es demasiado bueno para durar. Tengo miedo de la felicidad, a pesar de que es mi estado natural habitualmente. Siento como si no tuviera derecho a ser feliz mientras tantos lo pasan mal. Sin embargo, sé que eso no tiene sentido, ya que el estado de satisfacción se lo trabaja cada uno independientemente de sus circunstancias. Es decir, que tal vez muchos en mi lugar se sentirían frustrados, aunque para mí esta vida sea la ideal.
Por eso, cuando mi rutina se desbarata, me siento perdida como un niño en una playa inmensa, y sólo deseo volver a mis costumbres de siempre, recuperar esa rutina que a veces me harta, y, sin embargo, cuando me falta, me quita el sueño y el hambre y me deja sin fuerzas. Quiero volver a mis días iguales, mis obligaciones tediosas y mis momentos especiales, conseguidos tras larga espera. La rutina hace que cada novedad sepa a gloria, pero demasiadas novedades arruinan el efecto.
Cuando todo va bien, yo me preocupo. Sé que no debería, pero tengo la impresión de que es demasiado bueno para durar. Tengo miedo de la felicidad, a pesar de que es mi estado natural habitualmente. Siento como si no tuviera derecho a ser feliz mientras tantos lo pasan mal. Sin embargo, sé que eso no tiene sentido, ya que el estado de satisfacción se lo trabaja cada uno independientemente de sus circunstancias. Es decir, que tal vez muchos en mi lugar se sentirían frustrados, aunque para mí esta vida sea la ideal.
Por eso, cuando mi rutina se desbarata, me siento perdida como un niño en una playa inmensa, y sólo deseo volver a mis costumbres de siempre, recuperar esa rutina que a veces me harta, y, sin embargo, cuando me falta, me quita el sueño y el hambre y me deja sin fuerzas. Quiero volver a mis días iguales, mis obligaciones tediosas y mis momentos especiales, conseguidos tras larga espera. La rutina hace que cada novedad sepa a gloria, pero demasiadas novedades arruinan el efecto.
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lunes, 4 de mayo de 2009
Casarse o no casarse
He leído últimamente muchas afirmaciones sobre lo innecesario que resulta casarse. Existe el clásico argumento desde hace décadas de que no necesitamos firmar un papel para demostrar que nos queremos. Sin embargo, estamos todos los días firmando contratos para el adsl, el teléfono móvil... contratos de permanencia además, que luego resulta bastante difícil rescindir. Cuando no existía el divorcio, se podía entender que la gente no quisiera casarse, porque las separaciones legales sí que eran engorrosas y complicadas. Todo ello permitía que en un porcentaje alto de los casos, los cónyuges acabaran solucionando sus diferencias y permanecieran juntos. El divorcio express ha tenido exactamente el efecto contrario: que no se produzcan apenas reconciliaciones.
Casarse no supone sólamente un trámite administrativo que facilita la clasificación de la población por familias. Casarse es decirle al mundo que deseas permanecer con esa persona para siempre. Sobretodo implica una idea de lealtad y fidelidad, por encima de las circunstancias y tentaciones que se encuentran siempre en el camino. El matrimonio es un refuerzo de la sociedad para la voluntad de seguir juntos. Ante todo, ¿qué tiene de malo?. Dicen los estudios que las personas casadas incluso gozan de mejor salud, probablemente porque viven relajados pensando que su situación personal no peligra. Existe infidelidad en los matrimonios pero siempre es mucho menor que entre otras parejas. El matrimonio también favorece la economía, porque compartir los gastos en régimen de gananciales, que es lo normal, resulta muy ventajoso.
Antes había muchas parejas que no se casaban por razones puramente ideológicas. ¿Por qué no se quieren casar ahora los jóvenes? Por miedo al compromiso. Porque no se sienten capaces de convivir con la misma persona durante años, aceptando sus días buenos y los malos, evolucionando con ella cuando la vida les vaya cambiando, responsabilizándose de una casa y unos hijos, e ignorando a cualquier otro compañero que pudiera atraerles en un momento dado. Es decir, volvemos a lo mismo: alergia al sacrificio. Pero, como he dicho ya muchas veces, quien no arriesga no gana, quien no sufre no disfruta, quien no se compromete no consigue estabilidad.
Música: Let's dance. David Bowie
Casarse no supone sólamente un trámite administrativo que facilita la clasificación de la población por familias. Casarse es decirle al mundo que deseas permanecer con esa persona para siempre. Sobretodo implica una idea de lealtad y fidelidad, por encima de las circunstancias y tentaciones que se encuentran siempre en el camino. El matrimonio es un refuerzo de la sociedad para la voluntad de seguir juntos. Ante todo, ¿qué tiene de malo?. Dicen los estudios que las personas casadas incluso gozan de mejor salud, probablemente porque viven relajados pensando que su situación personal no peligra. Existe infidelidad en los matrimonios pero siempre es mucho menor que entre otras parejas. El matrimonio también favorece la economía, porque compartir los gastos en régimen de gananciales, que es lo normal, resulta muy ventajoso.
Antes había muchas parejas que no se casaban por razones puramente ideológicas. ¿Por qué no se quieren casar ahora los jóvenes? Por miedo al compromiso. Porque no se sienten capaces de convivir con la misma persona durante años, aceptando sus días buenos y los malos, evolucionando con ella cuando la vida les vaya cambiando, responsabilizándose de una casa y unos hijos, e ignorando a cualquier otro compañero que pudiera atraerles en un momento dado. Es decir, volvemos a lo mismo: alergia al sacrificio. Pero, como he dicho ya muchas veces, quien no arriesga no gana, quien no sufre no disfruta, quien no se compromete no consigue estabilidad.
Música: Let's dance. David Bowie
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
