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sábado, 25 de septiembre de 2010
Horarios españoles
Como ya he dicho alguna vez, Yo soy más europea que española para algunas cosas. Una de ellas es el horario de las comidas. Desayunamos temprano, comemos sobre la una y media, cenamos a las ocho y media. En España, lo tradicional es levantarse tarde (cuando se puede), comer a las tres y cenar a las diez de la noche. Ese horario no me ha gustado nunca, y además dicen los médicos que tampoco es aconsejable. Lo que no me entra es el desayuno europeo. Soy incapaz de tomar huevos a las ocho de la mañana. Por lo demás, sí que me gusta comer ligero y cenar poco. Irse a la cama con la digestión de una cena abundante no conviene: de grandes cenas están las sepulturas llenas. A media mañana, me suelo tomar un café. Mis hijas llevan barritas de cereales al colegio. Lo que también es una barbaridad es darles bollos a los niños de aperitivo porque, además de llevar grasa saturada, luego no tienen hambre para comer.
El clima español invita a acostarse y levantarse tarde, lo cual explica este horario, especialmente en verano. Sin embargo, en tiempo laboral y de colegio, supone que mucha gente reduce sus horas de sueño a menos de ocho; lo cual no es sano. Luego nos extrañamos de los accidentes de coche que se producen por dormirse el conductor al volante. El sentido común debería primar sobre las costumbres adquiridas. Como no podemos tener un horario en invierno y otro distinto en verano, lo lógico sería mantener el mismo con leves variaciones. En mi casa, sólo flutúan en una media hora, porque además somos bastante madrugadores en general. El cuerpo no entiende de tradiciones culturales, sino de salud; y las personas somos básicamente iguales en España que en el resto del mundo. Es algo a tener en cuenta.
El clima español invita a acostarse y levantarse tarde, lo cual explica este horario, especialmente en verano. Sin embargo, en tiempo laboral y de colegio, supone que mucha gente reduce sus horas de sueño a menos de ocho; lo cual no es sano. Luego nos extrañamos de los accidentes de coche que se producen por dormirse el conductor al volante. El sentido común debería primar sobre las costumbres adquiridas. Como no podemos tener un horario en invierno y otro distinto en verano, lo lógico sería mantener el mismo con leves variaciones. En mi casa, sólo flutúan en una media hora, porque además somos bastante madrugadores en general. El cuerpo no entiende de tradiciones culturales, sino de salud; y las personas somos básicamente iguales en España que en el resto del mundo. Es algo a tener en cuenta.
jueves, 13 de mayo de 2010
Pues, claro que madrugo...
La vecina de enfrente hace quince años que me oye salir por las mañanas, y el otro día me dice: tú que no tienes que madrugar, te levantas antes que yo. Ahora me entero de que las amas de casa no madrugamos. Es decir, que esperamos en la cama hasta las doce para hacer la comida, sin haber ido la compra, y tender la ropa, sin haber puesto la lavadora. De toda la vida, en mi casa era mi madre la primera que se levantaba y yo creo que en la mayoría de las casas. Nos despertaba a todos, ponía los desayunos y se ocupaba de que saliéramos a la hora. Yo, además, tengo que llevar a mis hijos al colegio, pero incluso antes de tener niños ya me levantaba a la vez que mi marido.
Me pregunto si existen realmente amas de casa que no madruguen. En el pueblo, tienen que darle de comer a las gallinas y otras muchas tareas más. Yo sería incapaz de quedarme durmiendo y dejar que cada cual se las arreglara a su gusto. Cuando los chicos eran pequeños, por supuesto, no podía ni pensar en ello. Lo que parece mentira es que me diga eso una mujer que tiene que saber perfectamente que el trabajo de la casa nunca termina, aunque precisamente ella prefiere entrar tarde al trabajo y salir tarde también. Así que se levanta más tarde que yo, y la verdad es que no entiendo por qué opina sobre mis horarios.
Me pregunto si existen realmente amas de casa que no madruguen. En el pueblo, tienen que darle de comer a las gallinas y otras muchas tareas más. Yo sería incapaz de quedarme durmiendo y dejar que cada cual se las arreglara a su gusto. Cuando los chicos eran pequeños, por supuesto, no podía ni pensar en ello. Lo que parece mentira es que me diga eso una mujer que tiene que saber perfectamente que el trabajo de la casa nunca termina, aunque precisamente ella prefiere entrar tarde al trabajo y salir tarde también. Así que se levanta más tarde que yo, y la verdad es que no entiendo por qué opina sobre mis horarios.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
