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jueves, 15 de abril de 2010
La lectura de la Biblia
Desde hace seis meses estoy leyendo el Evangelio todos los días. Existen unas páginas web donde es fácil y cómodo hacerlo, y os lo recomiendo, como evangeliodeldia.com. No se puede juzgar lo que no se conoce. Mucha gente en España habla de la Iglesia como si sólo se tratara de los ritos de Semana Santa y poco más. La base de la religión cristiana está en Jesucristo y, por tanto, en los cuatro Evangelios que fueron escritos por personas que le conocieron personalmente y otros que recibieron el testimonio de primera mano. Los escritos posteriores, de cincuenta años o más, no tienen ningún valor real y menos todavía las teorías, más o menos novelescas que han surgido después.
Os aconsejo que leáis el Nuevo Testamento. El Antiguo es difícil de interpretar sin ayuda, ya que fue escrito para cuatro milenios atrás. Leyendo los evangelios es realmente increíble comprobar cómo cada día trae un mensaje diferente para cada persona. Estos consejos han servido a millones desde hace más de dos mil años. Cada cual que lee un pasaje de la Biblia saca conclusiones diferentes que, sin embargo, habitualmente le ayudan a mejorar como persona y en relación con los demás. El tiempo, las circunstancias, la edad, raza o continente no tienen la menor importancia a la hora de entender y sentir las Sagradas Escrituras. Jesús envía un mensaje personal para cada uno de nosotros a través de sus palabras.
Os aconsejo que leáis el Nuevo Testamento. El Antiguo es difícil de interpretar sin ayuda, ya que fue escrito para cuatro milenios atrás. Leyendo los evangelios es realmente increíble comprobar cómo cada día trae un mensaje diferente para cada persona. Estos consejos han servido a millones desde hace más de dos mil años. Cada cual que lee un pasaje de la Biblia saca conclusiones diferentes que, sin embargo, habitualmente le ayudan a mejorar como persona y en relación con los demás. El tiempo, las circunstancias, la edad, raza o continente no tienen la menor importancia a la hora de entender y sentir las Sagradas Escrituras. Jesús envía un mensaje personal para cada uno de nosotros a través de sus palabras.
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domingo, 10 de enero de 2010
La escuela de la vida (un año en un post)
He encontrado un post que no publiqué en su momento:
Creo que he aprendido mucho en la escuela de la vida. Por suerte, más por experiencia ajena que por propia. Pero soy una persona de emociones muy intensas. No es tanto lo que te sucede, sino cómo lo vives. Sé lo que es sentirse sóla, incomprendida por casi todos. No tener un amigo en quien confiar. Sé lo que es sentirse desbordada por las circunstancias y no poder más, pero tener que seguir adelante. Sé lo que echar de menos sin esperanza y ver pasar los días, los meses y los años, todos iguales. Sé lo que es preocuparse por el futuro, sabiendo que no está en tu mano solucionar nada. De todo eso he vivido también en el último año.
También he vivido las experiencias ajenas de los múltiples problemas que puede traer la vida: amor, celos, traición, desamor, alcohol, drogas, depresión, anorexia, bulimia, apatía, extremismo, enfermedad, locura... Lo he sentido como propio y ha quedado grabado en mi memoria. Practicamente no existe situación que no haya vivido de un modo u otro. Y ahora, además, tengo los testimonios de internet. Pero, a veces, me gustaría no saber nada y no poder opinar de nada. A veces, a mí también me invade una sensación de vacío y me pregunto si todos estos sentimientos valen la pena.
Trescientos sesenta y cinco días suponen sentir todas esas emociones a veces en el curso de unas pocas horas. Impresiona mucho pensar que, mientras escribo estas líneas, millones de personas en todo el mundo están viviendo en sus carnes y en sus almas situaciones que tal vez marcarán sus vidas para siempre, o estan sufriendo por las cosas que les suceden a otros. O tal vez solamente estén dejando la vida pasar, sin implicarse con nada ni con nadie. La falta de emociones es una enfermedad que se está extendiendo mucho en nuestra sociedad. Parece que algunos sólo son capaces ya de sentirlas cuando juegan con su videoconsola. El año que ha pasado ha traído algunos sustos importantes. Varias preocupaciones menores. Muchas alegrías. Pero sobretodo ha sido el año en que me he conocido a mí misma.
Creo que he aprendido mucho en la escuela de la vida. Por suerte, más por experiencia ajena que por propia. Pero soy una persona de emociones muy intensas. No es tanto lo que te sucede, sino cómo lo vives. Sé lo que es sentirse sóla, incomprendida por casi todos. No tener un amigo en quien confiar. Sé lo que es sentirse desbordada por las circunstancias y no poder más, pero tener que seguir adelante. Sé lo que echar de menos sin esperanza y ver pasar los días, los meses y los años, todos iguales. Sé lo que es preocuparse por el futuro, sabiendo que no está en tu mano solucionar nada. De todo eso he vivido también en el último año.
También he vivido las experiencias ajenas de los múltiples problemas que puede traer la vida: amor, celos, traición, desamor, alcohol, drogas, depresión, anorexia, bulimia, apatía, extremismo, enfermedad, locura... Lo he sentido como propio y ha quedado grabado en mi memoria. Practicamente no existe situación que no haya vivido de un modo u otro. Y ahora, además, tengo los testimonios de internet. Pero, a veces, me gustaría no saber nada y no poder opinar de nada. A veces, a mí también me invade una sensación de vacío y me pregunto si todos estos sentimientos valen la pena.
Trescientos sesenta y cinco días suponen sentir todas esas emociones a veces en el curso de unas pocas horas. Impresiona mucho pensar que, mientras escribo estas líneas, millones de personas en todo el mundo están viviendo en sus carnes y en sus almas situaciones que tal vez marcarán sus vidas para siempre, o estan sufriendo por las cosas que les suceden a otros. O tal vez solamente estén dejando la vida pasar, sin implicarse con nada ni con nadie. La falta de emociones es una enfermedad que se está extendiendo mucho en nuestra sociedad. Parece que algunos sólo son capaces ya de sentirlas cuando juegan con su videoconsola. El año que ha pasado ha traído algunos sustos importantes. Varias preocupaciones menores. Muchas alegrías. Pero sobretodo ha sido el año en que me he conocido a mí misma.
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