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lunes, 15 de noviembre de 2010

La envidia

Es una de las emociones más destructivas que existen. No sólo predispone contra otras personas, sino que te impide disfrutar de lo que tienes. Sin embargo, lo más extraño que tiene es la sensación de sentirse envidiado, cuando tú crees firmemente que tu vida no es envidiable para nada. Eso me ocurrió a mí durante muchos años, y a veces todavía me siento así. Creo que algunos me envidian sólamente por cuestiones superficiales, como que no trabajo, que tengo casa y coche, tres hijos y soy de clase media. No se paran a pensar si tal vez mi casa no me gusta, mis hijos sólo me dan disgustos o quiero trabajar. Es un suponer. No es cierto. Pero, el caso es que podría ser verdad. Podrían estar alimentando su envidia sobre la base de un montón de apariencias.

Mirando objetivamente, mi vida es bastante monótona. Tengo el dinero justo, no viajo, no salgo con amigos. No gasto casi en ropa o lujos. No soy una gran conversadora. Tengo un aspecto corriente. Soy una mujer ya de mediana edad, ama de casa, sin estudios superiores, con una salud frágil y cierta tendencia depresiva. Yo no me envidiaría a mi misma. Sin embargo, me gusta la vida que llevo en general y supongo que por eso sí que soy alguien envidiable hoy en día. La gente se apresura en pos de unas metas que no les llenan, buscan una pareja imposible, y, a menudo, se sienten solos y desorientados. Yo, al menos, he encontrado algo que me satisface y además tengo mi fe cristiana.

viernes, 1 de octubre de 2010

Pan con pan

Estoy aburrida de ver cómo en todas las series de televisión plantean la homosexualidad como si fuera algo habitual y mucho más frecuente de lo que realmente es, y como si fuera una relación normal sin más tensiones que la heterosexual. Eso es radicalmente falso. Las relaciones gays o lesbianas en su mayoría son mucho más inestables y más violentas. Eso es lógico, ya que al ser dos personas con intereses comunes y condiciones físicas parecidas chocan mucho más en su vida diaria. De hecho, las relaciones homosexuales son lo más monótono que se puede encontrar. Son propias de personas que prefieren ir a lo malo conocido que a lo bueno por conocer. Estar con alguien a quien también le guste el futbol o las compras; en lugar de probar nuevas experiencias, otro punto de vista, otras emociones y sensaciones.

Las relaciones entre lesbianas son como comer pan con pan. No corres el riesgo de que el interior del sandwich no te guste, pero es siempre lo mismo un día tras otro. En cuanto a las relaciones entre gays son embutido con embutido; es decir, mucha proteína y nada que compense. Emociones fuertes, cambios de pareja frecuentes; o bien monotonía continua. No es extraño, porque así suelen ser las relaciones dentro del mismo sexo aunque no haya relación sentimental por medio. Hombres con hombres y mujeres con mujeres tendemos a coincidir más en gustos y a chocar más por tener caracteres parecidos. Por eso precisamente, la relación heterosexual es la ideal, ya que permite hacer combinaciones de diferentes elementos consiguiendo un resultado absolutamente nuevo, lo cual añade muchos alicientes a la pareja; aparte de ser la base de la familia.