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sábado, 16 de octubre de 2010
Aprovechar las cosas
Es uno de los lemas de mi vida. Por ejemplo, si compro algo que no me viene muy bien, aún así, procuro buscarle una utilidad. Si no la encuentro, lo dono o lo reciclo. En mi casa no hay nada nuevo que nunca se haya utilizado. Cuando mis hijos eran pequeños, les regalaban montones de juguetes. Yo procuraba que jugaran con todos, poniéndome con ellos a ver para que podían servir. Creo que no hemos desperdiciado nada por raro que fuera. Había un vecino, cuya madre me decía risueña que su hijo no abría siquiera los paquetes de los regalos, de tantos que recibía. A mí eso me parece una falta de educación elemental, aparte de un insulto hacia los muchos niños que no tienen tanta suerte. Nunca se lo dije. Me temo que es algo muy habitual dejar que los niños descarten cosas sin haberles dado siquiera una oportunidad. Luego se dedican a pedir más y más.
Ya he contado alguna vez que mi nevera tiene veintiun años, el coche de mi marido tiene veintitrés. ¿Cómo conseguimos que las cosas nos duren tanto? Simplemente, cuidándolas y utilizándolas correctamente. Si se utiliza la bicicleta como patinete, pongamos por caso, es difícil que pase del primer año. Cada cosa tiene un uso correcto que hay que respetar. Aún así, a veces se estropean. En casa tenemos la extraña costumbre de arreglarlo todo. A veces, la reparación cuesta igual que comprar otro nuevo, pero no tiene sentido tirar cosas que sirven. Debemos ser de los pocos que todavía van a los talleres de reparación y utilizan el pegamento en casa. Con él arreglaba mi marido los juguetes rotos y, de ese modo, no nos sentíamos culpables por desperdiciar nuestras cosas y nuestra suerte de poder tenerlas.
Ya he contado alguna vez que mi nevera tiene veintiun años, el coche de mi marido tiene veintitrés. ¿Cómo conseguimos que las cosas nos duren tanto? Simplemente, cuidándolas y utilizándolas correctamente. Si se utiliza la bicicleta como patinete, pongamos por caso, es difícil que pase del primer año. Cada cosa tiene un uso correcto que hay que respetar. Aún así, a veces se estropean. En casa tenemos la extraña costumbre de arreglarlo todo. A veces, la reparación cuesta igual que comprar otro nuevo, pero no tiene sentido tirar cosas que sirven. Debemos ser de los pocos que todavía van a los talleres de reparación y utilizan el pegamento en casa. Con él arreglaba mi marido los juguetes rotos y, de ese modo, no nos sentíamos culpables por desperdiciar nuestras cosas y nuestra suerte de poder tenerlas.
lunes, 10 de mayo de 2010
Carnet por puntos para padres
Ya sé que este post circula por internet hace años, pero es mío también. Es uno de mis mayores éxitos.
Está muy bien eso del carnet por puntos para los conductores, pero para cuándo un carnet por puntos para padres. Bueno, habría que empezar por un curso preconcepción, igual que hay cursillos prematrimoniales, porque mucha gente entiende de niños menos que de coches.
Una vez el niño aquí, entonces se entregarían los consabidos doce puntos por pareja, que se podrían perder por ejemplo en los siguientes casos:
- A los padres que les regalan a sus hijos un ordenador portátil, la psp, y el móvil 3G. - 4 puntos menos- por quitarles la ilusión de conseguir las cosas en su momento.
- A los padres que se creen que una asistenta o cuidadora puede sustituirles perfectamente en sus funciones con sus hijos -4 puntos menos- por caraduras.
- A los padres que deciden que un niño de ocho años ya es lo bastante mayor para ir y volver sólo del colegio y quedarse sólo en casa -6 puntos menos- por irresponsables.
- A los padres que optan por abusar de los abuelos y robarles sus merecidos años de jubilación. -6 puntos menos- por malos hijos.
- A los padres que les compran la última moda a los niños y no les importa si van literalmente enseñando el culo. - 6 puntos menos-
por no enseñarles a respetarse.
- A los que les ríen la gracia cuando se saltan las normas y perjudican al prójimo. -8 puntos menos- por no enseñarles a respetar.
- A los que permiten que se pongan tatuajes y piercings. -10 puntos menos por ponerlos en peligro físico.
- A los que les dejan volver a cualquier hora. -10 puntos menos- por privarles del descanso y no saber lo que están haciendo.
- A los que los cargan de actividades extraescolares para quitárselos de encima. -10 puntos menos- por tontos de no disfrutarlos.
- Y por último, a los que caen en todos los vicios a la vez, que son la mayoría, les quitaría los doce puntos y que hagan un cursillo de seis meses, a ver si aprenden a ser padres.
Yo tampoco soy perfecta, me temo, pero ya es bastante fácil equivocarse para encima empezar mal desde el principio.
Está muy bien eso del carnet por puntos para los conductores, pero para cuándo un carnet por puntos para padres. Bueno, habría que empezar por un curso preconcepción, igual que hay cursillos prematrimoniales, porque mucha gente entiende de niños menos que de coches.
Una vez el niño aquí, entonces se entregarían los consabidos doce puntos por pareja, que se podrían perder por ejemplo en los siguientes casos:
- A los padres que les regalan a sus hijos un ordenador portátil, la psp, y el móvil 3G. - 4 puntos menos- por quitarles la ilusión de conseguir las cosas en su momento.
- A los padres que se creen que una asistenta o cuidadora puede sustituirles perfectamente en sus funciones con sus hijos -4 puntos menos- por caraduras.
- A los padres que deciden que un niño de ocho años ya es lo bastante mayor para ir y volver sólo del colegio y quedarse sólo en casa -6 puntos menos- por irresponsables.
- A los padres que optan por abusar de los abuelos y robarles sus merecidos años de jubilación. -6 puntos menos- por malos hijos.
- A los padres que les compran la última moda a los niños y no les importa si van literalmente enseñando el culo. - 6 puntos menos-
por no enseñarles a respetarse.
- A los que les ríen la gracia cuando se saltan las normas y perjudican al prójimo. -8 puntos menos- por no enseñarles a respetar.
- A los que permiten que se pongan tatuajes y piercings. -10 puntos menos por ponerlos en peligro físico.
- A los que les dejan volver a cualquier hora. -10 puntos menos- por privarles del descanso y no saber lo que están haciendo.
- A los que los cargan de actividades extraescolares para quitárselos de encima. -10 puntos menos- por tontos de no disfrutarlos.
- Y por último, a los que caen en todos los vicios a la vez, que son la mayoría, les quitaría los doce puntos y que hagan un cursillo de seis meses, a ver si aprenden a ser padres.
Yo tampoco soy perfecta, me temo, pero ya es bastante fácil equivocarse para encima empezar mal desde el principio.
miércoles, 7 de abril de 2010
Miss Madrid
La otra noche en Antena tres encontré una entrevista con una chica que aseguraba haber sido acompañante de lujo de muchos famosos. Lo extraño era que ella, no sólo no se arrepentía de su labor, sino que afirmaba haberlo hecho por gusto y por su elección. No pasa na, pero en no pasando na, que sepas que serlo, eres. El calificativo no cambia porque disfrute de su actividad, sino más bien al contrario. Lo bueno era que su expresión, a punto de echarse a llorar, desmentía de forma efectiva sus propias palabras.
Todavía me acuerdo, y no me puedo creer cómo intentaba convencerse de que lo suyo era simple amistad, aderezada con "regalos" de cientos de miles de euros. Ése es el ejemplo que estaba dando a todas las jovencitas que pudieran estar escuchando en ese momento. Ahora resulta que no se trata de prostitución si eres capaz de disfrutar del sexo con un desconocido, por la simple razón de que es atractivo o lo hace bien. Como animales en un establo..., los sentimientos no tienen nada que ver.
Me preocupa que se estén generalizando esta clase de declaraciones y, no, no creo que sea simple casualidad. ¿Cuánto le han pagado a esa Miss Madrid para que acabe de echar a perder su reputación y su vida?. No sé si es consciente de que la belleza se acaba. Dentro de unos años, -pocos-, estará bañándose en billetes de quinientos euros, pero sola. Entonces, probablemente, sea ella la que tenga que pagar por la compañía y comprarse un acompañante.
Éste es el modelo de sociedad que muchos quieren. Abajo el amor. Vive el momento. Sobretodo, no te arrepientas de nada. Eso es lo que pretenden los creadores de Gran Hermano o I love Escassi. Convertir a todas las chicas en fulanas satisfechas. Luego, para colmo, llega la ministra y dice que no, que no se trataba de eso. Pues, ¿de qué se trata?. Cuando, en la relación de pareja, desaparecen las emociones y los afectos, las mujeres pasan a ser objetos de uso y disfrute, por más que ellas quieran pensar que conservan el control de la situación.
Todavía me acuerdo, y no me puedo creer cómo intentaba convencerse de que lo suyo era simple amistad, aderezada con "regalos" de cientos de miles de euros. Ése es el ejemplo que estaba dando a todas las jovencitas que pudieran estar escuchando en ese momento. Ahora resulta que no se trata de prostitución si eres capaz de disfrutar del sexo con un desconocido, por la simple razón de que es atractivo o lo hace bien. Como animales en un establo..., los sentimientos no tienen nada que ver.
Me preocupa que se estén generalizando esta clase de declaraciones y, no, no creo que sea simple casualidad. ¿Cuánto le han pagado a esa Miss Madrid para que acabe de echar a perder su reputación y su vida?. No sé si es consciente de que la belleza se acaba. Dentro de unos años, -pocos-, estará bañándose en billetes de quinientos euros, pero sola. Entonces, probablemente, sea ella la que tenga que pagar por la compañía y comprarse un acompañante.
Éste es el modelo de sociedad que muchos quieren. Abajo el amor. Vive el momento. Sobretodo, no te arrepientas de nada. Eso es lo que pretenden los creadores de Gran Hermano o I love Escassi. Convertir a todas las chicas en fulanas satisfechas. Luego, para colmo, llega la ministra y dice que no, que no se trataba de eso. Pues, ¿de qué se trata?. Cuando, en la relación de pareja, desaparecen las emociones y los afectos, las mujeres pasan a ser objetos de uso y disfrute, por más que ellas quieran pensar que conservan el control de la situación.
viernes, 11 de diciembre de 2009
Navidades de verdad
Hay quien dice que a la Navidad deberíamos llamarle fiestas de invierno, ahora que la mayoría de los españoles ya no se consideran católicos. Hubo un tiempo en que Europa no se llamaba así, sino que era la Cristiandad. Durante más de dos mil años el cristianismo se convirtió en la razón de ser de los países de este continente y muchos otros en América o Asia. Las diferentes opciones: católicos, protestantes, heterodoxos no eran más que distintos nombres para una misma fe.
Mientras nosotros íbamos olvidando el origen de nuestras leyes y tradiciones y todo nuestro modo de entender la sociedad, en otra parte del mundo el islamismo se está volviendo cada vez más radical. Unos piensan que la religión ya no es necesaria y otros están dispuestos a todo para imponerla al resto. Qué mundo más contradictorio. El problema real es que aquellos que abandonan sus principios morales son presa fácil para otros grupos humanos que conservan un nexo de unión fuerte.
No me gustan nada las fiestas de Navidad tal como las vivimos ahora. Cuando era pequeña, los regalos no eran más que una parte del hecho de reencontrarse con la familia y pasar un buen rato juntos. Ahora el consumismo se ha convertido en el auténtico motivo de que nos reunamos. Gastar en objetos innecesarios, gastar en comidas que nos van a provocar una indisgestión, gastar en ropa para la ocasión, salir de fiesta y perder el control, despertarse al día siguiente pensando: nunca más; volver a repetir el año siguiente porque no puedes hacerle eso a tus padres.
Todo esto acompañado de un inmenso paripé formado a partes iguales por belenes y reyes magos, o papa noel con sus renos; símbolos cristianos que no tienen ningún sentido en esta bacanal de desenfreno. Añadimos la relación con personas a las que no ves el resto del año, y no es porque vivan en Kuwait, y las posibilidades de que algo salga mal se multiplican por mil. Pero hay que cumplir una vez más con el ritual, aunque sólo sea por los niños. Para celebrar el nacimiento de Jesucristo no necesito una fecha determinada. De verdad que el día que impongan unas navidades laicas seré la primera en agradecerlo.
Mientras nosotros íbamos olvidando el origen de nuestras leyes y tradiciones y todo nuestro modo de entender la sociedad, en otra parte del mundo el islamismo se está volviendo cada vez más radical. Unos piensan que la religión ya no es necesaria y otros están dispuestos a todo para imponerla al resto. Qué mundo más contradictorio. El problema real es que aquellos que abandonan sus principios morales son presa fácil para otros grupos humanos que conservan un nexo de unión fuerte.
No me gustan nada las fiestas de Navidad tal como las vivimos ahora. Cuando era pequeña, los regalos no eran más que una parte del hecho de reencontrarse con la familia y pasar un buen rato juntos. Ahora el consumismo se ha convertido en el auténtico motivo de que nos reunamos. Gastar en objetos innecesarios, gastar en comidas que nos van a provocar una indisgestión, gastar en ropa para la ocasión, salir de fiesta y perder el control, despertarse al día siguiente pensando: nunca más; volver a repetir el año siguiente porque no puedes hacerle eso a tus padres.
Todo esto acompañado de un inmenso paripé formado a partes iguales por belenes y reyes magos, o papa noel con sus renos; símbolos cristianos que no tienen ningún sentido en esta bacanal de desenfreno. Añadimos la relación con personas a las que no ves el resto del año, y no es porque vivan en Kuwait, y las posibilidades de que algo salga mal se multiplican por mil. Pero hay que cumplir una vez más con el ritual, aunque sólo sea por los niños. Para celebrar el nacimiento de Jesucristo no necesito una fecha determinada. De verdad que el día que impongan unas navidades laicas seré la primera en agradecerlo.
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viernes, 17 de abril de 2009
El futuro
La verdad es que me gusta vivir mi presente, lo cual no significa lo mismo que disfrutar el momento. Lo segundo tiene más bien el sentido de llevar una vida ávida de emociones y carente de responsabilidades. No me refiero a eso, sino a disfrutar lo que tengo en este momento, valorarlo y, por tanto, no ponerlo en riesgo de ninguna clase. Como los místicos de todas las religiones, sin llegar a su nivel, procuro aprovechar las cosas que se consiguen gratis, como un rayo de sol por la ventana, el canto de los pájaros o un beso.
No quiere decir que no me guste, de vez en cuando, hacer algo especial, viajar o comer fuera, comprar ropa o darme algún capricho. Pero precisamente lo aprecio por ser algo no habitual. Así procuro enseñarles a mis hijos que vale más, por ejemplo, un sólo regalo elegido por tí que una nube de obsequios que no necesitas. Pero tampoco quiero obligarles a ir por mi camino. Comprendo que los amigos tiran mucho y las consignas de la televisión. Me conformaré con que no caigan en adicciones.
Sin embargo, soy consciente de que tengo tiempo suficiente para dedicarlo a otras actividades. Me hubiera gustado poder seguir estudiando idiomas, pero no puedo perder el tiempo en ir a Madrid dos o tres veces por semana. El trabajo de la ong está muy parado. He sido un poco ingenua porque no me dí cuenta de una realidad: las labores importantes las hacen profesionales, no voluntarios, porque no pueden arriesgarse a perder dinero por una mala gestión.
De manera que sigo dedicándole a internet más tiempo del que debo o me gustaría. Me pasa como a esos ex novios que, a falta de algo mejor, siguen viéndose de vez en cuando. Escribir me llena mucho y además también es un vicio difícil de dejar. Me parece que el destino no me tiene destinado nada más de momento, pero, como siempre digo, me conformo con conservar lo que ahora tengo, porque realmente no necesito más.
No quiere decir que no me guste, de vez en cuando, hacer algo especial, viajar o comer fuera, comprar ropa o darme algún capricho. Pero precisamente lo aprecio por ser algo no habitual. Así procuro enseñarles a mis hijos que vale más, por ejemplo, un sólo regalo elegido por tí que una nube de obsequios que no necesitas. Pero tampoco quiero obligarles a ir por mi camino. Comprendo que los amigos tiran mucho y las consignas de la televisión. Me conformaré con que no caigan en adicciones.
Sin embargo, soy consciente de que tengo tiempo suficiente para dedicarlo a otras actividades. Me hubiera gustado poder seguir estudiando idiomas, pero no puedo perder el tiempo en ir a Madrid dos o tres veces por semana. El trabajo de la ong está muy parado. He sido un poco ingenua porque no me dí cuenta de una realidad: las labores importantes las hacen profesionales, no voluntarios, porque no pueden arriesgarse a perder dinero por una mala gestión.
De manera que sigo dedicándole a internet más tiempo del que debo o me gustaría. Me pasa como a esos ex novios que, a falta de algo mejor, siguen viéndose de vez en cuando. Escribir me llena mucho y además también es un vicio difícil de dejar. Me parece que el destino no me tiene destinado nada más de momento, pero, como siempre digo, me conformo con conservar lo que ahora tengo, porque realmente no necesito más.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
