Mostrando entradas con la etiqueta tratamientos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tratamientos. Mostrar todas las entradas

sábado, 1 de enero de 2011

La prórroga

Hay un secreto que llevo guardando varios meses: este verano estuve en el hospital con una diverticulitis y me aconsejaron hacerme una colonoscopia. Finalmente, me hice la prueba en noviembre y resultó bastante bien. Tengo divertículos, colon espástico y una válvula incompetente, pero nada grave. Confieso que he estado todo este tiempo muy angustiada pensando en la posibilidad de tener un tumor maligno. No me importan las molestias crónicas. Estoy acostumbrada. Pero no me siento capaz de afrontar un tratamiento tan duro y de final incierto. Soy débil, me temo, a pesar de toda mi fe. Además creo que mi familia depende mucho de mí y no me sentiría capaz de dejarlos de lado para centrarme en mi curación.

Gracias a Dios, de momento no me veo enfrentada a esa tesitura. Por eso, me siento como si me hubieran concedido una prórroga, aunque realmente sobre el futuro que nos espera nunca se puede estar seguro. Así que hoy afronto el 2011 con más ilusión de lo que es habitual en mí por estas fechas. Al fin y al cabo, con el tiempo, incluso los problemas más insalvables a veces acaban llegando a una solución y, como bien se dice, mientras hay vida hay esperanza. Así que, aquí estoy yo todavía con energía renovada, dispuesta a seguir dando la batalla por la vida un año más y lo que haga falta, o los que Dios quiera concederme. A veces hace falta sumergirse hasta el fondo para poder emerger con más fuerza.

Debido al exceso de entradas, vuelvo a publicarlas de dos en dos, una propia y otra copiada.

martes, 24 de noviembre de 2009

Mucha tontería

Cada año miles de personas se gastan grandes cantidades de dinero en tratamientos para adelgazar o dejar de fumar. Salvo en caso de enfermedad, el mejor método de adelgazamiento que existe es no comer. Que se lo pregunten a los africanos. En cuanto al tabaco, en tiempos existía algo llamado fuerza de voluntad. Yo lo dejé de repente y de eso hace veinte años. Todavía, cuando huelo el humo me apetece, pero me aguanto. Pero, claro, resulta mucho más interesante darse importancia con un tratamiento médico a base de pastillas, las cuales tal vez sean peor remedio que lo que pretenden curar. Ahora hay un remedio médico para todo, menos para la indolencia.

Confieso que soy culpable y ,últimamente, he descubierto que mis hijos también padecen ese vicio. El chico vino quejándose de que el agua de beber del gimnasio está recalentada. Cuando la mitad de la población mundial bebe de pozos de agua marrón... Y la chica me dice que se aburre, porque no le apetece ver ninguna de las más de doscientas películas que tenemos en casa. Y yo pienso, médico cúrate a tí mismo. Está claro que no he sabido transmitir mis ideas en mi propia casa. La batalla es larga pero seguiré luchando. La superficialidad nos ataca desde todos los frentes, y seguimos perdiendo el tiempo y el dinero en tonterías y quejándonos de cosas sin importancia.