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sábado, 26 de febrero de 2011

Funcionarios...

He estado intentando apuntarme en una actividad de mi Ayuntamiento. Resulta que el mostrador de información no tenía a nadie durante las vacaciones escolares (tres semanas). Vuelto después y, qué casualidad, la empleada se ha puesto enferma del martes al jueves incluídos. Regreso el viernes y por la tarde tampoco trabaja. Total, que sospecho que la susodicha se ha pillado un mes de vacaciones, con la complicidad de sus compañeros de trabajo, pero, claro, no puedo probarlo. Y mientras, casi cinco millones de personas están en el paro en España, algunos sin derecho ya a prestación, mientras otros se aprovechan del contribuyente trabajando el mínimo posible. Y si está enferma de verdad, que le pongan un suplente. Será por funcionarios...

No digo que todos los funcionarios sean así, pero los que yo conozco, entre días Moscoso y bajas por enfermedad se pillan el doble de vacaciones que cualquier persona en la empresa privada. Entran tarde, salen pronto, se van a desayunar una hora y luego se quejan de que cobran poco al mes. La mayoría ganan exactamente el dinero que corresponde al trabajo que hacen. Otros pocos desafortunados (como ocurre en todas partes) son los que trabajan más horas de la cuenta y sin parar y cobran lo mismo. Siempre tiene que haber excepciones. Pero esta injusticia se solucionaría simplemente con que hubiera inspectores o algún tipo de control en la administración del estado sobre los empleados públicos, como ocurre en otros países.

sábado, 15 de enero de 2011

Mala fama

Dice mi hija, que estuvo hablando con unos chicos italianos, y le dijeron que las mujeres españolas tenemos fama de furcias. Siempre se había dicho aquello de la española "caliente", pero se refería más bien a la forma de bailar flamenco, especialmente las gitanas, con sus movimientos tan sensuales. Sin embargo, las mujeres españolas teníamos más bien fama de estrechas porque la moral imperante hace cuarenta años era la opuesta a la actual. Lo malo es que esos italianos no hablaban por hablar. Muchos europeos pasan sus vacaciones en Ibiza o en Benidorm Consideran que las mujeres españolas son fáciles debido a sus amplias experiencias en las noches de verano en cualquier lugar de costa de nuestra geografía. No es ofensa; es la realidad.

Muchas familias tienen por norma dinamitar las normas cuando llegan las vacaciones de verano. Especialmente, aquellos que tienen un apartamento en propiedad y vuelven todos los años. Sus hijos e hijas cuentan con pandillas de amigos mantenidos en el tiempo y los padres los dejan en sus manos tranquilamente, como si se tratara de la propia familia. Estos chicos hacen vida aparte de la casa. Se acuestan cuando otros se levantan, pasan las noches fuera y, practicamente, sólo ven a sus padres a la hora de comer, con suerte. No existen ninguna clase de control. Yo siempre me he negado a pasar esa clase de vacaciones, aunque sea mucho más cómodo desentenderse de todo. Los niños crecen y siguen a su aire convirtiéndose en esos jovenes alocados y esas mujeres desinhibidas que tan mala fama nos dan a todas las españolas.

lunes, 10 de enero de 2011

Salir de la rutina

Cuando tengo un periodo largo de vacaciones, aprovecho para hacer esas cosas que se van postergando siempre. Por ejemplo, guardar papeles y revisar los recibos. Eso lo hace mi marido porque yo soy negada con los números. También salimos algún día a la sierra de Madrid y otro nos vamos de excursión a algún lugar que no esté a más allá de cien kilómetros de distancia. Siempre vamos al cine. Me acuerdo de cuando decían que, debido al video y el dvd, iban a desaparecer las salas comerciales. No es lo mismo. Otro día nos paseamos por el centro de Madrid o algún parque. Solemos aprovechar para ir a ver animales a algún zoo o safari. Alguna vez vamos a ver un espectáculo que esté bien de precio.

Otra cosa importante es salir con mi marido a tomar algo por la noche. Esto no hemos podido hacerlo durante más de diez años. Luego, procuro comer fuera alguna vez y comprar comida hecha, porque yo también quiero vacaciones. En estas navidades hemos comido de restaurant dos veces y cenado una. También hemos ido a merendar. Otro sitio que visitamos a menudo son los grandes centros comerciales, generalmente buscando algo que no encontramos en nuestra zona. Cuando los niños eran pequeños, a veces íbamos simplemente a pasear y pasar la tarde, porque están frescos en verano y calientes en invierno. Así, procuramos hacer pequeñas cosas especiales cada día, para que vacaciones no sea sinónimo de ociosidad o incluso de aburrimiento.

lunes, 8 de noviembre de 2010

En otra habitación

Escuchando la radio (cadena Cope) me extrañó oir una opinión que va en contra de mi concepto de la pareja y de la familia. Decían que es muy sano que los cónyuges tomen de vez en cuando las vacaciones por separado, un fin de semana, una semana o quince días... Me parece una barbaridad. Si ya hoy en día las parejas pasan poco tiempo juntos. Entre sus trabajos, las tareas del hogar y las aficiones, algunos sólo coinciden en la cama. Sólo falta que, al llegar las vacaciones hagan planes diferentes y las compartan con amigos, o incluso prefieran irse en solitario. Eso es el acta de defunción de un matrimonio. Viajando solos sólamente multiplican sus posibilidades de iniciar otras relaciones. Las vacaciones son un prueba de fuego que toda pareja debe superar, juntos.

Para conservar su propio espacio, basta con que estén en habitaciones diferentes haciendo cosas distintas. Uno puede ver televisión, por ejemplo, mientras el otro está en el ordenador. Pero nunca más de un par de horas. De otro modo, la distancia se convierte en costumbre y se resiente la comunicación en la pareja. Está bien tener amigos o hobbies diferentes de vez en cuando, pero lo ideal es aprender a compartir lo más posible las horas de asueto. Las relaciones a distancia son muy difíciles de llevar. No se trata - como decían en la radio - de tener más temas de conversación por llevar vidas independientes. El matrimonio no es otra forma de entretenimiento; es un compromiso entre dos personas con una meta común. De poco sirve tener mucho que contar si no hay tiempo ni ocasión para hacerlo. Es necesario conservar un pequeño espacio propio, pero siempre que no sea a costa del espacio común de la pareja.