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miércoles, 20 de abril de 2011
Me gustan los hombres
En general. Se entiende que en particular, sólo me gusta mi marido. Hoy voy a ser muy políticamente incorrecta. Vivimos en una sociedad que extrañamente desprecia todo lo que se considere masculino y encumbra injustificadamente las llamadas virtudes femeninas. Sin embargo, no todo es blanco o negro y hombres y mujeres tenemos cualidades comunes y algunas más desarrolladas; a parte de que cada persona es un mundo. A mí, como mujer, me atraen los hombres y encuentro atractivas precisamente esas aptitudes que ahora se menosprecian y vituperan a la mínima en todos los medios de comunicación. Creo que yo soy normal y la anormalidad se ha instaurado en nuestra sociedad.
Me gusta que los hombres, en general, sean independientes y les guste aislarse de vez en cuando. Me gusta que se centren en un sólo objetivo y pongan en él todo su interés. Me gusta que tengan carácter y no sea nada fácil hacerles cambiar de opinión sobre algo. Me gusta que sean protectores con las mujeres, incluso con las que no conocen. Me gusta que cuiden a los suyos, aunque eso suponga cierto control. Me gusta la camaradería que tienen con sus amigos a toda prueba. Me gusta que tengan un límite a partir del cual ya no ceden. Me gusta que se empeñen en solucionar problemas incluso cuando nadie se lo ha pedido. Me gusta su manera de disfrutar de la vida sin complicaciones. Me gusta ver cómo aparcan en sitios pequeños. En fin, soy culpable: me gusta la masculinidad.
Me gusta que los hombres, en general, sean independientes y les guste aislarse de vez en cuando. Me gusta que se centren en un sólo objetivo y pongan en él todo su interés. Me gusta que tengan carácter y no sea nada fácil hacerles cambiar de opinión sobre algo. Me gusta que sean protectores con las mujeres, incluso con las que no conocen. Me gusta que cuiden a los suyos, aunque eso suponga cierto control. Me gusta la camaradería que tienen con sus amigos a toda prueba. Me gusta que tengan un límite a partir del cual ya no ceden. Me gusta que se empeñen en solucionar problemas incluso cuando nadie se lo ha pedido. Me gusta su manera de disfrutar de la vida sin complicaciones. Me gusta ver cómo aparcan en sitios pequeños. En fin, soy culpable: me gusta la masculinidad.
lunes, 18 de octubre de 2010
Eros, philos y ágape
Son los nombres que recibe el amor en la filosofía griega. El caso es que eros es la atracción entre dos personas, especialmente tu pareja, philos viene a ser la amistad; mientras que ágape, es el amor divino que envuelve todas las cosas y los seres vivos. De modo que philos y eros son parte de ágape. Pasando a un plano científico, hace tiempo que se sabe que lo que todos conocemos procede de unas energías surgidas tras el big bang. Se trata de la fuerza nuclear, la gravitacional y la electromagnética. Pero, según se avanza en las investigaciones, parece ser que todas constituyen una sola energía esencial, que forma parte de todo y lo cohexiona todo. Algunos lo llamamos Dios.
No soy la primera que dice - ni seré la última - que la fuerza que mueve el universo y lo único que realmente importa en nuestras vidas es el amor. Dios es amor. De manera que, al final, ciencia, filosofía y religión se engloban en un todo, se mire desde la perspectiva que se mire. Ese amor (ágape) se puede llegar a experimentar de muchas maneras. Algunos lo consiguen por el camino de la meditación y el misticismo. Otros lo buscamos en nuestra relación familiar y de pareja. Hay quien lo encuentra dedicándose a la causa de los necesitados o protegiendo la naturaleza, o incluso en las artes y la música. Da lo mismo por qué itinerario se haya llegado a la misma conclusión. El caso es que es la única posible.
No soy la primera que dice - ni seré la última - que la fuerza que mueve el universo y lo único que realmente importa en nuestras vidas es el amor. Dios es amor. De manera que, al final, ciencia, filosofía y religión se engloban en un todo, se mire desde la perspectiva que se mire. Ese amor (ágape) se puede llegar a experimentar de muchas maneras. Algunos lo consiguen por el camino de la meditación y el misticismo. Otros lo buscamos en nuestra relación familiar y de pareja. Hay quien lo encuentra dedicándose a la causa de los necesitados o protegiendo la naturaleza, o incluso en las artes y la música. Da lo mismo por qué itinerario se haya llegado a la misma conclusión. El caso es que es la única posible.
lunes, 22 de febrero de 2010
Relaciones de poder en la pareja
Hace ya demasiado tiempo, recuerdo que tuve una discusión en internet sobre el tema de la masculinidad. Decían mis comentaristas que buscaban un hombre sensible y comprensivo, que les ayudara en casa y con los niños. Todo eso me parece muy bien, pero no funciona exactamente así. Cada persona, hombre o mujer tenemos un lado masculino y otro femenino, pero, naturalmente prima uno de los dos. Los hombres que resultan más atractivos a las mujeres en general no son precisamente los que cumplen con las condiciones arriba descritas.
Es decir, que naturalmente lo que una mujer busca en un hombre es lo que le diferencia. Para encontrar un compañero de conversación, para ir de compras, están las amigas. La atracción sexual se basa precisamente en esas cosas que ahora dicen algunas que nos desagradan del género masculino: su competividad, su frialdad, su seguridad en sí mismos y el afán de protección. Una mujer necesita sentirse apoyada por su pareja, pero sobretodo protegida. Admiramos sobre todo su independencia y su fuerza de voluntad cuando se marcan un objetivo en la vida.
Además, aunque esto no les va a gustar a muchas, una mujer necesita el contrapeso masculino, porque la feminidad supone dejarse llevar a menudo por las emociones, de manera que se pierde el contacto con la realidad. Los hombres nos mantienen con los pies en la tierra. No hay cosa que más guste a una mujer (aunque no lo reconozcamos) que el que su pareja no se deje llevar por ella, ni se deje dominar y que le diga cuando piensa que se está equivocando.
Porque las mujeres somos menos fuertes sin duda, pero más resistentes. Lo nuestro es una guerra de desgaste. Cuando un hombre deja a su pareja que le vaya ganando terreno, por miedo a parecer machista, retrógrado..., al ir a darse cuenta ya no pinta nada en su propia casa. Y es que las mujeres (al menos las que yo conozco) sabemos muy bien cómo dirigir la casa sin que se note, ya que estamos acostumbradas a lidiar con los hijos, utilizando más la mano izquierda que la derecha.
Aquellos hogares que he conocido en los cuales las mujeres se habían hecho con el poder no tenían un ambiente sano; como tampoco lo tienen los que están dominados absolutamente por el género masculino. Lo ideal para el desarrollo de los hijos es que exista un cierto equilibrio, pero ese "ten con ten" no se consigue cediendo siempre en favor del teóricamente más débil. Las apariencias engañan. Las mujeres cuyas parejas se dejan dominar de esa manera acaban perdiendo el respeto y la atracción por ellos, y eso generalmente es el principio del fin de la relación.
Es decir, que naturalmente lo que una mujer busca en un hombre es lo que le diferencia. Para encontrar un compañero de conversación, para ir de compras, están las amigas. La atracción sexual se basa precisamente en esas cosas que ahora dicen algunas que nos desagradan del género masculino: su competividad, su frialdad, su seguridad en sí mismos y el afán de protección. Una mujer necesita sentirse apoyada por su pareja, pero sobretodo protegida. Admiramos sobre todo su independencia y su fuerza de voluntad cuando se marcan un objetivo en la vida.
Además, aunque esto no les va a gustar a muchas, una mujer necesita el contrapeso masculino, porque la feminidad supone dejarse llevar a menudo por las emociones, de manera que se pierde el contacto con la realidad. Los hombres nos mantienen con los pies en la tierra. No hay cosa que más guste a una mujer (aunque no lo reconozcamos) que el que su pareja no se deje llevar por ella, ni se deje dominar y que le diga cuando piensa que se está equivocando.
Porque las mujeres somos menos fuertes sin duda, pero más resistentes. Lo nuestro es una guerra de desgaste. Cuando un hombre deja a su pareja que le vaya ganando terreno, por miedo a parecer machista, retrógrado..., al ir a darse cuenta ya no pinta nada en su propia casa. Y es que las mujeres (al menos las que yo conozco) sabemos muy bien cómo dirigir la casa sin que se note, ya que estamos acostumbradas a lidiar con los hijos, utilizando más la mano izquierda que la derecha.
Aquellos hogares que he conocido en los cuales las mujeres se habían hecho con el poder no tenían un ambiente sano; como tampoco lo tienen los que están dominados absolutamente por el género masculino. Lo ideal para el desarrollo de los hijos es que exista un cierto equilibrio, pero ese "ten con ten" no se consigue cediendo siempre en favor del teóricamente más débil. Las apariencias engañan. Las mujeres cuyas parejas se dejan dominar de esa manera acaban perdiendo el respeto y la atracción por ellos, y eso generalmente es el principio del fin de la relación.
Etiquetas:
atracción,
dominio,
equilibrio,
feminidad,
masculinidad
lunes, 23 de noviembre de 2009
Disfrazadas de Barbies
He ido a comprar sujetadores con mis hijas y ahora resulta que todos vienen con forma y con aro; pero eso no es lo peor, sino que también llevan relleno. Me pregunto qué sentido tiene que una niña de catorce años tenga que fingir una talla de pecho mayor de la suya. ¿Qué fue de la liberación de la mujer?. Como leí el otro día en un artículo, ahora resulta que tenemos que ser todas unas "pilinguis", o al menos parecerlo. Por supuesto, mis hijas no van a salir a la calle disfrazada de Barbies, porque espero que las valoren por su inteligencia y su personalidad, no por su perímetro torácico. El caso es que somos las propias mujeres las que alimentamos esta mentalidad a causa de la rivalidad femenina. Pero especialmente aquellas que se consideran a sí mismas modernas y liberadas, son las que más se prestan a este juego de belleza y seducción.
A mí me es indiferente si mujeres adultas quieren tener más pecho. Ya se descubrirá el engaño antes o después, digo yo. Pero que dejen en paz a las niñas, que deberían estar al margen de la atracción sexual. Con esto sólo se favorece la pederastia y las relaciones con demasiada diferencia de edad. Este verano he visto niñas pequeñas con minifaldas negras y escotes. Los niños deberían ser niños, y las adolescentes tienen un cuerpo que todavía se está formando. La obsesión por la talla pectoral provoca que muchas se acomplejen y quieran incluso operarse. Series como "sin tetas..." también han favorecido esa actitud. De hecho, todas las series juveniles españolas sirven a esa mentalidad, según la cual, ser atractivo es lo más importante y lo único que garantiza el bienestar y el éxito.
A mí me es indiferente si mujeres adultas quieren tener más pecho. Ya se descubrirá el engaño antes o después, digo yo. Pero que dejen en paz a las niñas, que deberían estar al margen de la atracción sexual. Con esto sólo se favorece la pederastia y las relaciones con demasiada diferencia de edad. Este verano he visto niñas pequeñas con minifaldas negras y escotes. Los niños deberían ser niños, y las adolescentes tienen un cuerpo que todavía se está formando. La obsesión por la talla pectoral provoca que muchas se acomplejen y quieran incluso operarse. Series como "sin tetas..." también han favorecido esa actitud. De hecho, todas las series juveniles españolas sirven a esa mentalidad, según la cual, ser atractivo es lo más importante y lo único que garantiza el bienestar y el éxito.
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Nasciturus proiam nato habetur, si de eius commodo agitur
