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lunes, 18 de abril de 2011

Kate Moss y Charlie Sheen

Para tener una idea sobre la degradación de nuestra sociedad basta con ver quiénes son sus ídolos mediáticos. No sólo en la prensa rosa, sino incluso en la seria, aparece gente como Kate Moss, cuya vida no es precisamente un ejemplo a seguir. Una top model que solamente mide 1,70 m. de altura, lo cual ya de por sí es extraño y hace pensar cómo ha podido llegar tan lejos en el mercado de la moda, donde todas miden más de 1,80 m. por principio. Por otra parte, físicamente no es ninguna belleza y menos ahora que se ve demacrada por sus excesos y, sin embargo, sigue siendo la estrella del momento. Tal vez porque su fama no proviene de su trabajo sino de sus relaciones conflictivas con rockeros famosos y sus juergas nocturnas, que incluyen alcohol y drogas sin límite. Es el icono perfecto de un modo de vida apegado al consumismo, sin moral ni valores.

Otro ejemplo lo constituye el actor Charlie Sheen, el mejor pagado de Hollywood; más famoso por sus adicciones y sus desplantes que por su trabajo. Sin embargo, asombrosamente, ha sido ese comportamiento asocial el que ha subido su cotización hasta límites insospechados. Aún así, ha sido despedido de su propia serie debido a sus excesos, pero no parece que eso le preocupe, ya que sabe cuál es su pasaporte a la fama.  ¿Qué clase de sociedad le estamos presentando a los niños y adolescentes?. Un lugar donde sólo importa el dinero y el poder del que dispongas y no la forma en que lo has logrado. Un paraíso de los antivalores, donde, cuanto más te saltas las normas y pones en peligro tu vida, más te aprecia ese monstruo que hemos creado, que es el gran público.

sábado, 20 de noviembre de 2010

Harry Potter: la buena literatura

Cuando se habla de escritores buenos, no se suele incluir las novelas, menos aún las consideradas literatura juvenil. Los libros que pasan a los anales de la cultura suelen ser serios, intelectuales y a menudo, ininteligibles. Son obras aptas para unos pocos lectores privilegiados que son capaces de captar sus matices, y otra gran cantidad de personas que asegurarán haberlas leído y haberlas comprendido, aunque no sea cierto. Nunca se oye decir, por ejemplo, que El señor de los Anillos sea una gran obra de la literatura universal y, sin embargo, tiene méritos sobrados para ser considerada así. Sólamente le falla una cuestión: que se trata de unas novelas del género de fantasía y, por tanto, no entran en la clasificación.

Ocurre lo mismo con Harry Potter. Considerado lectura infantil, aunque, desde luego, no es apto para niños pequeños; encierra todo un mundo de matices psicológicos y sociológicos que, ya de por sí, justifica que se considere como una saga de calidad. Pero nunca alcanzará esa categoría - no al menos en este siglo - porque se trata también de fantasía, no investiga temas históricos con más o menos acierto, no introduce opiniones políticas con algún disimulo, ni pretende modificar los valores en los que se funda nuestra sociedad. Es simplemente la historia de un adolescente, con sus inseguridades, sus complejos y sus miedos; pero con una misión en la vida: defender el bien y la justicia. Sólo por eso ya vale la pena su difusión.

Además tiene el enorme mérito de haber acercado a la lectura a millones de chicos de todo el mundo. Son unos libros que gustan igual a jóvenes que a adultos. Cualquiera puede sentirse identificado con el protagonista y sus compañeros. También subraya el valor de la amistad y el compañerismo; favorece también el arrepentimiento y el perdón. En otras palabras, toda la saga tiene un aspecto muy positivo, siendo al mismo tiempo realista e imaginativa; con mucha acción pero sin descuidar los sentimientos; una historia que te mantiene enganchado desde la primera novela hasta la última, mientras sus protagonistas y los actores que los interpretan van evolucionando como su propia vida..

lunes, 5 de julio de 2010

La realidad

Una cosa son las teorías que se tienen sobre cómo debería ser nuestra vida y nuestro futuro. A lo largo de años de vida y experiencias vas sacando unas conclusiones acerca de cómo funcionan las cosas y cómo deberían hacerse para mejorar y dar mejores resultados. En mi caso, he dedicado veinte años a llevar a cabo mis ilusiones acerca de crear una familia en la cual cada uno pudiera desarrollar sus capacidades de forma armónica y alcanzar una cierta felicidad, dentro de lo que cabe. Pero luego, aparecen otras circunstancias que no puedes controlar y a veces echan todo el trabajo por tierra, sin que puedas hacer nada más que quedarte mirando como tus sueños se  volatilizan ante tus ojos.

He perdido la inspiración por varios motivos: en primer lugar, porque estoy preocupada por mis padres que andan mal de salud; en segundo lugar, porque me ha afectado lo del perrillo; en tercer lugar, porque la batalla contra el aborto parece perdida de momento. Pero, sobretodo, lo que más me afecta es que mi propio hijo mayor parece estar completamente en desacuerdo; no sólo con mis ideas políticas, -que es lo de menos-, sino con toda mi filosofía de vida; con todo lo que yo pensaba que le había enseñado mediante el ejemplo respecto a valores como el trabajo, el sacrificio o la dedicación a los demás. Sólo me queda esperar que no sea más que un sarampión de la edad y, sobretodo, que no le aleje de su familia.

domingo, 7 de junio de 2009

Opiniones

Los que llevan tiempo por aquí saben que yo solía aceptar las opiniones contrarias con bastante deportividad. El problema es distinguir cuándo una crítica se convierte en un ataque personal. Por ejemplo, dar a entender que soy tonta y sólo repito lo que me dicen como un lorito, es un insulto, aunque se diga más o menos educadamente. Asimismo, aprovechar cualquier excusa para aludir a mi condición de católica y arremeter contra la Iglesia, tampoco es admisible. Estoy cansada del tema, pero repetiré una vez más que el aborto no es un problema político ni religioso; es una cuestión de moral universal.

Os traigo una frase de David Cameron, lider del partido conservador británico: "Yo diría que los conservadores tendemos a pensar que los laboristas andan equivocados en sus puntos de vista y en sus políticas, pero hay laboristas que directamente piensan que los conservadores somos una gente malvada y detestable por naturaleza, lo que resulta tan ridículo como erróneo". Así que como veis no se trata de un problema exclusivo de España. Y otra de Juan Manuel de Prada: "... lo que pasa es que hay una gran plasta que cae sobre todo y hace que todo el mundo piense igual, y el que no piensa igual no se atreve a decirlo. Estamos padeciendo lo que yo llamo la tiranía impuesta".

Decir que yo soy una persona autoritaria, que no respeto otras posturas, es absurdo en sí mismo, porque no estamos discutiendo de tonterías sino de valores absolutos. Es decir, si estoy en contra de la infidelidad, no puedo admitir excepciones de una vez por semana, por ejemplo. Tampoco se puede defender el derecho a la vida a medias. Pero lo más curioso es que algunos creen que no puedo soportar las críticas porque soy demasiado blanda. Tengo tres hijos adolescentes. A pesar de que los míos son bastante tranquilos para lo que se ve por ahí, estoy acostumbrada a que me juzguen y me condenen a diario.

Lo que dice una adolescente no se le puede tener en cuenta porque son sus hormonas las que hablan. Sin embargo, pueden ser muy crueles. Además, naturalmente, te importa mucho más la opinión de alguien que aprecias que la de un extraño. Si además resulta que son inteligentes, incisivos y sarcásticos, el resultado puede ser demoledor. A veces pienso que voy a volver a abrir los comentarios, pero dejaré que los contesten mis hijos. Entonces sí que tendrían motivos algunos para decir que soy agresiva y no acepto más que mi punto de vista. Yo sí que me iba a divertir. Esta es la campaña electoral más sucia que he visto, y ya llevo unas cuantas.

jueves, 21 de mayo de 2009

La declaración

"Me llamo Anna y no debería estar aquí. No debería existir. Pero existo.

Año 2140. Inglaterra. La creación de un fármaco contra el envejecimiento ha permitido vencer la enfermedad y la muerte. Con el fin de evitar la superpoblación del planeta, se promulga la Declaración, ley fundamental que prohíbe a las parejas tener hijos. Las personas que nacen a pesar de esta ley se denominan Excedentes y no tienen derecho a vivir en el mundo de los Legales, pero, adiestrados correctamente, pueden ser muy valiosos como mano de obra esclavizada y desechable.
Anna tiene quince años y es una Excedente. Despojada de su apellido, de su pasado y recluida en un centro de internamiento, su vida se reduce a trabajar duro para convertirse en Empleada Valiosa. Sin embargo, la llegada de un misterioso joven llamado Peter dará un giro radical a su vida, hasta el punto de hacer tambalear el siniestro orden social que la arrogancia y la codicia del hombre han creado".

"Sensacional. Un libro que hace pensar y permanece en el recuerdo". The bookseller
"Un debut intensamente conmovedor". Publishing news
"Seguir a Anna a medida que descubre, poco a poco, el valor de su vida es un placer poco común. Tam-Tam
"Malley invita a los adolescentes a reflexionar sobre la afirmación de la personalidad y la defensa de las libertades individuales y colectivas. Un libro magnífico". Lire
Autora: Gemma Malley

Esta es la contraportada de un libro que sí deberían recomendar como lectura obligatoria en los colegios. Es una ficción muy real sobre lo que podría ser de nuestra sociedad si seguimos por el camino de querer vivir para siempre a costa de los no nacidos.

sábado, 14 de marzo de 2009

En el ojo del huracán

A veces siento que vivo en un oasis en el desierto. Tengo miedo de que mis hijos salgan y se pierdan en la inmensidad. A veces siento que estoy en el ojo del huracán, allí donde reina la calma, pero una ráfaga de viento me puede arrebatar de repente todo lo que quiero. A veces soy tan feliz que me da miedo. Llega la primavera y un gorroncillo canta sobre la barandilla de mi balcón. Mis hijos crecen sanos y responsables, y mis padres siguen ahí. Nuestros numerosos parientes y nuestros pocos amigos se encuentran sin novedad. Y yo me pregunto si es posible tanta tranquilidad.

Miro a mi marido y siento que le quiero tanto o más que antes, que los años nos han unido y sólo quiero envejecer a su lado. Miro a mis hijos, que ya son más altos que yo, y pienso que no se nos ha dado tan mal. Vivo donde quiero vivir, llevo una vida que me llena. Podría hacer alguna cosa más, pero de momento no se ha dado la ocasión. No tengo prisa. No necesito más dinero, ropa, viajes, aventuras... Soy feliz con sólo poder conservar lo que tengo en este momento. Me pregunto si todo esto es real.

Afuera, hay un mundo donde tres cuartas partes de la humanidad sufren miseria y violencia. Afuera, hay un país donde conceden medallas a los toreros. Afuera, hay una sociedad donde la gente como yo empezamos a ser una especie en extinción. Me preocupa que mis hijos se sientan rechazados por culpa de la educación que han recibido. Los valores del siglo XX están pasados de moda y a nadie le gusta ser diferente. Es culpa mía que vean más allá de las apariencias, que tengan otros intereses. Sería mucho más fácil si todo les diera igual.

A mis hijos les gusta leer y aprender cosas nuevas. Mis hijos valoran el amor, la familia, la vida y las pequeñas cosas cotidianas. Mis hijos se llevan bien, no dicen palabrotas habitualmente, no fuman, no beben... A veces me parece que les he hecho una faena. Les he condenado a pensar por su cuenta y no dejarse llevar, como mis padres hicieron conmigo. Les he enseñado a apreciar las diferencias y respetar a los demás; pero me temo que no van a recibir el mismo trato. Tal vez tenía que haber dejado que siguieran la corriente. Pero puede que todavía se cansen y lo hagan, porque son libres de seguir su propio camino, y ya no hay nada que yo pueda hacer al respecto.