Mostrando entradas con la etiqueta colegio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta colegio. Mostrar todas las entradas
jueves, 13 de mayo de 2010
Pues, claro que madrugo...
La vecina de enfrente hace quince años que me oye salir por las mañanas, y el otro día me dice: tú que no tienes que madrugar, te levantas antes que yo. Ahora me entero de que las amas de casa no madrugamos. Es decir, que esperamos en la cama hasta las doce para hacer la comida, sin haber ido la compra, y tender la ropa, sin haber puesto la lavadora. De toda la vida, en mi casa era mi madre la primera que se levantaba y yo creo que en la mayoría de las casas. Nos despertaba a todos, ponía los desayunos y se ocupaba de que saliéramos a la hora. Yo, además, tengo que llevar a mis hijos al colegio, pero incluso antes de tener niños ya me levantaba a la vez que mi marido.
Me pregunto si existen realmente amas de casa que no madruguen. En el pueblo, tienen que darle de comer a las gallinas y otras muchas tareas más. Yo sería incapaz de quedarme durmiendo y dejar que cada cual se las arreglara a su gusto. Cuando los chicos eran pequeños, por supuesto, no podía ni pensar en ello. Lo que parece mentira es que me diga eso una mujer que tiene que saber perfectamente que el trabajo de la casa nunca termina, aunque precisamente ella prefiere entrar tarde al trabajo y salir tarde también. Así que se levanta más tarde que yo, y la verdad es que no entiendo por qué opina sobre mis horarios.
Me pregunto si existen realmente amas de casa que no madruguen. En el pueblo, tienen que darle de comer a las gallinas y otras muchas tareas más. Yo sería incapaz de quedarme durmiendo y dejar que cada cual se las arreglara a su gusto. Cuando los chicos eran pequeños, por supuesto, no podía ni pensar en ello. Lo que parece mentira es que me diga eso una mujer que tiene que saber perfectamente que el trabajo de la casa nunca termina, aunque precisamente ella prefiere entrar tarde al trabajo y salir tarde también. Así que se levanta más tarde que yo, y la verdad es que no entiendo por qué opina sobre mis horarios.
sábado, 26 de septiembre de 2009
Ventajas de la gripe A
No sé hasta qué punto creerme la gravedad de esta enfermedad, pero lo que sí está claro es que va a servir para algo importante. En mis tiempos, si ibas al colegio con fiebre, te mandaban a casa. Ahora, no pueden mandarte a tu casa porque no hay nadie. Así que los padres envían a sus hijos enfermos al colegio, cargados de paracetamol, que les administran los profesores, cosa que me parece una barbaridad porque están contagiando a sus compañeros de clase. Con razón mis hijos estaban siempre enfermos. Pero ahora, con la famosa gripe A, los niños que tengan fiebre no podrán ir al colegio sin provocar una alerta sanitaria, así que los padres no tendrán más remedio que quedarselos en casa. Creo que este año va a bajar la incidencia de todos los catarros y la gripe vulgar, de manera que, al menos, saldremos ganando algo de toda esta campaña.
Otra ventaja será la higiénica. Yo les decía a mis hijos que se lavaran las manos y, en distintos colegios, me contestaban que no había jabón ni secadores en el baño. Con las nuevas normas, se supone que todos tenemos que lavarnos varias veces al día y los niños con más razón. De este modo, espero que al fin vayan con las manos limpias. Sin embargo, hay quien cae en las paranoia. El otro día, vi a una madre limpiando a sus hijos con toallitas desinfectantes. Los virus y las bacterias también viajan por el aire y evitar el contagio al cien por cien es imposible, a no ser que nos metamos todos en burbujas de plástico. La higiene nunca está de más, y el civismo tampoco, pero no debería hacer falta asustar a la gente para que se tomaran esta clase de medidas de sentido común.
Otra ventaja será la higiénica. Yo les decía a mis hijos que se lavaran las manos y, en distintos colegios, me contestaban que no había jabón ni secadores en el baño. Con las nuevas normas, se supone que todos tenemos que lavarnos varias veces al día y los niños con más razón. De este modo, espero que al fin vayan con las manos limpias. Sin embargo, hay quien cae en las paranoia. El otro día, vi a una madre limpiando a sus hijos con toallitas desinfectantes. Los virus y las bacterias también viajan por el aire y evitar el contagio al cien por cien es imposible, a no ser que nos metamos todos en burbujas de plástico. La higiene nunca está de más, y el civismo tampoco, pero no debería hacer falta asustar a la gente para que se tomaran esta clase de medidas de sentido común.
martes, 23 de junio de 2009
Escena campestre
Son las dos de la tarde. Aparco el coche cerca del colegio concertado religioso de mis hijas. De pronto, algo me llama la atención. En un pequeño jardín a la derecha hay un árbol frondoso y, a su sombra, una chico y una chica de no más de quince años se están dando un lote impresionante. Alrededor los padres de los alumnos de primaria empiezan a llegar. Dentro de un rato, saldrán todos los niños y pasarán junto a la escena. Reprimo mi deseo de bajarme del coche y llamarles la atención. Al fin y al cabo, yo no les conozco de nada. Me pregunto dónde están sus padres y si se imaginan la situación en que se encuentran ahora las criaturas.
Probablemente sí habrá por allí algunas personas que conocen a los padres de ella o de él. Espero que lleguen a saber de alguna manera el espectáculo gratuito que nos han ofrecido sus hijos. Espero por su bien, que alguien les explique que ésa no es manera de hacer las cosas. Para empezar, se requiere intimidad; en segundo lugar, nunca delante de niños; en tercer lugar, esa imagen quedará para siempre en la memoria de muchos, aunque ellos ni siquiera sigan ya juntos. Es decir, que han arruinado su reputación públicamente y será ya difícil que consigan una relación seria con otras personas del entorno.
Claro que yo no soy su madre, y no me corresponde a mí explicarles esas cosas. También les diría que tienen toda la vida por delante y, por lo tanto, no hace falta quemar etapas a esa velocidad. Realmente daba la impresión de que si no terminaban allí mismo era porque no tenían preservativo, pero poco les faltaba ya. De verdad que no entiendo ese afán de exhibicionismo, o bien esa falta absoluta de autocontrol. Como animalillos sueltos a su aire, así estaban junto al colegio. Cualquier podría haberlos filmado para meter el video en internet. Me pregunto hasta qué punto eso es ahora lo normal entre los adolescentes, y cómo hemos llegado a ese punto.
Me dió mucha lástima, como cuando pillé a los del baño de Macdonalds, y no es por razones morales. Comprendo bien lo que es estar enamorado. Pero cada cosa tiene su momento y lo bonito es ir recorriendo el camino juntos. Entrar en la edad adulta a los catorce, supone que te has perdido el tiempo intermedio. Además un adolescente no está psicológicamente preparado para mantener una relación estable, mucho menos con esa intimidad y todos los riesgos que implica. Así que son carne de cañón para las enfermedades venéreas y el embarazo no deseado, y quien sabe si también un futuro aborto. Todo porque sus padres no se enteraron a tiempo o no quisieron enterarse.
Probablemente sí habrá por allí algunas personas que conocen a los padres de ella o de él. Espero que lleguen a saber de alguna manera el espectáculo gratuito que nos han ofrecido sus hijos. Espero por su bien, que alguien les explique que ésa no es manera de hacer las cosas. Para empezar, se requiere intimidad; en segundo lugar, nunca delante de niños; en tercer lugar, esa imagen quedará para siempre en la memoria de muchos, aunque ellos ni siquiera sigan ya juntos. Es decir, que han arruinado su reputación públicamente y será ya difícil que consigan una relación seria con otras personas del entorno.
Claro que yo no soy su madre, y no me corresponde a mí explicarles esas cosas. También les diría que tienen toda la vida por delante y, por lo tanto, no hace falta quemar etapas a esa velocidad. Realmente daba la impresión de que si no terminaban allí mismo era porque no tenían preservativo, pero poco les faltaba ya. De verdad que no entiendo ese afán de exhibicionismo, o bien esa falta absoluta de autocontrol. Como animalillos sueltos a su aire, así estaban junto al colegio. Cualquier podría haberlos filmado para meter el video en internet. Me pregunto hasta qué punto eso es ahora lo normal entre los adolescentes, y cómo hemos llegado a ese punto.
Me dió mucha lástima, como cuando pillé a los del baño de Macdonalds, y no es por razones morales. Comprendo bien lo que es estar enamorado. Pero cada cosa tiene su momento y lo bonito es ir recorriendo el camino juntos. Entrar en la edad adulta a los catorce, supone que te has perdido el tiempo intermedio. Además un adolescente no está psicológicamente preparado para mantener una relación estable, mucho menos con esa intimidad y todos los riesgos que implica. Así que son carne de cañón para las enfermedades venéreas y el embarazo no deseado, y quien sabe si también un futuro aborto. Todo porque sus padres no se enteraron a tiempo o no quisieron enterarse.
Etiquetas:
autocontrol,
colegio,
intimidad,
niños,
parejas,
reputación
lunes, 6 de abril de 2009
En la peluquería
El otro día fui a cortarme el pelo. La peluquera se quejaba con razón de unos chicos que le ensucian la puerta del establecimiento. (Hacen pis en la esquina). Empezamos a hablar sobre educación y estábamos muy de acuerdo en todo, hasta que le dije que mis hijas iban a un colegio concertado religioso. Entonces cambió el tono, y al rato dejó de hablar conmigo. Me reprochaba la peluquera que los que aparcamos cerca del colegio, bloqueamos la calle. Pero no se le ocurrió pensar que pasa exactamente lo mismo en todos los colegios públicos. Cuando la política se cruza en el camino, la realidad se vuelve irrelevante.
La peluquera me había comentado que, en la guardería al lado, había un bebé que se pasaba todo el día llorando. Mi hijo mayor tuvo cólicos hasta los cinco meses. Me acostumbré a hacer la comida con el bebé en brazos. Acabé hecha polvo, pero sabía que necesitaba mi cariño. Mis hijas, en cambio, no sufrieron cólicos. Supongo que la madre de ese bebé no tiene ni idea de lo que le pasa. Las cuidadoras le dirán que no hay ningún problema. Tal vez tanto lloro acabe afectando a su salud o le haga un niño hiperactivo, pero nunca conocerán la causa. Me pregunto cómo son capaces en la guardería de ocultar esta situación, por no perder un niño, si tienen de sobra. No se van a arruinar si se lo llevan.
Me decía la peluquera que la madre no tendría más remedio que dejarlo en la guardería todo el día para ir a trabajar. Si tiene 500 o 600 euros para pagar doce horas, igual podría buscar a una persona que se quede en casa con el bebé. Lo que ocurre que es mucho más cómodo dejarlo en un local y despreocuparse de lo que hace, de si come, si duerme o está bien. Creerse lo que le digan. Sin embargo, la peluquera, a pesar de darle pena el bebé, no veía más opciones. Hay quien piensa que las mujeres tienen que equipararse con los hombres a cualquier precio, es decir, renunciando a la maternidad o dejando a sus hijos para que se los críen otras personas.
De todo esto saqué dos conclusiones: que la afinidad personal se acaba cuando aparece la ideología; y que tener un bebé y dejarlo doce horas en la guardería es un riesgo que yo nunca correría. Se ve que el instinto maternal también pasó de moda. Lo han sustituído la ambición, la competividad y la comodidad. Yo he llevado a mis hijos a la guardería, pero cuatro horas por la mañana y cuando ya tenían casi dos años, para que se fueran acostumbrando a otros niños. No es que esté en contra de las guarderías, sino del abuso que se hace de ellas.
La peluquera me había comentado que, en la guardería al lado, había un bebé que se pasaba todo el día llorando. Mi hijo mayor tuvo cólicos hasta los cinco meses. Me acostumbré a hacer la comida con el bebé en brazos. Acabé hecha polvo, pero sabía que necesitaba mi cariño. Mis hijas, en cambio, no sufrieron cólicos. Supongo que la madre de ese bebé no tiene ni idea de lo que le pasa. Las cuidadoras le dirán que no hay ningún problema. Tal vez tanto lloro acabe afectando a su salud o le haga un niño hiperactivo, pero nunca conocerán la causa. Me pregunto cómo son capaces en la guardería de ocultar esta situación, por no perder un niño, si tienen de sobra. No se van a arruinar si se lo llevan.
Me decía la peluquera que la madre no tendría más remedio que dejarlo en la guardería todo el día para ir a trabajar. Si tiene 500 o 600 euros para pagar doce horas, igual podría buscar a una persona que se quede en casa con el bebé. Lo que ocurre que es mucho más cómodo dejarlo en un local y despreocuparse de lo que hace, de si come, si duerme o está bien. Creerse lo que le digan. Sin embargo, la peluquera, a pesar de darle pena el bebé, no veía más opciones. Hay quien piensa que las mujeres tienen que equipararse con los hombres a cualquier precio, es decir, renunciando a la maternidad o dejando a sus hijos para que se los críen otras personas.
De todo esto saqué dos conclusiones: que la afinidad personal se acaba cuando aparece la ideología; y que tener un bebé y dejarlo doce horas en la guardería es un riesgo que yo nunca correría. Se ve que el instinto maternal también pasó de moda. Lo han sustituído la ambición, la competividad y la comodidad. Yo he llevado a mis hijos a la guardería, pero cuatro horas por la mañana y cuando ya tenían casi dos años, para que se fueran acostumbrando a otros niños. No es que esté en contra de las guarderías, sino del abuso que se hace de ellas.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
