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sábado, 5 de febrero de 2011

Maltrato masculino

Hay varios anuncios en televisión donde mujeres golpean a sus parejas. No sé si a alguien le parecerá correcto, pero yo creo que incitan al maltrato. Que sólo se conozcan los casos de maltrato femenino no quiere decir que no exista el otro, sino que no deja marcas. Además, son anuncios denigrantes. En uno de ellos, de Utabón, un pobre hombre es golpeado por su mujer sólo porque se ha echado un spray en la nariz y se ha quedado un rato disfrutándolo. En otros muchos, la mujer le pega porque ha querido comerse un producto dietético, a lo cual se supone que no tenía derecho. Se trata de una muestra de hembrismo que, para colmo, favorece los estereotipos de la mujer obsesionada con su físico, en lugar de buscar la tan cacareada igualdad. Yo propongo que, para acertar, la próxima vez pongan a la pareja consumiendo ambos el producto, aunque no resulte tan probable.

Al fin y al cabo, ¿quién sabe si eso no podría abrirles un nuevo mercado potencial, en lugar de estar descartando a la mitad de la población mundial?. Pero, lo grave de este tema no es el mensaje publicitario, sino la actitud de las mujeres hacia los hombres. Yo pensaba que se trataba de fomentar el respeto mutuo, no de buscar la revancha. Es como las películas de ahora, donde mujeres sobre entrenadas pelean contra hombres y los vencen.  A parte de ser poco creíble no deja de ser una glorificación de la violencia gratuita que, no por ser de mujeres contra hombres, resulta menos reprobable. No creo que las mujeres ganemos nada pretendiendo ser más fuertes. Lo que hay que hacer es valorar más las cualidades femeninas, en lugar de pretender sustituirlas por las masculinas.

domingo, 4 de abril de 2010

El otro lado de la igualdad

A menudo una idea loable acaba transformándose en algo negativo, por el puro afán de llevarla a los extremos. Si, hace tiempo, una mujer separada tenía problemas para defender sus derechos, ahora son los hombres separados los perdedores. Es bien sabido que la custodia de los hijos se suele dar a la mujer, y, con ella, las pensiones compensatorias; lo cual suele dejar a los ex maridos en una situación económica precaria. Pero, además, ahora la sociedad ha permitido una "caza de brujos" contra los hombres. De tal modo que, no sólo les privan de ver a sus hijos a su elección; sino que, además, a un hombre separado se le considera posible culpable de malos tratos físicos o psicológicos. Es difícil defenderse de una acusación tan solapada. Por eso, hay un porcentaje muy alto de denuncias falsas en los litigios de divorcio, aunque no existan pruebas en la mayoría de los casos.

La igualdad legal, llevada al extremo, está produciendo grandes desigualdades. Por ejemplo, los abuelos de parte de él y los hermanos pierden también la posibilidad de visitar a los niños. Siendo así, no es extraño que aumente la violencia en la pareja. De algún modo, si les van a acusar igual, no tiene sentido reprimirse. Un hombre separado se convierte al mismo tiempo en víctima y presunto verdugo. Con ello, no estoy queriendo justificar los malos tratos, sino, más bien, buscar las explicaciones que siempre existen cuando ocurre un fenómeno social. Por un parte, los jóvenes, chicos y chicas, son ahora más agresivos; por otra parte, las relaciones de hecho son más inestables que los matrimonios; y, en tercer lugar, pero muy importante, habría que modificar los procesos de separación para que sean realmente justos, y no salgan siempre perdiendo los hombres. Eso sí que sería defender una igualdad real.

martes, 9 de marzo de 2010

Ay, qué pena me doy

Una de las cosas peores que nos pueden pasar en la vida es caer en la espiral de la autocompasión. Madurar consiste en hacerse cargo de tus actos y sus consecuencias. También en aceptar que no siempre tenemos la sartén por el mango. En la vida hay que estar dispuesto a ceder y muchas veces a aguantarse, cuando ves que no te vas a salir con la tuya. Lo tomas o lo dejas. Pero no; ahora todos tenemos derecho a quejarnos: los jóvenes porque no tienen oportunidades, los mayores porque no les tienen en cuenta, las madres porque no dan abasto, los padres porque no pintan nada, los hijos porque no les comprenden... Lo más fácil que hay es sentirse agraviado y buscar un culpable; en lugar de pensar hasta qué punto nos hemos buscado lo que nos sucede; o, simplemente, si no hemos tenido opción y tampoco existe realmente nadie a quien culpar.

Pero donde el tema se está ya desquiciando es en las relaciones de pareja. Resulta que hoy en día ser mujer te coloca automáticamente en el papel de víctima, junto a todas tus antepasadas. Pero a mi vida no le pasa nada malo, ni tampoco a la de mi madre o mis abuelas. Hemos vivido la vida que deseábamos. Tal vez antes no se podía elegir como ahora, pero cada cual se adaptaba a sus circunstancias y procuraba ser feliz. Las mujeres siempre hemos sabido como incluir en nuestras familias y en la sociedad, de un modo más sutil pero muy efectivo. La mayoría de las mujeres nunca hemos sido nunca tontas ni maltratadas; no en este país, por lo menos. Me parece vergonzoso pasarse el día quejándose, mientras otras mujeres en el resto del mundo darían lo que fuera por tener la posición y el respeto del que disfrutamos nosotras desde hace siglos, en buena medida gracias al cristianismo que proclama la igualdad entre todas las personas.

jueves, 30 de julio de 2009

Cuestión de límites

Llevo tres años y tres meses escribiendo blogs. En todo este tiempo, cuando tenía comentarios, he discutido amigablemente sobre cientos de temas. He admitido diferencias de opinión sobre política, sexualidad, religión o economía. Pero siempre dentro del respeto. Nadie podrá decir que utilizo lenguaje malsonante o que me ensaño con alguien. Sin embargo, había desde el principio unos límites de aquello que no estoy dispuesta a admitir y tienen que ver exclusivamente con la defensa de la vida en el sentido más amplio de la palabra. Es decir, no admito: el aborto, ni la eutanasia; el terrorismo, ni a aquellos que lo justifican; ni el maltrato animal, especialmente la tauromaquia. Sobre esos temas nunca voy a cambiar de opinión.

Intento buscar un lado positivo a cada problema y justificar incluso a las personas que me condenan sin conocerme. Eso es lo que nos enseñan en la Iglesia. Lo importante no es ser perfecto, sino intentar ser mejor cada día. De este modo, incluso encuentro cosas buenas en el comunismo, a pesar de que me parece unos de los peores inventos de la humanidad. También miro con simpatía a los musulmanes y otras culturas. Y el resto de los seres vivos que habitan la tierra también me importan realmente. Sin embargo, cuando se trata del derecho a la vida y a la existencia digna, tanto de personas como animales, no tengo tolerancia alguna. Porque no existe un término medio entre la vida y la muerte. No se puede matar un poco o torturar ligeramente. Nada justifica la agresión contra otro ser, ya sea física o psicológica.