Mostrando entradas con la etiqueta toros. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta toros. Mostrar todas las entradas

sábado, 3 de abril de 2010

Cómo entrenar a tu dragón

Otro acierto pleno de Disney. Es una bonita película infantil con un mensaje para todos los públicos. Trata de cómo a veces la enemistad nace simplemente del desconocimiento. Demuestra lo que yo tantas veces he afirmado: que, debajo de nuestra piel, somos todos seres vivos buscando la supervivencia y el amor. Las razas, religiones, o incluso las especies animales, sólo sirven para disfrazar esta realidad. Es una suerte que yo todavía tenga una hija pequeña en casa que me sirve de excusa para ver esta clase de películas. Me gustan mucho más que esos seudo dramas modernos, comedias chabacanas o películas de acción por la acción. Las películas de niños -algunas al menos-, conservan todavía el interés por el argumento; y, en el caso de Disney, también la intención de inculcar valores positivos de los que te hacen sentir bien y salir del cine pensando que, tal vez, a pesar de todo, todo sea posible aún; incluso ver el fin de las corridas de toros.

A mí me ha recordado especialmente el tema de la tauromaquia. Se supone que los toros bravos son animales peligrosos que sólo sirven para las corridas. Pero es que, naturalmente, los han hecho así mediante selección artificial de los ejemplares más fieros. Si se hiciera un proceso inverso, volverían a ser animales tan mansos como pueda ser cualquier otro ejemplar vacuno. Dentro de que cualquier animal es potencialmente peligroso -incluso los perros-, cuando se le conoce desde cachorro y se le trata bien, todos ellos son capaces de albergar buenos sentimientos hacia sus cuidadores y esto es mutuo. Justificar la tauromaquia porque los toros son animales peligrosos, es lo mismo que hacían en la película con los dragones. Pero sólo son lo peligrosos que quieren que sean y bastaría con respetarlos un poco y dejarlos vivir en paz.

viernes, 12 de marzo de 2010

Mi perro

Cuando espero en el coche por las mañanas, siempre pasa una señora por delante con un cachorro de pastor alemán precioso. Se nota que están muy encariñados, que el perro juega con ella como si fuera su madre y ella lo cuida como si fuera un hijo. Ya sé que no es el mismo sentimiento, pero se parece mucho. Yo tuve un hermano perro. Cuando era niña, por diferentes circunstancias no tenía mucho trato con mis propios hermanos, pero mi perro me daba toda la atención y el cariño que necesitaba y yo también estaba pendiente de él. Tengo una buena familia y les quiero, pero el perro me hacía mucha compañía.

Vivió hasta los dieciseis años. Han pasado más de veinte y todavía le echo de menos. Existe un amor incondicional que sólo te puede dar una criatura irracional, alguien que no sepa nada de la envidia ni el rencor. Mi perro era como un ángel para mí. Cuando volvía del colegio desanimada porque no me iban bien las cosas, cuando me quedaba en casa porque no tenía con quien salir, cuando discutía una vez más con mi hermana; mi perro se acercaba a mí porque notaba que le necesitaba y siempre estuvo a mi lado. Nunca podré agradecerselo lo suficiente.

Por eso cuando veo esos horribles festejos que incluyen la tortura y muerte de animales, ya sean toros, gallos o cualquier otro. Cuando veo perros y gatos abandonados y maltratados, o las matanzas de delfines o focas. Cuando oigo que hay gente que afirma que el asesinato puede ser un arte..., se me parte el corazón. Se nota que nunca han conocido lo que es tener una relación emocional con un animal. Incluso aunque los hayan tenido en su casa, no han sabido establecer ese vínculo anímico. No saben lo que se pierden.

Quiero recomendaros este documental: www.loquedeverdadimporta.org/

martes, 19 de mayo de 2009

Me gustan los toros, no los toreros

Estoy contra la tauromaquia, como los que se van a manifestar este fin de semana en Madrid, aunque he leído de todo sobre ellos. La vida es la vida, sin distinciones ni de lugar de origen, ni de tamaño, ni de especie. Por eso no existen argumentos que puedan justificar el tiro en la nuca, el aborto o la "fiesta de los toros". Ya sé que comemos carne porque nuestro cuerpo necesita proteínas animales para estar sano. Pero, una cosa es matar a las vacas por procedimientos casi indoloros (descarga eléctrica), y otra muy distinta torturar a un animal y finalmente rematarlo, para disfrute de cientos de personas.

El espectáculo del peligro y la muerte ha atraído desde siempre a la humanidad. Desde los circos romanos, pasando por la ejecución en plaza pública, hasta nuestros días. Sin embargo, otros países han sabido substraerse a esa clase de rituales, sustituyéndolos por otros espectáculos de masas más inofensivos, como el futbol. En el fondo se trata de lo mismo: vivir al límite en la piel de otro. Pero la tortura no debería ser nunca admisible, ni con la excusa de la tradición, un supuesto arte o el valor del torero. Si quiere jugarse la vida, podría irse de misionero a África y así al menos hace algo bueno.

Pero un torero es alguien que gana grandes cantidades de dinero y ello provoca que sea admitido en la alta sociedad, a pesar de su falta de preparación. Pasa a ser un modelo y ejemplo a imitar; admirado por bellas mujeres y, casi siempre, acaba casándose con alguien de buena posición. Todo ello contribuye más que nada a que su influencia sea mayor; y, con ella, los inmensos intereses económicos que, al fin y al cabo, son lo único que justifica la pervivencia de un espectáculo que nadie más en el mundo puede comprender o aceptar. Nada más en la historia puede hacer que me avergüence de ser española como la llamada "Fiesta Nacional".