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miércoles, 13 de abril de 2011

Cómo complicarse la vida

Las paredes de mi casa son delgadas y oigo habitualmente a unos vecinos. Tengo que decir que raro es el día en que no discuten y a menudo por razones muy obvias. Por ejemplo, todas las noches su padres les grita si se han lavado los dientes; cosa bastante normal, si no fuera porque sus hijas ya tienen doce, quince y diecisiete años respectivamente. Creo que ya son mayorcitas para seguir con eso. Luego está el tema de las tareas de la casa. Su madre no trabaja, pero las tres hijas tienen muchas obligaciones asignadas que van haciendo por turnos. De manera que, cuando a alguna se le olvida hacer algo, ya tenemos la bronca montada. Digo yo, que con tres hijas ya no necesitan asistenta. Me parece un poco abuso, la verdad.

Luego además pretenden que estudien y saquen buenas notas, y sospecho que no lo consiguen. Pero, la cuestión es que me da la impresión de que la gente se complica la vida sin necesidad. ¿Por qué pasarse el día discutiendo por temas sin importancia?. La vida ya trae bastantes preocupaciones serias para andar inventándose problemas donde no los hay. Me parece que hay gente que no sabe vivir en paz y tranquilidad. Es como aquellos que sobrecargan a sus hijos de actividades extraescolares, y luego se quejan de que no les queda un minuto libre por la tarde. Hay que aprender a aburrirse y también a llevarse bien. La vida son tres telediarios y no merece la pena pasarlos corriendo o discutiendo.

miércoles, 15 de julio de 2009

En casa del herrero...

Sospecho que mi hijo no tiene ninguna intención de casarse o tener niños. Claro está, que todavía no ha cumplido los dieciocho, pero la mentalidad social está haciendo mella en él a pesar de mi influencia. El hombre es cazador por naturaleza, pero con el tiempo acaba volviéndose sedentario, si encuentra alguien adecuado. Sin embargo, hoy en día vivimos en un coto de caza donde las piezas se entregan voluntariamente a tus pies sin tener que hacer el menor esfuerzo. Siendo así, no tiene ningún sentido pensar en compromisos o sacrificios por la familia.

Para los pocos que se deciden, el camino incluye reparto de las tareas de la casa y cuidado de los hijos al cincuenta por ciento. Aún así, los hombres siempre serán presuntos culpables de maltrato, mientras no se demuestre lo contrario. Es duro ser marido y padre en estos tiempos. Por eso la mayoría ya no lo intentan y, los que lo hacen, se rinden ante la primera contrariedad. Los que sobreviven a las presiones y continúan su relación tienen un mérito enorme. Les toca seguir siendo trabajadores, responsables y firmes; pero, al mismo tiempo, tienen que ser cariñosos y sensibles. Les corresponde mantener a su familia, pero no tienen voz ni voto frente al embarazo, y pierden la custodia en caso de separación.

Si a lo largo de la historia, los varones se han tenido que buscar la vida para dar de comer a su mujer e hijos, trabajando en lo que hiciera falta; al menos tenían la contrapartida de mandar en sus casas. Ahora, además, tienen que aprender a cocinar, limpiar, planchar..., pero no pintan nada. No digo que no sea positivo que se involucren más en esas tareas, pero, me pongo en el lugar de mi hijo y comprendo que, pudiendo tenerlo todo igual a cambio de nada, ¿quién se lo pensaría dos veces?. Tendría que ser un poco tonto para estar dispuesto a arriesgarse en una aventura tan poco ventajosa. Aún así, espero que algún día lo haga.