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lunes, 8 de noviembre de 2010

En otra habitación

Escuchando la radio (cadena Cope) me extrañó oir una opinión que va en contra de mi concepto de la pareja y de la familia. Decían que es muy sano que los cónyuges tomen de vez en cuando las vacaciones por separado, un fin de semana, una semana o quince días... Me parece una barbaridad. Si ya hoy en día las parejas pasan poco tiempo juntos. Entre sus trabajos, las tareas del hogar y las aficiones, algunos sólo coinciden en la cama. Sólo falta que, al llegar las vacaciones hagan planes diferentes y las compartan con amigos, o incluso prefieran irse en solitario. Eso es el acta de defunción de un matrimonio. Viajando solos sólamente multiplican sus posibilidades de iniciar otras relaciones. Las vacaciones son un prueba de fuego que toda pareja debe superar, juntos.

Para conservar su propio espacio, basta con que estén en habitaciones diferentes haciendo cosas distintas. Uno puede ver televisión, por ejemplo, mientras el otro está en el ordenador. Pero nunca más de un par de horas. De otro modo, la distancia se convierte en costumbre y se resiente la comunicación en la pareja. Está bien tener amigos o hobbies diferentes de vez en cuando, pero lo ideal es aprender a compartir lo más posible las horas de asueto. Las relaciones a distancia son muy difíciles de llevar. No se trata - como decían en la radio - de tener más temas de conversación por llevar vidas independientes. El matrimonio no es otra forma de entretenimiento; es un compromiso entre dos personas con una meta común. De poco sirve tener mucho que contar si no hay tiempo ni ocasión para hacerlo. Es necesario conservar un pequeño espacio propio, pero siempre que no sea a costa del espacio común de la pareja.

viernes, 9 de julio de 2010

Un televisor, un ordenador

Es el número ideal que debería haber por casa. Aún así, resulta difícil controlar lo que ven nuestros hijos y lo que hacen en internet. Recuerdo que, hace años, leí que en EE.UU. tenían un televisor por miembro de la familia y pensé: "Qué barbaridad. Están locos". Como suele ocurrir, ahora es también normal en nuestro país; y un ordenador portátil también para cada uno, desde los cinco años. Aparte del derroche energético que eso supone, estamos poniendo en manos inmaduras dos importantes fuentes de información. Bien utilizadas, resulta muy útiles, pero los niños no están preparados para distinguir lo positivo de lo negativo, lo divertido de lo peligroso. Necesitan un control continuo por parte de sus padres.

En otro orden de cosas, además, un televisor y un ordenador por persona, suponen que cada uno se sitúe en una habitación diferente de la casa y desaparezca la comunicación. De poco sirve tener cientos de "amigos" en las redes sociales si no te relacionas con tu propia familia. Ver juntos un programa de televisión también aporta temas comunes de conversación. Sin embargo, -como estoy confesando esta semana-, la verdad es que yo he seguido la consigna a rajatabla, y tampoco me ha servido de mucho. He controlado todo lo que veían mis hijos en televisión. Lo hemos visto juntos la mayoría de las veces. Tampoco he admitido más ordenadores en la casa y, aún así, hemos tenido problemas con internet. Total, que una cosa es la receta y otra el resultado.