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martes, 29 de marzo de 2011

Grados de fe

Mucha gente piensa que no pueden ser creyentes porque no están de acuerdo en temas concretos con la Iglesia Católica. Sin embargo, eso no es cierto. Se puede ser creyente o católico en diferentes grados y con mayor o menor implicación. Para considerarse creyente basta con cinco puntos principales:

1. Creer que existe un principio creador formado por energía pura, pero con voluntad y consciencia.
2. Creer que tenemos un alma que nos distingue de cualquier otro ser vivo, y es inmortal.
3. Creer que existe otra vida tras la muerte y, por tanto, lo que hacemos ahora trasciende.
4. Pensar que somos parte de algo más grande y mejor.
5. Admirar la figura de Jesucristo como hijo de Dios o, al menos, como enviado suyo.

Sólo con eso, ya nos podemos considerar creyentes. Existen multitud de opciones para aquellos que quieran acercarse a nuestra fe. Incluso, existen muchos puntos de coincidencia con el Islam o el Judaísmo, si se prefiere algo diferente. El caso es creer en alguien superior. Por tanto, no me vale el clásico argumento de: es que no me gusta el cura de mi parroquia; o: es que no estoy de acuerdo con el asunto de los preservativos... Eso es sólo la punta del iceberg. Existe todo un mundo debajo por descubrir y muchos se lo están perdiendo por una simple cuestión de forma. Dios te puede cambiar la vida, si estás dispuesto a abrir tu mente a lo infinito de su realidad.

viernes, 18 de marzo de 2011

¿Por qué?

Llega un momento en la vida en que tienes que dar el todo por el todo. No sirve el cansancio, el sueño o el desánimo porque es la ocasión de hacer las cosas bien o mal y las consecuencias se verán después. O eso pensaba yo... También pensaba que había hecho las cosas bien, que les había dedicado todo el tiempo y el cariño necesario. Pensaba que tenía todo controlado y que, lógicamente, nada podía torcerse. Pero no contaba con que la vida da muchas vueltas y yo no era el factor decisivo en esta historia. Lo pensé, lo hice y lo conté en muchos fascículos, confiando en que tenía razón y no había otro camino. Pero no me sirvió de nada y ahora me pregunto por qué.

Los recuerdos se agolpan en mi cabeza de aquel tiempo en que pensé que todo iba bien y ahora sé que no va bien nada, pero no puedo hacer nada para solucionarlo. En casa del herrero, ya se sabe. Y mientras yo sigo luchando en mil batallas, dando el todo por el todo, por una visión del mundo que creo justa pero que a mí personalmente no me ha servido. Mientras intento convencer a los demás, a menudo me pregunto si no debería cerrar mis blogs y dedicarme a otra cosa, porque ya no tengo fuerza moral. Pero si no sigo intentándolo, entonces ¿qué me queda?. Tendría que reconocer que todos mis ideales han resultado un fracaso en parte y eso es algo demasiado duro para asumirlo. Al menos me queda la fe.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Señor, no soy digno de que entres en mi casa

Pero una palabra tuya bastará para sanarme. Esta frase dirigida a Jesús es una de las que más siento en la Eucaristía. Realmente, ninguno seríamos dignos de su atención, pero basta un poco de fe para lograr aquello que le pedimos. La gracia de Dios se manifiesta a los corazones sinceros. A veces no trae exactamente lo que deseamos, pero sí lo que necesitamos. Por eso, hay que ponerse en manos de Dios y sentir que, junto a él nada es imposible. Aunque no podamos ya tocar su manto, sí podemos sentir su presencia y encomendarnos a Él; porque las cosas que a nosotros nos parecen imposibles, y no vemos la solución, no tienen importancia y se pueden arreglar fácilmente teniendo fe, o al menos se pueden sobrellevar mucho mejor.

Dios nos da la fuerza necesaria si nos confiamos a sus manos y el mundo está lleno de ejemplos de ello. Personas en circunstancias difíciles, enfermos o impedidos o con grandes problemas han dado muestras de fortaleza y alegría guiados por Dios. Especialmente, dos santos, Juan Pablo II y santa Teresa de Calcuta, fueron ejemplos vivientes de esto. Yo intento cada día ser capaz de alcanzar ese nivel de confianza ciega en Jesús que me ayude a ser más fuerte y vencer el desánimo. Sin embargo, sé bien que no soy digna de ese honor, porque todavía me falta mucho para emular la vida de esas personas tan entregadas, a las cuales tanto admito. Estoy lejos de la meta, pero no dejaré de intentarlo.

lunes, 14 de marzo de 2011

La verdad del universo

Dice Stephen Hawkings que el universo se creó a sí mismo. Eso no tiene sentido. Dice que era un punto inmaterial inmensamente denso que explotó. Vale, ahora vamos a pararnos a pensarlo un momento. ¿De dónde salió ese punto y por qué hizo explosión?. Se supone que todos los seres vivos y objetos inertes han aparecido por casualidad debido a reacciones químicas aleatorias. Sin embargo, cuanto más estudia la ciencia la composición y el funcionamiento de los seres vivos, más se puede comprobar que existe un sistema tan complejo que un mínimo fallo hace que todo deje de funcionar. Es decir, que está pensado al milímetro y eso no puede ser por casualidad o por simple azar.

En cuanto a la materia y la energía, está claro que son la misma cosa y que todos los tipos de energía confluyen en una de la que ha surgido todo lo que existe. De este modo, los avances científicos no hacen más que confirmar la existencia de un ser todopoderoso, compuesto de energía pura, el cual se transforma dando lugar a todo lo que conocemos, lo mismo en nuestro planeta que en los confines del universo. Por tanto, la fe no sólo no está reñida con la investigación científica, sino que es la explicación última a la que llevan de forma natural todos los descubrimientos y avances que ha habido hasta la fecha. Lo que ha quedado claro es que la ciencia puede copiar a la creación, pero no es capaz de crear algo nuevo.

jueves, 10 de marzo de 2011

Yo tengo arrugas en el alma, tú piedras en el corazón

Me encanta esta canción de Melendi. En general, muchas otras, aunque el personaje no me atraiga demasiado. Sin embargo, a sus canciones les encuentro mucho mensaje. Especialmente a ésta. Yo también siento que tengo arrugas en el alama de tanto sufrir por las acciones de otros; mientras que otros parece que tienen piedras en el corazón. Desde pequeña siempre he sido así, pero sobretodo desde que me impliqué en el tema de la lucha contra el aborto. Siento que tengo el alma envejecida por la consciencia de los miles de niños que son aniquilados cada año por médicos, con la complicidad de sus propias madres. Es un tema que - junto con la tauromaquia - no me permite relajarme o disfrutar de las cosas de una manera despreocupada e inocente.

Mis sentimientos van en chandal, mientras los tuyos visten de Dior. Muchas veces me han reprochado que son una pesimista, agorera o triste. De hecho, dicen que los cristianos no somos nunca felices. Depende de lo que se considere ser feliz. Si se trata de olvidarse de todo y no preocuparse más que de uno mismo; desde luego, no lo somos.  Mis sentimientos siempre tienen la bandera a media asta, aunque sólo sea por el hambre, la guerra y las enfermedades que sufren tantas personas en el mundo. Lo que no me explico es cómo otros pueden sentirse como vestidos de Dior, y ser tan insensibles o tan irresponsables para no plantearse nada más que su propio placer. Hay canciones que te hacen sentir acompañado en tus emociones más profundas.
Una taza de Fe por favor para este desnatado corazón, que poco a poco se desangra.
Barbie de extrarradio. Melendi

sábado, 8 de enero de 2011

El exvoto y el Big Bang

Hay algo en lo que no estamos de acuerdo mi marido y yo, y es porque yo soy profundamente anticientífica. Me refiero, por ejemplo, a cuando los arqueólogos desentierran un palito y no saben lo que es ni para qué sirve. Automáticamente dicen que es un exvoto o un objeto de adorno personal. Ese afán por clasificarlo todo es muy propio de la ciencia. Asimismo, cuando se habla del origen de la materia y el universo, surgen cientos de teorías, a cada cual más fantástica que la anterior. Pero no tienen en cuenta una cosa: que aún suponiendo que todo lo que existe haya salido de un punto del tamaño de una cabeza de alfiler, alguien tiene que haberlo puesto allí, y alguien tiene que haberlo hecho estallar.

A veces pienso que la mitad de lo que se estudia en los libros de texto está por demostrar. No sería la primera vez que nuevos descubrimientos desbancan las teorías sobre alguna antigua civilización o incluso sobre cuestiones matemáticas. Cuánto hay de verdad y cuánto de especulación, nunca lo sabremos. Por eso, yo me he vuelto bastante excéptica con estos temas. No deja de ser curioso que pueda creer en cambio que Jesucristo murió y resucitó al tercer día, y no me crea cosas más mundanas. Tal vez sea porque el cristianismo tiene más de dos mil años y las teorías científicas vienen y van. Además, la Fe no necesita pruebas que la sustenten porque en eso consiste precisamente su esencia.

lunes, 15 de noviembre de 2010

La envidia

Es una de las emociones más destructivas que existen. No sólo predispone contra otras personas, sino que te impide disfrutar de lo que tienes. Sin embargo, lo más extraño que tiene es la sensación de sentirse envidiado, cuando tú crees firmemente que tu vida no es envidiable para nada. Eso me ocurrió a mí durante muchos años, y a veces todavía me siento así. Creo que algunos me envidian sólamente por cuestiones superficiales, como que no trabajo, que tengo casa y coche, tres hijos y soy de clase media. No se paran a pensar si tal vez mi casa no me gusta, mis hijos sólo me dan disgustos o quiero trabajar. Es un suponer. No es cierto. Pero, el caso es que podría ser verdad. Podrían estar alimentando su envidia sobre la base de un montón de apariencias.

Mirando objetivamente, mi vida es bastante monótona. Tengo el dinero justo, no viajo, no salgo con amigos. No gasto casi en ropa o lujos. No soy una gran conversadora. Tengo un aspecto corriente. Soy una mujer ya de mediana edad, ama de casa, sin estudios superiores, con una salud frágil y cierta tendencia depresiva. Yo no me envidiaría a mi misma. Sin embargo, me gusta la vida que llevo en general y supongo que por eso sí que soy alguien envidiable hoy en día. La gente se apresura en pos de unas metas que no les llenan, buscan una pareja imposible, y, a menudo, se sienten solos y desorientados. Yo, al menos, he encontrado algo que me satisface y además tengo mi fe cristiana.