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miércoles, 29 de septiembre de 2010

La chica de lunes o la dictadura de internet

Monday's girl es una película que vi el otro día a las nueve de la mañana en televisión. Se trata de una historia futurista que ocurre en un mundo en el cual internet domina todo, y se le conoce por las tres "emes" (como www). A través del ordenador el sistema conoce todos tus gustos, tus preferencias y tus deseos. Sabe lo que necesitas, lo que esperas del futuro y por aquello que estás dispuesto a pagar. Es la sociedad del consumidor total.

Las relaciones personales están mal vistas; el sexo, prohibido. La enseñanza es virtual. Los jóvenes son muy violentos, ya que sólo buscan su beneficio personal; por eso, en la escuela los sedan con pastillas para el déficit de atención. Todos van armados. Todos llevan un código de barras en la muñeca para poder consumir fácilmente. Los libros también están prohibidos, ya que enseñan a pensar libremente. Solo se debe desear lo que quiere la gente, la triple M; el Estado.

En la Tierra viven también unos pocos a los que llaman inmigrantes, pero vienen del planeta Lunes, en otra galaxia. Allí tienen una conciencia colectiva, pero al llegar a la Tierra se acostumbran a actuar como individuos, y luego no pueden regresar. Es lo que le ocurre al protagonista, líder de la resistencia contra la revolución, es un revolucionario que defiende el pensamiento libre.

La chica de Lunes ha venido a llevarle de vuelta, pero no lo consigue. Toda la película es una recreación de cómo podría acabar siendo nuestro mundo si dejamos que la información domine nuestras vidas. El consumismo, el cybersexo, el pensamiento único y la manipulación psicológica generalizada son cosas que ya estamos experimentando hoy en día. Yo también me siento una disidente en esta sociedad; una inmigrante.

sábado, 8 de mayo de 2010

La gloria de los Sherpas

Cuando se habla de grandes deportistas que subieron a la cumbre, a menudo, se olvida a los sherpas o se les deja al final de la lista. cuando, los cierto es que tienen mucho más mérito, porque han subido cargando con el equipo de cientos de kilos de peso. Deberíamos reivindicar la gloria de los herpas, y de tantos otros anónimos que acompañan al triunfador. Cuando un arquitecto hace un diseño genial para un edificio, se queda con la gloria y una gran suma de dinero. Pero, ese proyecto pasa a manos de otras personas, a veces cientos, que estudian las resistencia de los materiales, por dónde ha de ir el cableado, las tuberías, la calefacción; en otras palabras, la viabilidad de la construcción, que no sería nunca posible sin el trabajo de esos anónimos.

Cuando se habla de organizaciones no gubernamentales para ayuda al tercer mundo o defensa de los derechos humanos, la gloria se la llevan unas pocas: Ammistía internacional, Médicos sin fronteras y alguna más. Pero, las iglesias cristianas llevan dos milenios haciendo esa labor y nunca se les reconoce lo suficiente. El trabajo anónimo de cientos de miles de voluntarios religiosos o seglares ha conseguido millones de pequeños milagros, que nunca saldrán en las noticias, que no recibirán grandes premioos y, por eso mismo, son más grandes y valiosos que el resto. No olvidemos nunca que, lo que hace grande a alguien, no es la repercusión mediática de su obra, sino el trabajo, el interés y el amor que ha puesto en ella.