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martes, 8 de marzo de 2011
Las dificultades
Cuando oigo que Dios no existe porque hay miseria en el mundo, enfermedad e injusticia, siempre contesto lo mismo: el hombre vive en libertad en un mundo cambiante, pero de las situaciones difíciles también se aprende. Si nuestra vida fuera tan monótona que no tuviéramos nada que perder, no tendríamos ocasión de probarnos a nosotros mismos, de conocer otras opciones o experimentar otras sensaciones. Todo sería una sucesión de días iguales sin emoción alguna. Es cierto que hay emociones que preferiríamos ahorrarnos, la verdad; pero lo cierto es que se disfrutan más los buenos tiempos cuando has pasado por otros peores. Las dificultades nos ayudan a ser mejores personas, aunque sólo sea por llegar a comprender más los problemas ajenos.
Por ejemplo, mi marido tiene que viajar bastante y yo preferiría que no lo hiciera. Sin embargo, soy consciente de que esos viajes son necesarios y que aportan algo positivo a su vida. En mi caso, tampoco me viene mal tener que arreglarmelas sola de vez en cuando. Además, cuando regresa me llevo una gran alegría. Supongo que todo eso compensa los viajes. Ocurre igual con la vida, que hay situaciones negativas de las cuales se acaba sacando algo positivo a la larga, cuando lo ves en perspectiva. Las dificultades nos ayudan a ser más tenaces y nos hacen más fuertes. No se debe renegar de nada en la vida porque de todo puede llegar a surgir algo bueno. Se aprende más de la experiencia que de ninguna otra cosa.
Por ejemplo, mi marido tiene que viajar bastante y yo preferiría que no lo hiciera. Sin embargo, soy consciente de que esos viajes son necesarios y que aportan algo positivo a su vida. En mi caso, tampoco me viene mal tener que arreglarmelas sola de vez en cuando. Además, cuando regresa me llevo una gran alegría. Supongo que todo eso compensa los viajes. Ocurre igual con la vida, que hay situaciones negativas de las cuales se acaba sacando algo positivo a la larga, cuando lo ves en perspectiva. Las dificultades nos ayudan a ser más tenaces y nos hacen más fuertes. No se debe renegar de nada en la vida porque de todo puede llegar a surgir algo bueno. Se aprende más de la experiencia que de ninguna otra cosa.
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domingo, 26 de septiembre de 2010
Comiendo cachorros
Cuando yo era pequeña, mi madre preparaba a veces carne de vaca para la comida. Tenía que machacarla antes con una piedra, pero era la carne más sabrosa que he comido nunca. Ahora yo ya no encuentro carne de vaca en el supermercado. Más bien al contrario, cada vez hay carnes más blancas. Si la gente pensara lo que están comiendo, quiero creer que serían incapaces de hacerlo. Un cachorro de vaca, cerdo u oveja no se diferencia mucho de un perro o un gato. Podríamos encariñarnos fácilmente con esos animales si conviviéramos con ellos; especialmente cuando todavía son crías. Resulta una crueldad matar animales tan jóvenes, sólo porque su carne es más tierna. Además es un desperdicio bastante vergonzoso, teniendo en cuenta que, lo que consumes con apenas diez kilos de peso, podría llegar a cincuenta o incluso a cien. Mientras, en el tercer mundo pasan hambre. Es algo incluso inmoral.
Así que yo tengo una piedra guardada para machacar la carne y sólo espero la ocasión de hacerlo. Tal vez me tenga que ir a vivir al extranjero, o puede que la crisis nos haga recuperar algo de sentido común. La verdad, lo dudo. Es difícil dar marcha atrás, especialmente cuando hay dinero por medio. La ternera es mucho más cara que la vaca, además. Bastante mal me siento comiendo animales, pero sé que es importante para tener buena salud. La verdad es que, en mi casa, las raciones son más pequeñas que lo que veo luego en otras casas o en los bares. La gente come demasiado, y sobretodo de carnes. Tal vez las recomendaciones de los médicos acaben haciendo efecto y las nuevas generaciones ya aprendan la lección. Pero tampoco creo que la solución sea hincharse de pescado. La situación de los peces también es muy delicada. En cuanto al pollo, la crianza en barracones resulta cruel.
Así que yo tengo una piedra guardada para machacar la carne y sólo espero la ocasión de hacerlo. Tal vez me tenga que ir a vivir al extranjero, o puede que la crisis nos haga recuperar algo de sentido común. La verdad, lo dudo. Es difícil dar marcha atrás, especialmente cuando hay dinero por medio. La ternera es mucho más cara que la vaca, además. Bastante mal me siento comiendo animales, pero sé que es importante para tener buena salud. La verdad es que, en mi casa, las raciones son más pequeñas que lo que veo luego en otras casas o en los bares. La gente come demasiado, y sobretodo de carnes. Tal vez las recomendaciones de los médicos acaben haciendo efecto y las nuevas generaciones ya aprendan la lección. Pero tampoco creo que la solución sea hincharse de pescado. La situación de los peces también es muy delicada. En cuanto al pollo, la crianza en barracones resulta cruel.
martes, 4 de mayo de 2010
La corteza del pan de molde
Tendría yo unos doce años, cuando descubrí con gran sorpresa que había gente que cortaba los bordes del pan de molde y los tiraba a la basura. En mi casa nunca hicimos tal cosa y ahora nos comemos hasta las tapas. De hecho, no tiramos ninguna comida, a no ser que esté claramente estropeada y suponga un riesgo para la salud. No puedo hacerlo. Es pensar en tirar algo y se me vienen a la cabeza las imágenes de los niños famélicos del tercer mundo de inmediato.
Lo que pasa en este país, es que hemos estado mucho tiempo tirando las cortezas del pan de molde y, no sólo en las familias adineradas, sino en todo tipo de hogares. Porque tomar el pan con bordes estaba mal visto; que era de poca clase, de pobretones. Así se escribe la historia. Por algo dicen que nuestro peor pecado es la soberbia. Va siendo hora de que aprendamos a no tirar la comida, a trabajar en serio y, sobretodo, a no pretender que otro venga a solucionar nuestros problemas.
Lo que pasa en este país, es que hemos estado mucho tiempo tirando las cortezas del pan de molde y, no sólo en las familias adineradas, sino en todo tipo de hogares. Porque tomar el pan con bordes estaba mal visto; que era de poca clase, de pobretones. Así se escribe la historia. Por algo dicen que nuestro peor pecado es la soberbia. Va siendo hora de que aprendamos a no tirar la comida, a trabajar en serio y, sobretodo, a no pretender que otro venga a solucionar nuestros problemas.
viernes, 20 de noviembre de 2009
La tomatina de Buñol
Siempre me ha parecido una fiesta bastante absurda. Claro que, entre eso y los toros, prefiero la tomatina. Pero, cuando veo las toneladas de tomates rodando sobre la gente, los jóvenes aprovechando para hacer el bruto empujándose unos a otros, y la porquería que se arma; me dan ganas de emigrar al extranjero inmediatamente. El tomate es sano, muy rico y está lleno de vitaminas necesarias para una buena alimentación. Ahora, ya no es el tercer mundo, sino aquí en España, donde hay gente necesitada de toda clase de alimentos. En esta situación, malgastar esa cantidad de tomates para la diversión de unas horas, me parece algo inmoral.
Yo soy una defensora de las tradiciones que forman la identidad de un pueblo, como son su folklore, sus productos artísticos y su cultura. Pero las tradiciones que no aportan nada y avergüenzan a los demás deberían ser suprimidas por ley. O mejor aún, los propios habitantes de Buñol deberían pedir al alcalde que se suprima la fiesta, al menos en tiempos de crisis como los que vivimos. Para perder el control, romper las normas, emborracharse y pasar todo el día de juerga no es necesario tirar la cosecha de tantos agricultores. Al final, esa clase de fiestas son dejan de ser otra excusa para el desmadre. Pero con un método costoso y esperpéntico.
Yo soy una defensora de las tradiciones que forman la identidad de un pueblo, como son su folklore, sus productos artísticos y su cultura. Pero las tradiciones que no aportan nada y avergüenzan a los demás deberían ser suprimidas por ley. O mejor aún, los propios habitantes de Buñol deberían pedir al alcalde que se suprima la fiesta, al menos en tiempos de crisis como los que vivimos. Para perder el control, romper las normas, emborracharse y pasar todo el día de juerga no es necesario tirar la cosecha de tantos agricultores. Al final, esa clase de fiestas son dejan de ser otra excusa para el desmadre. Pero con un método costoso y esperpéntico.
viernes, 6 de noviembre de 2009
Rebélate contra la pobreza
Es curioso por qué hay gente que piensa que tienen que declararse en contra del hambre, la pobreza, la guerra o el cambio climático. Tal vez suponen que los demás estamos a favor de todo eso. Por supuesto que nadie se va a manifestar pidiendo pobreza. Un acto así presupone que existe un culpable determinado a quien acusar de los problemas y, por desgracia, no es tan fácil. La pobreza en el mundo es consecuencia de múltiples factores culturales, históricos e incluso geográficos. Pero está empeorando con el tema del cambio climático.
"De Boer, que intervino en el Congreso de los Diputados el pasado mes de junio, defiende lo que denomina "un acuerdo equilibrado", consistente en que los países pobres se aprieten el cinturón debido a que, si su hipótesis climática fuera cierta, las naciones ricas se han excedido contaminando para enriquecerse. Claro que el representante de naciones Unidas disfraza su argumento de equitativo reparto:
"Si las naciones industrializadas estarán reduciendo entre un 25 y un 40 por ciento en 2020, pienso que ustedes, países en desarrollo, también en 2020 quizá podrían llegar al 15 por ciento."
El "cambio climático" supone un negocio redondo para los países contaminantes desarrollados:
1. Corta el flujo de ayudas a los países pobres porque se tienen que destinar a la mencionada hipótesis climática en las naciones desarrolladas.
2. Mantiene la dependencia de los países pobres.
3. Permite que los países desarrollados sigan vendiendo bienes y servicios a las naciones pobres, a las que previamente han convencido del cataclismo climático y luego han impedido que se sigan desarrollando".
Estoy de acuerdo en que realmente se gasta mucho dinero en tonterías y se hace poco por solucionar los problemas de los países pobres. Entonces nos corresponde a cada uno contribuir con lo que esté en nuestra mano, es decir, con las ongs. La política internacional de alto nivel y los intereses del comercio mundial es algo que no está en nuestra mano cambiar. Para salir de la pobreza, para empezar, los gobernantes de los propios países deberían estar interesados en ello y eso no suele ser así. Pero lo que es inadmisible es querer hacerles pagar por nuestros errores.
Los países de África que apenas cuentan con treinta años de vida independiente arrastran una serie de problemas endémicos que me temo que costará todavía decenios ir solucionando uno a uno. Precipitarse en cuestiones ajenas a menudo causa más perjuicio que beneficio, como se puede ver por la labor del Banco Mundial. Tampoco sirve de nada buscar culpables a toda costa, porque lo que hay que hacer es mirar hacia adelante y partir de la base de lo que se tiene.
Como dice la Encíclica "Caritas in veritate", para hacer el bien hay que partir de la verdad. No sirve hacer lo que nosotros consideramos bueno sin tener en cuenta las opiniones de los interesados o un análisis riguroso de todas las circunstancias. Todos los que hacen mal, lo hacen pensando que es un bien para los suyos (especialmente los terroristas islámicos), así que no hay que dejar que la emotividad guíe nuestros actos por encima de la reflexión.
Me temo que esta clase de concentraciones está formada por personas cargadas de resentimiento que buscan alguien a quien echarle la culpa de todo. Pero esa culpabilidad es compartida. Aquellos que consumimos productos de las internacionales o del todo a cien, que malgastamos energía comprando el derecho a contaminar de los pobres, o les vendemos armas en lugar de ayudar a su desarrollo; contribuímos a la pobreza, y por tanto no podemos ser juez y parte en este tema.
"De Boer, que intervino en el Congreso de los Diputados el pasado mes de junio, defiende lo que denomina "un acuerdo equilibrado", consistente en que los países pobres se aprieten el cinturón debido a que, si su hipótesis climática fuera cierta, las naciones ricas se han excedido contaminando para enriquecerse. Claro que el representante de naciones Unidas disfraza su argumento de equitativo reparto:
"Si las naciones industrializadas estarán reduciendo entre un 25 y un 40 por ciento en 2020, pienso que ustedes, países en desarrollo, también en 2020 quizá podrían llegar al 15 por ciento."
El "cambio climático" supone un negocio redondo para los países contaminantes desarrollados:
1. Corta el flujo de ayudas a los países pobres porque se tienen que destinar a la mencionada hipótesis climática en las naciones desarrolladas.
2. Mantiene la dependencia de los países pobres.
3. Permite que los países desarrollados sigan vendiendo bienes y servicios a las naciones pobres, a las que previamente han convencido del cataclismo climático y luego han impedido que se sigan desarrollando".
Estoy de acuerdo en que realmente se gasta mucho dinero en tonterías y se hace poco por solucionar los problemas de los países pobres. Entonces nos corresponde a cada uno contribuir con lo que esté en nuestra mano, es decir, con las ongs. La política internacional de alto nivel y los intereses del comercio mundial es algo que no está en nuestra mano cambiar. Para salir de la pobreza, para empezar, los gobernantes de los propios países deberían estar interesados en ello y eso no suele ser así. Pero lo que es inadmisible es querer hacerles pagar por nuestros errores.
Los países de África que apenas cuentan con treinta años de vida independiente arrastran una serie de problemas endémicos que me temo que costará todavía decenios ir solucionando uno a uno. Precipitarse en cuestiones ajenas a menudo causa más perjuicio que beneficio, como se puede ver por la labor del Banco Mundial. Tampoco sirve de nada buscar culpables a toda costa, porque lo que hay que hacer es mirar hacia adelante y partir de la base de lo que se tiene.
Como dice la Encíclica "Caritas in veritate", para hacer el bien hay que partir de la verdad. No sirve hacer lo que nosotros consideramos bueno sin tener en cuenta las opiniones de los interesados o un análisis riguroso de todas las circunstancias. Todos los que hacen mal, lo hacen pensando que es un bien para los suyos (especialmente los terroristas islámicos), así que no hay que dejar que la emotividad guíe nuestros actos por encima de la reflexión.
Me temo que esta clase de concentraciones está formada por personas cargadas de resentimiento que buscan alguien a quien echarle la culpa de todo. Pero esa culpabilidad es compartida. Aquellos que consumimos productos de las internacionales o del todo a cien, que malgastamos energía comprando el derecho a contaminar de los pobres, o les vendemos armas en lugar de ayudar a su desarrollo; contribuímos a la pobreza, y por tanto no podemos ser juez y parte en este tema.
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