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miércoles, 23 de marzo de 2011

Ideología de género

Se dice de aquella teoría que supone que los hombres y las mujeres somos iguales y sólo la educación recibida nos diferencia. Científicamente, se ha demostrado la falsedad de esto, ya que las hormonas sexuales determinan nuestros gustos desde antes de nacer. Cualquiera que haya tenido hijos e hijas sabe que, de modo natural, las niñas tienen un comportamiento diferente al de los niños, aunque no se hayan socializado todavía. Así, ya en la cuna, las niñas abrazan a sus muñecos como si fueran bebés y, en cuanto pueden hablar, los riñen. Los niños tienden a los juegos de acción, coches y monstruos con los que luchar. Nunca les he obligado a mis hijos a hacer esa elección, pero basta con entrar en una tienda de juguetes con ellos para comprobar lo que les atrae. Los fabricantes también lo saben perfectamente.

De igual modo es natural que las mujeres deseen casarse y tener hijos y que den a esto más importancia que a su desarrollo profesional. Por eso, muchas, como yo, acaban renunciando al trabajo al menos temporalmente para atender a su familia. Eso es algo que a las feministas radicales les pone de los nervios. Así que ahora pretenden desligar a la mujer de la maternidad, mediante el aborto e intentando que dejen a sus hijos al cuidado de otras personas cuanto antes. Sin embargo, no cuentan con que, primero que personas, somos animales, y nuestra biología y el instinto tienden a poner todo otra vez en su lugar. Así que, pienso que ésa es una batalla que tienen perdida a la larga, pero todavía se llevará muchas víctimas por delante.

jueves, 3 de marzo de 2011

Ley de igualdad de trato

Estuve el otro día en un burguer y, como de costumbre pude comprobar cómo los juguetes para niñas son radicalmente distintos de los juguetes del menú infantil para niños. Según la ley que quiere aprobar el gobierno, supongo que alguien les podría denunciar por discriminación, aunque lo cierto es que no es obligatorio coger el juguete adecuado. Sin embargo, la gran mayoría de los niños y niñas eligen según su sexo. Así a ellas les dan una cajita de Hello Kittie y a ellos unos monstruos y figuras llenas de músculos. Es lo natural. Una cosa es la igualdad ante la ley indispensable en cualquier legislación y otra que realmente se pueda unificar los sexos, o que sea simplemente aconsejable hacerlo.

La naturaleza tiene sus normas aparte de lo políticamente correcto. Las hormonas gobiernan nuestras vidas y determinan nuestros gustos. Siempre hay excepciones, por supuesto, pero los publicistas del burguer no son tontos y ofrecen los juguetes que saben que van a gustar. Buscar algo neutral para todos resultaría demasiado complicado y no tiene sentido. Sin embargo, como tantas cosas sin sentido, me temo que pronto lloverán las denuncias por casos similares. Es más, incluso pueden llegar a cerrar esta página web por afirmar que hombres y mujeres no somos iguales, ni tenemos las mismas preferencias y es bueno que así sea. Así que, si un día veis que desaparezco sin aviso, ya sabréis que me ha pillado el estado policial que estamos montando.

sábado, 16 de octubre de 2010

Aprovechar las cosas

Es uno de los lemas de mi vida. Por ejemplo, si compro algo que no me viene muy bien, aún así, procuro buscarle una utilidad. Si no la encuentro, lo dono o lo reciclo. En mi casa no hay nada nuevo que nunca se haya utilizado. Cuando mis hijos eran pequeños, les regalaban montones de juguetes. Yo procuraba que jugaran con todos, poniéndome con ellos a ver para que podían servir. Creo que no hemos desperdiciado nada por raro que fuera. Había un vecino, cuya madre me decía risueña que su hijo no abría siquiera los paquetes de los regalos, de tantos que recibía. A mí eso me parece una falta de educación elemental, aparte de un insulto hacia los muchos niños que no tienen tanta suerte. Nunca se lo dije. Me temo que es algo muy habitual dejar que los niños descarten cosas sin haberles dado siquiera una oportunidad. Luego se dedican a pedir más y más.

Ya he contado alguna vez que mi nevera tiene veintiun años, el coche de mi marido tiene veintitrés. ¿Cómo conseguimos que las cosas nos duren tanto? Simplemente, cuidándolas y utilizándolas correctamente. Si se utiliza la bicicleta como patinete, pongamos por caso, es difícil que pase del primer año. Cada cosa tiene un uso correcto que hay que respetar. Aún así, a veces se estropean. En casa tenemos la extraña costumbre de arreglarlo todo. A veces, la reparación cuesta igual que comprar otro nuevo, pero no tiene sentido tirar cosas que sirven. Debemos ser de los pocos que todavía van a los talleres de reparación y utilizan el pegamento en casa. Con él arreglaba mi marido los juguetes rotos y, de ese modo, no nos sentíamos culpables por desperdiciar nuestras cosas y nuestra suerte de poder tenerlas.

miércoles, 17 de junio de 2009

Desigualdad

La famosa igualdad entre hombres y mujeres es una entelequia, es decir, un absurdo. Podrá haber los mismos derechos, pero eso no impide que nuestras diferencias físicas y emocionales determinen nuestras vidas. Por ejemplo, en principio una mujer puede ser albañil, pero no tiene mucho sentido elegir un oficio cansado, peligroso y mal pagado, para el que no se tienen condiciones. Del mismo modo, no se puede evitar que a las niñas les gusten los muñecos y a los niños los deportes de contacto. Miles de años de evolución y sus hormonas correspondientes se han ocupado de ello.

Esto lo saben muy bien los fabricantes de juguetes, que diseñan lo que saben que se va a vender, y también los guionistas de cine. Películas como Casablanca, Instinto básico, Nueve semanas y media o la saga de James Bond, no son precisamente un ejemplo de trato igualitario a las mujeres y, sin embargo, han tenido un gran éxito de público. Esta claro que no se puede legislar contra los gustos de la gente o imponer una doctrina que se opone a la propia naturaleza. No es una cuestión de educación que a los hombres y las mujeres nos atraiga precisamente lo que nos diferencia, aunque eso suponga renunciar a planteamientos teóricos.

También reaccionamos de distinta manera. Ante una relación esporádica, por ejemplo, un hombre suele ser capaz de separar el amor del sexo, mientras que una mujer tiende a involucrarse sentimentalmente. Eso se explica porque, a lo largo de la historia, ellas habitualmente no han podido elegir pareja y no tenían más remedio que crear lazos con un desconocido. La excepción podrían ser las prostitutas, quienes, sin embargo, suelen enamorarse del hombre que las explota y maltrata. Siendo todo esto tan sabido, no me explico cómo todavía hay hombres que se extrañan, y mujeres que siguen cayendo en la trampa más vieja que existe: confundir el deseo con el cariño.

No se puede llegar al corazón de un hombre a través del sexo, porque no existe esa comunicación en su caso. Al contrario, sí que funciona. Una pareja enamorada va sintiéndose físicamente atraída de forma gradual. Cuando se pretende forzar la situación pasando directamente al postre, lo único que se consigue es crear confusión en ambos. Ella piensa que pueden llegar a algo más, a tener una pareja o incluso una familia. Pero él cree que sólamente está buscando pasar el rato sin compromiso. Los contactos en el trabajo favorecen mucho esa situación, porque pasar tantas horas juntos puede crear malentendidos. Para conseguir una relación plena, lo ideal es ir siguiendo los pasos uno tras otro, sin atajos ni precipitaciones.