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viernes, 18 de febrero de 2011
Evitar el dolor
Vivimos en una cultura obsesionada con eliminar el dolor. Sin embargo, eso es imposible. Especialmente porque el dolor es el síntoma de que pasa algo en nuestro cuerpo. Si nos torciéramos un tobillo, por ejemplo, y no nos doliera no le haríamos ni caso y no se curaría. También el embarazo es una fuente de dolores en muchos casos: náuseas, ardor de estómago, ciática... La única manera de evitarlos sería no quedarse embarazada. Por no hablar del famoso "parto sin dolor", que es una entelequia. A mí me han puesto la epidural dos veces y vaya cómo duele el pinchazo. Además los dolores anteriores no te los quita. Aún así, por supuesto, vale la pena sin dudarlo.
Los médicos obsesionados en evitar el dolor tienen el riesgo de preferir la muerte, ya que es la única de existencia indolora que existe. Pero, mientras exista posibilidad de curación, tanto el enfermo como el médico tienen la obligación de intentarlo, aunque sólo sea por sus seres queridos. Una vez que esté deshauciado, corresponde al paciente y familiares decidir cómo quiere pasar el proceso; no a los facultativos (siempre que no suponga acabar con su vida). También el dolor psicológico es duro de soportar, pero a veces es muy necesario; para desarrollar la empatía, es decir la commiseración con el dolor ajeno; o para aprender a valorar más lo que se tiene. Un psicólogo que sólo quiera evitar el sufrimiento tampoco les hace un favor a su pacientes.
Los médicos obsesionados en evitar el dolor tienen el riesgo de preferir la muerte, ya que es la única de existencia indolora que existe. Pero, mientras exista posibilidad de curación, tanto el enfermo como el médico tienen la obligación de intentarlo, aunque sólo sea por sus seres queridos. Una vez que esté deshauciado, corresponde al paciente y familiares decidir cómo quiere pasar el proceso; no a los facultativos (siempre que no suponga acabar con su vida). También el dolor psicológico es duro de soportar, pero a veces es muy necesario; para desarrollar la empatía, es decir la commiseración con el dolor ajeno; o para aprender a valorar más lo que se tiene. Un psicólogo que sólo quiera evitar el sufrimiento tampoco les hace un favor a su pacientes.
lunes, 24 de mayo de 2010
La perversión de las palabras 1
La perversión de las palabras
Uno de los cambios principales que ha traído el siglo es que el lenguaje ya no significa lo mismo que antes. Forma parte de la cultura de la muerte, de la que ya hablaba Juan Pablo II, y está decididamente controlado por la llamada Ideología de género. Según este concepto, las personas ya no pertenecemos a su sexo, sino que tenemos una orientación sexual, que cada cual puede elegir a su capricho. Sobre esta base, todas las relaciones entre la gente han perdido su sentido original; y, con ellas, las palabras que designaban ese tipo de conexiones sociales, como amor, pareja, matrimonio, hijos y familia, han pasado a significar otra cosa. Aunque parezca algo baladí, las consecuencias de la perversión del lenguaje nos conducen a la justificación de actos contra natura, como el aborto o la eutanasia.
Amor
Aunque se trata de un sentimiento universal, aplicamos esta palabra especialmente a las relaciones de pareja. No hay más que encender la televisión para darse cuenta de que, hoy en día, se considera “enamorado” a cualquiera que haya tenido una relación esporádica en un bar de madrugada. El amor se identifica con el sexo y no se concibe sin él. Yo creo que una persona puede estar enamorada tres o cuatro veces en su vida (eso concediendo mucho). Confundir la amistad, la simpatía o la afinidad física con el amor, supone lo mismo que vaciar una naranja y quedarse con la cáscara. Para llegar a conocer la profundidad de este sentimiento hacen falta años de convivencia diaria y superar múltiples dificultades. El otro amor es un sucedáneo sin valor.
Uno de los cambios principales que ha traído el siglo es que el lenguaje ya no significa lo mismo que antes. Forma parte de la cultura de la muerte, de la que ya hablaba Juan Pablo II, y está decididamente controlado por la llamada Ideología de género. Según este concepto, las personas ya no pertenecemos a su sexo, sino que tenemos una orientación sexual, que cada cual puede elegir a su capricho. Sobre esta base, todas las relaciones entre la gente han perdido su sentido original; y, con ellas, las palabras que designaban ese tipo de conexiones sociales, como amor, pareja, matrimonio, hijos y familia, han pasado a significar otra cosa. Aunque parezca algo baladí, las consecuencias de la perversión del lenguaje nos conducen a la justificación de actos contra natura, como el aborto o la eutanasia.
Amor
Aunque se trata de un sentimiento universal, aplicamos esta palabra especialmente a las relaciones de pareja. No hay más que encender la televisión para darse cuenta de que, hoy en día, se considera “enamorado” a cualquiera que haya tenido una relación esporádica en un bar de madrugada. El amor se identifica con el sexo y no se concibe sin él. Yo creo que una persona puede estar enamorada tres o cuatro veces en su vida (eso concediendo mucho). Confundir la amistad, la simpatía o la afinidad física con el amor, supone lo mismo que vaciar una naranja y quedarse con la cáscara. Para llegar a conocer la profundidad de este sentimiento hacen falta años de convivencia diaria y superar múltiples dificultades. El otro amor es un sucedáneo sin valor.
viernes, 2 de abril de 2010
El túnel
A pesar de la Fé, a veces me siento como si estuviera sola en un túnel del que no se ve el final. Entonces, nada tiene sentido, ni lo que he vivido antes ni lo que pueda vivir después. Mi mundo se reduce al momento presente. Mi mente gira alrededor mío y pienso si vale la pena continuar. En ocasiones, me vuelvo una gran egoísta y no deseo más que poder cerrar los ojos y dormir para siempre. Si, en esos momentos de mi vida, apareciera una mano ¿amiga?, y me dijera: ven conmigo, yo te ayudaré a no pensar, a no sentir; tal vez estaría tentada de firmar donde hiciera falta, por desaparecer y dejar de encontrarme a oscuras y perdida. En ciertos momentos, me siento incluso incapaz de rezar, -no sé por qué-, y me falla el consuelo de la oración. Pero yo sigo intentándolo, aunque una parte de mí me siga diciendo: déjalo, no vale la pena, déjate llevar por tu desidia hasta donde quiera llevarte. Jesucristo no quería morir. Se entregó a la muerte amando la vida.
Eso sin estar realmente enferma... Si, además de todo ello, estuviera impedida o tuviera dolores; con más razón, desearía tomar el camino de la desesperación. Pero, existe una medicación para estos casos. Si no fuera así, si dejáramos que la administración "ayudara" a todos los que desean, en un momento dado, quitarse de enmedio, ¿cuánta gente quedaría en nuestro país o en el resto del mundo?. El suicidio es una de las principales causas de muerte. La depresión es una de las primeras enfermedades en el ranking de las que afectan a la humanidad. No podemos optar por el camino fácil. Ayudar a un depresivo es algo duro y difícil, pero dejarle ir es ser cómplice de su asesinato. Negarle la atención psicológica que necesita, sabiendo que es posible; siempre será un delito contra la persona, por mucho que algunos quieran disfrazarlo de libertad de elección o de piedad. No hay compasión en abandonar a alguien en el túnel.
Eso sin estar realmente enferma... Si, además de todo ello, estuviera impedida o tuviera dolores; con más razón, desearía tomar el camino de la desesperación. Pero, existe una medicación para estos casos. Si no fuera así, si dejáramos que la administración "ayudara" a todos los que desean, en un momento dado, quitarse de enmedio, ¿cuánta gente quedaría en nuestro país o en el resto del mundo?. El suicidio es una de las principales causas de muerte. La depresión es una de las primeras enfermedades en el ranking de las que afectan a la humanidad. No podemos optar por el camino fácil. Ayudar a un depresivo es algo duro y difícil, pero dejarle ir es ser cómplice de su asesinato. Negarle la atención psicológica que necesita, sabiendo que es posible; siempre será un delito contra la persona, por mucho que algunos quieran disfrazarlo de libertad de elección o de piedad. No hay compasión en abandonar a alguien en el túnel.
martes, 3 de noviembre de 2009
Europa deprimida
En España murieron 3263 personas por suicidio en 2007 frente a 2741 en accidentes de tráfico. Parece ser en que, en los países del norte de Europa, están aumentando mucho las depresiones y los suicidios, especialmente en Francia, donde ya parece una epidemia. Sin embargo, en los países pobres practicamente no saben lo que es una depresión. Es como el tema de la alimentación: dicen que se muere tanta gente de hambre como de enfermedades derivadas del exceso de comida.
Así que, finalmente, todo mantiene un cierto equilibrio o justicia poética, que podríamos llamarle. Lo de las depresiones a mí no me extraña nada, fijándonos en unas sociedades que han sustituído el compromiso y la familia por el hedonismo y el individualismo. Cuando todo va bien y son jóvenes despreocupados es fácil ser feliz, pero cuando pasan los años y se encuentran sin un proyecto de futuro, naturalmente, se les cae el mundo encima.
Si a eso le añadimos excesos con el sexo, el alcohol y las drogas, que acaban pasando factura en su salud a largo plazo; tenemos jóvenes envejecidos de forma prematura y desmotivados hacia cualquier clase de relación personal. Treintaañeros con complejo de Peter Pan, divorciados varias veces buscando otra oportunidad más, padres de chicos sin problemas, pero muy problemáticos... Todo ello se combina con la falta de fe y solidaridad con el prójimo y de este cóctel sólo puede resultar una depresión.
Entonces algunas autoridades deciden que sale más barato y es más fácil ayudar a esas personas a morir que lo que sería indagar en las causas, ponerles tratamiento psicológico o cambiar su actitud ante la vida. Mientras, en los países pobres, siguen intentando evitar la muerte a causa de la guerra, el hambre o las enfermedades, y no les queda tiempo para arruinar sus vidas debido a su propia autocomplacencia.
Así que, finalmente, todo mantiene un cierto equilibrio o justicia poética, que podríamos llamarle. Lo de las depresiones a mí no me extraña nada, fijándonos en unas sociedades que han sustituído el compromiso y la familia por el hedonismo y el individualismo. Cuando todo va bien y son jóvenes despreocupados es fácil ser feliz, pero cuando pasan los años y se encuentran sin un proyecto de futuro, naturalmente, se les cae el mundo encima.
Si a eso le añadimos excesos con el sexo, el alcohol y las drogas, que acaban pasando factura en su salud a largo plazo; tenemos jóvenes envejecidos de forma prematura y desmotivados hacia cualquier clase de relación personal. Treintaañeros con complejo de Peter Pan, divorciados varias veces buscando otra oportunidad más, padres de chicos sin problemas, pero muy problemáticos... Todo ello se combina con la falta de fe y solidaridad con el prójimo y de este cóctel sólo puede resultar una depresión.
Entonces algunas autoridades deciden que sale más barato y es más fácil ayudar a esas personas a morir que lo que sería indagar en las causas, ponerles tratamiento psicológico o cambiar su actitud ante la vida. Mientras, en los países pobres, siguen intentando evitar la muerte a causa de la guerra, el hambre o las enfermedades, y no les queda tiempo para arruinar sus vidas debido a su propia autocomplacencia.
jueves, 27 de agosto de 2009
Morir como un perro
Yo tuve perro durante dieciseis años. Aquel animal era uno más de la familia. Lo quería muchísimo. Recuerdo que un día lo saqué a pasear cuando tendría unos catorce años y ya estaba canoso; y un señor, que pasaba por allí, me dijo algo así como: "Pobre animal. Deberías sacrificarlo". Le contesté que si su abuela también era vieja, debería matarla. En ese momento me la jugué con la inconsciencia de la juventud; pero creo que hoy, treinta años después, le contestaría exactamente lo mismo. Mi perro estaba bien y no era razón para acabar con él, sólo porque ya no fuese bonito ni tuviera el pelo lustroso. Hoy me alegro de haber estado con él hasta el final, aunque a mí tampoco me gustara verle tan viejecito.
Ahora me doy cuenta de que algunas ideas las he tenido claras desde el principio, aunque no fuera consciente de ello. Por entonces, la palabra eutanasia ni siquiera la conocíamos. Hoy son mis padres los ancianos y me duele verlos en ese estado, pero no renunciaría a un solo día de sus vidas, ni por mi comodidad ni por la suya propia. La vida tiene un inicio, una plenitud y una decadencia; y, cada época tiene su lado positivo si se sabe vivir plenamente. Pretender que sólo es digno de vivir aquel que se encuentra en perfecto estado, supone volver a las raíces mismas del nazismo. Nadie se suicida por gusto. Lo hacen por desesperación y soledad. Y por supuesto, nadie tiene derecho a decidir sobre el final de la vida de otros.
Ahora me doy cuenta de que algunas ideas las he tenido claras desde el principio, aunque no fuera consciente de ello. Por entonces, la palabra eutanasia ni siquiera la conocíamos. Hoy son mis padres los ancianos y me duele verlos en ese estado, pero no renunciaría a un solo día de sus vidas, ni por mi comodidad ni por la suya propia. La vida tiene un inicio, una plenitud y una decadencia; y, cada época tiene su lado positivo si se sabe vivir plenamente. Pretender que sólo es digno de vivir aquel que se encuentra en perfecto estado, supone volver a las raíces mismas del nazismo. Nadie se suicida por gusto. Lo hacen por desesperación y soledad. Y por supuesto, nadie tiene derecho a decidir sobre el final de la vida de otros.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
