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miércoles, 9 de junio de 2010

Fantasmas del pasado

Navegando por internet, me he encontrado con una persona que en un momento dado llegué a considerar mi amiga. Por eso siempre afirmo que las "amistades" en la red son muy relativas. Alguien que un día parece coincidir contigo y apreciarte, al día siguiente puede estar intentando cortarte la yugular. Por suerte, también internet tiene la ventaja del anonimato. No sé qué habría sido de mi vida si mi nombre completo, mi dirección y mi teléfono hubieran estado al alcance de personas para quienes la palabra respeto viene a ser una marca de jabón. Especialmente, me hubiera horrorizado que mi familia directa e indirecta se hubieran visto salpicados por las consecuencias de mis palabras.

Como supongo que acabará cayendo por aquí -si es que no ha caído ya-, me gustaría decirle que pienso que es una verdadera pena que no llegáramos a entendernos. Resulta absurdo pensar que, entre gente que comparte una visión de la sociedad aproximada, puedan surgir muros infranqueables. Pero sobretodo, se me hace insoportable saber que, ni siquiera la defensa del derecho más elemental a la vida del ser humano, pueda ser razón sufiente para derribar todos los obstáculos y poder mantener una relación, al menos, civilizada. En fin, eso ya es pasado remoto y he aprendido mucho desde entonces. Ahora comprendo que no se puede deshacer un adoctrinamiento ideológico de décadas, con unas pocas palabras bienintencionadas. Por eso no admito comentarios.

miércoles, 29 de julio de 2009

Corazón de Tinta

Durante el curso tengo poco tiempo seguido para leer y me limito a los periódicos y las revistas. Pero en el verano retomo los libros y tengo que confesar que generalmente sólo leo ciencia ficción y fantasía. Con los libros pasa lo mismo que con el cine: se supone que las únicas buenas películas son los dramas. Las comedias se miran con desprecio, salvo alguna excepción. En literatura, una novela tiene más calidad cuanto más desagradable, triste o enrevesada sea. Además, la mayoría de la gente se limitan a los éxitos editoriales y les gustan, por decreto.

Yo soy friki. Me gusta Harry Potter, el Señor de los anillos (que no es literatura fácil), Isaac Asimov... Lo que ocurre habitualmente es que en las películas que se hacen a partir de libros sólo se ve una cuarta parte de la historia. La última de Potter, por ejemplo, me ha gustado mucho, pero sin duda el libro siempre es mejor. Ahora he descubierto lo que llaman despectivamente Literatura Juvenil romántica y he encontrado cosas estupendas, y otras muy corrientes. Ahora lo que tiene más fama es Crepúsculo y Corazón de Tinta porque han salido las películas.

La trilogía de Cornelia Funke se compone de tres libros: corazón de tinta, sangre de tinta y muerte de tinta. Son tres novelas mucho más profundas y con más fondo que lo que se ve en el cine. Mi hija ha visto la película y le ha decepcionado, pero supongo que estará bien para quien no haya leído los libros. La autora crea un mundo paralelo que nace de la lectura, donde los personajes reales se relacionan con los ficticios hasta el punto de no haber distinción entre unos y otros.

Cada uno de ellos tiene una personalidad compleja y definida, y las descripciones consiguen trasladarte a ese nuevo mundo. Sin embargo, nunca será considerado un libro clásico, ni tampoco otras novelas del género de fantasía como Heliconia, Dhune, Memorias de Idhun, Finis mundi, o tantas otras. Al menos a los escritores les quedará el consuelo de haberse hecho ricos algunos, y de la admiración de sus lectores. No puedo acabar si advertir, sin embargo, que en algunos libros, como El portal de los elfos, se utiliza la historia como excusa para introducir un adoctrinamiento moral a espaldas de los padres, y hay que tener cuidado con lo que leen los niños.

Música: el peón del rey de negras. Mecano

miércoles, 1 de julio de 2009

Una sociedad enferma

Como ya os he contado, voy atesorando anécdotas durante años, de manera que, aunque a veces no les haya encontrado el sentido en su momento, lo acabo descubriendo con el tiempo. Cuando algo me parece inexplicable, no lo descarto, sino que lo retengo en la memoria. Esto me sucedió hace unos diez años en un cursillo que hice de ofimática. Tenían un grupo de compañeras muy agradable, entre las cuales me hice más amiga de dos. Una de ellas era vasca y vive en Madrid en mi ciudad. La he vuelto a ver un par de veces por la calle.

Mi otra amiga es madrileña, pero tiene un apellido vasco bastante llamativo. Al decirselo a la primera, pasó algo extraño: empezó a insistir en que tenía que tener familia vasca. Le dijo que el apellido era antiguo de varias generaciones y que ya no contaba con ningún pariente cercano vasco. Pero la otra chica empezó a enfadarse y repetir que, si tenía un apellido vasco tenía que ser vasca o alguno de sus progenitores. Ya no sabíamos que decirle. Así que le puse un ejemplo: si me llamo Zamorano, ¿tengo que ser de Zamora?, o Sevillano, o Soriano...

Yo creo que todo tiene una razón, pero por entonces no conocía la realidad del País vasco. Que lo que aquí es lógico y natural, allí resulta ser imposible o inaceptable. La única razón es la educación que han estado impartiendo en los colegios. Es fácil adoctrinar a un niño y darle una visión distorsionada de la realidad. En su caso, han modificado la historia, la cultura, hasta la religión para adaptarla a sus propios fines. No saben que existen apellidos vascos por todo el mundo, porque sus antepasados eran viajeros y no le hacían ascos a nadie por aquel entonces.

Ahora que empieza una nueva etapa, no me atrevo a confiar en que las cosas puedan cambiar mucho. Lo que ha costado treinta años construir no va a desaparecer en cuatro. Pero por poco que se haga siempre será mejor que dejar las cosas como están. Espero que al menos no siga muriendo gente por esta causa. El País Vasco es un ejemplo de lo que la manipulación mental puede hacer con unas personas completamente normales. No caigamos otra vez en la misma trampa. No puede haber democracia sin libertad de pensamiento.

Música: la oreja de van gogh - escapar