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martes, 8 de marzo de 2011

Las dificultades

Cuando oigo que Dios no existe porque hay miseria en el mundo, enfermedad e injusticia, siempre contesto lo mismo: el hombre vive en libertad en un mundo cambiante, pero de las situaciones difíciles también se aprende. Si nuestra vida fuera tan monótona que no tuviéramos nada que perder, no tendríamos ocasión de probarnos a nosotros mismos, de conocer otras opciones o experimentar otras sensaciones. Todo sería una sucesión de días iguales sin emoción alguna. Es cierto que hay emociones que preferiríamos ahorrarnos, la verdad; pero lo cierto es que se disfrutan más los buenos tiempos cuando has pasado por otros peores. Las dificultades nos ayudan a ser mejores personas, aunque sólo sea por llegar a comprender más los problemas ajenos.

Por ejemplo, mi marido tiene que viajar bastante y yo preferiría que no lo hiciera. Sin embargo, soy consciente de que esos viajes son necesarios y que aportan algo positivo a su vida. En mi caso, tampoco me viene mal tener que arreglarmelas sola de vez en cuando. Además, cuando regresa me llevo una gran alegría. Supongo que todo eso compensa los viajes.  Ocurre igual con la vida, que hay situaciones negativas de las cuales se acaba sacando algo positivo a la larga, cuando lo ves en perspectiva. Las dificultades nos ayudan a ser más tenaces y nos hacen más fuertes. No se debe renegar de nada en la vida porque de todo puede llegar a surgir algo bueno. Se aprende más de la experiencia que de ninguna otra cosa.

lunes, 9 de agosto de 2010

Y tú, ¿qué haces?

Poniendo la televisión se ve que el principal entretenimiento de este país consiste en fisgonear las vidas ajenas. Tengo que reconocer que yo también a veces pico en esa manera de pasar el tiempo. Es muy fácil opinar y juzgar sobre las actitudes de otros, pero no es tan sencillo examinar nuestras propias vidas. ¿Cómo manejo yo mi tiempo y mi dinero?, ¿cuánta atención le presto a mis seres queridos?, ¿me importa de verdad el resto del mundo?. Es muy cómodo sumarse a la consigna de moda, -que un día es Palestina, otro las ballenas o el cambio climático-. Pero, existen situaciones difíciles más cerca de nosotros, a la vuelta de cada esquina. Hay problemas endémicos, como la malaria, a los que nadie presta atención. Hay injusticias graves que, por sabidas, ya no salen en los telediarios. ¿Qué hacemos nosotros en nuestras vidas a favor del medio ambiente, de los necesitados o nuestras propias familias?. Eso es lo que de verdad cuenta.

Para hacer examen de conciencia no hace falta ir a la iglesia, aunque también ayuda. Conviene pararse de vez en cuando a pensar si estamos satisfechos con nuestra vida. A veces no empeñamos en hacer lo que la sociedad espera de nosotros, en lugar de lo que nosotros realmente deseamos. La presión en ese sentido es ahora más fuerte que nunca. Lo políticamente correcto se ha convertido en una norma férrea. Así que os invito a que dejéis de pensar en lo que los demás hacen o dejan de hacer, y dediquéis un poco de tiempo en las vacaciones a reflexionar sobre si estáis haciendo lo correcto con vuestras vidas; no lo que otros opinan que es normal o lo que hace todo el mundo; sino lo que os puede hacer realmente felices. La felicidad verdadera no se obtiene de cosas materiales, sino de la relación con el prójimo, para intentar crear entre todos un mundo mejor.