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viernes, 20 de agosto de 2010

Mezcolanzas en televisión

Hay muchas cosas que no entiendo de la televisión actual. Por ejemplo, por qué te sueltan un montón de noticias serias y, de pronto, te meten la promoción de la última película o canción de moda. No se puede pasar de un atentado con muertos a una frivolidad sin sentido. Además, ¿les pagan por hacer publicidad en las noticias o lo hacen por otras razones?. Me parece una falta de respeto, la verdad, hacia el telespectador, pero sobretodo hacia los protagonistas del día -muchas veces, a su pesar. Parece que piensan que es bueno suavizar la realidad para animar a la gente. Pero, para eso están los programas de entretenimiento, no los telediarios. La realidad es la que es y no conviene frivolizarla, restándole valor al mezclarla con temas banales.

Luego están los canales temáticos infantiles. Todos ellos emiten series y dibujos que valen la pena, junto a otros que son una porquería. Tan pronto ponen los episodios de Phineas y Pherb, -que son realmente buenos-, como otras series que no quiero ni nombrar, donde el mal gusto y la falta de educación son la norma. Esto me hace pensar una cosa: o bien tienen una absoluta falta de criterio; o bien pretenden que, de ese modo, nos acostumbremos a todo y todo nos parezca bien. Es el caso de los niños que ven la televisión solos, sin un adulto que les ayude a distinguir lo positivo de lo negativo. Hay que tener mucho cuidado con la televisión y aprender a escoger entre lo valioso y lo inútil o perjudicial.

sábado, 10 de abril de 2010

Internet y las noticias

Estaba en un bar tomando café, sola, como de costumbre, cuando escuché una conversación entre varias personas. Decía que ya no compran periódicos porque éstos traen las noticias del día anterior, mientras que en internet estamos al día con los sucesos que acaban de ocurrir. Sin embargo, eso también es un arma de doble filo. Existe un cierto consumismo informativo, de modo que, ya no nos basta con tener una idea aproximada de la actualidad; hay que saberlo todo con pelos y señales. Total, ¿para qué?, los hechos no van a cambiar a nuestro gusto. Además, las noticias suelen tener una interpretación según el medio que las difunde, de manera que, si no contrastamos, es difícil sacar una idea objetiva. Y por supuesto, la mayoría de la gente no se molesta en leer varias versiones de un mismo asunto.

Demasiada información, desinforma. No es bueno dejar que nos digan todo el tiempo lo que tenemos que saber y lo que tenemos que opinar sobre cualquier cuestión. Así se explica la repercusión desmedida que tuvo la supuesta epidemia de gripe A y las cantidades ingentes de dinero que se invierten en temas "populares", mientras otros más serios y urgentes no consiguen fondos, porque no han salido en las noticias. El poder de la prensa es uno de los más peligrosos que existen, Bien utilizado puede hacer grandes cosas, pero no sería la primera vez que se usa para incitar al odio racial y la discriminación. Actualmente la Iglesia es la principal víctima de esto. Por eso, pasarse las horas viendo noticias no sólo es una pérdida de tiempo, sino que puede llegar a convertirse en un problema.

lunes, 18 de enero de 2010

Un poco de historia de la humanidad

Si nuestro planeta fuera un sitio tan plácido como Pandora de la película Avatar, el ser humano nunca hubiera evolucionado hasta donde estamos hoy. Fueron precisamente las dificultades las que llevaron a los organismos unicelulares a volverse pluricelulares. Más tarde la evolución hizo posible la existencia de invertebrados, vertebrados, aves,peces, reptiles, anfibios y mamíferos. Fueron las circunstancias geológicas y climáticas las que favorecieron la aparición del homo sapiens. Antes que nosotros, los neanthertales habitaron la tierra durante cien mil años años. Los homo sapiens apenas llevamos unos venticinco mil, de los cuales sólo se tiene conocimiento de los últimos cinco mil años.

La Tierra sólo es un pequeño planeta probablemente entre millones en el universo. Suponiendo que Dios existe no estaría pendiente sólo de uno. Pero ante todo está el concepto de libre albedrío. Es decir, que no somos marionetas en manos del Todopoderoso. Eso revela una visión de la religión bastante infantil, propia de quien dejó la catequesis después de la Comunión y no ha vuelto a pensar en ello. Nuestro Dios no es un Zeus que juega con las placas tectónicas cuando se aburre. El hombre tiene libertad de acción y decisión, pero naturalmente está a merced de las leyes de la naturaleza, aunque algunos se hayan creído que ya no nos afectan.

El pecado original es la soberbia: creerse como Dios. Pero la naturaleza de vez en cuando viene a darnos una patada en la espinilla y recordarnos que en este juego no somos más que aficionados. La tragedia de Haití es una más de las que asolan la Tierra. Mientras escribo estas líneas cientos de personas siguen muriendo de hambre, de enfermedades curables o en conflictos armados olvidados en todas partes del planeta, pero ya no son noticia. Tampoco esto será noticia en dos semanas. Por eso he decidido escribir de nuevo mientras a alguien le importe todavía. No puede ser que cualquier problema se convierta en excusa para atacar a los creyentes o desarrollar utopías que quieran salvar a la humanidad a costa del propio hombre.

Hace tiempo leí un libro de ciencia ficción en el que todos los seres humanos habitaban una gigantesca ciudad y no salían nunca de allí. Dentro tenían todo lo que necesitaban y estaban seguros. Todos vestían igual y comían lo mismo. Pero no eran felices. Les faltaba la incertidumbre, la aventura y el peligro. Parece que algunos también pretenden crear un nuevo orden mundial donde todos sigamos las consignas de un único estado. Eso ya se ha intentado antes y ha sido desastroso. Se olvidan de la libertad. Tal vez en Haití no hubiera muerto nadie si tuvieran edificios especiales como los de Japón, pero entonces ya no sería Haití, sería otro Japón más pequeño.

Si algunas personas prefieren vivir en la selva de la recolección y la caza, mientras otros se dedican a vagar por el desierto, es posible que no tengan educación ni sanidad, pero son felices así y no tenemos ningún derecho a cambiar sus vidas según nuestro modelo ideal. Siendo así, es inevitable que pasen épocas de hambruna si escasea la caza o sufran fenómenos naturales como sequía o inundaciones. La comunidad internacional debería estar preparada para ayudar en esos casos con rapidez y eficacia, pero sin intentar interferir en sus propias decisiones. Ni Dios tiene la culpa de los terremotos, ni los hombres tenemos capacidad para impedirlos. Sólo nos queda intentar aprender algo de todo ello.