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viernes, 1 de abril de 2011
Jóvenes de los ochenta
Llevaba un mes sin escribir, pero no lo habéis notado porque tenía posts acumulados. Después de este descanso, vuelvo con la idea de reivindicar mi capacidad. Todavía hay quien piensa que no puedo opinar porque soy un ama de casa sin estudios superiores. Pero, el hecho de que haya sido más espectadora que actriz en esta película, me ha enseñado mucho. De todas maneras, no hay que olvidar que yo soy una joven de los años ochenta. Nosotros inventamos la rebeldía. Lo que no viví en carne propia, lo pude experimentar entre mis parientes y amigos: alcohol, drogas, sexo, embarazos inesperados, extremismo político, delincuencia, terrorismo... Fue un tiempo difícil y ya estamos de vuelta de todo. Somos los supervivientes de una época.
Como dice una presentación muy graciosa que circula por internet, nosotros conducíamos sin cinturón, íbamos siete en el coche, patinábamos sin rodilleras y montábamos en bicicleta sin casco. Nosotros comíamos grasas animales, fumábamos y nos íbamos de vinos antes de la edad reglamentaria y pasábamos la noche fuera. Eran los años de la movida madrileña. Digamos que no me he criado en una jaula de cristal. Hay cosas de las que todavía me arrepiento. Además, he visto caer a muchos por el camino. He aprendido sobre la vida observando a mi alrededor, y no creo que lo hubiera hecho mejor desde una oficina o estudiando varias carreras. La experiencia es la mejor escuela que existe. Por eso, creo que tengo la capacidad suficiente para opinar y el derecho de hacerlo, como cualquier otra persona.
Como dice una presentación muy graciosa que circula por internet, nosotros conducíamos sin cinturón, íbamos siete en el coche, patinábamos sin rodilleras y montábamos en bicicleta sin casco. Nosotros comíamos grasas animales, fumábamos y nos íbamos de vinos antes de la edad reglamentaria y pasábamos la noche fuera. Eran los años de la movida madrileña. Digamos que no me he criado en una jaula de cristal. Hay cosas de las que todavía me arrepiento. Además, he visto caer a muchos por el camino. He aprendido sobre la vida observando a mi alrededor, y no creo que lo hubiera hecho mejor desde una oficina o estudiando varias carreras. La experiencia es la mejor escuela que existe. Por eso, creo que tengo la capacidad suficiente para opinar y el derecho de hacerlo, como cualquier otra persona.
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miércoles, 5 de enero de 2011
El amor sí tiene edad
Que el amor no tiene edad es otro de los tópicos que tanto se repiten para justificar cualquier tipo de situaciones. En primer lugar, no se puede estar enamorado a los catorce años, porque sencillamente no se tiene experiencia de la vida para poder distinguir el amor de cualquier otro sentimiento (simpatía, afinidad, atracción sexual...). En segundo lugar, hay un momento para cada cosa y, pretender vivir a partir de los cuarenta años con la misma pasión, ilusión e inocencia con que se encara una relación a los veinte, resulta absurdo. Somos otras personas con el paso del tiempo y el amor va evolucionando con las circunstancias. Eso que tantos llaman amor no sirve de excusa para la infidelidad, ni para abandonar tus responsabilidades, ni para renegar de los tuyos.
El amor es sólo uno de los factores a considerar. Existe además de muchos tipos, amor filial, fraternal, universal. El amor de pareja es el más difícil de encontrar y de conservar. Precisamente por eso hay que ser muy cauto a la hora de calificar un sentimiento tan complicado. Si ese amor supone, por ejemplo, apartarse del resto de la familia, dejar de trabajar o estudiar, o cambiar de personalidad; entonces, no se trata de un amor sano y positivo y es mejor alejarlo de la mente. El amor verdadero englaba todo y no excluye a nadie. Pasa por diferentes etapas a lo largo de la vida y, si se sabe cuidar, dura para siempre. No confundir con necesidades mutuas, engaños hormonales e inmadurez emocional.
El amor es sólo uno de los factores a considerar. Existe además de muchos tipos, amor filial, fraternal, universal. El amor de pareja es el más difícil de encontrar y de conservar. Precisamente por eso hay que ser muy cauto a la hora de calificar un sentimiento tan complicado. Si ese amor supone, por ejemplo, apartarse del resto de la familia, dejar de trabajar o estudiar, o cambiar de personalidad; entonces, no se trata de un amor sano y positivo y es mejor alejarlo de la mente. El amor verdadero englaba todo y no excluye a nadie. Pasa por diferentes etapas a lo largo de la vida y, si se sabe cuidar, dura para siempre. No confundir con necesidades mutuas, engaños hormonales e inmadurez emocional.
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sábado, 30 de octubre de 2010
Buena presencia
Creo que es ilegal y, sin embargo, en algunos anuncios para cubrir puestos de trabajo siguen pidiendo buen aspecto físico; es decir, belleza. Eso elimina de antemano a los que tienen sobrepeso y a los mayores de cuarenta años, a no ser que gasten mucho en cirujano, ropa y peluquería. En cuyo caso, se les iría todo el sueldo. Se entiende esa condición en el caso de recepcionistas, aunque a veces vale más la simpatía que una cara agraciada. Sin embargo, resulta absurdo por ejemplo para un puesto de grabador de datos, que es una persona que se limita a rellenar casillas en un ordenador, y no tiene que estar de cara al público. De hecho, es el administrativo más anónimo e insignificante que puede trabajar en una empresa. Por eso, es el único puesto al que yo podría todavía aspirar.
Por suerte, de momento no tengo que presentarme a esa clase de candidaturas; lo cual me obligaría a vestirme y arreglarme como para ir a una fiesta, cuando a mí lo que realmente me gusta es ir cómoda e informal. Pero me parece muy injusto que una mujer como yo, y bien calificada para su labor pueda quedarse fuera del proceso de selección debido a su aspecto físico. Pensaba que ya habíamos avanzado mucho en ese sentido, pero ya veo que no. Hoy en día, la vida laboral acaba a los cuarenta años a no ser que tengas el puesto ya asegurado. La madurez, responsabilidad, la experiencia no son valores en alza en el mercado, y los resultados se resienten de esa falta de visión a largo plazo. Es más: una cara bonita en la oficina es más bien un riesgo añadido en estos tiempos de promiscuidad e infidelidad. También deberían tener eso muy en cuenta.
Por suerte, de momento no tengo que presentarme a esa clase de candidaturas; lo cual me obligaría a vestirme y arreglarme como para ir a una fiesta, cuando a mí lo que realmente me gusta es ir cómoda e informal. Pero me parece muy injusto que una mujer como yo, y bien calificada para su labor pueda quedarse fuera del proceso de selección debido a su aspecto físico. Pensaba que ya habíamos avanzado mucho en ese sentido, pero ya veo que no. Hoy en día, la vida laboral acaba a los cuarenta años a no ser que tengas el puesto ya asegurado. La madurez, responsabilidad, la experiencia no son valores en alza en el mercado, y los resultados se resienten de esa falta de visión a largo plazo. Es más: una cara bonita en la oficina es más bien un riesgo añadido en estos tiempos de promiscuidad e infidelidad. También deberían tener eso muy en cuenta.
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sábado, 23 de octubre de 2010
No es lo que vives, es lo que sientes
Una vez escribí que yo no reniego de mis arrugas, que me las he ganado una a una. Recibí una contestación sarcástica, como era lo habitual en ese blog. No es sólo la apariencia física; es que la vida te va moldeando a través de tus experiencias y sensaciones. Puede parecer que yo he vivido poco, pero desde luego he sentido mucho, y eso me ha hecho como soy. No puedo decir que haya pasado por experiencias límite, pero sí he vivido mis emociones al límite. He sufrido mucho física y psicológicamente, a veces por cosas sin importancia, pero el dolor era el mismo. Todos hemos tenido un simple cólico que nos ha llevado al límite de la resistencia; con el alma ocurre lo mismo. No es tanto lo que te pasa, sino cómo lo vives.
A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí. A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.
A veces me he sentido despreciada, humillada, odiada y, lo que es peor, ignorada por gente a quien tenía aprecio. La indiferencia es lo que más duele. He pasado también mucho miedo, más por los demás que por mí misma. Estuve, por ejemplo, todos mis embarazos con el temor de abortar, aunque afortunadamente no fue así, pero yo no vivía tranquila. No he tenido ningún accidente grave de coche, gracias a Dios, pero he estado a punto muchas veces y ese temor también forma parte de mí. A veces pienso que la vida es sabia y se asegura de que conozcas todos los caminos, todos los sentimientos positivos y negativos, todos los temores. Tal vez para que, de ese modo, puedas ponerte en cualquier situación en el lugar del otro; para que aprendamos de la experiencia propia y de la ajena.
lunes, 1 de marzo de 2010
El tiempo
Para quien todavía no lo sepa, he vuelto a escribir. Sucede cuando se ha vivido unos cuantos años, que acabas viendo como el tiempo pone todo en su lugar. Lo que, a escala humana, nos parece un cambio importante, siempre acaba siendo suavizado o incluso borrado por el devenir de la historia. La perspectiva de las cosas y la experiencia nos enseñan que nada es tan bueno o tan malo como parece. Sólo el valor de la vida permanece imperturbable a través del tiempo y el espacio. Ya he contado que tengo la mala costumbre de conocer el desenlace de la historia. Leyendo mi blog, se puede comprobar cómo yo nunca me he creído realmente el tema de la gripe A ni las causas del cambio climático. Tampoco justifiqué nunca la guerra de Irak ni tuve la menor fe en el éxito de la negociación con los terroristas. Me parece algo de simple sentido común, y no entiendo todavía por qué tanta gente se lo cree todo "a pies juntillas".
Para mí saltan a la vista multitud de cosas, como cuando la famosa de turno afirma que su última relación es para siempre; pero no hay más que ver que no tiene una buena base, como de costumbre. Igual que se veía venir la caída de Unión Soviética, aunque no supiéramos el día y la hora. Hay situaciones tan insostenibles que lo raro es que se prolonguen tanto. Estaba muy claro que el crecimiento económico no podría mantenerse a ese ritmo y que estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades. Pero la gente prefería disfrutar del momento sin preocuparse de las consecuencias. Y, ahora, por fin, reconocen que el descenso demográfico puede llevarnos a la ruina en pocos años. Han hecho falta treinta años para que se dieran cuenta de algo tan evidente... ¿Cuántos años más tendremos que esperar para que empiecen a incentivar la natalidad y a favorecer a las familias?
Para mí saltan a la vista multitud de cosas, como cuando la famosa de turno afirma que su última relación es para siempre; pero no hay más que ver que no tiene una buena base, como de costumbre. Igual que se veía venir la caída de Unión Soviética, aunque no supiéramos el día y la hora. Hay situaciones tan insostenibles que lo raro es que se prolonguen tanto. Estaba muy claro que el crecimiento económico no podría mantenerse a ese ritmo y que estábamos viviendo por encima de nuestras posibilidades. Pero la gente prefería disfrutar del momento sin preocuparse de las consecuencias. Y, ahora, por fin, reconocen que el descenso demográfico puede llevarnos a la ruina en pocos años. Han hecho falta treinta años para que se dieran cuenta de algo tan evidente... ¿Cuántos años más tendremos que esperar para que empiecen a incentivar la natalidad y a favorecer a las familias?
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lunes, 2 de noviembre de 2009
Noventa, sesenta, noventa
Parece ser que han sacado una nueva serie española, cuyo argumento justifica la relación entre un hombre de cuarenta años y una chica de dieciseis. Decía el protagonista, Jesús Olmedo, que le parece muy bien, que el amor es imparable y hay que dejarse llevar. Una cosa es el amor y otra muy distinta el deseo sexual hacia una jovencita. Naturalmente, el hombre siempre sale ganando en este caso. Es la chica quien arruina su vida, metiéndose en una relación seria cuando todavía debería estar aprendiendo a vivir. Me parece de un cinismo increíble que quieran plantear eso como una historia de amor. No puede haber una relación igualitaria cuando uno de los dos no sabe todavía nada de la vida, porque no ha tenido tiempo para adquirir la experiencia necesaria. Es más bien una relación patológica donde se confunden la figura del padre, la admiración y el afán de control total. No existe verdadera libertad si ambos no están al mismo nivel de maduración psicológica.
Pero no puedo decir que me extraña ya nada, después de que otras series hayan abordado también este tema. Luego van diciendo que hay que tener cuidado con internet, porque los pederastas captan adolescentes por medio de las redes sociales. Pero, cuando se trata de tener audiencia, todo vale. Parece que estos productores no tienen hijas ni hermanas. En la otra cara de la moneda, he leído unas declaraciones de David Cantero, que me han gustado mucho: "Enamorarse es un proceso enriquecedor, que nos rejuvenece, pero pasa, Entonces, cuando pasa esa efusividad, es cuando hay que aprender a amar de verdad, a respetar y a valorar todo de ella". Es fácil dejarse llevar por el deslumbramiento inicial, pero hay que mantener la cabeza fría y pensar si esa relación merece la pena y les van a hacer felices a ambos. De otro modo, la pareja estará condenada al fracaso desde el primer momento y uno de los dos saldrá muy perjudicado.
Pero no puedo decir que me extraña ya nada, después de que otras series hayan abordado también este tema. Luego van diciendo que hay que tener cuidado con internet, porque los pederastas captan adolescentes por medio de las redes sociales. Pero, cuando se trata de tener audiencia, todo vale. Parece que estos productores no tienen hijas ni hermanas. En la otra cara de la moneda, he leído unas declaraciones de David Cantero, que me han gustado mucho: "Enamorarse es un proceso enriquecedor, que nos rejuvenece, pero pasa, Entonces, cuando pasa esa efusividad, es cuando hay que aprender a amar de verdad, a respetar y a valorar todo de ella". Es fácil dejarse llevar por el deslumbramiento inicial, pero hay que mantener la cabeza fría y pensar si esa relación merece la pena y les van a hacer felices a ambos. De otro modo, la pareja estará condenada al fracaso desde el primer momento y uno de los dos saldrá muy perjudicado.
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lunes, 27 de julio de 2009
De tú a tú
Últimamente hay algo que me llama mucho la atención: ver padres y madres dialogando con sus hijos pequeños de igual a igual. Está bien ser razonable y comprensivo con los niños, pero resulta un poco ridículo intentar mantener una conversación coherente con un niño de cuatro o cinco años. Las consecuencias son varias. Primero que el niño se vuelve del tipo repipi cargante, ya que llega a la conclusión de que sus opiniones son infalibles. Segundo que los padres pierden su autoridad moral al permitir que cuestionen su experiencia vital. Tercero, que el niño se crece y por supuesto deja de admitir ningún tipo de sugerencias, de modo que se transforma en un pequeño tirano. El problema es que, lo que resulta gracioso y simpático en un pequeñín, no tiene ninguna gracia cuando la criatura llega a la adolescencia.
Curiosamente, todo ese respeto y comprensión que derrochan los padres hacia su hijo, no sirve en absoluto de buen ejemplo. El niño les toma la medida y sabe bien hasta dónde puede llegar. Así no es extraño oír de boca de esos monstruillos expresiones como: mamá, eres tonta, no tienes ni idea de nada o déjame en paz; acompañados del clásico: no quiero.
Yo me muerdo la lengua por resistir la tentación de echar dos buenas broncas, una al niño y otra a la madre por irresponsable. No se puede dar a entender a los hijos que son los amos del universo y los demás están allí para servirles. No se debe permitir jamás a un hijo que te falte al respeto, menos en público o te pegue (que los hay), o pronto la excepción se convertirá en la norma sin remedio. Cada cual debe interpretar su papel.
Curiosamente, todo ese respeto y comprensión que derrochan los padres hacia su hijo, no sirve en absoluto de buen ejemplo. El niño les toma la medida y sabe bien hasta dónde puede llegar. Así no es extraño oír de boca de esos monstruillos expresiones como: mamá, eres tonta, no tienes ni idea de nada o déjame en paz; acompañados del clásico: no quiero.
Yo me muerdo la lengua por resistir la tentación de echar dos buenas broncas, una al niño y otra a la madre por irresponsable. No se puede dar a entender a los hijos que son los amos del universo y los demás están allí para servirles. No se debe permitir jamás a un hijo que te falte al respeto, menos en público o te pegue (que los hay), o pronto la excepción se convertirá en la norma sin remedio. Cada cual debe interpretar su papel.
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miércoles, 15 de julio de 2009
Autoridad moral
Otro de esos conceptos pasados de moda. Se refiere a la capacidad que tiene alguien de dar consejos o criticar a otros según su propia experiencia. Esto es, que no puede hablar de fidelidad quien ha sido infiel o de educación quien se expresa con palabrotas, ni de respeto quien no respeta. Autoridad moral tiene la persona que ha demostrado con su ejemplo que sigue sus propios ideales. No tiene mucho sentido, por ejemplo, un divorciado hablando de matrimonio o alguien sin hijos opinando sobre el embarazo. No hay mejor escuela que la vida. Generalmente, la autoridad moral es propia sobretodo de los padres sobre los hijos.
Hablar en teoría es fácil y el papel lo aguanta todo, pero hasta que no vives las situaciones en tu entorno cercano no eres más que un aprendiz de todo, experto en nada. Aún así, hay gente que llega a los sesenta años con un desconocimiento de la realidad realmente asombroso. Además, ya que la simple idea de autoridad es molesta para muchos, supongo que es difícil que quieran otorgarsela a alguien de forma gratuita, sin ningún papel oficial por medio; ya que supone considerarse de algún modo inferior o subordinado a otra persona y humillarse.
Por eso, decían en otro post que las discusiones que realmente te afectan son las que tienes con gente a quien aprecias o con personas a las que has otorgado autoridad moral sobre tí. No las opiniones de gente que no sabe manejar su propia vida o que se dejan llevar por el viento que más sopla en cualquier momento, que son la mayoría. Hoy en día es difícil encontrar personas que sean dignos de esa consideración. Hay que ser realmente coherente y consecuente con uno mismo, sea cual sea tu filosofía de vida. Eso no significa que no puedan tener dudas o flaquear en un momento dado, puesto que son humanos.
Se puede valorar que alguien tiene autoridad en un tema determinado, porque es un experto; o un sacerdote, por ejemplo, la tiene en asuntos religiosos. Pero fuera de la familia y los asuntos profesionales, resulta cada vez más difícil encontrar a alguien que pueda dar una opinión veraz y desinteresada de cualquier tema de la vida diaria. A través de este blog, yo creo haber conocido a unos cuantos, cuyas opiniones sí me interesaban y siempre me aportaban algo especial. Echo de menos esos intercambios, pero me temo que no compensan la cantidad de basura que llegaba de otras direcciones. Así que me temo que continuaremos como hasta ahora.
Música: estopa - como Camarón
Hablar en teoría es fácil y el papel lo aguanta todo, pero hasta que no vives las situaciones en tu entorno cercano no eres más que un aprendiz de todo, experto en nada. Aún así, hay gente que llega a los sesenta años con un desconocimiento de la realidad realmente asombroso. Además, ya que la simple idea de autoridad es molesta para muchos, supongo que es difícil que quieran otorgarsela a alguien de forma gratuita, sin ningún papel oficial por medio; ya que supone considerarse de algún modo inferior o subordinado a otra persona y humillarse.
Por eso, decían en otro post que las discusiones que realmente te afectan son las que tienes con gente a quien aprecias o con personas a las que has otorgado autoridad moral sobre tí. No las opiniones de gente que no sabe manejar su propia vida o que se dejan llevar por el viento que más sopla en cualquier momento, que son la mayoría. Hoy en día es difícil encontrar personas que sean dignos de esa consideración. Hay que ser realmente coherente y consecuente con uno mismo, sea cual sea tu filosofía de vida. Eso no significa que no puedan tener dudas o flaquear en un momento dado, puesto que son humanos.
Se puede valorar que alguien tiene autoridad en un tema determinado, porque es un experto; o un sacerdote, por ejemplo, la tiene en asuntos religiosos. Pero fuera de la familia y los asuntos profesionales, resulta cada vez más difícil encontrar a alguien que pueda dar una opinión veraz y desinteresada de cualquier tema de la vida diaria. A través de este blog, yo creo haber conocido a unos cuantos, cuyas opiniones sí me interesaban y siempre me aportaban algo especial. Echo de menos esos intercambios, pero me temo que no compensan la cantidad de basura que llegaba de otras direcciones. Así que me temo que continuaremos como hasta ahora.
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domingo, 12 de julio de 2009
Veinte años
El mundo yo me lo comía a los 20... La llevo 10 años de ventaja. Esta frase la he cogido de otro blog. Me ha hecho gracia, pero es una gran verdad. Es curioso cómo en la sociedad en que vivimos parece que la juventud se prolonga hasta los cuarenta años y, por tanto, entre un chico de veinte y un cuarentón apenas hay diferencia en teoría. Físicamente, puede que no se note a simple vista, pero mentalmente hay una distancia de veinte años de experiencia. Imaginaos todo lo que se aprende en las primeras dos décadas de vida, desde ser un bebé a todo un adulto. Las segundas dos décadas suponen afianzar esos conocimientos y, a poco que se viva, se acaba aprendiendo mucho de todo.
Por eso siempre digo que, en las parejas que se llevan más de diez años de edad, hay uno que controla la situación y otro que se deja llevar sin darse cuenta de la manipulación. El paso de una generación: el hecho de que yo pudiera tener en este momento hijos de más de veinte años; supone una diferencia de madurez que no se puede pasar por alto tranquilamente. Los primeros veinte años me parecieron interminables; los segundos se me han pasado volando. Tal vez por eso, yo misma a veces tengo la impresión de que fue anteayer cuando empecé a trabajar y cuando lo dejé, pero no es cierto.
Hoy en día, como todos nos hablamos de tú a tú, se ha perdido también el valor de la experiencia que, en algunos países "atrasados", sin embargo, sigue considerándose como algo importante y fundamental de la sociedad. Además, no hay que olvidar que las décadas corren tanto que, antes de que nos demos cuenta habrán pasado otros veinte años. Y, si para entonces, vosotros no tenéis hijos, todo el sistema económico mundial irá a la quiebra sin que podamos hacer nada por evitarlo. Porque estamos formando una pirámide inversa, donde unos pocos tendrán que mantener a millones en todo el mundo. El relevo generacional ya no está bien asegurado
Por eso siempre digo que, en las parejas que se llevan más de diez años de edad, hay uno que controla la situación y otro que se deja llevar sin darse cuenta de la manipulación. El paso de una generación: el hecho de que yo pudiera tener en este momento hijos de más de veinte años; supone una diferencia de madurez que no se puede pasar por alto tranquilamente. Los primeros veinte años me parecieron interminables; los segundos se me han pasado volando. Tal vez por eso, yo misma a veces tengo la impresión de que fue anteayer cuando empecé a trabajar y cuando lo dejé, pero no es cierto.
Hoy en día, como todos nos hablamos de tú a tú, se ha perdido también el valor de la experiencia que, en algunos países "atrasados", sin embargo, sigue considerándose como algo importante y fundamental de la sociedad. Además, no hay que olvidar que las décadas corren tanto que, antes de que nos demos cuenta habrán pasado otros veinte años. Y, si para entonces, vosotros no tenéis hijos, todo el sistema económico mundial irá a la quiebra sin que podamos hacer nada por evitarlo. Porque estamos formando una pirámide inversa, donde unos pocos tendrán que mantener a millones en todo el mundo. El relevo generacional ya no está bien asegurado
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
