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sábado, 15 de mayo de 2010

Con fecha de caducidad

El cuerpo humano está diseñado para vivir unos cuarenta años; sin embargo, gracias a nuestra calidad de vida hemos conseguido alargarlo hasta el doble, lo cual no está nada mal. Sin embargo, el deterioro se va notando porque las células tienen unos mecanismos de autodestrucción y cada vez se producen en menor cantidad. Además, a veces el dispositivo enloquece y crea el efecto contrario: células inmortales que provocan el cáncer. Esta enfermedad es más propia de sociedades avanzadas y envejecidas, porque en las otras no suelen llegar a esos niveles de deterioro. Así que, se puede decir que somos afortunados de tener la oportunidad de envejecer -que otros no tienen-, a pesar de que eso implique soportar la artrosis, las cataratas, problemas circulatorios y óseos, etc.

Sin embargo, uno debería llegar a los cuarenta con los deberes hechos, por lo que pudiera pasar. Si se trata de la profesión, es difícil progresar en los últimos veinte años de vida laboral. Si se trata de la familia, los hijos ya deberían haber nacido antes de esa fecha; por su bien y por el tuyo. Si se trata de aficiones, es mejor comenzar mientras se está en buenas condiciones físicas y mentales. Ya sé que suena pesimista y siempre existen excepciones: personas que aparentan menos edad y están en plena forma incluso en la vejez. Pero, como la mayoría somos caducos, no me canso de repetir que los grandes objetivos de la existencia debería estar al menos encauzados a los cuarenta años. No se trata de vivir a tope, sino de elegir sabiamente lo que quieres vivir.

miércoles, 14 de abril de 2010

No me acostumbro

Veintiun años y todavía no me he hecho a la idea de que, de vez en cuando, mi marido tenga que viajar. Desaparece de mi vida durante dos o tres días. Veo sus papeles a mi alrededor, lavo su ropa, ordeno sus cosas. Me acuesto sola en una gran cama. Eso es lo que llevo peor; así que espero a tener mucho sueño, para no pensar. Me pregunto cómo hacía antes de conocerle. Es diferente. Quiero mucho a mis padres, pero sé que tienen su propia vida. Adoro a mis hijos, pero sé que algún día se irán. Mi marido es el compañero de mi vida. Suena antiguo, suena cursi, pero es así. Qué le voy a hacer. Me horroriza pensar que algún día tendremos que separarnos y uno de los dos seguirá su camino solo. Espero no ser yo. Miro las fotografías y, a veces, pienso que yo nací el día que le conocí. Entonces empecé realmente a vivir.

Me mata la idea de que pueda dejar de quererme o querer a otra; aunque sé que a todo se sobrevive, porque no te queda otro remedio. Quiero tenerle cerca, coger su mano. No necesito más que saber que está ahí conmigo. Quiero envejecer a su lado. Ver crecer a nuestros hijos y nietos. Ver amanecer y ponerse el sol. Le necesito junto a mí en los días de lluvia y frío, en los de bochorno estival; y también en aquellos que parecen haber sido creados para disfrutar. Me gustaría que todo el mundo sintiera algo así al menos una vez en la vida. Me da mucha pena oir y leer tantos testimonios de gente que cree que el amor es algo temporal, que dura lo que dura y deja un recuerdo. El amor es mucho más que eso. El amor es la comunión con la Divinidad.

sábado, 29 de agosto de 2009

Up: una película preciosa

Hoy en día se hace dos clases de cine para niños. Hay películas plagadas de eruptos y pedos, donde criaturas malcriadas se burlan de todo y de todos. Son las que tienen más éxito de público. Pero todavía quedan películas que hacen pensar, educan, y no dejan de ser por eso divertidas y entretenidas. Up es un ejemplo perfecto de éstas últimas. La historia habla de uno de esos matrimonios para toda la vida que tan mal vistos están hoy en día.

Se conocen desde niños, querían tener hijos, pero no pueden; sin embargo, son muy felices hasta que ella muere. Entonces él decide cumplir el sueños de los dos, que era viajar hasta las Cataratas Paraíso en Venezuela. Le acompaña un pequeño explorador y, una vez allí un perro y un pájaro gigante, que se encariñan con ellos de repente, sin pedir nada a cambio. Allí corren una gran aventura, pero descubren que la vida misma ya puede ser de por sí una aventura igual de apasionante.

No voy a contarlo todo, por si acaso aún estáis a tiempo de verla. Es una película de dibujos animados, pero no es infantil, aunque gusta mucho a los niños. Profundiza en el tema de la vejez y la aceptación de los cambios que la vida te va trayendo. También en la importancia de la amistad y la familia. Trata sobre varios personajes solitarios a los que las cosas no les han ido muy bien, y no encuentran su lugar. Se sienten diferentes, incomprendidos, al margen de la sociedad; como a menudo nos sentimos tantos.

Pero tienen una nueva oportunidad de ser felices y la aprovechan. La película nos deja un mensaje de esperanza, solidaridad y amor universal; al mismo tiempo que tiene unas escenas muy graciosas, que encantan a los niños pequeños, es tierna y tiene mensaje. Quedan pocas películas por desgracia que te hagan sentir así. Espero que no sea la última, ya que el mercado manda y el público siempre pide más morbo, más vulgaridad y, sobretodo, nada que despierte sus sentimientos.