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miércoles, 13 de abril de 2011

Cómo complicarse la vida

Las paredes de mi casa son delgadas y oigo habitualmente a unos vecinos. Tengo que decir que raro es el día en que no discuten y a menudo por razones muy obvias. Por ejemplo, todas las noches su padres les grita si se han lavado los dientes; cosa bastante normal, si no fuera porque sus hijas ya tienen doce, quince y diecisiete años respectivamente. Creo que ya son mayorcitas para seguir con eso. Luego está el tema de las tareas de la casa. Su madre no trabaja, pero las tres hijas tienen muchas obligaciones asignadas que van haciendo por turnos. De manera que, cuando a alguna se le olvida hacer algo, ya tenemos la bronca montada. Digo yo, que con tres hijas ya no necesitan asistenta. Me parece un poco abuso, la verdad.

Luego además pretenden que estudien y saquen buenas notas, y sospecho que no lo consiguen. Pero, la cuestión es que me da la impresión de que la gente se complica la vida sin necesidad. ¿Por qué pasarse el día discutiendo por temas sin importancia?. La vida ya trae bastantes preocupaciones serias para andar inventándose problemas donde no los hay. Me parece que hay gente que no sabe vivir en paz y tranquilidad. Es como aquellos que sobrecargan a sus hijos de actividades extraescolares, y luego se quejan de que no les queda un minuto libre por la tarde. Hay que aprender a aburrirse y también a llevarse bien. La vida son tres telediarios y no merece la pena pasarlos corriendo o discutiendo.

viernes, 18 de septiembre de 2009

Bendita rutina

Se pasa uno la vida pensando que todos los días son iguales. A las mismas horas haces las mismas cosas y a veces te toca esperar a que llegue la hora de la comida, la salida de los colegios o la apertura de las tiendas. Sin embargo, sabes que, en cualquier momento, una llamada telefónica puede cambiarlo todo, arrasar con tu rutina creando una nueva; y que, de pronto, te encuentres deseando tener tiempo libre, repetir los mismos ritos de siempre o incluso estar aburrido. Bendita rutina que nos da tranquilidad, incluso cuando estamos estresados.

Cuando todo va bien, yo me preocupo. Sé que no debería, pero tengo la impresión de que es demasiado bueno para durar. Tengo miedo de la felicidad, a pesar de que es mi estado natural habitualmente. Siento como si no tuviera derecho a ser feliz mientras tantos lo pasan mal. Sin embargo, sé que eso no tiene sentido, ya que el estado de satisfacción se lo trabaja cada uno independientemente de sus circunstancias. Es decir, que tal vez muchos en mi lugar se sentirían frustrados, aunque para mí esta vida sea la ideal.

Por eso, cuando mi rutina se desbarata, me siento perdida como un niño en una playa inmensa, y sólo deseo volver a mis costumbres de siempre, recuperar esa rutina que a veces me harta, y, sin embargo, cuando me falta, me quita el sueño y el hambre y me deja sin fuerzas. Quiero volver a mis días iguales, mis obligaciones tediosas y mis momentos especiales, conseguidos tras larga espera. La rutina hace que cada novedad sepa a gloria, pero demasiadas novedades arruinan el efecto.