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jueves, 27 de mayo de 2010

Aprender de los errores

Hay gente que se queda bloqueada por una decisión equivocada que tomó en su momento. La vergüenza o el arrepentimiento pueden ser algo muy destructivo. Es necesario aprender que todos cometemos errores, algunos muy graves. Es imposible pasar por la vida sin traicionar en un momento dado tus ideas o a aquellos a los que más quieres. En las relaciones entre padres e hijos es donde más se nota esta situación. Te pasas la vida lamentando situaciones del pasado que ya no tienen remedio y pensando en qué medida podrá esto afectar a tus hijos en el futuro. Pero, si son gente madura, las dificultades deberían haberlos hecho más fuertes. No es tanto lo que nos pasa, sino la manera que tenemos de afrontarlo.

En ese sentido, yo no soy ningún ejemplo. Siempre he sido débil, tanto física como psicológicamente. Los problemas a menudo me desbordan y me siento incapaz de seguir adelante. Entonces me avergüenzo de mí misma, lo cual no hace más que agudizar mi bloqueo emocional. No puedo evitar ser como soy, pero lucho porque al menos mis hijos no caigan en este círculo vicioso. La autocompasión y la autoinculpación, tal vez tienen sentido en un momento dado, pero no sirven de nada a largo plazo. Hay que aprender del pasado para poder construir un futuro mejor, y, sobretodo para no caer otra vez en las mismas actitudes que no llevan a ninguna parte.

martes, 18 de agosto de 2009

El albaricoque

Una vez dije que me sentía como un albaricoque. Es muy fácil arañarme y que quedan las cicatrices, pero tengo un hueso dentro. A veces me sorprende lo fuerte y lo frágil que soy al mismo tiempo. Yo, que me emociono hasta con los dibujos animados, que sufro cuando se me muere una planta; sin embargo, me siento muy capaz de continuar escribiendo todos los días de mi vida, aún sabiendo que voy a ser el centro de las críticas de muchos. Ya se sabe que, en tiempos de persecución, es precisamente cuando se recupera la Iglesia. Cuando parece que todo va bien, la moral se relaja y también las convicciones. Las dificultades sacan lo mejor y lo peor de cada uno y, en mi caso, me fortalecen, aunque en algún momento me sienta sola contra el mundo.

Ser madre también te hace más fuerte. Cargar con la responsabilidad de la salud y educación de otra persona (en mi caso tres), te obliga a olvidar las comodidades y vencer el agotamiento. Si me hubieran dicho lo que yo sería capaz de hacer, no me lo hubiera creído. De niña vivía en mi mundo de libros y era una espectadora de la vida bastante pasiva. Desde hace veinte años, me convertí en personaje principal y ya no me relajo ni cuando duermo. Creo que todo ello me ha servido de aprendizaje para no dejarme abatir por las dificultades, por las noticias adversas, los canales de televisión tendenciosos y el ambiente libertino. Mi hueso sigue en buen estado, pero no puedo dejar que sigan arañando me día tras día. Por eso, creo que tampoco voy a abrir los comentarios en septiembre. Pero siempre podéis encontrarme en el correo y seguiré comentando a los que no me digan otra cosa.