sábado, 29 de septiembre de 2012

La segregación en la educación

El beneficio de segregar.

Cuando se ha hecho público en los foros de internet la posibilidad de
que alguien defienda una separación por sexos para conseguir unos mejores
resultados académicos en función del desarrollo diferente entre chicos y chicas,
el “progresismo” se ha rasgado las vestiduras.
Muchos pontifican que, tras semejante pretensión, sólo falta pedir la
discriminación por inteligencia, que vuelva eso de los “inteligentes A” los “mediocres
B” y los “tontos C”, a los que les ponían orejas de burro y de los que se reían todos,
como expresión del colmo espantoso al que nos puede llevar la educación
diferenciada.
Soy docente y, desde la igualitaria Logse veo cómo se discrimina a
los “torpes” en una clase que se llama “diversificación” y de la que se mofan
algunos alumnos más dotados, pues engloba a los que no pueden titular con el temario
establecido.
En esas clases segregadas se trata de conseguir un ambiente idóneo
para los menos capacitados y se les ayuda a sacar el mismo título con unos menores
conocimientos, lo que les invalida para seguir estudios de bachillerato salvo que
realicen un esfuerzo titánico.
Cuando algunos ponen el grito en el cielo porque se quiere separar a chicos
y chicas unas horas al día para que estudien los mismos temarios pero con un
ambiente más propicio, se olvidan de esos “discriminados”, (diversificados) a los
que se segrega por motivos intelectuales y se les enseña distinto temario. Con la mejor
intención, eso sí, y en su beneficio.

             ¿Por qué la segregación por sexos no puede tener también la mejor
             intención y ser un beneficio para quienes lo elijan libremente?
             Alicia V. Rubio Calle