lunes, 8 de abril de 2013

La verdad sobre la Cnt

CNT no puede borrar su pasado terrorista


Hace más de dos años que quería volver a escribir sobre ese grupo residual de pasado terrorista, la Confederación Nacional del Trabajo, las siglas bajo las que tantas personas fueron asesinadas por sus ideas y sus creencias. Pero la Justicia me lo impedía.
Una demanda por calumnias e injurias me ha obligado a mantener la boca cerrada  durante este tiempo mientras la CNT me acusaba de mentir acerca de su pasado. Ahora ha llegado la sentencia. El intento inquisitorial de los anarquistas ha fracasado: han perdido el juicio.

La CNT terrorista
En otoño de 2010 escribí en HazteOir.org lo siguiente:
“Se empieza a conmemorar estos días del centenario de la fundación de la Confederación Nacional del Trabajo, una organización que en el pasado, bajo el amparo de su actividad sindical, se convirtió en una banda terrorista responsable del asesinato de numerosas personas. 
Tras la transición, la CNT volvió a la actividad pública sin que le fueran reclamadas responsabilidades por su actividad. Sin embargo la presencia pública de esta organización, que los partidos de izquierda y el gobierno de la república se encargaron de exterminar físicamente durante la guerra civil, es irrelevante en nuestros días.” (Se inicia la conmemoración del centenario de una organización terrorista)
Por estas líneas, la CNT presentó una demanda y el juez ordenó, a instancias del irrelevante sindicato de pasado terrorista, “el cese inmediato de la comunicación y difusión por cualquier medio del texto”.

CNT hoy, un grupo residual
La CNT me sentó en el banquillo y en su demanda, el irrelevante sindicato anarquista demostró cuál es su verdadera preocupación en la actualidad: los demandantes no incidían en exceso en la ocultación de su pasado sangriento, que no parece preocuparles lo más mínimo, sino en que escribiera de ellos que son una formación residual. Se trata de un comportamiento lógico en quien no ha pedido perdón por los crímenes y las atrocidades cometidas en el pasado.

La CNT genocida
La CNT, como todo el movimiento anarquista, hunde sus raíces en lo más pútrido del siglo XX:
  • En el totalitarismo que le emparenta con comunistas y nazis, los tres, hijos de las ideologías que más víctimas han causado a lo largo de la historia de la Humanidad. Y los tres nacidos de una misma visión demoníaca: la que sustituyó la dignidad de cada  ser humano por la raza, por el partido o por la clase social.
  • En el genocidio documentado que los anarquistas, comandados por la CNT y la FAI, practicaron durante los años 30 del pasado siglo.
  • En el terrorismo, que constituyó su identidad durante buena parte del siglo XX, con asesinatos y magnicidios. Vale la pena leer el artículo que Elentir escribió a propósito de esta demanda, recordando el pasado sangriento de la CNT (¡muchas gracias, amigo!). Se titula La historia de la CNT y el terrorismo.
Ajenos a la viga que cuelga de su ojo, el irrelevante sindicato CNT cree que la sociedad española está obligada a olvidar el pasado de este sindicato del crimen y, sin haber lavado sus ensangrentadas manos, considera que somos los demás, ciudadanos españoles del siglo XXI, quienes hemos de ser condenados al silencio.

CNT: un caso práctico de totalitarismo
Cuando recibí la noticia de la sentencia absolutoria recordé a mis abuelos y volví a aquella mañana del verano del 36 que nunca viví más que a través de su relato, cuando un grupo de la FAI llamó a su puerta. Buscaban estampas, imágenes religiosas.
Entre los libros que había en la casa figuraba el Manual de las Hijas de María. Desde niña, mi abuela pertenecía a esta asociación. Había además medallas, los misales tan habituales en la época gloriosa en que la iglesia hablaba latín, y algunos otros objetos religiosos e imágenes. Poseer un solo objeto de carácter religioso condenaba a su propietario. En algunos lugares la CNT le asesinaba. En otros le encarcelaba sin otro juicio que el instinto criminal que alberga el ADN de la CNT.
Los anarquistas registraron toda la casa. Las imágenes y demás objetos religiosos habían sido ocultados precipitadamente en lo alto del armario del dormitorio principal. Uno de los milicianos palpó por encima del mueble y se dio cuenta de que había dado con los “peligrosos” objetos. Hubo un momento de silencio. Mi abuela y él se miraban de hito en hito.
El miliciano no dijo nada y salió del dormitorio. El responsable de aquel comando terrorista, despechado al no encontrar lo que buscaban, decidió llevarse a mi abuelo, que al fin y  al cabo era de Renovación Española y encima, católico. Demasiados delitos para la Barcelona del 36.

El Manual de las Hijas de María
A mi abuelo lo internaron en un campo de concentración a 500 kilómetros de su hogar. Mi abuela y sus hijos pasarían el siguiente año buscándole por todas las instalaciones de tortura repartidas a lo largo de la España republicana.
Cuando terminó la guerra el miliciano que no denunció la presencia de objetos religiosos fue encarcelado y condenado a muerte. Mi abuelo pudo sacarle de la cárcel y salvar su vida.
En mi mesilla de noche tengo muy pocos libros. Uno de ellos es el Manual de las Hijas de María, que mi abuela conservó toda su vida.
Esta mañana, al releer la sentencia, he pensado en las ideas que un día parecieron triunfar y hoy son irrelevantes. Y he dado gracias a quien debo dárselas por aquellas que siguen tan vivas como el primer día.
 mvidalsantos.com/2013/02/cnt-no-puede-borrar-su-pasado-terrorista.html