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miércoles, 28 de abril de 2010

Para gustos, los sabores

Si por mí fuera, no comería más que dulces: de primero natillas, de segundo arroz con leche y de postrre tarta. Pero entonces, me pondría enferma y me estaría perdiendo sensaciones únicas. Con la vida pasa igual. Hay quien no desea más que tener regustos agradables, fáciles de lograr. No hay nada más cómodo que alimentar a un niño de chuches. Pero, el niño que llevamos dentro, tiene que aprender también a desarrollar el gusto; y eso sólo se consigue probando diferentes sabores y texturas. El salado también se aprecia rápido con las patatas fritas. La sal de la vida, ya se sabe, son siempre cosas buenas. El amargo ya es más complicado de apreciar. Hace falta un grado de madurez para llegar a gustar del café o la cerveza. Luego queda el picante, sólo para estómagos fuertes y ocasiones especiales.

En la vida, lo más dulce que hay es el amor; pero viene unido al desamor, que es lo más amargo. Así que, es imposible disfrutar del uno sin el otro, aunque sólo sea a ratos. El picante son las pequeñas locuras, cuando nos dejamos llevar por el momento. Pero, igual que con la comida, demasiado picante estropea el sabor de las comidas e impide disfrutar del resto de los sabores. Además, -lo que es más importante-, te deja el corazón hecho trizas. Con una úlcera en el corazón, la vida ya no vuelve a saber igual. Por eso, deberíamos llevar una dieta equilibrada, tanto en nuestro cuerpo como en nuestro espíritu. Así, hacerse mayores será una oportunidad para aprender a disfrutar de nuevos sabores -incluso de las amarguras de la vida-, conservando un regusto dulce en la boca.

martes, 1 de diciembre de 2009

La verdad sale a la luz

El gran problema de nuestra época es que se ha perdido la verdad universal. Cada cual cree que puede alcanzar su propia verdad y acuñar una moral a su medida. Pero la verdad es una, como el amor es uno y Dios es uno. Cuando se intenta manipular la realidad y poner nuevos nombres a viejas historias las consecuencias siempre son nefastas. Pero, además, es inútil, porque la verdad siempre acaba saliendo a la luz. Tardará un año o tal vez un milenio pero siempre acaba resurgiendo. Es inmune a la política y los intereses económicos. Reside en el corazón de cada persona aunque algunos se nieguen a recibirla. En el fondo siempre saben que está ahí. Intentan ocultarla bajo pliegues de mentiras piadosas. Procuran disfrazarla con doctrinas contradictorias. Los hay que se refugian en la droga, el sexo o la bebida. Pero en el fondo todos la saben, todos la conocen. La verdad subsiste.

¿Por qué sé yo eso? Como lo sabemos todos cuando somos niños, antes de que el rencor, la envidia y la rabia empiecen a hacer mella en el espíritu, permitiendo que encontremos justificaciones a nuestros actos. Lo sabía cuando dejé de ir a misa, pero nunca dejé de rezar, y ahora otra vez voy a misa. He rezado cientos, tal vez miles de horas. Creo que de ese modo me fui librando de las corazas que yo misma había fabricado. Ahora sé que acabar con una vida humana está mal y no hay nada que lo justifique; también quitarle sus bienes a los que los han ganado honradamente; o mentir conscientemente contra toda evidencia; o el sexo sin amor. Cometer esa clase de acciones nos aleja de la verdad y la vida. He sentido cosas que no puedo explicar que me han confirmado que ése es el camino. No dejéis que nadie os engañe llamando a las mismas cosas de otro modo.