sábado, 17 de julio de 2010

La nueva esclavitud 1

EL SUEÑO DE MARTIN LUTHER KING, HOY.  REFLEXIONES DE SU SOBRINA
Dra. Alveda King


El mensaje que voy a compartir sale de mi corazón, del amor a la vida y a la familia, y de un heredado sentido del deber de defender a los más vulnerables de nuestra sociedad.
Mi intervención de hoy y mi trabajo como activista de los derechos civiles están basados en tres verdades muy simples:
* que toda persona es merecedora de respeto por su condición de ser humano;
* que nunca hay vidas humanas que tengan menor ni mayor valor que el resto;
* que cada vida humana se inicia con su comienzo físico.
Como consecuencia de estas tres premisas, todo ser humano, nacido o no nacido, tiene derechos que deben ser respetados por la sociedad y protegidos por la ley.

El arrepentimiento es el primer paso para la salvación del alma; es también el primer paso para cambiar una cultura. Lo sé porque he visto mi cultura, la de América, cambiar a lo largo de mi propia vida.
En Estados Unidos hubo demasiado derramamiento de sangre y demasiado dolor porque algunas personas pensaban que los afroameriacnos no eran merecedores de respeto.  Fuimos escupidos. Fuimos golpeados y maltratados. Y fuimos linchados. Fuimos asesinados porque nos consideraron menos que humanos. Y así ocurre también con los bebés no nacidos, que hoy son linchados en el útero.

Pero el racismo no solo oprimió a los afroamericanos, sino que cauterizó la conciencia de los opresores. La gente se dio cuenta de que las fábulas de los racistas hacían sus propias vidas más cómodas, más prácticas, y se empeñaron en mantener esas falsedades. Dependían de esas falsedades. Y aunque se las creían, en su corazón sabían que no eran ciertas. Y así ocurre con las mentiras de los abortistas hoy en día.
Los no nacidos de hoy son los negros de ayer, aunque preservados de la vista y de las mentes para que no nos recuerden la injusticia que estamos cometiendo. El problema para los abortistas y para los que les apoyan es el mismo que los racistas y los segregacionistas tuvieron que encarar: la realidad. Los bebés no nacidos no van a desaparecer. Por eso el empeño de la industria abortista es negar la humanidad de aquellos a los que explotan y discriminan.