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viernes, 10 de julio de 2009
Una generación deprimida
(Extracto de una carta al director)
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González
Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.
Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González
Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.
Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.
jueves, 9 de julio de 2009
Eso no es matrimonio
Como en internet se encuentra de todo, el otro día leí un blog que, teóricamente, hablaba sobre cómo mantener un matrimonio feliz; pero en realidad lo que pretendía era oponerse a todo compromiso de pareja. Realmente, apenas tenía texto y su razón de ser eran los anuncios de contactos, en los cuales no se buscaba precisamente el matrimonio. Sin embargo, en lugar de decirlo claramente, intentaban atraer a los lectores con conceptos como comprensión, amistad o tolerancia.
Me parece una vergüenza y un síntoma más de cómo existe realmente una ingeniería social, una estrategia que intenta desmontar las bases familiares de nuestra sociedad. Pero no directamente a las claras, con argumentos sólidos, sino de una manera sutil y sibilina. De este modo, nadie podrá acusarles de nada. Una cosa es que en un matrimonio cada cual deba mantener un espacio propio, pero otra cosa es que no tengan espacios comunes.
Si, después de sus trabajos, cada miembro de la pareja se va con sus amigos, al gimnasio o al cine, tendrán una vida social muy agradable, pero naufragarán como pareja. Conservar una relación requiere pasar tiempo juntos, hablar mucho, compartir experiencias buenas y malas; y el sexo no sustituye todo eso. Lo que llaman relación abierta es realmente una amistad con derechos, que no podrá conducir nunca a formar una familia y un proyecto de vida común.
El matrimonio supone dejar de ser dos personas para formar una unidad, poniendo en común las cosas que nos unen y compartiendo las que nos diferencian. Es incompatible con mantener la independencia y hacer lo que quieras en cada momento, sin consultar al otro. Sin embargo, el resultado vale la pena. Claro que eso nunca lo podrán comprobar aquellos que han sido incapaces de renunciar a sus intereses egoístas.
Música: - mike olfield - tubular bells -
Me parece una vergüenza y un síntoma más de cómo existe realmente una ingeniería social, una estrategia que intenta desmontar las bases familiares de nuestra sociedad. Pero no directamente a las claras, con argumentos sólidos, sino de una manera sutil y sibilina. De este modo, nadie podrá acusarles de nada. Una cosa es que en un matrimonio cada cual deba mantener un espacio propio, pero otra cosa es que no tengan espacios comunes.
Si, después de sus trabajos, cada miembro de la pareja se va con sus amigos, al gimnasio o al cine, tendrán una vida social muy agradable, pero naufragarán como pareja. Conservar una relación requiere pasar tiempo juntos, hablar mucho, compartir experiencias buenas y malas; y el sexo no sustituye todo eso. Lo que llaman relación abierta es realmente una amistad con derechos, que no podrá conducir nunca a formar una familia y un proyecto de vida común.
El matrimonio supone dejar de ser dos personas para formar una unidad, poniendo en común las cosas que nos unen y compartiendo las que nos diferencian. Es incompatible con mantener la independencia y hacer lo que quieras en cada momento, sin consultar al otro. Sin embargo, el resultado vale la pena. Claro que eso nunca lo podrán comprobar aquellos que han sido incapaces de renunciar a sus intereses egoístas.
Música: - mike olfield - tubular bells -
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martes, 23 de junio de 2009
Escena campestre
Son las dos de la tarde. Aparco el coche cerca del colegio concertado religioso de mis hijas. De pronto, algo me llama la atención. En un pequeño jardín a la derecha hay un árbol frondoso y, a su sombra, una chico y una chica de no más de quince años se están dando un lote impresionante. Alrededor los padres de los alumnos de primaria empiezan a llegar. Dentro de un rato, saldrán todos los niños y pasarán junto a la escena. Reprimo mi deseo de bajarme del coche y llamarles la atención. Al fin y al cabo, yo no les conozco de nada. Me pregunto dónde están sus padres y si se imaginan la situación en que se encuentran ahora las criaturas.
Probablemente sí habrá por allí algunas personas que conocen a los padres de ella o de él. Espero que lleguen a saber de alguna manera el espectáculo gratuito que nos han ofrecido sus hijos. Espero por su bien, que alguien les explique que ésa no es manera de hacer las cosas. Para empezar, se requiere intimidad; en segundo lugar, nunca delante de niños; en tercer lugar, esa imagen quedará para siempre en la memoria de muchos, aunque ellos ni siquiera sigan ya juntos. Es decir, que han arruinado su reputación públicamente y será ya difícil que consigan una relación seria con otras personas del entorno.
Claro que yo no soy su madre, y no me corresponde a mí explicarles esas cosas. También les diría que tienen toda la vida por delante y, por lo tanto, no hace falta quemar etapas a esa velocidad. Realmente daba la impresión de que si no terminaban allí mismo era porque no tenían preservativo, pero poco les faltaba ya. De verdad que no entiendo ese afán de exhibicionismo, o bien esa falta absoluta de autocontrol. Como animalillos sueltos a su aire, así estaban junto al colegio. Cualquier podría haberlos filmado para meter el video en internet. Me pregunto hasta qué punto eso es ahora lo normal entre los adolescentes, y cómo hemos llegado a ese punto.
Me dió mucha lástima, como cuando pillé a los del baño de Macdonalds, y no es por razones morales. Comprendo bien lo que es estar enamorado. Pero cada cosa tiene su momento y lo bonito es ir recorriendo el camino juntos. Entrar en la edad adulta a los catorce, supone que te has perdido el tiempo intermedio. Además un adolescente no está psicológicamente preparado para mantener una relación estable, mucho menos con esa intimidad y todos los riesgos que implica. Así que son carne de cañón para las enfermedades venéreas y el embarazo no deseado, y quien sabe si también un futuro aborto. Todo porque sus padres no se enteraron a tiempo o no quisieron enterarse.
Probablemente sí habrá por allí algunas personas que conocen a los padres de ella o de él. Espero que lleguen a saber de alguna manera el espectáculo gratuito que nos han ofrecido sus hijos. Espero por su bien, que alguien les explique que ésa no es manera de hacer las cosas. Para empezar, se requiere intimidad; en segundo lugar, nunca delante de niños; en tercer lugar, esa imagen quedará para siempre en la memoria de muchos, aunque ellos ni siquiera sigan ya juntos. Es decir, que han arruinado su reputación públicamente y será ya difícil que consigan una relación seria con otras personas del entorno.
Claro que yo no soy su madre, y no me corresponde a mí explicarles esas cosas. También les diría que tienen toda la vida por delante y, por lo tanto, no hace falta quemar etapas a esa velocidad. Realmente daba la impresión de que si no terminaban allí mismo era porque no tenían preservativo, pero poco les faltaba ya. De verdad que no entiendo ese afán de exhibicionismo, o bien esa falta absoluta de autocontrol. Como animalillos sueltos a su aire, así estaban junto al colegio. Cualquier podría haberlos filmado para meter el video en internet. Me pregunto hasta qué punto eso es ahora lo normal entre los adolescentes, y cómo hemos llegado a ese punto.
Me dió mucha lástima, como cuando pillé a los del baño de Macdonalds, y no es por razones morales. Comprendo bien lo que es estar enamorado. Pero cada cosa tiene su momento y lo bonito es ir recorriendo el camino juntos. Entrar en la edad adulta a los catorce, supone que te has perdido el tiempo intermedio. Además un adolescente no está psicológicamente preparado para mantener una relación estable, mucho menos con esa intimidad y todos los riesgos que implica. Así que son carne de cañón para las enfermedades venéreas y el embarazo no deseado, y quien sabe si también un futuro aborto. Todo porque sus padres no se enteraron a tiempo o no quisieron enterarse.
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martes, 12 de mayo de 2009
El monstruo de ojos verdes
Me refiero a los celos. Una de las emociones más fuertes y destructivas que existen. Sin embargo, en la pareja creo que son necesarios. Celar a alguien es darle a entender que le valoras y aprecias su voluntad de seguir contigo a pesar de las tentaciones que puedan surgir. Siempre que no se convierta en algo obsesivo o violento, creo que no es ningún problema. Pero yo quería hablar de los celos en la familia. Como conozco bien el tema, desde que mis hijos eran pequeños he tenido mucho cuidado en intentar reprimir esa clase de sentimientos. Es inevitable que cada uno de ellos se sienta mal cuando dedico mi atención a otro, pero les he explicado muchas veces que atiendo a cada cual según sus necesidades, y procuro dedicarle un tiempo en exclusiva a los tres. Es más fácil para mí, ya que no trabajo y tengo más horas libres.
Si hubiera trabajado hasta tarde, nunca se me hubiera ocurrido tener tres hijos. Los niños necesitan mucha atención cuando son pequeños, y cuando crecen tampoco se les puede descuidar. Ahora procuro hablar con cada uno un rato, aunque tenga que perseguirles para ello, porque son adolescentes y, sobretodo el chico, no tiene ninguna gana de charlar con su madre. Dicen que soy una pesada, pero no les hago caso. He visto familias donde los celos han conseguido destruir completamente la relación fraternal y a pesar de los años nunca han podido alcanzar el nivel de confianza y cariño incondicional que debería regir a una familia. Me temo que en estos casos la culpa viene a ser de los padres, porque una cosa es comprender que tengan celos y otra desprecuparse de las consecuencias.
Mis vecinos de arriba, con tres hijas son un ejemplo muy claro de cómo el monstruo de ojos verdes pueden acabar con la convivencia diaria. Se lo avisé a mi vecina, pero no me hizo caso. Aún así es una batalla que se libra cada día y nunca se puede bajar la guardia. Los celos son algo natural, pero hay que mantenerlos bajo control toda la vida. La mayoría de los conflictos personales tienen su base en un tema de celos. El padre o la madre que hacía más caso a uno de los hijos porque era más familiar, mientras el otro hijo, más independiente, se sentía excluído. La contraposición de sentimientos de amor y rabia hacia la misma persona es algo difícil de manejar sin ayuda. A veces pienso que debería haber un psicólogo por familia, pero uno que sepa hacer realmente su trabajo.
Si hubiera trabajado hasta tarde, nunca se me hubiera ocurrido tener tres hijos. Los niños necesitan mucha atención cuando son pequeños, y cuando crecen tampoco se les puede descuidar. Ahora procuro hablar con cada uno un rato, aunque tenga que perseguirles para ello, porque son adolescentes y, sobretodo el chico, no tiene ninguna gana de charlar con su madre. Dicen que soy una pesada, pero no les hago caso. He visto familias donde los celos han conseguido destruir completamente la relación fraternal y a pesar de los años nunca han podido alcanzar el nivel de confianza y cariño incondicional que debería regir a una familia. Me temo que en estos casos la culpa viene a ser de los padres, porque una cosa es comprender que tengan celos y otra desprecuparse de las consecuencias.
Mis vecinos de arriba, con tres hijas son un ejemplo muy claro de cómo el monstruo de ojos verdes pueden acabar con la convivencia diaria. Se lo avisé a mi vecina, pero no me hizo caso. Aún así es una batalla que se libra cada día y nunca se puede bajar la guardia. Los celos son algo natural, pero hay que mantenerlos bajo control toda la vida. La mayoría de los conflictos personales tienen su base en un tema de celos. El padre o la madre que hacía más caso a uno de los hijos porque era más familiar, mientras el otro hijo, más independiente, se sentía excluído. La contraposición de sentimientos de amor y rabia hacia la misma persona es algo difícil de manejar sin ayuda. A veces pienso que debería haber un psicólogo por familia, pero uno que sepa hacer realmente su trabajo.
martes, 5 de mayo de 2009
Segundas partes
Muchos matrimonios no resultan porque no ponen de su parte, y algunos aunque pongan todo de su parte. El problema es que no te casas con una persona, sino también con sus padres, hermanos y amigos de la infancia. Los psiquiatras saben que, cada experiencia buena o mala que se ha vivido en los primeros años de vida, determina la manera en que vas a reaccionar más adelante ante algún estímulo similar. Sólo eso ya complica mucho la convivencia. Pero luego está también las relaciones sentimentales anteriores. Cuanto más y más complejas hayan sido las parejas que precedieron a la actual, más difícil será que la persona confíe en su nueva relación y esté dispuesto a entregarse de forma incondicional.
La gente tiende a repetir los mismos comportamientos aún conociendo las consecuencias y a evitar situaciones que les resultan familiares, sin tener en cuenta que el cambio de protagonistas hace que el final también varíe. Cuando la relación anterior ha sido otro matrimonio y especialmente si hay hijos por medio, es casi imposible empezar de cero. Esa experiencia, con todo lo positivo y lo negativo, estará siempre presente en las nuevas parejas que se puedan encontrar. Por eso, los separados habitualmente no consiguen mantener parejas estables y, cuando las tienen, son temporales. Es raro que acaben sus vidas casados. Mi hermano se ha vuelto a separar.
Cuando digo que es mejor evitar complicarse sentimentalmente con alguien a quien apenas se conoce, siempre pensáis que me refiero al sexo, y también. Pero sobretodo porque la relación sexual supone un nivel de intimidad y de implicación emocional que sólo se debería alcanzar con el menor número de personas posible. Cada pareja te va cambiando aunque no quieras; a algunos hasta niveles en que apenas se les reconoce; y hace que cada vez te resulte más difícil encontrar a alguien que encaje en un puzle de personalidades tan complejo. Por eso es preferible también elegir a alguien que no cargue con mucha historia sentimental a sus espaldas. No es nada fácil librarse del peso de los recuerdos.
La gente tiende a repetir los mismos comportamientos aún conociendo las consecuencias y a evitar situaciones que les resultan familiares, sin tener en cuenta que el cambio de protagonistas hace que el final también varíe. Cuando la relación anterior ha sido otro matrimonio y especialmente si hay hijos por medio, es casi imposible empezar de cero. Esa experiencia, con todo lo positivo y lo negativo, estará siempre presente en las nuevas parejas que se puedan encontrar. Por eso, los separados habitualmente no consiguen mantener parejas estables y, cuando las tienen, son temporales. Es raro que acaben sus vidas casados. Mi hermano se ha vuelto a separar.
Cuando digo que es mejor evitar complicarse sentimentalmente con alguien a quien apenas se conoce, siempre pensáis que me refiero al sexo, y también. Pero sobretodo porque la relación sexual supone un nivel de intimidad y de implicación emocional que sólo se debería alcanzar con el menor número de personas posible. Cada pareja te va cambiando aunque no quieras; a algunos hasta niveles en que apenas se les reconoce; y hace que cada vez te resulte más difícil encontrar a alguien que encaje en un puzle de personalidades tan complejo. Por eso es preferible también elegir a alguien que no cargue con mucha historia sentimental a sus espaldas. No es nada fácil librarse del peso de los recuerdos.
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jueves, 16 de abril de 2009
Chateando...
Hace unos diez años hice un curso de office que incluía manejo de internet. Hasta ese momento, no lo conocía más que de vista. Un día nos dijo el profesor que entráramos en los chats para ver como funcionaba aquello. Me quedé muy decepcionada al comprobar que no había manera de mantener una conversación normal. Al cabo de una hora leyendo obscenidades sin sentido, al fin encontré una señora que no quería hablar sobre genitales. No he vuelto a entrar en chats y no es porque no me tiente la idea de charlar.
Los contactos por internet en un ochenta o noventa por ciento sólo sirven para que gente aburrida se desahogue, diciendo las cosas que no se atreven a hablar con su pareja u otros conocidos. Eran las doce de la mañana, es decir, que además estaban la mayoría en sus trabajos. No sé si es peor imaginarlo, pero supongo que serían en su mayoría hombres y mujeres ya de edad con sus familias, sus hijos o incluso nietos.
Cuando estaba en blogia, me pusieron sin autorización un anuncio de sección de contactos en mitad del blog. Por eso reclamé y me contestaron de mala manera. Para mí esa clase de publicidad es lo mismo que sale en los periódicos, que, en la mayoría de los casos, encubre temas de prostitución. Varias veces he escrito sobre este tema y algunos me habéis dicho que habéis conocido a vuestras parejas por internet. Eso está en el diez por ciento restante.
Los blogs son diferentes, porque la comunicación es más completa y profunda, y aún así surgen problemas. A través de los chats el contacto es superficial. Resulta fácil hacerle creer a otra persona que te interesa, que le comprendes o incluso le amas. La realidad se ocupa más tarde de poner las cosas en su sitio. Pero en esto, como en todo, hay quien siempre sale ganando (generalmente hombres), y quien se implica y sufre las consecuencias (generalmente mujeres).
Los chats, como las nuevas páginas de facebook, tuenty y similares crean una enorme red social que hace creer a algunos (especialmente adolescentes), que tienen muchos amigos, que les aprecian sinceramente, que son populares... Pero lo cierto es que están exponiendo su intimidad ante cientos de personas a las que no les importan realmente nada. Esto, junto con la pornografía, me temo que es la principal actividad de internet y la más lucrativa.
Los contactos por internet en un ochenta o noventa por ciento sólo sirven para que gente aburrida se desahogue, diciendo las cosas que no se atreven a hablar con su pareja u otros conocidos. Eran las doce de la mañana, es decir, que además estaban la mayoría en sus trabajos. No sé si es peor imaginarlo, pero supongo que serían en su mayoría hombres y mujeres ya de edad con sus familias, sus hijos o incluso nietos.
Cuando estaba en blogia, me pusieron sin autorización un anuncio de sección de contactos en mitad del blog. Por eso reclamé y me contestaron de mala manera. Para mí esa clase de publicidad es lo mismo que sale en los periódicos, que, en la mayoría de los casos, encubre temas de prostitución. Varias veces he escrito sobre este tema y algunos me habéis dicho que habéis conocido a vuestras parejas por internet. Eso está en el diez por ciento restante.
Los blogs son diferentes, porque la comunicación es más completa y profunda, y aún así surgen problemas. A través de los chats el contacto es superficial. Resulta fácil hacerle creer a otra persona que te interesa, que le comprendes o incluso le amas. La realidad se ocupa más tarde de poner las cosas en su sitio. Pero en esto, como en todo, hay quien siempre sale ganando (generalmente hombres), y quien se implica y sufre las consecuencias (generalmente mujeres).
Los chats, como las nuevas páginas de facebook, tuenty y similares crean una enorme red social que hace creer a algunos (especialmente adolescentes), que tienen muchos amigos, que les aprecian sinceramente, que son populares... Pero lo cierto es que están exponiendo su intimidad ante cientos de personas a las que no les importan realmente nada. Esto, junto con la pornografía, me temo que es la principal actividad de internet y la más lucrativa.
martes, 17 de marzo de 2009
Más chicos de treinta
Escribí un post hace tiempo con ese título y tuvo mucha repercusión porque salió en un buscador. Creo que no entendieron a qué me refería pero sigo pensando lo mismo. A ver si esta vez consigo explicarme mejor. Conozco a una chica de ventiocho años que llevaba ya cinco con su novio. Cuando ya pensábamos que íbamos de boda, resulta que lo han dejado. Ella tiene un buen trabajo y él no ha terminado sus estudios. Llevan vidas diferentes.
Pero, caramba, me casé con ventidos años. Yo trabajaba como secretaria y mi marido llevaba muy poco tiempo en la empresa. Nos fuimos a vivir a un estudio con la cocina en el salón. Teníamos la cama, un sofá y una mesa con cuatro sillas. Alquilados, naturalmente. Después estuvimos cinco años más en un piso alquilado, mientras íbamos comprando muebles, nada especial, cómodos y baratos. Son los mismos que seguimos teniendo.
Hubo gente que nos decía que esperáramos a tener un piso propio, dinero para los muebles o un mejor sueldo. Si lo hubiéramos hecho tal vez no estaríamos juntos. Nos habríamos aburrido de vivir tanto tiempo de novios, como le ha ocurrido a esta chica. Se vive muy cómodo en casa de los padres, que te laven la ropa, te den de comer, y no tener que preocuparte de nada. Tu dinero para tí, para gastar en ropa y diversión. Es difícil cambiar eso por responsabilidad y sacrificio.
Pero compensa, por supuesto. Volvería a hacer lo mismo, aunque no tuviéramos dinero ni para tomar el aperitivo. Cada vez hay menos matrimonios (o parejas viviendo juntas). Las pocas que hay no duran. Me preocupa esta generación. Cuando quieren tener hijos, ya son mayores y les cuesta mucho más, así que sólo tienen uno o dos. Cuando vienen por error, los abortan. El relevo generacional en España estaría perdido si no fuera por los inmigrantes.
Pero no se trata sólo de economía. Se trata de ser adultos, abandonar el nido, lanzarse a lo desconocido. Se trata simplemente de estar vivo, lo que significa evolucionar, tener responsabilidades, que otras personas dependan de tí, arriesgar, tener mucho que perder o que ganar. Y ya sé que me vais a decir que no es fácil, encontrar a la persona adecuada y conseguir un equilibrio emocional y social. Ya lo sé, precísamente ahí está la gracia del asunto. Si fuera fácil no tendría ningún mérito.
Pero, caramba, me casé con ventidos años. Yo trabajaba como secretaria y mi marido llevaba muy poco tiempo en la empresa. Nos fuimos a vivir a un estudio con la cocina en el salón. Teníamos la cama, un sofá y una mesa con cuatro sillas. Alquilados, naturalmente. Después estuvimos cinco años más en un piso alquilado, mientras íbamos comprando muebles, nada especial, cómodos y baratos. Son los mismos que seguimos teniendo.
Hubo gente que nos decía que esperáramos a tener un piso propio, dinero para los muebles o un mejor sueldo. Si lo hubiéramos hecho tal vez no estaríamos juntos. Nos habríamos aburrido de vivir tanto tiempo de novios, como le ha ocurrido a esta chica. Se vive muy cómodo en casa de los padres, que te laven la ropa, te den de comer, y no tener que preocuparte de nada. Tu dinero para tí, para gastar en ropa y diversión. Es difícil cambiar eso por responsabilidad y sacrificio.
Pero compensa, por supuesto. Volvería a hacer lo mismo, aunque no tuviéramos dinero ni para tomar el aperitivo. Cada vez hay menos matrimonios (o parejas viviendo juntas). Las pocas que hay no duran. Me preocupa esta generación. Cuando quieren tener hijos, ya son mayores y les cuesta mucho más, así que sólo tienen uno o dos. Cuando vienen por error, los abortan. El relevo generacional en España estaría perdido si no fuera por los inmigrantes.
Pero no se trata sólo de economía. Se trata de ser adultos, abandonar el nido, lanzarse a lo desconocido. Se trata simplemente de estar vivo, lo que significa evolucionar, tener responsabilidades, que otras personas dependan de tí, arriesgar, tener mucho que perder o que ganar. Y ya sé que me vais a decir que no es fácil, encontrar a la persona adecuada y conseguir un equilibrio emocional y social. Ya lo sé, precísamente ahí está la gracia del asunto. Si fuera fácil no tendría ningún mérito.
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