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miércoles, 2 de febrero de 2011

Botox: veneno en la piel

Cuando yo era pequeña me enseñaron que no se debe comer de latas de comida abolladas porque pueden causar una enfermedad muy grave a causa de la toxina botulínica. Mira por dónde quién me iba a decir a mí que acabarían inyectándose ese veneno en la cara muchas mujeres famosas y no famosas. Creo que si los extraterrestres existeran y llegaran a la Tierra y descubrieran lo del botox, ya no nos admitirían en la Sociedad de Planetas.;) porque hace falta ser tonto (con perdón) para enfermarse a propósito con el único fin de tensar las arrugas de la cara. Esto se consigue provocando una parálisis facial en otro músculo de la misma zona. Algo realmente de locos.

Tengo una amiga que sufrió una enfermedad autoinmune y se quedó paralizada de todo el cuerpo durante días. Después de la recuperación, se le quedó un músculo de la cara que no puede mover. Supongo que debería considerarse afortunada ya que dispone de tratamiento de botox permanente. No es así, por supuesto. Porque a nadie en su sano juicio se le ocurre que sea bueno tener un músculo en tensión, aunque sea algo temporal. Efectos secundarios tiene que tener, seguro; lo que ocurre es que pasará una década antes de que los descubran. Para entonces supongo que ya habrá pasado esta moda tan absurda, como pasó la de los tatuajes y los piercings, aunque todavía haya algunos que se resistan a quitarselos.

sábado, 23 de octubre de 2010

No es lo que vives, es lo que sientes

Una vez escribí que yo no reniego de mis arrugas, que me las he ganado una a una. Recibí una contestación sarcástica, como era lo habitual en ese blog. No es sólo la apariencia física; es que la vida te va moldeando a través de tus experiencias y sensaciones. Puede parecer que yo he vivido poco, pero desde luego he sentido mucho, y eso me ha hecho como soy. No puedo decir que haya pasado por experiencias límite, pero sí he vivido mis emociones al límite. He sufrido mucho física y psicológicamente, a veces por cosas sin importancia, pero el dolor era el mismo. Todos hemos tenido un simple cólico que nos ha llevado al límite de la resistencia; con el alma ocurre lo mismo. No es tanto lo que te pasa, sino cómo lo vives.

A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí.  A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.