Mostrando entradas con la etiqueta genocidio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta genocidio. Mostrar todas las entradas
sábado, 17 de octubre de 2009
Estaré en la manifestación
Millones de personas han sido abortadas en todo el mundo desde que se empezó a legalizar el aborto, primero en los países socialistas y finalmente en el resto. Este genocidio silencioso se está llevando a toda una generación y ha provocado más víctimas que Hitler, Stalin o el mismo Sida. Sin embargo, muchas personas se niegan a pensar en ello mientras no les incumba personalmente. Muchos todavía siguen pensando que un embrión es un montón de células, aun cuando existan medios científicos suficientes para fotografíar a esos niños desde el momento de la concepción.
Llevo años repitiendo que el ser humano existe desde el momento en que el óvulo y espermatozoide se funden e intercambian su adn. Entonces ya existe alguien nuevo y absolutamente diferente de cualquiera que haya existido antes o existirá después. Eso no es nada que diga en la Biblia. La ciencia lo ha demostrado sobradamente. El aborto no es un tema religioso, es un dogma de la moral universal, aceptado en todos los países y culturas desde que el hombre alcanzó la inteligencia. Estoy convencida de que muchos votantes socialistas, especialmente en Andalucía, están horrorizados ante esta situación, pero no se atreven a decir nada.
Tener un hijo es lo más grande de la vida. Aquellos que, por circunstancias, no consiguen tenerlos se vuelcan en los hijos de sus amigos. Ver crecer a un niño es aprender a vivir de nuevo. Aunque no fuera más, los hijos aseguran el relevo generacional imprescindible en cualquier sociedad. Estar permitiendo que en España aborten cada día decenas de mujeres es hipotecar nuestro futuro social y económico, por no hablar del daño psicológico que sufren ellas. La mujer tiene derecho a dar a luz a su hijo. Desde el momento del embarazo, realmente ella ya es madre, el hombre que la inseminó ya es padre, y los padres de ambos ya son abuelos.
Nadie dijo que la vida fuera fácil pero precisamente ahí reside su encanto. En un momento dado, tener un hijo puede resultar algo molesto o complicado, pero a la larga compensa sobradamente todas las dificultades. Eso lo sabe cualquiera que haya sido madre o padre. No hay nada en el mundo que pueda hacerte más feliz. Por eso no podemos cerrar los ojos ante la manipulación que sufren esas mujeres para incitarlas a abortar, ni podemos permitir el inmenso negocio que se alimenta a partir del aborto. Si matamos a nuestros hijos, qué no seremos capaces de hacer. El doctor Mengele debe estar feliz, ya que no han hecho más que desarrollar sus teorías. Si todavía te importa todo esto, VEN A LA MANIFESTACIÓN.
Llevo años repitiendo que el ser humano existe desde el momento en que el óvulo y espermatozoide se funden e intercambian su adn. Entonces ya existe alguien nuevo y absolutamente diferente de cualquiera que haya existido antes o existirá después. Eso no es nada que diga en la Biblia. La ciencia lo ha demostrado sobradamente. El aborto no es un tema religioso, es un dogma de la moral universal, aceptado en todos los países y culturas desde que el hombre alcanzó la inteligencia. Estoy convencida de que muchos votantes socialistas, especialmente en Andalucía, están horrorizados ante esta situación, pero no se atreven a decir nada.
Tener un hijo es lo más grande de la vida. Aquellos que, por circunstancias, no consiguen tenerlos se vuelcan en los hijos de sus amigos. Ver crecer a un niño es aprender a vivir de nuevo. Aunque no fuera más, los hijos aseguran el relevo generacional imprescindible en cualquier sociedad. Estar permitiendo que en España aborten cada día decenas de mujeres es hipotecar nuestro futuro social y económico, por no hablar del daño psicológico que sufren ellas. La mujer tiene derecho a dar a luz a su hijo. Desde el momento del embarazo, realmente ella ya es madre, el hombre que la inseminó ya es padre, y los padres de ambos ya son abuelos.
Nadie dijo que la vida fuera fácil pero precisamente ahí reside su encanto. En un momento dado, tener un hijo puede resultar algo molesto o complicado, pero a la larga compensa sobradamente todas las dificultades. Eso lo sabe cualquiera que haya sido madre o padre. No hay nada en el mundo que pueda hacerte más feliz. Por eso no podemos cerrar los ojos ante la manipulación que sufren esas mujeres para incitarlas a abortar, ni podemos permitir el inmenso negocio que se alimenta a partir del aborto. Si matamos a nuestros hijos, qué no seremos capaces de hacer. El doctor Mengele debe estar feliz, ya que no han hecho más que desarrollar sus teorías. Si todavía te importa todo esto, VEN A LA MANIFESTACIÓN.
lunes, 6 de julio de 2009
No hay nada más importante
Cuando empecé a escribir en internet lo hice de una forma natural, como lo venía haciendo desde que aprendí la escritura y anotaba mis pensamientos en hojas sueltas. El contacto con otros blogueros me ayudó mucho a darme cuenta de dónde estaban los problemas y hasta qué punto la gente se siente perdida en un mundo sin referencias morales. También encontré gente encantadora que me enseñó otros puntos de vista para enriquecer los míos. Así durante tres años, hasta que llegó el momento de descubrir realmente cuál era mi objetivo en este mundo virtual, la razón que me había atraído desde el principio a participar en las vidas de otras personas e introducirme en sus ordenadores. La defensa de la vida es la tarea más grande, más importante y más pura que puede tener alguien hoy en día. Como dice el actor mexicano Eduardo Verástegui:
"El actor y productor mexicano explicó su esfuerzo por trasmitir un mensaje provida porque “ni sumando las muertes causadas por el nazismo y el comunismo, resulta una cifra comparable con las de los abortos, ya que cada año son abortados en el mundo 42 millones de niños. Por eso siento que no estoy haciendo suficiente para defender la vida. Las leyes de muerte nos afectan a todos. Cuando en un país permitimos que el bebé más indefenso corra peligro, la vida deja de tener valor objetivo”.
“El aborto no debería existir”, concluyó Verástegui; “la cultura de la muerte es como el nazismo. Éste enfrentaba al vecino contra el vecino; el comunismo, a los pobres contra los ricos; y la cultura de la muerte a la madre contra su hijo. Con la eutanasia el hombre pierde el respeto a sí mismo y se ve como un objeto. Es importante defender el derecho a vivir de todos. Creo que hay que tratar a todos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todos podemos hacer algo por salvar la vida de los que corren el riesgo de no nacer”.
No puedo dar un paso atrás, ni aunque quisiera, que no es el caso. Mi vida ahora tiene un sentido superior. Ahora comprendo lo que Dios quiere de mí. Mientras escribo estas líneas miles de mujeres en todo el mundo están acabando con la vida de sus hijos, cosa que no podrán perdonarse nunca. Entretanto unos cientos de médicos abortistas sin escrúpulos se están haciendo ricos a su costa. No podré dejar ya esta lucha, mientras, al menos en España, siga existiendo una ley que permite descartar seres humanos según sus circunstancias. El feto no tiene la culpa de que su madre no se sienta preparada, no sepa quién es el padre o no tenga trabajo. Para eso están las instituciones públicas, para ayudarla a salir adelante y a entregar el niño en adopción si lo desea. El aborto no es un derecho de nadie, es un crimen contra la humanidad, un genocidio. Esos niños pertenecen a la sociedad donde han sido engendrados y son necesarios para su futuro. Su derecho a la vida debería estar por encima de cualquier otra consideración.
"El actor y productor mexicano explicó su esfuerzo por trasmitir un mensaje provida porque “ni sumando las muertes causadas por el nazismo y el comunismo, resulta una cifra comparable con las de los abortos, ya que cada año son abortados en el mundo 42 millones de niños. Por eso siento que no estoy haciendo suficiente para defender la vida. Las leyes de muerte nos afectan a todos. Cuando en un país permitimos que el bebé más indefenso corra peligro, la vida deja de tener valor objetivo”.
“El aborto no debería existir”, concluyó Verástegui; “la cultura de la muerte es como el nazismo. Éste enfrentaba al vecino contra el vecino; el comunismo, a los pobres contra los ricos; y la cultura de la muerte a la madre contra su hijo. Con la eutanasia el hombre pierde el respeto a sí mismo y se ve como un objeto. Es importante defender el derecho a vivir de todos. Creo que hay que tratar a todos como nos gustaría que nos trataran a nosotros. Todos podemos hacer algo por salvar la vida de los que corren el riesgo de no nacer”.
No puedo dar un paso atrás, ni aunque quisiera, que no es el caso. Mi vida ahora tiene un sentido superior. Ahora comprendo lo que Dios quiere de mí. Mientras escribo estas líneas miles de mujeres en todo el mundo están acabando con la vida de sus hijos, cosa que no podrán perdonarse nunca. Entretanto unos cientos de médicos abortistas sin escrúpulos se están haciendo ricos a su costa. No podré dejar ya esta lucha, mientras, al menos en España, siga existiendo una ley que permite descartar seres humanos según sus circunstancias. El feto no tiene la culpa de que su madre no se sienta preparada, no sepa quién es el padre o no tenga trabajo. Para eso están las instituciones públicas, para ayudarla a salir adelante y a entregar el niño en adopción si lo desea. El aborto no es un derecho de nadie, es un crimen contra la humanidad, un genocidio. Esos niños pertenecen a la sociedad donde han sido engendrados y son necesarios para su futuro. Su derecho a la vida debería estar por encima de cualquier otra consideración.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
