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lunes, 25 de abril de 2011
El vacío
El cuaderno en blanco me mira con ojos de burla. cada uno de sus cuadraditos parece enfocar hacia mi persona. Se preguntan cómo es posible que hayamos pasado tantas horas juntos y ahora sea incapaz de dar a luz unas líneas. Así que, me he armado de valor y, bolígrafo en mano, he decidido volver a intentarlo, en nombre de los más de mil post, de mis siete libros y de tantos días de inspiración, que ya pertenecen al pasado. No puedo escribir, por la misma razón por la que ya no tengo fuerzas para salir o hacer las cosas habituales de cada día. Estoy deprimida. No sé si por una razón en concreto o porque sí. Sospecho que alguna parte de mi cerebro se ha rebelado y se ha declarado en huelga ante tanta introspección y auto reflexión. El caso es que estoy anclada al cuaderno sin saber, por una vez, exactamente qué quiero decir.
Lo bueno de tocar fondo es que sólo puedes ir hacia arriba, o al menos eso es lo que yo me repito a mí misma cada día para no dejarme ir otra vez hacia el abismo. Estoy con medicación, aunque me avergüence reconocerlo. Yo , más que nadie, creo que debería haber sido capaz de salir de este agujero por mis propios medios. Si no es así, vaya una consejera que estoy hecha. Pero no me rindo. Me aferro a mi familia, a mis clases de francés y, sobretodo a mi religión. Un desequilibrio químico no va a poder conmigo. Así que espero que éste sea el primer post de una larga serie. Que tenga para aburriros y para publicar otro libro más. Que el cuaderno no se quede sobre la mesa recordándome que mis intenciones se convirtieron en humo. Quiero encontrar la salida de este laberinto cuanto antes.
Lo bueno de tocar fondo es que sólo puedes ir hacia arriba, o al menos eso es lo que yo me repito a mí misma cada día para no dejarme ir otra vez hacia el abismo. Estoy con medicación, aunque me avergüence reconocerlo. Yo , más que nadie, creo que debería haber sido capaz de salir de este agujero por mis propios medios. Si no es así, vaya una consejera que estoy hecha. Pero no me rindo. Me aferro a mi familia, a mis clases de francés y, sobretodo a mi religión. Un desequilibrio químico no va a poder conmigo. Así que espero que éste sea el primer post de una larga serie. Que tenga para aburriros y para publicar otro libro más. Que el cuaderno no se quede sobre la mesa recordándome que mis intenciones se convirtieron en humo. Quiero encontrar la salida de este laberinto cuanto antes.
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viernes, 17 de septiembre de 2010
Gastroenteritis
Parece mentira cómo una enfermedad, en principio, benigna puede hacerte sentir tan mal. De la noche a la mañana ya no eres una persona, sino un cuerpo que reclama continuamente atención. Otro efecto es perder la dignidad y la vergüenza cuando tienes que explicarle a todo el mundo lo que te pasa. Sin embargo, alguna vez, resulta positivo encontrarse despojado del artificio, casi como un bebé indefenso, a merced de la caridad de otros. Yo, que tengo tendencia depresiva, en seguida me hundo y pienso que nunca me voy a curar. Así que rememoro lo agradable que era tener una buena salud relativa. El placer de la comida y la bebida, la libertad de hacer lo que deseas en cada momento, sin tener que ser esclavo del aseo. De repente, los días más aciagos me parecen maravillosos; las horas de aburrimiento, una bendición. Es triste, pero hay que pasarlo mal para apreciar realmente lo que tienes.
Pasado el sufrimiento me pongo a pensar que yo, al fin y al cabo, sólo he tenido doce horas malas. Los enfermos graves que pasan días en el hospital sí que tienen mérito. Es fácil desmoralizarse cuando pasa el tiempo y no mejoras. Es normal sentirse una carga para los demás, especialmente para tus seres queridos. Es una lección de humildad cuando ya no nos sentimos autosuficientes. Por desgracia, nadie está libre de encontrarse de repente impedido, dependiendo de cuidados ajenos. Es fácil de decir, pero no se gana nada sintiéndose culpable o inútil. Los cuidadores ya tienen bastante con su propia preocupación. Tampoco es la solución, por supuesto, querer acabar con todo. Hoy en día la medicina ha conseguido curar casos inimaginables hace poco tiempo, y la batalla no está nunca perdida hasta el último segundo.
Pasado el sufrimiento me pongo a pensar que yo, al fin y al cabo, sólo he tenido doce horas malas. Los enfermos graves que pasan días en el hospital sí que tienen mérito. Es fácil desmoralizarse cuando pasa el tiempo y no mejoras. Es normal sentirse una carga para los demás, especialmente para tus seres queridos. Es una lección de humildad cuando ya no nos sentimos autosuficientes. Por desgracia, nadie está libre de encontrarse de repente impedido, dependiendo de cuidados ajenos. Es fácil de decir, pero no se gana nada sintiéndose culpable o inútil. Los cuidadores ya tienen bastante con su propia preocupación. Tampoco es la solución, por supuesto, querer acabar con todo. Hoy en día la medicina ha conseguido curar casos inimaginables hace poco tiempo, y la batalla no está nunca perdida hasta el último segundo.
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jueves, 6 de mayo de 2010
Una cura de humildad
A veces de algo malo se puede sacar una enseñanza. Después del tremendo disgusto de devolver el perro, me he dado cuenta de lo fácil que es juzgar a la ligera. Yo pensaba que aquellos que abandonaban animales eran unos monstruos y también los que los dejaban en las perreras, pero me he encontrado yo misma en una situación insostenible y he comprendido que puede haber razones para todo; aunque, por supuesto, siempre es mejor entregarlo que abandonarlo.
La verdad es que no deja de ser soberbia pensar que vas a ser capaz de solucionar los problemas, que vas a estar a la altura de las circunstancias. Luego llega la realidad y te deja hecho un trapo, pensando que te habías sobrevalorado. Por más que quieras hacerlo todo bien, es imposible no equivocarse, es inútil querer acertar siempre. Acabarás haciéndole daño a los que más quieres, antes o después, sin remedio. El dolor que esto produce es parecido al de la muerte de un ser querido, pero no te queda más remedio que soportarlo y seguir adelante.
Ahora cuando pienso en las jóvenes que se encuentran con un embarazo inesperado de alguien a quien apenas conocen, me pongo más en su lugar. Sé lo que es sentir la desesperación de no poder seguir adelante con algo que has comenzado. Sin embargo, no es lo mismo un perro que un hijo de tu misma sangre. Por eso, es tan importante que cuenten con todos los apoyos posibles para poder seguir adelante con su embarazo, superando la angustia, la depresión y la incertidumbre.
Porque si ya es duro dejar un perro y sé que es algo de lo que me voy a sentir culpable el resto de mi vida; es mucho peor pensar que has matado a un ser humano, a un hijo tuyo. Los problemas emocionales tienen tratamiento y los de tipo social cuentan con una serie de ayudas por parte de voluntarios y ongs. que hacen una labor impagable. Por eso, aunque ahora lo comprendo mucho mejor, sigo estando convencida de que el aborto no es una solución, sino un problema mayor que el que intenta evitar.
La verdad es que no deja de ser soberbia pensar que vas a ser capaz de solucionar los problemas, que vas a estar a la altura de las circunstancias. Luego llega la realidad y te deja hecho un trapo, pensando que te habías sobrevalorado. Por más que quieras hacerlo todo bien, es imposible no equivocarse, es inútil querer acertar siempre. Acabarás haciéndole daño a los que más quieres, antes o después, sin remedio. El dolor que esto produce es parecido al de la muerte de un ser querido, pero no te queda más remedio que soportarlo y seguir adelante.
Ahora cuando pienso en las jóvenes que se encuentran con un embarazo inesperado de alguien a quien apenas conocen, me pongo más en su lugar. Sé lo que es sentir la desesperación de no poder seguir adelante con algo que has comenzado. Sin embargo, no es lo mismo un perro que un hijo de tu misma sangre. Por eso, es tan importante que cuenten con todos los apoyos posibles para poder seguir adelante con su embarazo, superando la angustia, la depresión y la incertidumbre.
Porque si ya es duro dejar un perro y sé que es algo de lo que me voy a sentir culpable el resto de mi vida; es mucho peor pensar que has matado a un ser humano, a un hijo tuyo. Los problemas emocionales tienen tratamiento y los de tipo social cuentan con una serie de ayudas por parte de voluntarios y ongs. que hacen una labor impagable. Por eso, aunque ahora lo comprendo mucho mejor, sigo estando convencida de que el aborto no es una solución, sino un problema mayor que el que intenta evitar.
viernes, 2 de abril de 2010
El túnel
A pesar de la Fé, a veces me siento como si estuviera sola en un túnel del que no se ve el final. Entonces, nada tiene sentido, ni lo que he vivido antes ni lo que pueda vivir después. Mi mundo se reduce al momento presente. Mi mente gira alrededor mío y pienso si vale la pena continuar. En ocasiones, me vuelvo una gran egoísta y no deseo más que poder cerrar los ojos y dormir para siempre. Si, en esos momentos de mi vida, apareciera una mano ¿amiga?, y me dijera: ven conmigo, yo te ayudaré a no pensar, a no sentir; tal vez estaría tentada de firmar donde hiciera falta, por desaparecer y dejar de encontrarme a oscuras y perdida. En ciertos momentos, me siento incluso incapaz de rezar, -no sé por qué-, y me falla el consuelo de la oración. Pero yo sigo intentándolo, aunque una parte de mí me siga diciendo: déjalo, no vale la pena, déjate llevar por tu desidia hasta donde quiera llevarte. Jesucristo no quería morir. Se entregó a la muerte amando la vida.
Eso sin estar realmente enferma... Si, además de todo ello, estuviera impedida o tuviera dolores; con más razón, desearía tomar el camino de la desesperación. Pero, existe una medicación para estos casos. Si no fuera así, si dejáramos que la administración "ayudara" a todos los que desean, en un momento dado, quitarse de enmedio, ¿cuánta gente quedaría en nuestro país o en el resto del mundo?. El suicidio es una de las principales causas de muerte. La depresión es una de las primeras enfermedades en el ranking de las que afectan a la humanidad. No podemos optar por el camino fácil. Ayudar a un depresivo es algo duro y difícil, pero dejarle ir es ser cómplice de su asesinato. Negarle la atención psicológica que necesita, sabiendo que es posible; siempre será un delito contra la persona, por mucho que algunos quieran disfrazarlo de libertad de elección o de piedad. No hay compasión en abandonar a alguien en el túnel.
Eso sin estar realmente enferma... Si, además de todo ello, estuviera impedida o tuviera dolores; con más razón, desearía tomar el camino de la desesperación. Pero, existe una medicación para estos casos. Si no fuera así, si dejáramos que la administración "ayudara" a todos los que desean, en un momento dado, quitarse de enmedio, ¿cuánta gente quedaría en nuestro país o en el resto del mundo?. El suicidio es una de las principales causas de muerte. La depresión es una de las primeras enfermedades en el ranking de las que afectan a la humanidad. No podemos optar por el camino fácil. Ayudar a un depresivo es algo duro y difícil, pero dejarle ir es ser cómplice de su asesinato. Negarle la atención psicológica que necesita, sabiendo que es posible; siempre será un delito contra la persona, por mucho que algunos quieran disfrazarlo de libertad de elección o de piedad. No hay compasión en abandonar a alguien en el túnel.
viernes, 10 de julio de 2009
Una generación deprimida
(Extracto de una carta al director)
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González
Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.
Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.
"... Las razones de entonces no las llego a comprender ahora que me asfixia la desesperación del desempleo. Es una tortura, un paso atrás. Qué bien si hubiera tenido hijos para compartir estos malos momentos. Debería ser obligado que alguien nos esperara en casa al llegar de una dura jornada y, aunque trabajo, familia, casa y futuro parezca mucho pedir es lo más elemental. Por fin llego a la sección que me interesa. El horóscopo me predice para los próximos días salud para afrontar mis días de paro, suerte para mis proyectos laborales inexistentes y mucha comprensión de mi pareja, que se referirá a mi ex pareja, digo yo, esté donde esté. Estoy tranquilo, estos próximos siete días las estrellas están de mi parte." Mario González
Este texto podrán escribirlo miles de personas de aquí a pocos años. Dejando aparte que el autor esté en el paro, lo cierto es que ha llegado a la madurez emocional y se encuentra con que puso todo su interés en el lugar equivocado. Una juventud dedicada al éxito laboral y al disfrute del tiempo libre. Múltiples parejas. No hubo tiempo para hijos, ni ganas de luchar por un futuro común. Probablemente un divorcio express y cada uno por su lado. Ahora vuelve a casa y descubre que no hay nadie que le necesite. Sus padres seguramente estén en una residencia. Sus hermanos, si los tenía, han perdido el contacto. Sus amigos eran circunstanciales. No le queda más opción que buscar otra pareja, con menos ganas e ilusión cada vez.
Me pregunto cuánta gente habrá en esa misma situación de aquí a diez años. Al ritmo que llevamos sólo de rupturas matrimoniales, pronto serán mayoría. Los más afortunados, al menos tendrán unos hijos de que ocuparse. Siempre que escribía sobre la vida en pareja, había alguien que me decía aquello de: yo soy feliz así y no necesito formar una familia. Por supuesto, a los veinte años, a los treinta, pero no a los cuarenta. Incluso aquellos que siguen solteros se vuelcan con sus padres o sus hermanos; y los que no tienen hijos, se desviven por sus sobrinos. Todos necesitamos ese contacto humano para que la vida tenga sentido. Pero no vale la simple relación laboral o la amistad interesada. Lo que le da valor a la vida es amar y ser amado, especialmente en los momentos de dificultad. Me temo que el número de depresiones se va a disparar en esta generación.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
