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martes, 5 de abril de 2011
Absurdo
"Si me vuelves a llamar tu musa, te parto las piernas", le dice una mujer a un hombre en una serie de televisión. ¿Desde cuando una mujer normal (que no practique artes marciales) tiene la capacidad para romperle las piernas a alguien?. O, ¿desde cuando resulta que la violencia gratuita se convierte en algo positivo cuando viene de una mujer y no de un hombre?. Volvamos a la realidad. Ni siquiera un hombre normalmente constituido podría hacer eso, ni falta que hace. Tanto hablar de respeto y tolerancia, y luego resulta que lo que vende en los medios de comunicación es el lenguaje agresivo y soez y la amenaza desproporcionada. ¿Es que nadie va a tomar cartas en este asunto, ni siquiera dentro del horario infantil?
Alguno pensará que no son más que palabras de unos personajes de ficción. Pero es que el lenguaje es la antesala de la acción. Cuando se quita importancia a un hecho grave, se banaliza y pierde su valor; de modo que una persona inmadura lo puede encontrar incluso normal. Y personas inmaduras, por desgracia, nos sobran en esta sociedad en que vivimos. Además, - como ya he dicho alguna vez -, crear esa impresión de invulnerabilidad en las mujeres puede resultar peligroso, haciendo que se enfrenten a situaciones de riesgo con una confianza injustificada. Más vale ser demasiado temeroso que demasiado osado; y esa actitud de gallo de pelea no ayuda a convivencia entre las personas.
Alguno pensará que no son más que palabras de unos personajes de ficción. Pero es que el lenguaje es la antesala de la acción. Cuando se quita importancia a un hecho grave, se banaliza y pierde su valor; de modo que una persona inmadura lo puede encontrar incluso normal. Y personas inmaduras, por desgracia, nos sobran en esta sociedad en que vivimos. Además, - como ya he dicho alguna vez -, crear esa impresión de invulnerabilidad en las mujeres puede resultar peligroso, haciendo que se enfrenten a situaciones de riesgo con una confianza injustificada. Más vale ser demasiado temeroso que demasiado osado; y esa actitud de gallo de pelea no ayuda a convivencia entre las personas.
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sábado, 11 de diciembre de 2010
Ingenieros e ingenieras
Aunque me hace daño en la vista escribir esta tontería de título, me quiero referir precisamente a la preocupante escasez de hombres en las carreras de ciencias. Hace treinta años eran mayoría aplastante. No me parece mal que hay mujeres a quienes les atraigan las carreras de ciencias, pero sí que haya tantos chicos que opten por titulaciones más fáciles, porque buscan el camino cómodo que les permita seguir manteniendo una vida despreocupada y una serie de vicios arraigados. Es decir, me preocupa que los chicos hayan perdido el espíritu de superación y sacrificio que se necesita para optar a una carrera de ingeniería.
En cuanto al trabajo posterior, puedo asegurar con conocimiento de causa que se trata de un empleo de jornada completa, sin horarios y, a menudo, con fines de semana incluídos. Me refiero a que es un trabajo de dedicación completa y, por tanto, bastante incompatible con la idea de casarse y tener hijos. Siendo así, me temo que esas mujeres ingeniero se vean en la tesitura de tener que elegir entre tener familia o prosperar en su profesión. Por lo que se ve, los ingresos económicos tienen más posibilidades de ganar en esta competición. Así que, el hecho de que existan muchas mujeres "ingenieras" constituye un problema para la futura natalidad o bien para el rendimiento efectivo de los trabajadores de las empresas.
En cuanto al trabajo posterior, puedo asegurar con conocimiento de causa que se trata de un empleo de jornada completa, sin horarios y, a menudo, con fines de semana incluídos. Me refiero a que es un trabajo de dedicación completa y, por tanto, bastante incompatible con la idea de casarse y tener hijos. Siendo así, me temo que esas mujeres ingeniero se vean en la tesitura de tener que elegir entre tener familia o prosperar en su profesión. Por lo que se ve, los ingresos económicos tienen más posibilidades de ganar en esta competición. Así que, el hecho de que existan muchas mujeres "ingenieras" constituye un problema para la futura natalidad o bien para el rendimiento efectivo de los trabajadores de las empresas.
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jueves, 2 de septiembre de 2010
Canal de televisión para hombres
Por suerte o por desgracia, la televisión es un reflejo de la sociedad en que vivimos y, especialmente el mundo de la publicidad. A pesar del Ministerio de igualdad, educación para la ciudadanía, etc., basta ver un rato la tele para comprobar que hombres y mujeres seguimos teniendo gustos diferentes. Ya que las productoras han intentado sacar productos aptos para todos los públicos, resulta que hay un sector importante de la población que no se veía representado. Existen canales para mujeres, pero no había para hombres. Ahora acaban de anunciar el primero. Es lo que ocurre cuando intentas luchar contra el sentido común y descartar lo evidente; que la realidad se acaba imponiendo antes o después.
Los anuncios, sin embargo, se rigen por la ley del mercado y, por esa razón, siguen siendo muy sexistas para mi gusto. Sin embargo, nadie se queja de que a las mujeres se les imponga la obligación de mantenerse atractivas a toda costa y a los hombres la de ser depredadores sexuales. Los anuncios dirigidos a las mujeres pretenden, al mismo tiempo, contentar a aquellas que reclaman un papel dominante en la familia; de modo que suelen presentar a los hombres como unos incapaces en cuestiones hogareñas. Los dirigidos a hombres siguen primando la idea de poder ligado a la riqueza y el éxito social. Total, que la televisión refleja el caos psicológico que sufre nuestra sociedad, dividida entre los instintos naturales y las normas de lo políticamente correcto.
Los anuncios, sin embargo, se rigen por la ley del mercado y, por esa razón, siguen siendo muy sexistas para mi gusto. Sin embargo, nadie se queja de que a las mujeres se les imponga la obligación de mantenerse atractivas a toda costa y a los hombres la de ser depredadores sexuales. Los anuncios dirigidos a las mujeres pretenden, al mismo tiempo, contentar a aquellas que reclaman un papel dominante en la familia; de modo que suelen presentar a los hombres como unos incapaces en cuestiones hogareñas. Los dirigidos a hombres siguen primando la idea de poder ligado a la riqueza y el éxito social. Total, que la televisión refleja el caos psicológico que sufre nuestra sociedad, dividida entre los instintos naturales y las normas de lo políticamente correcto.
domingo, 4 de abril de 2010
El otro lado de la igualdad
A menudo una idea loable acaba transformándose en algo negativo, por el puro afán de llevarla a los extremos. Si, hace tiempo, una mujer separada tenía problemas para defender sus derechos, ahora son los hombres separados los perdedores. Es bien sabido que la custodia de los hijos se suele dar a la mujer, y, con ella, las pensiones compensatorias; lo cual suele dejar a los ex maridos en una situación económica precaria. Pero, además, ahora la sociedad ha permitido una "caza de brujos" contra los hombres. De tal modo que, no sólo les privan de ver a sus hijos a su elección; sino que, además, a un hombre separado se le considera posible culpable de malos tratos físicos o psicológicos. Es difícil defenderse de una acusación tan solapada. Por eso, hay un porcentaje muy alto de denuncias falsas en los litigios de divorcio, aunque no existan pruebas en la mayoría de los casos.
La igualdad legal, llevada al extremo, está produciendo grandes desigualdades. Por ejemplo, los abuelos de parte de él y los hermanos pierden también la posibilidad de visitar a los niños. Siendo así, no es extraño que aumente la violencia en la pareja. De algún modo, si les van a acusar igual, no tiene sentido reprimirse. Un hombre separado se convierte al mismo tiempo en víctima y presunto verdugo. Con ello, no estoy queriendo justificar los malos tratos, sino, más bien, buscar las explicaciones que siempre existen cuando ocurre un fenómeno social. Por un parte, los jóvenes, chicos y chicas, son ahora más agresivos; por otra parte, las relaciones de hecho son más inestables que los matrimonios; y, en tercer lugar, pero muy importante, habría que modificar los procesos de separación para que sean realmente justos, y no salgan siempre perdiendo los hombres. Eso sí que sería defender una igualdad real.
La igualdad legal, llevada al extremo, está produciendo grandes desigualdades. Por ejemplo, los abuelos de parte de él y los hermanos pierden también la posibilidad de visitar a los niños. Siendo así, no es extraño que aumente la violencia en la pareja. De algún modo, si les van a acusar igual, no tiene sentido reprimirse. Un hombre separado se convierte al mismo tiempo en víctima y presunto verdugo. Con ello, no estoy queriendo justificar los malos tratos, sino, más bien, buscar las explicaciones que siempre existen cuando ocurre un fenómeno social. Por un parte, los jóvenes, chicos y chicas, son ahora más agresivos; por otra parte, las relaciones de hecho son más inestables que los matrimonios; y, en tercer lugar, pero muy importante, habría que modificar los procesos de separación para que sean realmente justos, y no salgan siempre perdiendo los hombres. Eso sí que sería defender una igualdad real.
lunes, 25 de enero de 2010
La guerra de los sexos
Aunque he escrito muchas veces sobre esto, parece que sigue sin estar nada claro. Los hombres y las mujeres no somos iguales, pero sí complementarios. Hoy en día las características masculinas son muy criticadas y, al mismo tiempo, imitadas por aquellas mujeres que desean progresar en el trabajo. Las cualidades de un lider son el ideal de cualquier hombre: autocontrol, fuerza de voluntad y ambición; lo cual conlleva una cierta frialdad o egoísmo. La emotividad, desde luego, está proscrita en el entorno laboral, lo cual supone que las mujeres se están masculinizando. Por otra parte, la incorporación de la mujer al trabajo supone que el hombre debe pasar más tiempo en casa con sus hijos, desarrollando unas aptitudes de empatía a las que no estaba habituado. Así que los hombres se están feminizando, pero sólo hasta cierto punto.
No se puede cambiar miles de años de historia en unas pocas decenas. Por ello, es natural que los hombres se resistan al cambio de la manera más sencilla, que es no asumiendo ningún tipo de compromiso sentimental. ¿Por qué pagar por el perejil, si te lo dan gratis?. ¿Por qué renunciar a la libertad y la independencia económica a cambio de obligaciones domésticas y familiares? Yo lo comprendo perfectamente. La mujer, por su parte, se ve forzada a desdoblar su personalidad entre su casa y el trabajo, y a presionar a su pareja para que le ayude. De este modo, no es más feliz de lo que lo eran nuestras abuelas. Al contrario, muchas están agotadas, insatisfechas y emocionalmente reprimidas. Eso es lo que ha conseguido la liberación de la mujer. Antes la mayoría estaban contentas con lo que tenían.
Para lograr un equilibrio en este campo tan complicado, es imprescindible que uno de los dos en la pareja sacrifique sus ambiciones profesionales. Es decir, que el hombre o la mujer deberían trabajar menos horas, para poder así compensar el tiempo extra que necesitan los niños y las tareas del hogar. Incluso teniendo una asistenta, hay cosas imprescindibles que ocupan mucho tiempo, como ir a la compra, poner lavadoras o cocinar. Cuando los dos llegan tarde y cansados a casa y se encuentran el trabajo sin hacer, las tensiones están servidas. Así, no es de extrañar que tantos acaben tirando la toalla, de los pocos que aún se atreven a dar el paso de formar una familia. El panorama no es nada tentador. Pero algunos y algunas están encantados porque es esto precisamente lo que quieren.
No se puede cambiar miles de años de historia en unas pocas decenas. Por ello, es natural que los hombres se resistan al cambio de la manera más sencilla, que es no asumiendo ningún tipo de compromiso sentimental. ¿Por qué pagar por el perejil, si te lo dan gratis?. ¿Por qué renunciar a la libertad y la independencia económica a cambio de obligaciones domésticas y familiares? Yo lo comprendo perfectamente. La mujer, por su parte, se ve forzada a desdoblar su personalidad entre su casa y el trabajo, y a presionar a su pareja para que le ayude. De este modo, no es más feliz de lo que lo eran nuestras abuelas. Al contrario, muchas están agotadas, insatisfechas y emocionalmente reprimidas. Eso es lo que ha conseguido la liberación de la mujer. Antes la mayoría estaban contentas con lo que tenían.
Para lograr un equilibrio en este campo tan complicado, es imprescindible que uno de los dos en la pareja sacrifique sus ambiciones profesionales. Es decir, que el hombre o la mujer deberían trabajar menos horas, para poder así compensar el tiempo extra que necesitan los niños y las tareas del hogar. Incluso teniendo una asistenta, hay cosas imprescindibles que ocupan mucho tiempo, como ir a la compra, poner lavadoras o cocinar. Cuando los dos llegan tarde y cansados a casa y se encuentran el trabajo sin hacer, las tensiones están servidas. Así, no es de extrañar que tantos acaben tirando la toalla, de los pocos que aún se atreven a dar el paso de formar una familia. El panorama no es nada tentador. Pero algunos y algunas están encantados porque es esto precisamente lo que quieren.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Equilibrio en la pareja
He recibido un correo muy curioso sobre la cantidad de cosas que han cambiado en las últimas décadas. Como por ejemplo, los ordenadores, los móviles, las series de televisión, el muro de Berlín, el fin de la guerra fría... Acaba con unas conclusiones sobre cómo sabes que ya eres mayor:
. Cuando entiendes el texto anterior y sonríes.
. Cuando, siendo hombre, por fin eres capaz de decirle que NO a una mujer sin remordimientos.
. Cuando, siendo mujer, por fin eres capaz de decirle que SI a un hombre sin remordimientos....
Y otras muchas verdades. Pero me ha gustado especialmente lo relacionado con hombres y mujeres. Es cierto que de joven te acostumbras a decirle que no a los hombres, porque algunos de ellos son como locomotoras que, si no los frenas, te arrollan. Entonces ellos se dedican a decirle que sí a las mujeres, a seguirnos la corriente, como camino seguro para alcanzar la armonía en la pareja. Ese orden de cosas tan típico de los noviazgos adolescentes, va cambiando con el tiempo. Para que una pareja realmente funcione es necesario volver al equilibrio. Cuando voy al supermercado, veo a menudo parejas donde ella le da instrucciones precisas a él sobre lo que hay que comprar y él se limita a seguirla como un perrillo faldero. No se les ve felices. Se nota que el hombre se está controlando para hacer lo que le apetece y la mujer se está esforzando el mantener las riendas de la situación. En esos casos siempre pienso en qué poco van a durar como matrimonio o lo que sean. Justo el tiempo hasta que él encuentre una mujer que le diga que sí, o ella un hombre que le diga alguna vez que no.
Pax romana es un término que se refiere a un estado de paz duradero que no es natural, sino forzoso. La paz a cualquier precio, a costa de sacrificar los intereses, los gustos y el carácter de uno de los miembros de la pareja sólo conduce a acabar matando el afecto y que no quede nada, más que ese respeto aparente. Hoy en día algunos hombres están tan acobardados ante la idea de que les puedan considerar machistas o incluso maltratadores psicológicos que se sienten obligados a actuar en contra de su propia naturaleza. Tal vez sea uno de los secretos de mi matrimonio y otros que conozco igual de duraderos, que yo aprendí pronto a decir que sí y a aceptar un no por respuesta. Creo que a ninguna mujer normal le gusta tener por pareja a un hombre sin carácter, que se deja llevar y le da todo igual. Otra cosa será lo que digan a sus amigas, pero realmente no hay más que mirar alrededor para comprobar que los hombres de éxito son aquellos que saben decir que no, y las mujeres más felices somos las que sabemos decir que sí de vez en cuando.
Música: Maná. Si no te hubieras ido
. Cuando entiendes el texto anterior y sonríes.
. Cuando, siendo hombre, por fin eres capaz de decirle que NO a una mujer sin remordimientos.
. Cuando, siendo mujer, por fin eres capaz de decirle que SI a un hombre sin remordimientos....
Y otras muchas verdades. Pero me ha gustado especialmente lo relacionado con hombres y mujeres. Es cierto que de joven te acostumbras a decirle que no a los hombres, porque algunos de ellos son como locomotoras que, si no los frenas, te arrollan. Entonces ellos se dedican a decirle que sí a las mujeres, a seguirnos la corriente, como camino seguro para alcanzar la armonía en la pareja. Ese orden de cosas tan típico de los noviazgos adolescentes, va cambiando con el tiempo. Para que una pareja realmente funcione es necesario volver al equilibrio. Cuando voy al supermercado, veo a menudo parejas donde ella le da instrucciones precisas a él sobre lo que hay que comprar y él se limita a seguirla como un perrillo faldero. No se les ve felices. Se nota que el hombre se está controlando para hacer lo que le apetece y la mujer se está esforzando el mantener las riendas de la situación. En esos casos siempre pienso en qué poco van a durar como matrimonio o lo que sean. Justo el tiempo hasta que él encuentre una mujer que le diga que sí, o ella un hombre que le diga alguna vez que no.
Pax romana es un término que se refiere a un estado de paz duradero que no es natural, sino forzoso. La paz a cualquier precio, a costa de sacrificar los intereses, los gustos y el carácter de uno de los miembros de la pareja sólo conduce a acabar matando el afecto y que no quede nada, más que ese respeto aparente. Hoy en día algunos hombres están tan acobardados ante la idea de que les puedan considerar machistas o incluso maltratadores psicológicos que se sienten obligados a actuar en contra de su propia naturaleza. Tal vez sea uno de los secretos de mi matrimonio y otros que conozco igual de duraderos, que yo aprendí pronto a decir que sí y a aceptar un no por respuesta. Creo que a ninguna mujer normal le gusta tener por pareja a un hombre sin carácter, que se deja llevar y le da todo igual. Otra cosa será lo que digan a sus amigas, pero realmente no hay más que mirar alrededor para comprobar que los hombres de éxito son aquellos que saben decir que no, y las mujeres más felices somos las que sabemos decir que sí de vez en cuando.
Música: Maná. Si no te hubieras ido
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