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lunes, 5 de abril de 2010

Discriminación laboral ¿positiva?

Estoy cansada de oir la consabida frase sobre que las mujeres ganan menos dinero que los hombres. No se tienen en cuenta en esos informes ni la labor desempeñada, ni el número de horas, ni los plus de peligrosidad, por ejemplo. Es cierto que existen mujeres que trabajan de vigilantes de seguridad; pero están en las cajas comprobando la mercancía y poco más. Cuando existe un problema serio acuden a sus compañeros masculinos. Hace tiempo oí que despidieron a una empleada de jardinería porque le encargaron hacer diez hoyos para árboles, y sólo hizo cinco. Lo injusto hubiera sido que esa mujer cobrara a fin de mes lo mismo que sus compañeros que habían terminado el trabajo. Lo discriminatorio sería que las vigilantes juradas ganaran el mismo sueldo que los hombres, por una tarea protocolaria que no supone esfuerzo físico ni riesgo; mientras ellos se juegan la piel cada día.

Dice la Ministra Chacón que hay que conseguir un ejército igualitario. Vale, vamos a ver cómo llevan ellas el material de cincuenta kilos. Pero, es que la idea de la Ministra de Defensa sobre las labores del ejército es bastante chocante. Os aconsejo que lo leáis porque no tiene desperdicio. Los soldados le van a hacer la competencia a los curas y las monjas de las misiones. Si Felipe II levantara la cabeza... Vamos a pasar de la España donde no se ponía el sol a la España donde directamente ya no sale. Adios España. Volviendo a la discriminación: no es lo mismo un policía de oficina que uno de calle; turno de noche que turno de día; diez horas diarias que cinco; desplazamientos de kilómetros que "de garaje a garaje"; trabajar de pie a la intemperie o a cubierto; con riesgo y responsabilidad civil, o un cómodo trabajo rutinario de oficina.

lunes, 13 de julio de 2009

Negocios y placer

Hoy en día es habitual que la gente pase muchas más horas en la oficina que en su propia casa. Los compañeros de trabajo pasan a ser depositarios de confidencias que no tendríamos siquiera con los amigos de siempre. Las experiencias que deberíamos compartir con nuestra familia, tanto buenas como malas, se acaban viviendo con personas que no has elegido y no te interesan. Es algo parecido al Síndrome de Estocolmo. Así como los secuestrados a menudo se acaban encariñando con sus captores; los empleados desarrollan lazos de afecto con sus compañeros de mesa, incluso aunque a priori les hubieran caído mal. Es un mecanismo de autodefensa.

Las necesidades afectivas que no se cubren al pasar tan poco tiempo con los seres queridos se intentan suplir con otros que están en las mismas circunstancias. A partir de ahí, es fácil que se confunda la amistad o la atracción sexual con el amor. Dicen las estadísticas que la infidelidad se ha generalizado tanto entre los hombres como entre las mujeres. Esto tiene mucho que ver con la incorporación femenina al mercado laboral, los horarios interminables y la falta de conciliación familiar. Cuando todo va bien, es fácil mantener un matrimonio. Pero, cuando surgen problemas, y resulta que no hay tiempo ni intimidad para poder hablar de ello con calma, ya se sabe que la pareja está condenada a la ruptura.

En España lo tenemos más difícil porque se sale tarde del trabajo y además se pierde mucho tiempo en desplazamientos. Las relaciones de pareja en el trabajo están influídas también por la edad de cada uno y el puesto que ocupa en la empresa. Aquí entra además en juego la erótica del poder. Así que lo más recomendable es procurar conocer a la persona fuera del ambiente laboral, antes de embarcarse en una relación. Claro que, si además alguno de los dos está casado, lo más sensato es abstenerse completamente, porque esa clase de historias nunca acaba bien y hay demasiados perjudicados para que merezca la pena.

Música: Bob Marley - No Woman No Cry