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sábado, 19 de septiembre de 2009

La talla ideal

Aproximadamente una tercera parte de las mujeres que se ven en la playa están muy por debajo de su peso ideal, cercanas a la anorexia. Y no hablo de jovencitas, sino de mujeres de mediana edad. Esto supone un desgaste que me imagino que afectará a su salud. Otro tercio están por encima y el resto aproximadamente dentro de los límites. Esas mujeres esqueléticas, más que atracción, producen grima en cualquier varón normal. Su bajo peso hace que apenas tengan pechos y, cuando hacen top less, apenas les sobresalen los pezones, así que algunas llevan el bikini con relleno. A muchas se les pueden contar las costillas y dan ganas de comprarles un bocadillo de chorizo. Parece mentira como la publidad ha hecho tales estragos en toda una generación.

Yo solía estar muy delgada, de forma natural, y me encontraba siempre cansada. Después de mi primer embarazo, me quedé con unos kilos más y descubrí que me sentía mucho más fuerte. Los depósitos de grasa son necesarios para soportar esfuerzos extra y enfermedades. De hecho, la grasa tiene una gran capacidad para transformarse en otro tipo de tejido, gracias a sus células madre, que tan buenos resultados están dando en investigación. El cuerpo de un atleta puede ser más armónico, pero no más saludable. Por ello, no es de extrañar que, de vez en cuando, muera algún deportista de repente debido a los sobreesfuerzos a los que se ven sometidos a diario. Ni gordos, ni delgados. El ideal, como siempre, es el término medio, y además es lo que atrae de forma natural a ambos sexos.

miércoles, 17 de junio de 2009

Desigualdad

La famosa igualdad entre hombres y mujeres es una entelequia, es decir, un absurdo. Podrá haber los mismos derechos, pero eso no impide que nuestras diferencias físicas y emocionales determinen nuestras vidas. Por ejemplo, en principio una mujer puede ser albañil, pero no tiene mucho sentido elegir un oficio cansado, peligroso y mal pagado, para el que no se tienen condiciones. Del mismo modo, no se puede evitar que a las niñas les gusten los muñecos y a los niños los deportes de contacto. Miles de años de evolución y sus hormonas correspondientes se han ocupado de ello.

Esto lo saben muy bien los fabricantes de juguetes, que diseñan lo que saben que se va a vender, y también los guionistas de cine. Películas como Casablanca, Instinto básico, Nueve semanas y media o la saga de James Bond, no son precisamente un ejemplo de trato igualitario a las mujeres y, sin embargo, han tenido un gran éxito de público. Esta claro que no se puede legislar contra los gustos de la gente o imponer una doctrina que se opone a la propia naturaleza. No es una cuestión de educación que a los hombres y las mujeres nos atraiga precisamente lo que nos diferencia, aunque eso suponga renunciar a planteamientos teóricos.

También reaccionamos de distinta manera. Ante una relación esporádica, por ejemplo, un hombre suele ser capaz de separar el amor del sexo, mientras que una mujer tiende a involucrarse sentimentalmente. Eso se explica porque, a lo largo de la historia, ellas habitualmente no han podido elegir pareja y no tenían más remedio que crear lazos con un desconocido. La excepción podrían ser las prostitutas, quienes, sin embargo, suelen enamorarse del hombre que las explota y maltrata. Siendo todo esto tan sabido, no me explico cómo todavía hay hombres que se extrañan, y mujeres que siguen cayendo en la trampa más vieja que existe: confundir el deseo con el cariño.

No se puede llegar al corazón de un hombre a través del sexo, porque no existe esa comunicación en su caso. Al contrario, sí que funciona. Una pareja enamorada va sintiéndose físicamente atraída de forma gradual. Cuando se pretende forzar la situación pasando directamente al postre, lo único que se consigue es crear confusión en ambos. Ella piensa que pueden llegar a algo más, a tener una pareja o incluso una familia. Pero él cree que sólamente está buscando pasar el rato sin compromiso. Los contactos en el trabajo favorecen mucho esa situación, porque pasar tantas horas juntos puede crear malentendidos. Para conseguir una relación plena, lo ideal es ir siguiendo los pasos uno tras otro, sin atajos ni precipitaciones.