miércoles, 6 de marzo de 2013

Razones para no ser homosexual

(...) Debe quedar claro que la afectividad NO es asunto privado: roza, toca y transforma todo en la sociedad.

Ahí no paran las cosas. ¿Cuál es el argumento para permitir o incluso apoyar las expresiones afectivas homosexuales? Que se trata de personas adultas, en principio dueñas de sí mismas, que desean eso. ¿Y qué pasa si no son DOS personas que desean eso, sino por ejemplo, TRES? El mismo principio "moral" que permite que dos adultos se traten como se quieran tratar afectivamente, sin que importe su género, debe permitir que el número no importe. ¿Qué hay de malo en que cinco o diez adultos de reúnan a disfrutar de sus cuerpos, si nadie violenta a nadie? ¿Y qué hay de malo, si se aman y tratan con respeto, en que se compartan las mujeres o los hombres? ¿Por qué no tener matrimonios de tres o más? ¿Por qué no oficializar el "swinging" o cauqluier cosa que se ocurra a la mente de "personas adultas, en principio dueñas de sí mismas, que desean eso"? Ya hay intentos legales en Brasily en Canadá, en esa dirección. Ya uno ve cuál es el siguiente paso. Nos dirán algo como esto: "Sólo una mentalidad traumatizada con la sexualidad puede oponerse a que la gente sencillamente se ame y obre en consecuencia con su sentir y amar." El paso que sigue a ese es este: "¿Y por qué no pueden los niños conocer y explorar también su sexualidad? Son ridículas las leyes que ponen límites a las expresiones de afecto entre adultos y niños." Es decir: legalización de la pederastia, la efebofilia, y todo tipo de comportamientos, muy para el deleite de las miles de industrian que se lucran con las adicciones sexuales. Ya hay intentos legales en Holanda, en esa dirección.

Quiero subrayar algo: si uno llega a admitir que la razón suficiente para que dos adultos se expresen afecto es que ambos así lo quieren, cosa que es el argumento para permitir que los homosexuales se traten efectivamente como parejas, lo demás que he descrito hasta ahora se sigue forzosamente, con la lógica implacable de una demostración geométrica. Por favor, que nadie se engañe en este tema.

Y entonces, como el origen de la tendencia homosexual no es lo más relevante, ¿qué debe hacer la persona que siente la tendencia homosexual, sea por educación, circunstancias de infancia, o por factores que parecen casi genéticos o de nacimiento?

Debe hacer lo mismo que cada uno de nosotros debe hacer con las propias tendencias cuando no coinciden con el bien objetivo de la sociedad, de la Iglesia y finalmente de uno mismo: educarse en evitar lo que debe ser evitado para bien de todos. El hecho de que otros daños, causados por otras opciones y comportamientos, sea más inmediatamente visible, o que sea visible muy pronto en la persona que cae en él, no demuestra nada. Los legisladores sobre todo tienen el deber de preservar el bien mayor de la sociedad y eso requiere que todos, sea cual sea nuestra tendencia sexual, política o anímica, nos eduquemos y sepamos abstenernos de muchas cosas.

¿No hay acaso personas que desde su más temprana infancia tienen tendencias depresivas, sadísticas o mitómanas? Por supuesto, muchos se disgustarán de que yo haga esta comparación pero es que hablo desde el bien mayor de la sociedad, y hablo desde las consecuencias que siguen a partir del nefasto principio de que: "Lo que quieran los adultos no coaccionados es respetable ante la ley." Ese principio, aunque parezca deleitable al que se vale de él, implica la ruina progresiva de la familia y la sociedad, y por eso debe ser cuestionado, rebatido y rechazado.

Dos últimas anotaciones:

(1) Para las personas con tendencia homosexual, cualquiera sea su origen, lo mismo que para los demás seres humanos, es más sencillo y factible superar las tendencias objetivamente desordenadas cuanto mayor sea su apego a los bienes que van más allá de esta tierra y de los deleites puramente corporales o mundanos. Una vida espiritual robusta, no como consuelo magro sino como verdadera fuerza que mira con gozo y esperanza a la santidad, es de inmensa ayuda.

(2) Nada impide que las personas que tienen esta clase de tendencias cultiven con especial ahínco el don de la amistad tanto con hombres como con mujeres. De hecho el don de encontrar amigos que comparten nuestros valores más firmes es uno de los más valiosos recursos para superar las limitaciones que todos tenemos.

- Fr. Nelson Medina, O.P.

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