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miércoles, 9 de diciembre de 2009

Revistas del corazón

Reconozco que de vez en cuando echo una ojeada a esa clase de prensa y me suelo quedar horrorizada por lo que veo. Estos periodistas intentan ponerlo todo de color de rosa y convencernos de que el mundo va bien. El hijo de Carolina de Mónaco sale a comer con su familia y su novia de cinco años, la noche después de haberse liado con otra. Madonna pasa las vacaciones con un chico que podría ser su hijo, mientras su hija de doce años ejercer de madre de los dos muñecos de tamaño natural que su madre ha adoptado; y que ni siquiera son realmente huérfanos. La famosa de turno posa sonriente con su marido y sus hijos, dos semanas antes de volver a posar igual de contenta, pero ya separada. Otra modelo nos presenta a su novio del verano, que hace el número diez o veinte, pero los periodistas insisten en que una vez más es el amor de su vida.

Ricos de verdad nos cuentan sus obras de caridad, mientras hacen ostentación de sus despilfarros. Otros toman un "merecido descanso", y yo me pregunto ¿de qué?. Padres y madres presumen de lo bien que se lo pasan con sus hijos, los cuatro días al año que coinciden. Otras parejas simplemente se van de vacaciones sin los niños y supongo que los dejan con la cuidadora. Otro grupo de famosos encuentra una excusa, solidaria o no, para dar unas fiestas y estrenar ropa. Hombres y mujeres en la cincuentena se siguen comportando como cuando eran veinteañeros. Y todo esto sirve de ejemplo para el público en general; y, especialmente los jóvenes, que sueñan con ser algún día un cabeza hueca más, con dinero suficiente para comprar compañía y después pagar o recibir las pensiones de divorcio correspondientes.

viernes, 2 de octubre de 2009

Sobre Zapatero y el protocolo

Nos guste o no existen unas normas no escritas de vestimenta que indican, por ejemplo, que no se puede ir al trabajo en chandal, a no ser que seas entrenador de algún deporte. Tampoco es normal andar por la calle en bañador por mucho calor que haga, o en pijama, aunque sea de noche. Nos guste o no, en algunas oficinas es obligatorio traje y corbata, y otros deben llevar un uniforme reglamentario. Cuando se va a una celebración, lo normal es ponerse ropa más cara y elegante, especialmente si vas en representación de más personas. Por eso, la princesa Letizia se pasa el día estrenando, cosa que me parece un despilfarro. A nadie se le ocurre, por ejemplo, ir a una boda en vaqueros, porque es una falta de consideración hacia aquellos que te han invitado. El vestuario también forma parte de las normas de educación mínimas.

Cuando uno sale a la calle con los amigos es muy libre de llevar la ropa que le guste, o incluso tatuajes o piercings, aunque a mí me desagrade verlos. Hace veinte años nos asombrábamos de las tribus de África en que se perforaban la piel para sus rituales ancestrales, y ahora lo hacemos aquí. El caso es que ya se sabe que a los jóvenes les gusta llamar la atención, seguir una moda y pertenecer a un grupo. Pero hay un momento para cada cosa y cada cosa en su momento. Un hijo educado sabe adaptarse a las circunstancias. Alguien acostumbrado a hacer siempre su voluntad, naturalmente, no es consciente de las repercusiones de sus actos. Pero para eso debería estar sus padres, para ponerlos en contacto con la realidad. Más vale ponerse una vez colorado que cien amarillo. Ahora ya no va a haber manera de eliminar esa foto de las hijas del presidente.