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miércoles, 9 de marzo de 2011

Aquí estoy Señor para hacer tu voluntad

Esta frase de un salmo resume lo que significa tener Fe. No se es un creyente hasta que no estás dispuesto a dejar tu vida en manos de Dios. Eso cuesta mucho, porque a menudo no comprendes las cosas que te suceden y por qué te encuentras en una situación determinada. Pero tampoco yo comprendo las mitocondrias y sin embargo sé que existen y hacen su papel. La naturaleza de Dios es algo imposible de comprender por el hombre y sus designios son un misterio. Por eso repetir esta frase tiene precisamente mucho más valor. Plegarse a la voluntad de Dios supone estar dispuesto a seguir sus caminos. A cambio, el Espíritu Santo proporciona una paz imposible de conseguir por otros medios. Las personas que entregan toda su vida a Dios, lo hacen porque les compensa al ciento por uno.

Ante las dificultades y los problemas; ante el cansancio y el desánimo, éste debe ser nuestro lema. Un buen creyente sabe que su vida no puede estar más cuidada y que todo tiene un sentido, cuando se entrega completamente a la voluntad de Dios. Lo difícil a veces es descubrir exactamente en qué consiste esa voluntad. Por eso, es fundamental leer la Biblia, ya que allí están las palabras de Jesús y de todos los que le han precedido. También es importante escuchar a los sacerdotes, que son expertos en interpretar el mensaje. A partir de ahí, lo demás es instintivo. El alma suele saber lo que Dios espera de nosotros. Existe una moral natural impresa en cada persona y sólo hace falta aprender a conocerla y seguirla ciegamente.
Miércoles de ceniza.

martes, 8 de marzo de 2011

Las dificultades

Cuando oigo que Dios no existe porque hay miseria en el mundo, enfermedad e injusticia, siempre contesto lo mismo: el hombre vive en libertad en un mundo cambiante, pero de las situaciones difíciles también se aprende. Si nuestra vida fuera tan monótona que no tuviéramos nada que perder, no tendríamos ocasión de probarnos a nosotros mismos, de conocer otras opciones o experimentar otras sensaciones. Todo sería una sucesión de días iguales sin emoción alguna. Es cierto que hay emociones que preferiríamos ahorrarnos, la verdad; pero lo cierto es que se disfrutan más los buenos tiempos cuando has pasado por otros peores. Las dificultades nos ayudan a ser mejores personas, aunque sólo sea por llegar a comprender más los problemas ajenos.

Por ejemplo, mi marido tiene que viajar bastante y yo preferiría que no lo hiciera. Sin embargo, soy consciente de que esos viajes son necesarios y que aportan algo positivo a su vida. En mi caso, tampoco me viene mal tener que arreglarmelas sola de vez en cuando. Además, cuando regresa me llevo una gran alegría. Supongo que todo eso compensa los viajes.  Ocurre igual con la vida, que hay situaciones negativas de las cuales se acaba sacando algo positivo a la larga, cuando lo ves en perspectiva. Las dificultades nos ayudan a ser más tenaces y nos hacen más fuertes. No se debe renegar de nada en la vida porque de todo puede llegar a surgir algo bueno. Se aprende más de la experiencia que de ninguna otra cosa.

martes, 23 de noviembre de 2010

Los nuevos dioses

El hombre piensa que es más libre porque se ha liberado de Dios. No más mandamientos, no más normas morales, fidelidad, austeridad o recato. Pero ahora es más esclavo que antes, ya que ha sustituído a Dios por las cosas. Objetos, rutinas o actitudes que no puede dejar de lado. Adictos a las emociones; sólo son capaces de vivir en el presente. El resultado a largo plazo es el vacío existencial, porque ni la tele, ni el futbol, el ordenador, el trabajo, los amigos o los ligues están contigo siempre. Lo que se consigue con facilidad conduce al hastío; y cada vez se necesita más estímulo para lograr la misma satisfacción. Más dinero, más poder, más éxito; igual que cualquier drogadicto.

Los nuevos dioses son aquellas cosas que dominan nuestra vida sin que apenas nos percatemos. Es lo que sucede cuando tenemos una pérdida económica, el ordenador se avería o nos falla el plan de la noche. Nuestro mundo se viene abajo al caer los ídolos en los que se sustenta. La verdadera Fe es fuente de vida y de felicidad, con independencia de todas las circunstancias materiales. Por eso, han existido incluso ascetas que han renunciado a todo por Dios. Porque el amor divino y, por tanto, el amor al prójimo, es alimento suficiente para nuestro espíritu y, además es un pan que "el que come de este pan vivirá para siempre". Lo único que sacia realmente nuestra vida es el amor.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Creer en el amor

El problema de nuestra época no es que hayamos perdido la fe en Dios, es que hemos dejado también de creer en el amor. ¿Cómo comprender que una persona sea capaz de entregarse a la muerte, cuando ni siquiera pensamos que podríamos sacrificar nuestra casa, coche, nuestro estatus social o nuestro trabajo por amor a alguien? A amar también se aprende. En una sociedad donde sólo se valoran los derechos individuales y, especialmente, el derecho a pasarlo bien, libre de responsabilidades pasadas y futuras; el cristianismo provoca escándalo. Y no sólo la fe cristiana, sino cualquier religión o filosofía de vida que anteponga la relación con el prójimo a la consecuención de nuestro propio capricho.

El amor no es un don que se tiene o no se tiene, como quien le toca la lotería. Me molesta cuando me dicen que he tenido mucha suerte al elegir pareja y demás. No se trata sólamente de saber esperar a la persona adecuada. Después hay que superar las dificultades de cada día. Y eso, sólo se puede conseguir con un salto de fe: sabiendo que el amor es más fuerte que el espacio y el tiempo. Se ha pervertido el concepto de amor equiparándolo a cualquier tipo de relación casual con un objetivo hedonista. Se le han puesto límites y condiciones, como si se tratara de un contrato legal. Por eso, quedan tan pocos ya capaces de superar la prueba. Como dijo alguien: para querer, hay que querer querer. La voluntad y la fe en el amor hacen el resto.

lunes, 18 de octubre de 2010

Eros, philos y ágape

Son los nombres que recibe el amor en la filosofía griega. El caso es que eros es la atracción entre dos personas, especialmente tu pareja, philos viene a ser la amistad; mientras que ágape, es el amor divino que envuelve todas las cosas y los seres vivos. De modo que philos y eros son parte de ágape. Pasando a un plano científico, hace  tiempo que se sabe que lo que todos conocemos procede de unas energías surgidas tras el big bang. Se trata de la fuerza nuclear, la gravitacional y la electromagnética. Pero, según se avanza en las investigaciones, parece ser que todas constituyen una sola energía esencial, que forma parte de todo y lo cohexiona todo. Algunos lo llamamos Dios.

No soy la primera que dice - ni seré la última - que la fuerza que mueve el universo y lo único que realmente importa en nuestras vidas es el amor. Dios es amor. De manera que, al final, ciencia, filosofía y religión se engloban en un todo, se mire desde la perspectiva que se mire. Ese amor (ágape) se puede llegar a experimentar de muchas maneras. Algunos lo consiguen por el camino de la meditación y el misticismo. Otros lo buscamos en nuestra relación familiar y de pareja. Hay quien lo encuentra dedicándose a la causa de los necesitados o protegiendo la naturaleza, o incluso en las artes y la música. Da lo mismo por qué itinerario se haya llegado a la misma conclusión. El caso es que es la única posible.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Prohibido el romanticismo

Dice no sé qué informe que las películas románticas dan unas espectativas falsas sobre el amor. Parece ser que algunos no se creen que el amor pueda ser incondicional, que pueda suponer entrega total hasta la muerte; que supere la traición, el dolor y la indiferencia. Cree el ladrón que todos son de su condición y, aquellos a los que les ha ido mal, piensan que el amor verdadero no existe. Lo malo no es eso, - que es una pena -, sino que intentan convencernos a los demás de que sus fracasos eran inevitables porque el romanticismo es un timo para incautos. Como en la fábula de la zorra y las uvas, dicen que no las quieren porque están verdes. Pretenden que renunciemos a lo más valioso de la vida, sólo para no darles envidia; en una palabra, para no hacerles sentir mal. Es como quien pretende suprimir el día del padre porque es huérfano.

Pero siento tener que darles un disgusto: el amor es todo eso que sale en las películas, y mucho más. De hecho, los actores sólo se aproximan ligeramente a la profundidad de un sentimiento que ha sido el motor de la humanidad en toda su historia. El amor es mucho más hermoso, más puro, más fuerte, más grande, más poderoso, que todo lo que pueda imaginar un guionista de cine.

El amor es sufrido, es benigno; el amor no
tiene envidia, el amor no es jactancioso,
no se envanece; no hace nada indebido,
no busca lo suyo, no se irrita, no guarda
rencor; no se goza de la injusticia,
mas se goza de la verdad.
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera,
todo lo soporta. 

Las profecías se acabarán, cesarán las
lenguas y la ciencia se acabará, pero el
amor nunca dejará de ser.
Porque en parte lo conocemos y en parte lo
profundizamos; mas cuando venga el Amor 
perfecto, entonces lo que es en parte 
se acabará.

Y de los tres que ahora permanecerán,
la fe, la esperanza y el amor, el mayor
de ellos es el amor.


~Corintios 13~ 

 Quería escribir algo propio sobre el tema, pero la verdad es que, frente a estas frases de la Biblia, todo queda deslucido. No se puede negar el amor, porque es la mejor manera de no conocerlo nunca a fondo. El amor de los padres, los hijos, los amigos y, muy especialmente, el de los esposos es la manifestación de Dios entre los hombres. Viva el romanticismo.

domingo, 15 de agosto de 2010

Entre fantasmas

Se trata de una serie con temática religiosa donde, curiosamente, no se mencionan nunca las palabras: Dios, vida eterna o ángeles. La protagonista es una mujer que ayuda a pasar al "otro lado" a las almas de los muertos, atravesando una luz donde, a veces, pueden ver a sus seres queridos ya fallecidos. Hay otros espíritus que no quieren irse, porque prefieren quedarse y acumular poder a costa de las emociones negativas ajenas, pero a éstos tampoco los llaman demonios. La actriz que hace de Melissa tiene el mérito de ser capaz de llorar en todos los episodios. Debe tener los ojos destrozados. La serie resulta emotiva porque explora los sentimientos de los personajes. Aún así, realmente los guionistas tienen una imaginación inagotable, ya que lleva ya seis temporadas con un argumento tan básico. El caso es que yo la veo. Me resulta entretenida y suele tener un mensaje optimista y un final relativamente feliz, dentro de lo que cabe.

Sin embargo, no deja de llamarme la atención que se dedique una serie a hablar sobre la resurrección de las almas desde un punto de vista agnóstico. Tal vez lo siguiente sea que los programas de deporte los presenten personas a quienes el tema no les atraiga lo más mínimo; o podrían hacer documentales de animales para ilustrar a los cazadores; o sobre ciudades extranjeras que no nos gusten en absoluto... Aún así, prefiero ver una serie que admite la posibilidad de vida después de la muerte, aunque se trate de una versión atípica. Los protagonistas son agradables, las tramas son entretenidas y profundiza en el mundo de las emociones. El único problema es que, con tantas temporadas, ponen los episodios revueltos y, para quien no haya seguido la trama desde el principio, resulta algo complicado entenderla.

jueves, 10 de junio de 2010

Televisiones laicistas

Estaba viendo el canal internacional de televisión española cuando escucho esta noticia. Unos inmigrantes ilegales estaban intentando saltar un muro de muchos metros para entrar en EE.UU. con la ayuda de las mafias de la frontera. Algunos de ellos estaban rezando. Así que la periodista añade de su propia cosecha, o la del que escribe los guiones: "y otros se preguntan dónde estaba Dios para los ciento y pico inmigrantes que han muerto intentando cruzar al otro lado". Nadie le ha dicho nada parecido, porque además los mexicanos siguen siendo mucho más creyentes y practicantes que nosotros; y si le hubieran oído, se enfadarían. Pero había que meter la puya, -cómo no- para tratar de ridiculizar la conducta de los que rezan.

Ese concepto infantil de la divinidad está cada vez más extendido. Hablamos de Dios, el que hizo el planeta Tierra y todo el Cosmos conocido y desconocido. Es decir, de alguien que no está pendiente de las vicisitudes de la vida de cada ser humano; especialmente porque Él ve las almas y sabe perfectamente quién ha hecho bien o mal o por qué. Existe un concepto de libertad que a algunos no les entra en la cabeza. El libre albedrío supone que somos libres de arriesgar nuestra vida, fumando, o intentando cruzar unas alambradas. Lo que juzga Dios son nuestras buenas o malas intenciones. A partir de ahí, también somos libres de rezar para pedir su ayuda o su intercesión en nuestra causa, pero eso no quiere decir que Dios esté obligado a apoyarnos.

Sin embargo, no es la primera vez ni será la última que leo o escucho comentarios intentando culpar a Dios de que nos duela una muela o reprocharle el hambre en el mundo. Todo con tal de no aceptar nuestra propia responsabilidad en los hechos. El hombre es el administrador de la Tierra. Si las riquezas están mal distribuídas, nos correponde intentar solucionarlo. En cuanto a los desastres naturales, como su nombre indica son parte natural del escenario donde nos ha tocado vivir. Dios no es un anciano de barba blanca que se sienta en su trono a marcar en una pizarra qué nos toca vivir a cada uno. Simplemente, espera que cada cual aprenda a ser mejor dentro de sus propias circunstancias.

miércoles, 14 de abril de 2010

No me acostumbro

Veintiun años y todavía no me he hecho a la idea de que, de vez en cuando, mi marido tenga que viajar. Desaparece de mi vida durante dos o tres días. Veo sus papeles a mi alrededor, lavo su ropa, ordeno sus cosas. Me acuesto sola en una gran cama. Eso es lo que llevo peor; así que espero a tener mucho sueño, para no pensar. Me pregunto cómo hacía antes de conocerle. Es diferente. Quiero mucho a mis padres, pero sé que tienen su propia vida. Adoro a mis hijos, pero sé que algún día se irán. Mi marido es el compañero de mi vida. Suena antiguo, suena cursi, pero es así. Qué le voy a hacer. Me horroriza pensar que algún día tendremos que separarnos y uno de los dos seguirá su camino solo. Espero no ser yo. Miro las fotografías y, a veces, pienso que yo nací el día que le conocí. Entonces empecé realmente a vivir.

Me mata la idea de que pueda dejar de quererme o querer a otra; aunque sé que a todo se sobrevive, porque no te queda otro remedio. Quiero tenerle cerca, coger su mano. No necesito más que saber que está ahí conmigo. Quiero envejecer a su lado. Ver crecer a nuestros hijos y nietos. Ver amanecer y ponerse el sol. Le necesito junto a mí en los días de lluvia y frío, en los de bochorno estival; y también en aquellos que parecen haber sido creados para disfrutar. Me gustaría que todo el mundo sintiera algo así al menos una vez en la vida. Me da mucha pena oir y leer tantos testimonios de gente que cree que el amor es algo temporal, que dura lo que dura y deja un recuerdo. El amor es mucho más que eso. El amor es la comunión con la Divinidad.

lunes, 18 de enero de 2010

Un poco de historia de la humanidad

Si nuestro planeta fuera un sitio tan plácido como Pandora de la película Avatar, el ser humano nunca hubiera evolucionado hasta donde estamos hoy. Fueron precisamente las dificultades las que llevaron a los organismos unicelulares a volverse pluricelulares. Más tarde la evolución hizo posible la existencia de invertebrados, vertebrados, aves,peces, reptiles, anfibios y mamíferos. Fueron las circunstancias geológicas y climáticas las que favorecieron la aparición del homo sapiens. Antes que nosotros, los neanthertales habitaron la tierra durante cien mil años años. Los homo sapiens apenas llevamos unos venticinco mil, de los cuales sólo se tiene conocimiento de los últimos cinco mil años.

La Tierra sólo es un pequeño planeta probablemente entre millones en el universo. Suponiendo que Dios existe no estaría pendiente sólo de uno. Pero ante todo está el concepto de libre albedrío. Es decir, que no somos marionetas en manos del Todopoderoso. Eso revela una visión de la religión bastante infantil, propia de quien dejó la catequesis después de la Comunión y no ha vuelto a pensar en ello. Nuestro Dios no es un Zeus que juega con las placas tectónicas cuando se aburre. El hombre tiene libertad de acción y decisión, pero naturalmente está a merced de las leyes de la naturaleza, aunque algunos se hayan creído que ya no nos afectan.

El pecado original es la soberbia: creerse como Dios. Pero la naturaleza de vez en cuando viene a darnos una patada en la espinilla y recordarnos que en este juego no somos más que aficionados. La tragedia de Haití es una más de las que asolan la Tierra. Mientras escribo estas líneas cientos de personas siguen muriendo de hambre, de enfermedades curables o en conflictos armados olvidados en todas partes del planeta, pero ya no son noticia. Tampoco esto será noticia en dos semanas. Por eso he decidido escribir de nuevo mientras a alguien le importe todavía. No puede ser que cualquier problema se convierta en excusa para atacar a los creyentes o desarrollar utopías que quieran salvar a la humanidad a costa del propio hombre.

Hace tiempo leí un libro de ciencia ficción en el que todos los seres humanos habitaban una gigantesca ciudad y no salían nunca de allí. Dentro tenían todo lo que necesitaban y estaban seguros. Todos vestían igual y comían lo mismo. Pero no eran felices. Les faltaba la incertidumbre, la aventura y el peligro. Parece que algunos también pretenden crear un nuevo orden mundial donde todos sigamos las consignas de un único estado. Eso ya se ha intentado antes y ha sido desastroso. Se olvidan de la libertad. Tal vez en Haití no hubiera muerto nadie si tuvieran edificios especiales como los de Japón, pero entonces ya no sería Haití, sería otro Japón más pequeño.

Si algunas personas prefieren vivir en la selva de la recolección y la caza, mientras otros se dedican a vagar por el desierto, es posible que no tengan educación ni sanidad, pero son felices así y no tenemos ningún derecho a cambiar sus vidas según nuestro modelo ideal. Siendo así, es inevitable que pasen épocas de hambruna si escasea la caza o sufran fenómenos naturales como sequía o inundaciones. La comunidad internacional debería estar preparada para ayudar en esos casos con rapidez y eficacia, pero sin intentar interferir en sus propias decisiones. Ni Dios tiene la culpa de los terremotos, ni los hombres tenemos capacidad para impedirlos. Sólo nos queda intentar aprender algo de todo ello.

sábado, 16 de enero de 2010

Haití y la inercia del planeta

He escrito esto, sin que sirva de precedente.
12 de mayo de 2008.- Wenchuan, China, es el epicentro de un sismo de 7,8 grados, que deja 90.000 muertos. Sin embargo, de ese terremoto apenas tuvimos noticias porque no permitían entrar a los periodistas.

Hay quien ya está buscando culpables frente a la tragedia de Haití. Unos a la Iglesia, como no, malinterpretando unas declaraciones. Pero no hay que olvidar que ese país, por ser uno de los más pobres del mundo, estaba lleno de religiosos intentando ayudar. Muchos de ellos han muerto también en el terremoto.

Otros quieren echarle la culpa directamente a Dios, ¿por qué no?, que si es misericordioso cómo permite estas cosas. Se olvidan de que la naturaleza tiene unas leyes y el hombre se relaciona con su entorno libremente. Supongo que hace falta que explique que las dificultades han hecho evolucionar al ser humano desde hace milenios.

Esto me lleva al tema de la inercia: la tendencia de un objeto a permanecer en su estado de reposo o movimiento si no hay ninguna fuerza que lo impida. Muchos están subestimando la inercia de la naturaleza y del propio ser humano. Esos que creen que el hombre es capaz de manipular el planeta a su antojo.

Primero fue... el efecto invernadero, que nos íbamos a helar todos; luego, el agujero de la capa de ozono, que nos íbamos a freir; luego el cambio climático, y nos vamos a ahogar; por no hablar de la gripe A, que la mitad de lo que lean esto deberían estar ya muertos.

La naturaleza se ha recuperado ya de cosas mucho peores, meteoritos, glaciaciones, épocas sísmicas de siglos... También el hombre ha pasado por la gripe española, la peste porcina, la malaria, el sida... y mal que bien, aquí seguimos. Quién sabe si un milenio más o cuatro días. Eso es imposible de predecir.

Quien quiera creer en teorías fantásticas sobre la aniquilación del planeta o el ser humano es muy libre de hacerlo, siempre que no pretenda con eso cambiar el orden político y moral a su conveniencia. Mientras algunos seguiremos confiando en los designios de la Providencia y rezando por las víctimas.

jueves, 1 de octubre de 2009

Creyente, cristiano y católico

En este país somos muy dados a los extremos. Ya me he acostumbrado a que me califiquen de beata sólo porque voy a misa. Sin embargo, estuve sin ir muchos años y no por ello era menos católica. La fe se lleva en el corazón y es independiente de que queramos compartirla o vivirla en privado. Como ocurre con todo, también hay niveles en la religión. Un creyente es aquel que cree que existe otra vida después de ésta. Es algo que no le compromete a nada. Igual que hay personas que pensamos que debe haber vida extraterrestre, sólo por una cuestión de probabilidades. El mismo Einstein dijo que la materia y la energía son la misma cosa, dándonos un argumento más a los que pensamos que nos somos sólo carne y hueso, sino que también contenemos esa energía llamada espíritu que, al morir, simplemente se libera y vuelve unirse al todo, a Dios.

El paso siguiente consiste en considerarse cristiano. Toda persona que admira la figura de Jesucristo y piensa que podría ser más que un simple ser humano, es cristiano. Ser católico implica ya más temas: admitir que María pudo ser virgen, que el Papa es el representante de Jesús en la Tierra, que la Iglesia tiene una labor positiva en nuestras vidas y la sociedad... También hay niveles entre los católicos. Yo he tenido una evolución vital a través de la oración y la meditación de la Biblia, de ser sólo creyente a católica convencida. Es un proceso que cualquiera puede iniciar en cualquier momento de su vida. Nunca es tarde para poner tu confianza en Dios y pedirle que guíe tus pasos por esta vida.

Música: la union - vuelve el amor

viernes, 29 de mayo de 2009

El alma

Director de la revista Time, el periodista Walter Isaacson es el autor de Einstein, su vida y su universo, la biografía más completa del genio.

"¿Era esta sensación de orden absoluto en el Universo lo que le hizo defender la existencia de Dios?

Sí, al final de su vida escribió varios ensayos diciendo que ciencia y religión eran compatibles. Él no iba a la sinagoga, ni creía en la inmortalidad, ni en un dios personal que te observa y rompe las leyes de la física si se lo pides, pero sí tenía un sentimiento religioso y no soportaba que los ateos le identificaran con su causa. Una vez dijo: "Creo en el Dios de Spinoza, que se revela en la legítima armonía de todo lo que existe". Para Einstein había un espíritu manifiesto en las leyes del Universo, y esa era su esencia de Dios".

Cuando Einstein explicó la posibilidad de que la materia y la energía sean una misma cosa, en cierto modo estaba demostrando la propia Biblia. Cómo la energía (Dios) pudo crear la materia y ésta, al amorir, se vuelve a transformar en energía. Es decir: resucita. Dicen los científicos que todo cuanto conocemos se reduce a tres fuerzas fundamentales: la nuclear fuerte, la nuclear débil y la electromagnética, que, a su vez, probablemente se concentran en una sola fuerza. En cuanto al Big Bang, aún suponiendo que universo haya surgido a partir de una partícula infinitesimal, siguen existiendo las mismas cuestiones: ¿de dónde salió esa partícula?, ¿quién la puso ahí? y ¿quién la hizo estallar?. Los avances de la ciencia siempre acaban en un punto muerto que, lejos de descartar la existencia del alma, más bien la confirma.

Para ver el alma basta con mirar a los ojos de cualquier animalillo agradecido. Esa lealtad, ese amor incondicional, es la presencia de Dios mismo. También se siente en la mirada de los niños pequeños, antes de que los descubrimientos de cada día les hagan olvidar sus primeros sentimientos. El alma permanece cuando el cuerpo muere y en ocasiones podemos sentir su presencia si mantenemos a la persona en nuestro recuerdo. Es lo único que hace que seamos como somos; no nuestros genes, ni nuestras hormonas o las influencias externas. Lo que realmente nos diferencia de cualquier otro ser vivo es nuestra esencia vital, que nunca se podrá reproducir ni clonar.

Hay gente a quien se le muere un perro, por ejemplo, e inmediatamente se compra otro. Yo nunca quise otro perro cuando murió mi compañero durante dieciseis años. Podría ser parecido físicamente al otro, pero nunca tendría la misma "personalidad". Su alma será siempre inconfundible para mí, como la de todas las personas y seres vivos que he tratado.