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lunes, 13 de septiembre de 2010

La prehistoria

Si cuesta imaginar la vida en la Edad Media, mucho más remontarse a la edad de Piedra. Hay que empezar por sentir lo que sería vivir sin una casa donde refugiarse, como animales, moviéndose siempre de un lado para otro en busca de comida y cobijo. Desnudos en verano, vestidos solamente con alguna piel en invierno. Sin apenas armas, a merced de los animales salvajes y sin conocimientos médicos para tratarse. Una vida que todavía llevan el algunos lugares aislados de la Tierra. Hay quien quiere ver en ello un paraíso, pero no pensarían lo mismo si fueran sus hijos los que enfermaran sin un médico en las cercanías. Aún así, se las arreglaban para disfrutar de la vida, tal vez mejor que nosotros que tenemos las cosas más fáciles. En un mundo hostil donde la prioridad era la simple supervivencia, su mayor preocupación sería encontrar algo que comer, y su mayor alegría estar juntos un día más.

En esos albores de la humanidad, eran pocos. Grupos familiares que, a veces, se cruzaban en el camino entre ellos. No existía organización alguna, ni policía, ni ejércitos. Así que cada cual tenía que arreglarselas para proteger a los suyos. Me imagino que apenas se entendían entre diferentes grupos humanos, con las pocas palabras que, además, utilizaban por entonces. Una simple infección dental podía arruinarles la salud. La vida de los primeros humanos tenía poco de idílica. Sin embargo, apenas empezaron a razonar, apareció el pensamiento religioso. Desde que el hombre es hombre, siempre ha buscado algo más, una explicación para la vida, un sentido para la muerte, una razón para seguir luchando. La religión es algo consustancial al ser humano, por más que ahora algunos quieran negar ese hecho dándoselas de civilizados.

viernes, 2 de octubre de 2009

Sobre Zapatero y el protocolo

Nos guste o no existen unas normas no escritas de vestimenta que indican, por ejemplo, que no se puede ir al trabajo en chandal, a no ser que seas entrenador de algún deporte. Tampoco es normal andar por la calle en bañador por mucho calor que haga, o en pijama, aunque sea de noche. Nos guste o no, en algunas oficinas es obligatorio traje y corbata, y otros deben llevar un uniforme reglamentario. Cuando se va a una celebración, lo normal es ponerse ropa más cara y elegante, especialmente si vas en representación de más personas. Por eso, la princesa Letizia se pasa el día estrenando, cosa que me parece un despilfarro. A nadie se le ocurre, por ejemplo, ir a una boda en vaqueros, porque es una falta de consideración hacia aquellos que te han invitado. El vestuario también forma parte de las normas de educación mínimas.

Cuando uno sale a la calle con los amigos es muy libre de llevar la ropa que le guste, o incluso tatuajes o piercings, aunque a mí me desagrade verlos. Hace veinte años nos asombrábamos de las tribus de África en que se perforaban la piel para sus rituales ancestrales, y ahora lo hacemos aquí. El caso es que ya se sabe que a los jóvenes les gusta llamar la atención, seguir una moda y pertenecer a un grupo. Pero hay un momento para cada cosa y cada cosa en su momento. Un hijo educado sabe adaptarse a las circunstancias. Alguien acostumbrado a hacer siempre su voluntad, naturalmente, no es consciente de las repercusiones de sus actos. Pero para eso debería estar sus padres, para ponerlos en contacto con la realidad. Más vale ponerse una vez colorado que cien amarillo. Ahora ya no va a haber manera de eliminar esa foto de las hijas del presidente.

viernes, 7 de agosto de 2009

Esclavos de la moda

Una cosa que no soporto, es ver a esos millonarios que llevan la ropa rota, a propósito. El look mendigo me parece una falta de respeto hacia la gente que tiene que vestir así por necesidad. Pensar que se han gastado miles de euros en comprar ropa que alguien ha roto en el taller sólo porque está de moda, me parece propio de descerebrados e inconscientes. Así que, si compras algo en una tienda que viene con un defecto de fábrica, te tienen que rebajar el precio y tienes derecho a devolverlo. Pero si lo compras de marca ya destrozado, entonces resulta que tiene mucho glamour. Penoso.

Luego están los zapatos. Si eres alguien tienes que llevar zapatos de tacón de 10 centímetros, aunque te destrocen los pies. Por suerte, yo no soy nadie. Pero luego está el otro extremo: las sandalias brasileñas. Eso se utilizaba antes en las piscinas. La planta del pie tiene forma y, tan malo es forzarlo en altura como ir practicamente descalza. Lo ideal es un tacón bajo, de no más de cinco centímetros. Además esas sandalias no protegen el pie, de manera que entra toda la suciedad y se llenan de callos. Lo que supone que tienen que dedicar un montón de tiempo al cuidado de sus pies.

Pero lo que realmente me preocupa son las mujeres que conducen con esa clase de calzado. Algo que se te puede salir del pie en cualquier momento, no es lo más adecuado para reaccionar en situaciones de peligro. Un poco de sentido común nunca viene mal a la hora de vestirse, y para todo en la vida.