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martes, 12 de abril de 2011

Cristianismo y cultura

Tengo muchas ideas en la cabeza pero poca inspiración. La verdad es que no acabo de centrarme. Quería hablar por ejemplo sobre la cultura occidental y, muy especialmente, la española. Una cultura para una sociedad que hunde sus raíces en el cristianismo. No se explica la literatura, ni el arte, ni la historia de Europa sin los ideales religiosos que han marcado ochenta generaciones. ¿Cómo he hecho el cálculo?. A cuatro generaciones cada siglo, por veinte siglos. Dos mil años de historia, en los que la vida social, política y personal de los europeos no se entendía sin tener en cuenta el cristianismo. En él está el origen de la democracia actual, los derechos humanos y todos los logros sociales conseguidos. Por él se ha logrado el progreso que nos ha traído hasta aquí.

Ésa es la causa de que otras culturas, basadas en el Islam o en múltiples deidades, no hayan conseguido salir del subdesarrollo. Su concepción del mundo es un lastre a la hora de cambiar. Sin embargo, los cristianos siempre estamos abiertos al cambio y a intentar mejorar nuestras condiciones de vida y las del prójimo. Es una religión abierta y tolerante. Precisamente por eso, hemos caído también en la trampa del laicismo y la ideología de género que amenaza con destruir el mismo pilar de nuestra sociedad: la familia. Pero, no se puede acabar con veinte siglos de historia como si se tratara de algo pasado de moda, como los pantalones campana. Renunciar al cristianismo supondría renegar de nuestras propias raíces.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter: la buena literatura

Cuando se habla de escritores buenos, no se suele incluir las novelas, menos aún las consideradas literatura juvenil. Los libros que pasan a los anales de la cultura suelen ser serios, intelectuales y a menudo, ininteligibles. Son obras aptas para unos pocos lectores privilegiados que son capaces de captar sus matices, y otra gran cantidad de personas que asegurarán haberlas leído y haberlas comprendido, aunque no sea cierto. Nunca se oye decir, por ejemplo, que El señor de los Anillos sea una gran obra de la literatura universal y, sin embargo, tiene méritos sobrados para ser considerada así. Sólamente le falla una cuestión: que se trata de unas novelas del género de fantasía y, por tanto, no entran en la clasificación.

Ocurre lo mismo con Harry Potter. Considerado lectura infantil, aunque, desde luego, no es apto para niños pequeños; encierra todo un mundo de matices psicológicos y sociológicos que, ya de por sí, justifica que se considere como una saga de calidad. Pero nunca alcanzará esa categoría - no al menos en este siglo - porque se trata también de fantasía, no investiga temas históricos con más o menos acierto, no introduce opiniones políticas con algún disimulo, ni pretende modificar los valores en los que se funda nuestra sociedad. Es simplemente la historia de un adolescente, con sus inseguridades, sus complejos y sus miedos; pero con una misión en la vida: defender el bien y la justicia. Sólo por eso ya vale la pena su difusión.

Además tiene el enorme mérito de haber acercado a la lectura a millones de chicos de todo el mundo. Son unos libros que gustan igual a jóvenes que a adultos. Cualquiera puede sentirse identificado con el protagonista y sus compañeros. También subraya el valor de la amistad y el compañerismo; favorece también el arrepentimiento y el perdón. En otras palabras, toda la saga tiene un aspecto muy positivo, siendo al mismo tiempo realista e imaginativa; con mucha acción pero sin descuidar los sentimientos; una historia que te mantiene enganchado desde la primera novela hasta la última, mientras sus protagonistas y los actores que los interpretan van evolucionando como su propia vida..

sábado, 18 de julio de 2009

Libros infantiles

Dice una encuesta que los niños leen más que los adultos. Naturalmente, a la fuerza. Sin embargo, los libros que les obligan a leer en los colegios no les interesan ni es probable que los aficionen a la lectura. Cuando era pequeña, nos hacían leer literatura clásica que, a menudo, resultaba ser aburrida para nosotros. Sin embargo, esas obras tenían una calidad indiscutible, porque con el tiempo, generalmente, sólo subsiste lo que vale la pena.

Los libros que leen los niños son de unas editoriales muy conocidas que supongo que hacen un gran negocio con ellos. Los escritores, cuyos libros recomienda el ministerio, tienen ya la vida solucionada. Pero esos libros, casi siempre, contienen tramas y argumentos de adultos adaptados, teóricamente, a la mentalidad infantil y sin substancia. La realidad es que, en el mejor de los casos, no captan el sentido de la historia. En los peores, reflejan comportamientos inadecuados o historias tristes y desagradables que les dejan un mal sabor de boca.

Los cuentos infantiles de toda la vida ya no se llevan, porque dicen algunos que son sexistas. Yo sólo sé que crecí con esos cuentos y, aunque yo no soy un ejemplo de ello, casi todas mis compañeras de curso estudiaron una carrera y son económicamente independientes. Mis hijos se aficionaron a la lectura a través de Enid Blyton y todavía hoy sigue siendo la lectura favorita de la pequeña. A pesar de que pertenecen a otra época y costumbres ajenas, siguen enganchando a los niños como antes. Luego están los libros de fantasía y Harry Potter, que son más para adolescentes. Ahí sí se pueden encontrar historias interesantes.

Los libros de texto no han sufrido apenas cambios en el tiempo. Siguen utilizando un lenguaje demasiado técnico y formal, incluso los de primaria. Ya me imagino que las personas que los escriben son gente culta, pero no tiene sentido obligar a los niños a aprender párrafos enormes que apenas entienden. Así, en cuanto tengan ocasión, abandonarán el hábito de la lectura y nunca más lo echarán de menos en sus vidas, especialmente si tampoco ven a sus padres leer en casa. Por suerte, de vez en cuando encuentro algún libro infantil que realmente vale la pena, pero no suelen ser de los recomendados o de los más conocidos.

Música: El canto del loco. Peter Pan