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miércoles, 1 de diciembre de 2010

El cuento del grano de café

El otro día nos contaron un relato en la homilía de la misa de niños. Se trataba de un padre que hablaba con su hijo acerca de las dificultades de la vida. Fue a la cocina y le trajo una zanahoria y le dijo: parece que está muy dura, pero bastan unos minutos en cocción para que se quede blanda. Luego, le trajo un huevo y le dijo: parece que es muy frágil, pero bastan unos minutos en cocción para que se ponga duro. Finalmente, le trajo un paquete  de café y le dijo: tu debes ser como estos granos de café, que, cuando los cuecen sueltan su mejor aroma. Así, en las dificultades tienes que procurar sacar lo mejor de tí mismo. Algunos se ablandan, otros se endurecen demasiado, pero debes seguir siendo tú mismo.

Creo que es una gran enseñanza y muy difícil de seguir. Efectivamente, a veces los problemas te hunden, te vuelves demasiado sensible y ya no sirves para nada. Otras veces, te insensibilizan y ya todo te da igual. Lo ideal es saber sacar provecho de cualquier situación. Conseguir que, al menos el ambiente y las personas que te rodean no se vean demasiado perjudicados. Hay personas que, ante los problemas de cada día, exhalan realmente un aroma de pacificación, de esperanza y de paz. Me gustaría ser como ellos. Esa gente son aquellos que realmente han conseguido alcanzar un grado de madurez espiritual que, no sólo mejora sus vidas, sino que les permite ayudar a los demás.

viernes, 14 de mayo de 2010

¡Buena la hice!

No sé si os he contado alguna vez que soy bastante gafe. Sobretodo, por las cosas que digo. Basta que comente que "a estas horas no hay tráfico", para que empiece a haber un lío de coches tremendo. Si guardo la ropa de abrigo, vuelve el frío. Si lavo el coche, llueve. En todas mis celebraciones familiares ha llovido, y a veces incluso ha nevado. Total, que yo escribí un libro llamado "mi gran secreto de la felicidad" y ahora debería leermelo a ver si me convenzo a mí misma, porque me está costando bastante. Las circunstancias no ayudan, pero, sobretodo, soy yo la que me meto en el túnel y luego no sé salir. Ahora puedo decir eso de "médico, cúrate a tí mismo". No es que no esté satisfecha con mi vida, pero me afectan mucho los problemas ajenos.

Para poder ser realmente feliz necesitaría que a todos mis seres queridos les fueran bien las cosas. Pero, sin entrar en detalles, la verdad es que está resultando un año duro. Intento que no me afecte porque sé que eso sólo empeora la situación; pero el tema de la mascota ha sido la gota que colma el vaso, y no levanto cabeza. Por eso, estoy escribiendo poco y recuperando textos antiguos. Eso hace que entre menos gente en el blog. Pero, así son las cosas. Hay temporadas en que te sientes capaz de comerte el mundo y pletórico de inspiración; y otras, como ésta, en que, el simple hecho de levantarse de la cama cada mañana ya es un esfuerzo. Pero, como sé que no debo quejarme, espero volver a a ser yo misma pronto, y que sigáis ahí.

martes, 4 de mayo de 2010

La corteza del pan de molde

Tendría yo unos doce años, cuando descubrí con gran sorpresa que había gente que cortaba los bordes del pan de molde y los tiraba a la basura. En mi casa nunca hicimos tal cosa y ahora nos comemos hasta las tapas. De hecho, no tiramos ninguna comida, a no ser que esté claramente estropeada y suponga un riesgo para la salud. No puedo hacerlo. Es pensar en tirar algo y se me vienen a la cabeza las imágenes de los niños famélicos del tercer mundo de inmediato.

Lo que pasa en este país, es que hemos estado mucho tiempo tirando las cortezas del pan de molde y, no sólo en las familias adineradas, sino en todo tipo de hogares. Porque tomar el pan con bordes estaba mal visto; que era de poca clase, de pobretones. Así se escribe la historia. Por algo dicen que nuestro peor pecado es la soberbia. Va siendo hora de que aprendamos a no tirar la comida, a trabajar en serio y, sobretodo, a no pretender que otro venga a solucionar nuestros problemas.

domingo, 6 de diciembre de 2009

¿Es mejor así?

España se ha convertido en uno de los países donde más divorcios se producen al año. Tantos que me pregunto cuánto tardarán en ser mayoría las parejas divorciadas sobre las casadas. Ante estas situaciones siempre sale el comentario de "es mejor para los dos porque no podíamos seguir así". Pero estoy convencida de que al cabo de unos años, tal vez cinco, tal vez diez, la mayoría de ellos se arrepienten de haber dado ese paso y se preguntan si hicieron lo suficiente para evitarlo.

La convivencia no es fácil, menos todavía entre dos personas que pasan mucho tiempo juntas. Además el tiempo pasa y las circunstancias cambian obligando a cada cual a adaptarse, no sólo a sus propios problemas sino también los de su pareja. Se añade la falta de tiempo, el cansancio, el estrés, la preocupación por los hijos si los hay... y llega un momento en la vida de toda pareja en que te preguntas si vale la pena seguir luchando por entenderse.

Lo fácil es marcharse, abrir la puerta y no volver más. Lo cómodo es decir lo que piensas, no escuchar y zanjar el tema. Lo rápido es poner tierra por medio, firmar unos papeles y olvidar el pasado. Pero entonces estás tirando a la basura unos años, todo el cariño que pusiste en esa persona, toda la ilusión y los planes de futuro, a cambio de nada. Te espera un futuro incierto donde posiblemente no encuentres a nadie mejor y no vuelvas nunca a recuperar lo que tuviste.

Es fácil acabar una relación, lo difícil es quedarse, lo duro es intentar olvidar, perdonar y seguir adelante. Pero el éxito es para los luchadores, para los que no se rinden, para los que buscan puntos en común entre las desavenencias y se agarran a los buenos recuerdos, a lo que hemos vivido juntos. Las parejas que perduran no son las que tenían todo a favor, sino las que no tiran la toalla. El amor no es una loteria, es un trabajo diario.

No existe la relación perfecta ni la persona ideal que va a complementar todas tus necesidades. No hay rosas sin espinas ni es cierto que algunos no discutan nunca o no se peleen. Nadie está siempre de acuerdo, nadie se lleva siempre bien. La diferencia está en que algunos miramos adelante y no nos dejamos vencer por las dificultades. Ponemos la voluntad de querer por encima de todo y eso hace que todo compense. El premio es la felicidad.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Emociones

Creo que he aprendido mucho en la escuela de la vida. Por suerte, más por experiencia ajena que propia. Pero soy una persona de emociones muy intensas. No es tanto lo que te sucede sino el modo en que lo vives. Sé lo que sentirse sola e incomprendida por casi todos y no tener un amigo en quien confiar. Sé lo que es sentirse desbordada por las circunstancias y no poder más, pero tener que seguir adelante. Sé lo que es echar de menos sin esperanza y ver pasar los días, meses y años, todos iguales. Sé lo que es preocuparse por el futuro, sabiendo que no está en tu mano solucionar nada. Pero no se puede permitir que la emotividad gobierne tu vida. Hay que mantener siempre la cabeza en su sitio.

También he vivido muchas experiencias ajenas de los múltiples problemas que puede traer la vida: amor, celos, traición, desamor, alcohol, drogas, depresión, anorexia, apatía, extremismo, enfermedad, locura... Lo he sufrido como propio y he archivado todo en mi cabeza. Practicamente no existe situación que no haya vivido de un modo u otro. Y ahora además cuento con los testimonios de internet. A veces me gustaría no conocer nada y no sentirme capaz de opinar sobre ningún tema. A veces también a mí me invade el vacío y me pregunto si tantas emociones valen la pena. Entonces me pongo a rezar porque es lo único que me consuela y me ayuda a no perder la perspectiva de la realidad.

viernes, 10 de julio de 2009

Una generación deprimida

(Extracto de una carta al director)
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González

Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.

Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.

lunes, 30 de marzo de 2009

Tiritas para la vida

Parece ser que últimamente la humanidad ha decidido dedicarse a combatir las consecuencias de los problemas, pero no las causas. Así lavan su conciencia. Tenemos una gran provisión de tiritas, para no tener que evitar las heridas. Así, el banco mundial tiene un fondo de alimentación para paliar las grandes hambrunas, pero se ahorran de tomar medidas para evitar que se produzcan.

A nivel personal, existen multitud de complementos alimenticios para intentar proteger nuestra salud. Si estás estresado, te alimentas mal, fumas, bebes y no haces ejercicio..., ya no importa. Podemos tomar bífidus para reponer las bacterias del intestino, fibra, omega tres y soja. Entonces el cuerpo se acostumbra y depende de esas sustancias para siempre; y las causas siguen perjudicándonos igual. Sólo hemos conseguido dilatar el problema en el tiempo.

El otro día en un comentario dijeron que, para qué van a tener hijos los africanos, ¿para que vivan mal y acaben luchando como niños soldado en alguna guerra? En serio, he leído eso. Estoy de acuerdo, mejor que se extingan todos los pobres, que no dan más que problemas, que si me muero de hambre, que si necesito medicinas, que si quiero un campo de refugiados... Esto es un sarcasmo, por si alguien se lo había tomado al pie de la letra.

De verdad hay gente que piensa que "muerto el perro, se acabó la rabia". Si las niñas se quedan embarazadas, que aborten. Que los ancianos dan mucha pena y trabajo, eutanasia. Que casarse y tener hijos te complica mucho la vida, todos solteros. Es mucho más fácil y más barato seguir poniéndole tiritas al planeta; y no preguntarse nunca si existe otra solución más complicada, más dolorosa, pero mejor para todos.

Voy a correr caminos de verdad, voy a saltar montañas y encontrar, un nuevo sol, un blanco amanecer un hombre limpio, un mar, para poder creer. Me falta fe, me falta claridad. Me sobran mil silencios al hablar.
Quiero estallar los muros y creer que un día va a nacer lo que hoy ha muerto ya.
Cantando al silencio, matando la oscuridad, rompamos los muros que encierran a la verdad. Rasgando mentiras , sangrando los días, podemos llegar. (Mocedades)

jueves, 5 de marzo de 2009

Matrimonios

El otro día en televisión ponían un programa sobre los pueblos de la llamada sierra pobre de Madrid. Una reportera con un cámara entraba en el pueblo y buscaba alguien de allí que se lo enseñara. La mayoría de los habitantes que encontraba eran de la tercera edad, gente muy agradable y acogedora, que incluso les invitaban a sus propias casas. Algunos eran viudos y lo decían con tristeza, otros llevaban cuarenta o cincuenta años casados.

Les preguntaba la reportera por qué creen que los matrimonios ya no duran ahora y su respuesta fue muy clara: porque se aburren y se cansan enseguida. No porque actualmente tengan más problemas que antaño, más bien al contrario. Antes, y especialmente en estos pueblos, la gente vivía de la agricultura del ganado. Cuando había más para comer, lo guardaban, y cuando no había se alimentaban de embutidos y sobras. Estaban aislados durante meses.

Las parejas tendrían los mismos problemas que ahora, pero no tenían alternativa, así que aprendían a tolerar y perdonar y a no maltratarse. El trabajo y el cuidado de sus hijos tampoco les dejaba mucho tiempo libre para darle vueltas a la cabeza. Así que, con los años, la mayoría de ellos conseguían ser felices. Daba gusto ver las parejas de ancianos tomando el solecillo en un banco en la puerta de sus casas, disfrutando de la vida sin más.

Hay gente que se casa sin apenas conocerse realmente y luego resulta que son incompatibles, pero creo que son los menos. Creo que, si preguntaran a los del divorcio express, un tanto por ciento alto respondería que se arrepienten de haberse separado, que si hubieran tenido un periodo de reflexión, probablemente hubieran solucionado sus diferencias. Pero la vida sigue su curso y luego es difícil desandar lo andado.

Me recuerda al chiste: regalo ferrari porque tiene los ceniceros sucios. Pero no es tan fácil volver a encontrar otro ferrari (alguien que valga la pena), y si lo encuentras también estará usado. Cuando me dice la gente que tengo mucha suerte por conservar mi matrimonio, yo pienso que no es cuestión de suerte. Suerte de haberle encontrado, sí, pero mucho trabajo diario durante muchos años para adaptarnos el uno al otro y a nuestros hijos. Nada sale gratis.