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domingo, 26 de septiembre de 2010

Comiendo cachorros

Cuando yo era pequeña, mi madre preparaba a veces carne de vaca para la comida. Tenía que machacarla antes con una piedra, pero era la carne más sabrosa que he comido nunca. Ahora yo ya no encuentro carne de vaca en el supermercado. Más bien al contrario, cada vez hay carnes más blancas. Si la gente pensara lo que están comiendo, quiero creer que serían incapaces de hacerlo. Un cachorro de vaca, cerdo u oveja no se diferencia mucho de un perro o un gato. Podríamos encariñarnos fácilmente con esos animales si conviviéramos con ellos; especialmente cuando todavía son crías. Resulta una crueldad matar animales tan jóvenes, sólo porque su carne es más tierna. Además es un desperdicio bastante vergonzoso, teniendo en cuenta que, lo que consumes con apenas diez kilos de peso, podría llegar a cincuenta o incluso a cien. Mientras, en el tercer mundo pasan hambre. Es algo incluso inmoral.

Así que yo tengo una piedra guardada para machacar la carne y sólo espero la ocasión de hacerlo. Tal vez me tenga que ir a vivir al extranjero, o puede que la crisis nos haga recuperar algo de sentido común. La verdad, lo dudo. Es difícil dar marcha atrás, especialmente cuando hay dinero por medio. La ternera es mucho más cara que la vaca, además. Bastante mal me siento comiendo animales, pero sé que es importante para tener buena salud. La verdad es que, en mi casa, las raciones son más pequeñas que lo que veo luego en otras casas o en los bares. La gente come demasiado, y sobretodo de carnes. Tal vez las recomendaciones de los médicos acaben haciendo efecto y las nuevas generaciones ya aprendan la lección. Pero tampoco creo que la solución sea hincharse de pescado. La situación de los peces también es muy delicada. En cuanto al pollo, la crianza en barracones resulta cruel.

martes, 19 de mayo de 2009

Me gustan los toros, no los toreros

Estoy contra la tauromaquia, como los que se van a manifestar este fin de semana en Madrid, aunque he leído de todo sobre ellos. La vida es la vida, sin distinciones ni de lugar de origen, ni de tamaño, ni de especie. Por eso no existen argumentos que puedan justificar el tiro en la nuca, el aborto o la "fiesta de los toros". Ya sé que comemos carne porque nuestro cuerpo necesita proteínas animales para estar sano. Pero, una cosa es matar a las vacas por procedimientos casi indoloros (descarga eléctrica), y otra muy distinta torturar a un animal y finalmente rematarlo, para disfrute de cientos de personas.

El espectáculo del peligro y la muerte ha atraído desde siempre a la humanidad. Desde los circos romanos, pasando por la ejecución en plaza pública, hasta nuestros días. Sin embargo, otros países han sabido substraerse a esa clase de rituales, sustituyéndolos por otros espectáculos de masas más inofensivos, como el futbol. En el fondo se trata de lo mismo: vivir al límite en la piel de otro. Pero la tortura no debería ser nunca admisible, ni con la excusa de la tradición, un supuesto arte o el valor del torero. Si quiere jugarse la vida, podría irse de misionero a África y así al menos hace algo bueno.

Pero un torero es alguien que gana grandes cantidades de dinero y ello provoca que sea admitido en la alta sociedad, a pesar de su falta de preparación. Pasa a ser un modelo y ejemplo a imitar; admirado por bellas mujeres y, casi siempre, acaba casándose con alguien de buena posición. Todo ello contribuye más que nada a que su influencia sea mayor; y, con ella, los inmensos intereses económicos que, al fin y al cabo, son lo único que justifica la pervivencia de un espectáculo que nadie más en el mundo puede comprender o aceptar. Nada más en la historia puede hacer que me avergüence de ser española como la llamada "Fiesta Nacional".