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domingo, 15 de agosto de 2010

Entre fantasmas

Se trata de una serie con temática religiosa donde, curiosamente, no se mencionan nunca las palabras: Dios, vida eterna o ángeles. La protagonista es una mujer que ayuda a pasar al "otro lado" a las almas de los muertos, atravesando una luz donde, a veces, pueden ver a sus seres queridos ya fallecidos. Hay otros espíritus que no quieren irse, porque prefieren quedarse y acumular poder a costa de las emociones negativas ajenas, pero a éstos tampoco los llaman demonios. La actriz que hace de Melissa tiene el mérito de ser capaz de llorar en todos los episodios. Debe tener los ojos destrozados. La serie resulta emotiva porque explora los sentimientos de los personajes. Aún así, realmente los guionistas tienen una imaginación inagotable, ya que lleva ya seis temporadas con un argumento tan básico. El caso es que yo la veo. Me resulta entretenida y suele tener un mensaje optimista y un final relativamente feliz, dentro de lo que cabe.

Sin embargo, no deja de llamarme la atención que se dedique una serie a hablar sobre la resurrección de las almas desde un punto de vista agnóstico. Tal vez lo siguiente sea que los programas de deporte los presenten personas a quienes el tema no les atraiga lo más mínimo; o podrían hacer documentales de animales para ilustrar a los cazadores; o sobre ciudades extranjeras que no nos gusten en absoluto... Aún así, prefiero ver una serie que admite la posibilidad de vida después de la muerte, aunque se trate de una versión atípica. Los protagonistas son agradables, las tramas son entretenidas y profundiza en el mundo de las emociones. El único problema es que, con tantas temporadas, ponen los episodios revueltos y, para quien no haya seguido la trama desde el principio, resulta algo complicado entenderla.

sábado, 24 de abril de 2010

El mundo de J.K. Rowling

Hace tiempo, alguien a quien considero un amigo, me dijo que yo era una friki por leer a Harry Potter. Sí que lo soy, pero, si ser rara significa que no me gusta limitarme a lo conocido, creo que estoy orgullosa de serlo. Sería incapaz de pasarme los días discutiendo sobre moda o las vidas de los famosos. Igualmente, de haber nacido hombre, no podría limitarme a hablar de futbol. No es casualidad que, desde niña ya que me apasionaran los libros y me sumergiera en ellos olvidándome de la realidad. Hacía tiempo, sin embargo, que una novela no conseguía captar mi atención, cuando llegó a mis manos la primera entrega de Harry Potter. Desde el principio, consiguió revivir esa sensación indescriptible de ser parte de la trama y de los personajes. Es mucho más que el argumento de la obra. Es una transmisión de sentimientos.

Resulta fácil identificarse con Harry Potter. Muchos hemos sido aquel compañero de curso a los que los demás consideraban extraño. Muchos hemos soñado con salir del anonimato y convertirnos en los héroes de la historia. Harry Potter representa a todos los frikis del mundo y todo los que alguna vez nos hemos sentido incomprendidos. Pero lo realmente importante de esta saga no es tanto la historia en sí, sino la moraleja. He visto una entrevista con la escritora Jo Rowling, -que es una persona creyente-, y decía que el mensaje básico del libro se refiere al poder del amor; el cual es el más fuerte que existe. La lucha entre el bien y el mal, que supone el principal argumento de estos libros, no se decide a través de la fuerza bruta; sino del poder de la amistad, el sacrificio; y, sobretodo, la capacidad de comprensión más allá de cualquier límite.